No me voy a animar a hacerme crítico todavía. No temais. Mi incultura y mala memoria me impide comparar. De momento le doy las gracias a Bea por haberme dejado el libro (que lo devolveré vaya Dios a saber cuando).
Me lo he pasado como un enano. Me ha encantado la temática, los crímenes y la visión de la iglesia. Os informo que dado que yo nunca en mi vida absoluta he estudiado Latín, me he saltado unos cuantos párrafos, que sin embargo no eran demasiado vitales para la historia.
Lo mejor: que transcurre paralelamente contandote como se vivía en la edad media (especialmente lo que pasaba por la cabeza del Clero) y siguiendo las investigaciones de Guillermo de Baskerville (que ha pasado a ser uno de los personajes literarios que se me quedaran marcados).
Habiendome pasado los dos últimos días refunfuñando acerca de los bochornosos espéctaculos ofrecidos por el TATE Modern en su Longweekend, no sería justo que no comentara tambien las cosas que si me gustaron. Recuerdo al público, que aún no he visto las obras expuestas y que por lo tanto sólo se discute, en el blog amigo, el nivel de las actividades pseudoculturales que allí tuvieron cita.
Como ya he dicho con anterioridad y a pesar del no deseado resultado, me gustó que el Museo hiciera lo posible por dar a conocer nuevas formas de arte a todos los públicos. Pero precisamente se trata tambien de lo contrario: que sea el museo el que acoja los últimos movimientos culturales y haga de él un espacio vivo para los más jóvenes y para las nuevas formas de entender el arte.
Las actividades que tuvieron lugar fueron basicamente: Skate, Hip-hop y Graffitis. Vale que debería haber muchas más, que parece que es lo único que hay, pero a pesar de las carencias me alegro de que el museo se haga eco de estas tendencias.
Para el Skate, habían montado una pista con un par de rampas, que tampoco es que fuera una maravilla, pero era gratis para el mundo y cada cierto tiempo muestras de los más experimentados. Es decir se lo estaba poniendo a la altura de deporte de exhibición. Cosa con la que estoy de acuerdo.
Como podreis observar todo el mundo estaba invitado a participar.
Pasemos a los graffittis. Debo decir que siempre me han gustado los Graffitis. Hace ya miles de años conocí a un amigo mío que hacía graffittis y se pasaba el día haciendo bocetos y pidiendo permiso en las paredes que quería pintar. No caigamos en meter en el mismo saco las vandálicas pinturas y firmas con los Graffittis. Que le pese a quién le pese es una representación de arte.
En este caso la idea no eran los Graffittis a base de sprays sino Graffittis digitales. Pasadón. No por la calidad de los graffittis en sí, si no por que lo que estaban haciendo era de la manera más amena posible un curso introductorio al Photoshop y sus posibilidades. La bomba. Desde los mas peques a los más grandes, jugando con las capas y con las máscaras. Si señor. Para eso están los museos.
Por un lado no se empezaba de cero, te daban un .psd lleno de capas con diferentes texturas e imagenes, que se podían ocultar, mostrar, recotar, etc. Y por otro lado eso ya era suficiente para picar el gusanillo y que la gente pudiera crear. Luego una vez terminado se metía en una serie y se iba proyectando por las paredes de la sala. Todo esto a ritmo del DJ, que pinchaba todo tipo de músicas (no solo hip-hop, si no de bastantes ramas de la electrónica).
Como idea, como taller y como realización me pareció excelente. Me quito el sombrero. Y esta vez con gusto.
Y por último la parte más divertida de todas. Aprenda usted a bailar break-dance al ritmo del hip-hop. Ya se sabe que no soy partidario de esta música. Es más, podría vivir perfectamente y más feliz sin ella. Pero aunque me cueste tengo que reconocer que me lo pase estupendamente. Es más, me reí a carcajada limpia. Aún asi bailar es una palabra que queda todavía un poco grande a la serie de movimientos de pato que yo hice. Y más si incluimos que a los 10 minutos ya estaba echando el bazo, tenía las piernas cargadas, llevaba una sudada del quince y ya empezaba a notar las posteriores agujetas. Jajajajaja!!!
Aunque las mentes más reticentes no os lo creais y todos me veais como una salchicha (que lo soy) fui capaz de hacer todos estos movimientos. De acuerdo, que de una manera anárquica. Pero la intención es lo que cuenta. Ya estoy totalmente iniciado en el mundillo. Advertidos estais.
El nivel expert ya ni lo intenté. Hay que mantener un mínimo de dignidad para ciertas cosas. Y yo haciendo esto significaría enterrar la poca que me queda.
Asi que disfrutar de los bailes, muchachos, e intentad borrad de vuestra mente esa imagen mía moviendo arrítmicamente las lorzas al sonido del hip-hop. Eliminado dicho pensamiento quedaros con una manera diferente de formar parte de un museo.
Quede como consejo eso si, si podeis ir al TATE subid a la última planta, la séptima y disfrutar de las explendidas vistas que ofrece. Que lo sepais.
No es mi intención contar detalles la película. Es simplemente un grito para desahogarme por la profunda decepción que arrastra mi ser tras la salida del cine. A años luz de las anteriores, sin ninguna historia, con emotividad cero (salvo una secuencia), con un batiburrillo de personajes que aparecen y desaparecen sin ninguna coherencia. Lamentable, es un penoso broche final (?) para una saga muy digna con sus dos capítulos anteriores. Podría haber sido grande, estaba todo dispuesto para que asi fuera. Que pena.
Debería hacerme mirar estas tendencias que tengo hacia el masoquismo. Que está bien probar cosas nuevas y abrir la mente a nuevos horizontes, pero lo de que el hombre es el animal que tropieza y se machaca dos veces o más con la misma piedra se aplica a la perfección, lamentablemente, en mi caso.
Si no tuve bastante con soportar la droga dura de las representaciones surrealistas, decidí repetir, en un acto del que me arrepentiré toda la vida, para darme al abstracto. Abstract Sunday. Haciendo un ejercicio de regresión mental, he de reconocer que no me fijé mucho en la tématica y me deje atrapar por la publicidad. Musicircus. Así sonaba. Y no me negareis que sonaba interesante. Pero bajo esa máscara de espéctaculo se encontraba la cosa más vergonzosa y transpasando el descojone que he visto hasta la fecha.
Un ser humano con dos dedos de frente habría examinado previamente lo que este “artista” nos proponía. A mi ya me sonaba raro que fuera a marcarse un número musical de tres horas, pero oiga, no fuera a ser que me lo perdiera y fuera a ser digno de mención. Error.
El perpretador acusado por crímenes contra la humanidad: John Cage. Si entrais en el enlace vereis en la foto que se esta partiendo el ojete moreno de todos nosotros. Y con razón.
No en vano compuso una pieza musical especialmente para piano de 4 minutos y 33 segundos en completo silencio. Con dos cojones. Y bien gordos. Vaya vacilada. Él y los colegas que le siguieron la gracia. Por lo menos tuvo la dignidad de hacerla solo para piano y no para orquesta entera. Que vamos, la única dificultad debe radicar en que el pianista se levante exactamente a los 4’33″. Que no debe ser fácil. Pero con un crónometro se consigue lo mismo y sin necesidad de pasarse años en el conservatorio. Digo yo. Ah y por si os lo estabais preguntando: Sí. Lo pusieron por la radio.
Pues nada, ahi estaba yo desconocedor de semejante hazmerreir. Esperando la puesta en escena dividida en varios escenarios.
El primero de ellos compuesto por tambores. Pensaba yo, ingenuo, y pensaba el resto de la concurrencia que estaban calentando, pero no. Era parte de la obra. Carente de todo ritmo. Ahora un pom. Me callo. Ahora golpeo un lateral. Plim. Bostezo. Ahora otro tambor responde. Pum pum. Silencio. Ahora pongo la mano encima. Y golpeo. Pf. Truño. La concurrencia alucina. Plof. Ahora golpeo cuando me apetece. Máxima concentración. Plis plas Pum. Sudores. Y ahora me quito un zapato y golpeo con él (atención a la foto). Ojo, moreno. Ojo.
Bueno. Un ritmazo. La gente como os podeis imaginar estaba enfervorecida. Un fiestón.
Otro escenario. El artista: un tío cool, con una mesa de sonido que debe costar una millonada, sintetizadores, ecualizadores, altavoces, un Mac-megapower megaconectado. Todo para hacer esto:
Y eso que esta era la parte animada. Que ya me estuve ahi unos 20 minutos esperando a que se despertara. Sin éxito. Más fiestón. Tanta juerga va a ser mala. Que los excesos luego se acaban pagando.
Siguiente escenario. Los artistas: una banda de metales. Trombon, trompeta, tuba. La pieza. Una única nota tocada contra la pared. Supongo que para evitar la vergüenza y por eso de que atacar por la espalda no es de hombres de honor.
Siguiente puesto. Este ni hice video, ni foto, ni margaritas en vinagre. Voy a ver si puedo describirlo. Un colega (se acabó lo de artista) emitiendo sonidos, gritos, ruidos variados. Eso si, con partitura. Y con un cronómetro. Que cada ruido tendra su hueco en el caos. Digo yo. ÑIiiii!!! uuuuooohh!!! MOOOOOO!!! pioojojoijo!!!! Insoportable.
Nota: Por algun extraño motivo me recordó al espidio de Friends del “sonido Ross”. Igual, pero sin ritmo.
Y vamos con el plato fuerte. La culminación de la fiesta. Que me he guardado lo mejor para el final. En escena 14 guitarras con sus respectivos amplificadores. 14 mujeres guitarristas con blusas de volantes y en el suelo las guitarras y un juego de unos 6 o 7 pintauñas por persona.
Bueno. Tuve que hacer videos, pues sabría que mi léxico no iba a bastar para describir semejante esperpento. Os juro eso si, que antes de empezar se paso una señorita guitarra por guitarra afinando cada una. No fuera a ser que alguna fuera a romper la armonía. Y ese cuidado con el sonido, ese mimo por el detalle tiene resultados como esto :
Sí. Es verídico. No es que el sonido sea malo por mi cámara. Sonaba así. El horror se puede recrear con pintalabios. Eso si, ellas muy concentradas y sincronizadas (tenían unas pantallas para ello) arrastraban los pintauñas, golpeaban o los lanzaban contra las cuerdas.
Claro, me entró la risa. Y demasiado que aguanté. Esa misma risa floja que te entra en estudiando en la biblioteca o en clase cuando no puedes reirte y que no hace sino incrementar. Me tuve que tapar la cara con las manos. Y reir y llorar conteniendo las lágrimas en silencio.
A fin de renovar su imagen y de atraer a una ingente cantidad de visitantes, el TATE modern of London, el museo de arte moderno ha dispuesto estos días de unas jornadas llamadas Long weekend, donde se trata cada día algunos de los movimientos que tienen cabida en el museo: Futurismo, Surealismo, Abstracto y Minimalismo.
No soy un gran amante del arte moderno, especialmente porque resulta la mayor parte de las vecces bastante incompresible para mi. No es que sea siempre una cuestión de comprender, basta simplemente con que las obras te digan algo. Reconozcamos, eso sí, que generalmente se va a un museo de arte moderno con la idea preconcebida de ver que tipo de absurdeces y ridiculeces se le habrán ocurrido al fumado artista de turno.
La masificación de gente debida al evento, unida al hecho de ser long weekend han sido para mi gusto y para poder deambular y disfrutar tranquilamente de las obras, así que aunque he de decir que hay algunas obras maravillosas, no habiendome tomado la visita al museo en serio no comentaré el arte, ni lo bello o lo absurdo de ellas.
Y es que tras presenciarme allí ayer, día del Surrealismo, toda la carga cultural que proponían a modo de espectáculo estaba basado en este movimiento artístico, siendo exactamente igual que lo que la palabra propone… surreal.
Entre los máximos exponentes de este movimiento un clásico amigo conocido por todos nosotros. Joan Miró. Artista que personalmente me dice poco como escultor y mucho menos como pintor. Que quede claro, pues, que no ha sido un artista que haya contado nunca con mucho de mi aprecio. Aprecio que si tiene, a mi gusto y entender, Dalí.
Resulta que Miró trabajó hace 25 años con la compañia teatral catalana La Claqua diseñando unas marionestas para la obra “Mori el Merma” que se estrenó en 1978. Pues bien, hete aquí que reestrenaron dicha obra como plato fuerte del día del Surrealismo y date que si no era bajo los efectos de algún psicotrópico no debía adquirir la plenitud de significado. Y yo que lo más que me había tomado era una Coca-cola no estaba en las condiciones místicas apropiadas para soportar disfrutar dicha obra maestra.
Atónitos se quedaron los padres y los niños (pues la obra se representó a las doce del mediodía con máxima afluencia de pequeños) viendo a las marionetas dar gritos estridentes, quedarse calladas durante largos periodos de tiempo, llorar, fornicar y trazar un guión incomprensible hablado en varios idiomas.
Atónito estaba yo (y un rato aburrido) viendo a una de las “azafatas” ir azotanto con un trapo el culo de los actores.
Curioso resultaba, cuanto menos, ver cómo metían frases en Español entre las líneas del guión. Bueno, frases y alguna que otra licencia… Atención si no a los primero segundos del siguiente video:
Será incultura la mía. No digo yo que no. Pero desde luego, ni me asombró, ni me divirtió. Ni a mi ni a gran parte de la concurrencia, que anonadada y pichicheante se alejaba de tan bizarro espectáculo.
(Pichicheante: Dícese del máximo anotador liguero de fútbol. Úsese tambien para aquel ciudadano del mundo que en estado de somnolencia intenta rematar (con o sin éxito) balones ficticios con la cabeza en lo que los demás entendemos como una cabezada producto del cansancio, aburrimiento o sopor.)
Me parece loable el hecho de intentar acercar la cultura o cualquier movimiento artístico por muy extraño que sea al público. Pero es una cuestión personal el que algo te guste o no. Claro que aqui estamos en el eterno debate: ¿Es el arte para uno mismo o para mostrarlo a los demás? Si es para uno mismo ¿Que sentido tiene exponerlo?. En fin, prometo ponerme las pilas e intentar por lo menos comprender los movimientos. Otra cosa muy distinta es que me vayan a gustar o no.
Ha vuelto a ocurrir. Otra barbacoa. Y eso que llovía. Nada turbia el ánimo de estos buenos hobbits. Se zampa y punto. Normal que se hiciera a pesar de las inclemencias, pues llevaban más de un mes preparandola. Y digo yo ¿Que necesidad habrá de organizar una barbacoa con más de un mes de antelación? Previsión ante todo.
Y es que unos compañeros del trabajo previendo erroneamente la llegada del buen tiempo, decidieron que nada mejor que celebrarlo en compañia de sus compis de trabajo, luciendo casa, luciendo jardin, creandos ascuas y aprovechandolas para dorar y preparar suculentos manjares carentes de toda vitamina.
Aprecien vuestras mercedes la calidad de la casa que gastan mis compañeros de trabajo:
Toda la buena moral y el empeño de los muchachos al final dió resultado, y habiendo dado lástima a las altas esferas existenciales, dejó de llover tras más de una semana de un penoso tiempo, dejando solo un desagradable viendo y a veces, muy de vez en cuando incluso, en un parpadeo, hasta un rayo de luz.
Como os podreis imaginar, no faltó de nada. Se cuidan mucho estos ingleses y dieron buen ejemplo de hospitalidad inglesa. Perfectamente atendidos en todo momento.
En este tipo de eventos, donde yo era el único español, no quedaba otra que agudizar el oido y concentración, pues si bien generalmente se toman menos licencias a la hora de hablar contigo intentando ralentizar la velocidad con la que hablan y omitiendo todo tipo de jerga inusual, no asi en esta ocasión, cuando ya aliviados los gaznates con varios litros de cerveza y estando en medio de autóctonos, descubres que no has hecho tantas mejoras como suponías y que aún queda un largo recorrido para dominar y comprender el equivalente a chiquitistani en la lengua bretona. Traducido: Ingleses beber. Lengua suelta. Mi comprender menos.
Buen ambiente, buena comida. Ahora bien, llega un momento en que sabes que de tanto comer de una tacada te estas haciendo daño a ti mismo. Todavía no ha llegado ese momento, pero le debe quedar poco. He de plantearme desayunar lechuga con el colacao, que me parece que va a ser el único verde que voy a probar en unos meses. Por que lo que es a estos eventos no pienso faltar a ninguno. Jejejeje!!!!
Por otro lado, el hecho de hacer actividades de esta índole (dejando a un lado el hecho gastronómico) con la gente del trabajo, siempre son bastante gratificantes por el simple hecho de que te da la oportunidad de conocer a más gente. Cosa que extrañamente es bastante complicada en un edificio con más de 1000 personas.
Por supuesto, no faltaron actividades lúdico-festivas: Guitar Hero (teneis que probarlo chicos), concuros de karaoke para con la Play2 (ciertamente Rafa, con eso de las puntuaciones y los afines, es una risa… y engancha) y concurso oficial de pulsos. Si, si. Que los habitantes de la casa habían estado entrenando. Incluso se acusaban mutuamente de doparse en las comidas.
Y para finalizar, una foto de un gato. Ya se que no pinta nada en todo esto, pero se paso por la fiesta, le hice una foto y me gusta como ha quedado. Asi que: gato al canto. Miau.
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