Archive for January, 2008

El misticismo hipnótico de Kodo

El sonido grave y cavernoso del Odaiko resonó hasta en el más alejado rincón del Southbank Center. Sobre el escenario, ataviado simplemente con un fundoshi dos percusionistas japoneses se entregaban en cuerpo y alma a golpearlo creando todo tipo de sonidos, hipnóticos, que te dejaban completamente clavado a la butaca. La luz iluminando en perpendicular sus cuerpos mostraba cada músculo en tensión, el sudor corriendo por la espalda mientras la piel del tampor vibraba inundándolo todo. Cada uno colocado a un lado del tambor y el ritmo de los ancestrales tambores japoneses energizando el ambiente.

Kodo

Kodo, un grupo que explora las posibilidades de la percusión tradicional japonesa, recorren el mundo manteniendo esta tradición y mostrándola al resto de las culturas desde hace 25 años. Y te dejan con la boca abierta tras sacar a la luz toda la gama de sonidos que los diferentes Taikos pueden generar. Todo ello coordinado al milímetro y cuidando el detalle visual al máximo. Espectacular. Juegos con el más abrumador de los truenos y con el silencio. Durante dos horas abandonamos nuestro cuerpo en Londres para trasladarnos al lejano y tradicional Japón y sentirnos una vez más fascinados por su arte. Una vez más, siendo tan parecidos no podemos sentirnos más diferentes.

En el antiguo Japón el Taiko era el símbolo de la comunidad rural, cuyas límites no estaban definidos por la geografía, sino por la distancia a la que se podían oír los Taikos. One Earth Tour, el tour que les lleva por todo el mundo no tiene otra intención que la de que los tambores resuenen por todas partes para que seamos todos parte de la misma unidad.

¿Y por qué no?

Gracias a Matoky, por descubrirlos y por la compañía.
Foto de google images

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Escocia. Apéndice.

A modo de cuasi-índice y para aquellos que queráis haceros una idea de la ruta.

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(Pinchen, pinchen sin miedo en la foto, a menos que quieran que les suban las dioptrías)

1. Edinburgo Fringe Festival, Edimburgo (1, 2, 3)
2. Edradour Distillery
3. Loch Morlich y The Cairngorms
4. Black Island
5. Inverness
6. Loch Ness
7. Loch a’ Chroiso
8. Glen Torridon
9. Ullapool
10. Corrieshalloch Gorge y Loch a’ Bhraoin
11. Bahía de Gruinard
12. Loch Maare
13. Loch Carron
14. Isla de Skye: Kyleakin
15. Isla de Skye: Portree
16. Isla de Skye: Kilt Rock
17. Isla de Skye: Duntulm (y su sorprendente efecto antigravitatorio)
18. Isla de Skye: Neist Point
19. Isla de Skye: Bualintur y Los Cullins
20. Isla de Skye: De Broadford a Elgol
21. Eilean Donan
22. Glenfinnan
23. Arisaig
24. Ben Nevis
25. Loch Linnhe e Inchree
26. Glen Coe
27. Falls of Dochart
28. Stirling (1, 2)

Como siempre, vimos mucho y nos dejamos más! :) Maldita tierra infinita!!!

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El último bocado. Por Escocia (y 28).

Se acabó. Las apuestas están cerradas. No va más. Hasta aquí mis habilidades para deshacer la maraña de nuestra ruta por Escocia y de alargarla hasta el infinito. Los que estáis tras las pantallas, ajenos físicamente al viaje, espero que lo hayáis disfrutado tanto viéndolo, como yo contándolo. Un total de 10 días y 3600 fotos resumidas en 412 y desgranadas esta vez a lo largo de 33 posts en un tomito majo que responde a la etiqueta de Escocia.

El último bocado, el que deja el buen sabor de boca. Ese que compartes al final del camino con quienes te acompañaron, rendidos todos y con la mente ya en los momentos vividos, que se traducen inconscientemente en sonrisas.

Angélica, Bea, Jaime, Modesto, Rafa, Santi, Salva, Txema. Este es mi pequeño regalo a modo de recuerdo. Va por vosotros. :)

(Además, hay algo de material extra ;-). Y sí, de nuevo necesitáis subir el volumen al máximo!!!)

Escocia, nos vemos. :)

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Salir. Por Escocia (27)

No podía faltar. En un viaje de carretera, el trabajo en la sombra lo hace la casa ambulante. El hogar sobre ruedas, los paisajes desfilando tras los cristales. El aire entrando por la ventana. Los más cansados peleando por un sitio en el último asiento. Las maletas, las mochilas, los aislantes, las avalanchas al abrir el maletero, la comida, la bebida, la música sonando, sube esa canción, cambia de CD, para, arranca, sigue, sube, baja, por aquí, por allí, vas por la derecha!, abre ese mapa, quien le toca el asiento de la muerte?, ese DJ, pon los antinieblas, las voces que despiertan a los que duermen para ver ese cielo que no se pueden perder, la caza de ovejas móvil, parar para no ser embestidos, esto no nos cabe?, empuja empuja, la potranca acumulada a lo largo de los días, el barro, las migas de pan, hay que llegar antes de que anochezca, los momentos de silencio, los momentos de gritos, la alegría compartida, el agotamiento acumulado.

Es este post, en definitiva, el homenaje que nuestra sufrida furgo se merece. Por que sin ella, no habría sido lo mismo. Valga entonces, este momento para recodar todo lo vivido en nueve asientos y un maletero. Me lleva, además, a otros igual de buenos, hace cuatro años ya, reunidos al calor de una guitarra en tierras alemanas. No puedo hacer otra cosa que alegrarme de seguir añadiéndole buenos recuerdos!! Imprescindible subir el volumen al máximo!!!

Comencemos el lunes con energía!

¿Donde estarán los besos? Se los han quedao las flores!!!

PD. Eso sí, dad las gracias que he elegido este tema y no el Amante Bandido de Miguel Bosé! ;-)

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Al caer la tarde. Edimburgo (y 3). Por Escocia (26).

El tiempo se acababa y los atardeceres maravillosos a esas latitudes también. El cuerpo magullado, cansado y los músculos agujeteados, pero aún así sacamos fuerzas necesarias para cruzar Edimburgo (que tampoco es excesivamente grande) y subir a Calton Hill, una colina que vigila la ciudad, con un panteón romano semiconstruido en su cima.

Cuentan que se intentaba hacer una réplica del Panteón griego, pero a mitad de la obra se agotó el capital y la obra se quedo eternamente a medias. Con lo que desde luego no merece esta estructura, bautizada como el Monumento Nacional (que vergüenza), una visita. En cambio sus vistas se merecen una y muchas más. Gobernar con la vista. Edimburgo. Firth of Forth. Y en la lejanía, montañas tras las que se escondían miles y miles de lagos, de los cuales vimos sólo unos cientos…

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Desde allí, los que aún soportabamos estoicamente el biruji correteando alegremente entre las nalgas y las rodillas, y los que ya se habían relegado al calor de unos pantalones, disfrutamos de un atardecer de regalo.

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¿Se os ocurre mejor manera de despedirse de Escocia?

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A vista de Pájaro. Edimburgo (2). Por Escocia (25)

Nació el 15 de Agosto de 1771 y se convirtió en uno de los más famosos novelistas históricos de su época compaginándolo con la poesía. Sir Walter Scott, autor de la novela de Ivanhoe, Rob Roy, la dama del Lago… y de una magnífica cita: El que se olvida de su propia historia está condenado a repetirla.

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Un monumento, en mitad de Princess Street, se alza en su honor. 60 metros de altura que a través de unas pequeñas escaleras en caracol permiten alcanzar su cima y ver Edimburgo tal y como lo deben ver las gaviotas que sobrevuelan sin descanso la ciudad.

Desde allí se puede ver el orden reinante en la New Town, antagonista de la Old Town, separados por los Princess Street Garden, que se unen en la linea trazada por las vías del tren que entran y salen de Waverley Station.

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Y desde allí, sacudido por el viento y oyendo el relativo y diferente trajín de un mes de festival por debajo, durante los breves e intermitentes instantes que al sol le da por salir de su encondrijo nuboso, allí tienes Edimburgo a tus pies.

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Casi los 360º en algo parecido a 120º cada uno.

Ni por asomo suficiente para hacerse una idea, pero para eso teneis vuestro flujo neuronal, que hará que la imaginación complete el cuadro.

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Ultima Etapa. El infranqueable castillo. Edimburgo (1). Por Escocia (24).

En un desesperado intento por cerrar (y disfrutar haciéndolo) los días en que recorrimos Escocia, ha llegado el momento de la última Etapa. Vuelta al punto de origen. El círculo completo. Pero ahora, a diferencia de los microsegundos que tuvimos en su primer contacto, antes de lanzarnos a por la furgoneta y recorrer las terribles carreteras de ovejas y de un único sentido por Escocia, ahora teníamos Edimburgo para nosotros.

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La encantadora Edimburgo, que mantiene ese aire medieval en el intrincado laberinto de piedra que se cruza a diferente niveles y tacto a piedra añeja de la Old Town y la correcta rectitud nacida de la escuadra y el cartabón de los arquitectos en la New Town. Es precisamente en la cima de la escarpada roca, de origen volcánico, donde se asienta uno de los castillos más impresionantes de toda Escocia. El Castillo de Edimburgo.

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Desde tiempos prehistórios, el peñasco ha sido un centro estratégico militar, que ya vió pasar a los romanos por su cima. Las afiladas paredes, que protegen sus lados hacen que sólo se tenga acceso desde uno de sus lados a través de una pronunciada pendiente donde actualmente acaba (o finaliza, según se mire) la Royal Mile. Su posesión, como cabe imaginarse, ha sido motivo de cruentas y sangrientas batallas y traiciones.

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Su interior alberga una pequeña ciudad. Una pequeña batería en forma de media luna, con una entrada flanquedad por William Wallace y Robert the Bruce, recibe a los visitantes, para ir descubriendo la irregular forma y disposición de la ciudadela, destacando especialmente la plaza de la Corona, lugar de encuentro de el palacio Real, la sala de la Corona, el Gran Comedor, el Edificio de la Reina Anne y el monumento nacional conmemorativo de la Guerra. A estos se añaden, la Capilla de St Margarita, el Museo Nacional de la Guerra, la fortaleza de la Guarnición, las cárceles de guerra… Demasiado para ir con prisas! :)

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Pequeños detalles que llaman la atención (además del cementerio para perros). El Mons Meg, un descomunal cañón de 22″ de calibre y 6 toneladas, por el que se introducían bolas de 180 kg de peso que llegaban a más de 3 km!! Una técnica ideal para mantener a los barcos enemigos lejos de la costa. Claro, que cada disparo generaba tanto calor que el cañón no se podía disparar más de 8 o 10 veces al día, lo que unido a su peso lo hacía más bastante poco manejable.

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Hablado de cañonazos, otro cañón, el One O’Clock Gun, se encarga de avisar de la una en punto para que todo el mundo ponga su reloj en hora. En principio se usaba una señal visual (una bola cayendo de lo alto de una torre) para coordinar los crónometros de los barcos que navegaban por la zona, aunque estando en un lugar como Escocia, donde la niebla es un habitante más se optó por un “efecto sonoro”. La diferencia entre el mundo visual y el sonoro es que el sonido se desplaza bastante más lento, así que se tuvieron que desarrollar unos mapas según la distancia para ajustar el retardo. :)

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Para los amantes de la historia es una cita obligatoria, que bien merece (si las hubiera) unas cuantas horas o incluso algún día completo a deleitarse con las colecciones que alberga o a descubrir sus entresijos históricos.

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Y tras ello, a conquistar Edimburgo. Que se note el tiempo que llevamos curtiéndonos a base de single malt Whisky, de comer haggies y sentir cada valle de las Highlands!

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