Archive for July, 2008
Las inexpugnables fortalezas japonesas. Buscando piso.
Resumiendo para los impacientes: estoy más o menos felizmente instaldo en mi miniestudio en Tokio, sigo sin nevera, pero tengo papel higiénico. Siempre hay prioridades. Las primeras garrapatas han florecido en mis suelos, tan bella ellas. Y más vienen en camino! No podría haber mejor inaguración. El cerdo ha hecho su aparición en mi vida nipona. Congratulémosnos.
Para los menos impacientes comencemos por un principio un poco más lejano. Buscar piso en Japón no es tarea fácil y son muchas las dificultades además de las propias de un idioma que te sume en el analfabetismo más absoluto, eres incapaz de leer, eres incapaz de escribir, eres incapaz de comunicarte y te pasas el día llevando los papeles que te inundan el correo a la oficina para ver si entre ellos hay algo que sea importante.
Las molestias como siempre se resumen en moneda de cambio. Entrar en un piso nuevo lleva asociado una prohibitiva cantidad de dinero. En primer lugar, no sólo hay que lidiar (los que puedan) con las webs en japonés o los agentes inmobiliarios (muchos de los cuales reticentes de alquilar sus pisos a no nipones) si no que además una vez encontrado el zulito de tus sueños hay que (saquen sus calculadores): “regalar” varios meses de alquiler al dueño del apartamento por permitirte usar su casa (key money o reikin) más otro mes o dos meses a la agencia para la agencia que ha tramitado el papeleo (chukai tesuryo). Además hay que añadir otro par de meses de depósito (shikikin) por si acaso decides destrozar el apartamento y por último un par de meses por adelantado. En total puedes estar pagando unos 8 meses por adelantado. Lo que puede fácilmente traducirse en términos de dinero en casi un millón de nuestras antiguas y risueñas pesetas (unos 6.000 euros) en tu primer mes. ¿Vértigo? Si, claro. Sobre todo porque el reikin y el chukai tesuryo no los vuelves a ver. ¿Algo más? Pues sí. Necesitas un guarantor que te haga de aval por si un mes no puedes pagar. ¿Quién puede hacer de guarantor? Sólo ciudadanos japoneses respetables o las propias empresas. Vamos, que aunque yo lleve aquí unos años, haya pagado religiosamente mis facturas y jamás haya causado problemas no podré avalaros muchachada. I am sorry gusanorri. De hecho ahora, hay empresas que a sabiendas del problema que esto supone para los extranjeros que se vienen a vivir aquí, se ofrecen a hacer de guarantor por una módica y nada desdeñable cantidad de dinero. ¿Y que te ofrecen las agencias inmobiliarias a cambios? Un piso sin amueblar. Y sin amueblar como su nombre indica quiere decir efectivamente, sin nada. Las cuatro paredes.
Que no cunca el pánico. Si quieres venir a vivir a Japón, hay más opciones. Hay unos pisos amueblados generalmente orientados a extranjeros, para cubrir esa demanda, que son más caros, pero no suelen necesitar aval y además suelen montar un contrato de mes a mes, de manera que puedes decidir de un mes a otro cuando mudarte. Son los monthly apartments.
Y cómo última opción (de las que yo conozco por ahora) hay una serie de hostales o albergues que pueden servirte para llegar e instalarte, compartiendo instalaciones y espacios comunes con más gente pero que no requieren de ninguna de las demás incomodidades anteriores.
En mi caso, mi presupuesto no cubría más que los más mínimos de los mínimos de los monthly apartments, así que al final tras muchas discusiones con la almohada recurrí a la primera opción. No necesito tener demasiados muebles para vivir y me podría apañar con una cama y una mesa y silla. Lógicamente dependía de la ayuda de mi empresa para que me ayudaran con la ingente inicial cantidad de dinero, pero rebuscando entre las webs orientadas a angloparlantes encontré unos apartamentos que no requerían key money y que la agencia sólo pedía un mes en cuestión de gastos de gestión.
Fuimos, vimos un par de apartamentos y tras la racha que llevabamos de desastrosos agujeros salimos convencidos, pero nada es tan fácil como parece. En ese momento empieza el papeleo entre empresas: la agencia y la mía, que les lleva como un par de días de para aquí, para allá, que si el casero llama a la empresa a saber a que nos dedicamos, que si la empresa tiene que presentar sus cuentas y balances… al final, cuando se convencen (por trigésima vez) que vamos a poder pagar la mensualidad y que no vamos a convertir el apartamento en un piso franco, acceden a presentar el primer borrador del contrato.
Se vuelve a discutir dicho borrador (afortunadamente entre ellos – yo me quedé al margen de esto) y cuando todo parece arreglado no te puedes mudar todavía. No. Aún falta el juyo-setsumei, una cita con un abogado de la agencia inmobiliaria donde te explican paso por paso todo lo que está incluido en el contrato. En mi caso no puedo tener mascotas ni piano en casa y además me aseguran que la construcción del edificio tiene menos de 8 años de antiguedad, además de estar situada sobre suelo firme y que resiste terremotos de escala 6. Un alivio.(Por cierto que ya he pasado uno). Mucho más tranquilo te quedas.
¿Ya? ¿Ya me puedo mudar? Casi, ahora hay que concertar las visitas con la gente de las compañías electrica, de agua y gas, para que estes presente cuando activen cada uno sus susodichos recursos energéticos. Y entonces y sólo entonces puedes tomar posesión de tus cuatro paredes.
En mi caso, afortunado yo, la casa (muy nueva), disponía tal y como puede verse de lavadora (yuhu!) y de un par de armarios, así que algo menos para la lista de la compra. Tan deseoso como estaba de abandonar el hotel, no dude ni un sólo instante y me lanzé con todos mis trastos a pasar mi primera noche en ella. Tuve el tiempo justo para llegar y comprar un pequeño futoncete en el que depositar mis huesos.
Después de todo el culebrón, merecía la pena encontrarse al fin y auqnue fuera sin nada en lo que para bien o para mal, para mucho o para poco, habría de ser mi casa.
Estás nominado. Abandonas el hotel!
Nada, no ha habido suerte. No ganaré el Gran Hermano Hotel de Yokohama, ese que ya tenía mi nombre grabado en la puerta de la habitación. A cambio gano un lugar donde poder abrir y vaciar la maleta! Yuhu! Azares del destino, rocambolescas carambolas y algo de potra para una historia que culmina algo más de un mes de desánimos e infructuosas búsquedas. Aviso a las garrapatas. Ya podéis ir afilando las mandíbulas, pues el hostal Internacional Izquierdo abre de nuevo sus suelos, esta vez bastante más pequeños, ya sabéis, ya. Mantenemos la tarifa choricil, lomil y jamonil. No vale regatear!
Amigos de las casualidades, compañeros de viaje de la fortuna, me agarré a una ínfima posibilidad que tenía. La misma casualidad que me va a llevar a venir a Yokohama a trabajar pero que me va a dar la posibilidad de vivir desde mañana en Tokio. Mientras tanto intentaremos no olvidar lo duras que tras la trastienda ha sido estas cinco semanas, rozando la incomprensión muchas veces que me llevaba a la desesperación. Shock cultural lo llaman. Como bien me hicieron saber los que me andaban animando desde aquí y dese allí, comedia = tragedia + tiempo, y al final decían, te acabarás riendo de todo. Eso sí, me alegra comprobar que mantengo mi media de búsqueda de alojamiento. Afortunadamente no hemos batido record esta vez y eso que las apuestas lo veían perfectamente factible.
Risas, decía, que todavía no se han acabado. Porque el piso que me entregan es exactamente eso, un piso. Vacío. Ja-ja. Las cuatro paredes. Mañana me tocará ser el primero en probar sus suelos. No se puede tener todo de golpe, que si no no se disfruta cada pasito. También dejaré de tener la cómoda conexión del hotel hasta que consiga yo activar el internéeeee. Aquí si que nos vamos a reir. Calculo que estaré como una semanita desconectado, así que mientras tanto, sean buenos, coman todo lo que les pongan en el plato y ayuden a planchar la ropa en casa, que a nadie le gusta. Y el que diga lo contrario, miente!
Seguiremos informando, estén atentos a sus feeds!
Detalle de China en Yokohama. Chinatown
Ay, los farolillos, las luces, los olores. Atravesar uno de los múltiples portones de la inmensa Chinatown te hace cambiar de sitio, y eso que aquí el menda lerenda no ha estado en China (todavía) pero se respira un aire diferente. Lógicamente se saben como atracción turística tanto para los extranjeros como para los locales, pero el barrio chino está inundado de colores.
Los tenderos te llaman, te intentan parar por la calle, quieren que pruebes lo que tienen, ya sean castañas (si, como las de mi abuelo), o tés, o que sientas curiosidad por comerte un Nikuman. El Nikuman, es un peloten de pasta cereálica en cuyo interior se encuentra generalmente algo de cerdo cocido tiene a pesar de la simpleza de la receta diferentes colores (WTF!!), aunque la mayoría suelen ser blancos y por lo general se mantienen calentitos al vapor en unos barreños de madera. Estan muy ricos y llenan una barbaridad.
Pero no sólo de gastronomía vive el hombre (muy a mi pesar) ni esta, la Chinatown más grande de Asia (obviando lógicamente a China), si no que además se pueden encontrar multiples puestos de souvenires y las típicas tiendas “de Chinos” (o al menos asi se las conoce en Madrid) en las que te puedes encontrar todo tipo de cachibaches. Lo que se puede encontrar son una jartá de pandas. El osito nacional chino aparece por todas partes. De peluche mayoritariamente, eso sí, pero hay de todo. Desde calcetines, hasta bolis, hasta camisetas… Panda attack!
Otro de esos sitios que hay que patear, perderse en sus calles, curiosear entre las especias, intentar no comer mucho para poder probar de todo!!!
jejeje!!!
Limpiador de gafas
No me preguntéis lo que hacen, porque no tengo ni idea. Tampoco caigais en el pensamiento fácil y lo despreciéis con un simple “bah eso son agua y pañuelitos!”. Eso pensaba yo, pero por lo visto, no es proceso baladí. Haciendo gala de mi fluido japonés (o sea esperar a que pase alguien, lo use y tome nota) como bien podréis leer, el proceso consta de tres partes.
Una primera que dura un minuto en la que se dejan las gafas en el primer recipiente, se pulsa un botoncito, el cacharro empieza a hacer ruiditos y afortunadamente las gafas no salen derretidas. Otra segunda fase, en la que pasan a un segundo recipiente, pero esta vez, no hay ruiditos, ni nada, así que las dejas ahí lo que estimes conveniente, para por último secarlas con los pañuelillos.
Mano de santo oiga. Ni una motita. Y eso que había para rascar… y por la pati.
Tras la lluvia…
Parecía que iba a ser un día normal, caluroso pero soleado y antes de haberme dado cuenta, las nubes se cerraban engullendo la luz del sol y aparecían los relámpagos con cada vez menor intervalo de tiempo entre el destello de luz y el cavernoso sonido del trueno. El chaparrón era inevitable. Todo el mundo a cubierto.
Apenas 20 minutos de jarreo, que dejaron Yoyogi Park convertido en un cienagal. Parece ser que si no tuvieramos suficiente con el calor, se avecina la época de las lluvias. Así que el calor empeorará y las tormentas también. Bravo. Pensarán los más optimistas que al menos con la lluvia el ambiente refrescará. Nada más lejos de la realidad. Según se acabó volvieron las bofetadas de aire caluroso, mientras en el suelo el agua vertida por los cielos se evaporaba como se evapora de una cazuela hirviendo. ¿No es maravilloso?
Al menos quedó el consuelo del magnífico brillo que desprendía la fina capa de agua que decoraba toda superficie. Fantástico. Y esta vez sin ironía.






























