Cúbreme de oro…

El koyo es fascinante. Sólo ha hecho falta un pequeño cambio en los colores del Ginkgo Biloba para que la gente se lance en masa a contemplar su increible metamorfosis. Gente feliz, risas, miles, miles, miles de cámaras, miles, miles, miles de japoneses paseando por Icho-Namiki, rodeado de luces doradas, de potentes amarillos que se […]

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