Día 147: The Loop

(Tomen en cuenta que esto debería haberse escrito y publicado el 13 de Octubre de 2009)

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El tinte que estaba tomando la situación se volvía más y más épico. Devorando un curry me sumergía en los comentarios del libro de visitas del hostal de Tha Khaek, punto de partida para un viaje de varios días por la provincia de Khammuan. Lo habéis adivinado. En moto. The Loop. Un recorrido circular de unos 450 kilómetros que prometía una inusitada espectacularidad. O no. Lo que prometía era aventura. Los comentarios y consejos abarcaban todo rango de “desgracias”: desde pinchazos, problemas mecánicos seguidos de reparaciones neandertales en algún poblado, perderse, problemas de comunicación… hasta reventones de ruedas en mitad del recorrido con el conductor volando por los aires, rodando por los suelos y deteniéndose con el hueso asomando, saludando al personal.

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Ni el Dakkar. ¿Sería para tanto? ¿Estaría yo, autonombrado gurú de las 100 c.c., metiéndome en algo más grande de lo que había imaginado en un primer momento? ¿Que haría Han Solo en mi lugar? ¡¡Arranca esos propulsores Chewie!!. Pero recordé, además, que esa misma tarde a mi llegada, Mr. Ku, el dueño de las motos, estaba explicándole a una asustada inglesa como cambiar de marchas. Amateurs. Yo, adalid de las dos ruedas, curtido en los campos y montes de Vietnam, Camboya y la no-meseta del Bolaven, no sólo iba a desafiar a los elementos y las carreteras agrícolas laosianas, sino que además, iba a hacer el recorrido recomendado en cuatro días… en tres. (Dos noches y tres tías… ya sabéis).

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Mr. Ku se había escandalizado con la idea: “Tendrás que partir cómo muy tarde a las 8”, me aconsejaba. Ja. Este no sabía que soy un motivado. A las cinco tenía puesto el despertador (si, desde los madrugones de Angkor soy otro, y en Tha Khaek había muy muy poco que hacer por la noche) y la moto salía disparada (vamos, a sus máximos 55 km/h) por la carretera 13 persiguiendo a los rayos del sol que ya me llevaban la delantera.

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Haciendo estadísticas de los comentarios una amplia mayoría achacaba los problemas (llamémoslos aventuras) al estado de las motos. Podía dar fe de ello. Las motos de Mr Ku, eran las chatarras más grandes que había conducido desde que llegué al sudeste asiático. Mi moto, Cascajo 18, amenazaba con desmontarse a cada paso. ¿Sería ese cochambroso sonido que emitía un agonizante y escalofriante canto de cisne?

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(Cascajo 18, no os dejéis engañar por las apariencias, ¡Mr. Ku ya lo hizo conmigo!)

Sea como fuera, yo, presa de mi orgullo, no estaba dispuesto a ceder ni un ápice. Hacía el recorrido en sentido horario, porque así podría hacer los primeros 105 kilómetros hacia el Norte desde Tha Khaek hasta Vieng Khan por la carreterar principal, la parte más aburrida del trayecto. A partir de aquí giraba hacia el Este y me adentraba en el Laos profundo. Muy similar al trayecto de Bolaven, empezaba a atravesar pueblos y el paisaje se iba volviendo espectacular culminando en el puerto de Phou Pha Mane, en mitad del bosque de picos calizos de Phou Hin Bou. Es una gozada viajar en moto en estos casos. Vision de 360º en todo momento. En todos los ángulos.

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El final de la primera etapa, de unos 190 kilómetros, no podía retrasarse más allá de las 14.00 de la tarde. El punto de destino, las cuevas de Kong Lo, requerían al menos tres horas para visitarse (!!) y a las 17.00 cerraban el chiringuito. Llegaba a la 13.30 (bieeen!), sin demasiadas prisas, paradas para desayunar, comer, interactuar con los locales y unas tropecientas mil paradas extras para hacer fotos del paisaje, así que todo iba sobre dos ruedas. Dejaba la moto, tomábamos una pequeña barca de madera y nos adentrábamos en las cuevas.

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La oscuridad total del interior sólo se cortaba por los haces de luz de las linternas de los pilotos de las barcas, moviéndose en busca de rocas, mostrando durante pequeños instantes a los murciélagos volando a ras del agua. La pesadilla de cualquier claustrofóbico. Agua por abajo y nada de luz por arriba. Aún así, los siete kilómetros de cuevas se volvían espectaculares al iluminarse por las linternas. Son descomunales. Me atreveré con un poco más de luz, dijo Gandalf. Y allí aparecía ese otro mundo subterráneo, donde las salas abovedadas en el interior de la montaña en ocasiones llegaban a los 100 metros de anchura (!) y en ocasiones los 100 de altura (!!!).

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(La única fuente de luz en esta foto es la linterna del piloto de popa moviéndose de un lado a otro por la cueva, lo mejor que pude sacar con 15 segundos de exposición a pulso)

Atravesarlas en barca sólo se puede hacer en esta época del año, tras las lluvias que han dejado algo más de caudal por el que circularlas al completo. Aún así y a pesar de que hay pozas bastante más profundas había ocasiones en que había que bajarse de la barca, meter los pies en el agua y ayudar a empujarla para pasar algún rápido poco profundo. Sólo con la luz de las linternas, claro. El viaje fue indescriptible. Simplemente sensacional. Aderezado con el manejo hábil de los pilotos que circulan con el saber que da la escuela de años y años haciendo lo mismo, pero a más velocidad de la que uno estimaría conveniente, esquivando rocas y chorros del agua cayendo de sus techos, evitando paredes…

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Pasé la tarde noche en el mismo Kong Lo, buscando entre las aldeas cercanas a alguien que pudiera venderme gasolina. Adentrarme en Kong Lo había supuesto dejar el Loop durante unos 50 kilómetros y con una autonomía supuesta de 100, no quería jugarme al día siguiente que Cascajo 18 se decantara por una huelga de hambre en mitad de la nada.

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“Fuel?”, “Petrol?”. Nada. Mis preguntas a todo ser que se cruzaba por el camino no estaban dando ningún fruto. Me miraban extrañados. Mis magníficas nociones de mímica tampoco parecían ayudar en exceso. Sonreían. Y a otra cosa mariposa… que llevamos todo el día segando arroz y hay ganas de llegar a casa. Cuando por fin conseguí aprender que la palabra mágica era Nam Man (gasolina) el resultado fué igual de desolador. “No, mister”, “No, sir”. No había gasolina extra en esas tierras. Tras recorrer los subsuelos embarrados de las aldeas preguntando sin demasiada fortuna, un entrañable abuelete, conductor de un tractor asintió. Sacó una garrafa de plástico cargadita de combustible, un tubo de plástico y empezó a absorber para crear vacío y traspasar un par de litros a mi depósito. Tuvo la amabilidad, incluso, de cobrarme el precio normal por ella. Agradecido le estoy, que lo sepa.

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Me despertaba el segundo día con el amanecer. Tenía otros 180 kilómetros por delante, pero a diferencia del primer día, podía seguir conduciendo hasta que se pusiera el sol. Conducir más tarde, por la noche, podría ser algo peligroso y la verdad es que no estaba muy por la labor. Pero tenía tiempo así que incluso me tomé el lujo de adentrarme en la profunda jungla y ver las cataratas de Nahin, que si bien no merecieron demasiado la pena, si fueron un buen punto para darse un chapuzón silvestre.

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Cascajo 18, por aquel entonces, ya empezaba a incordiar. Los intermitentes habían dejado de funcionar, así como los indicadores de marcha y de depósito. Además el arranque automático (un pequeño botón) había dicho que se tomaba unas vacaciones. Bueno, analizándolo fríamente, nada excesivamente grave. Aquí poca gente usa los intermitentes, así que son prescindibles. Puedo saber la marcha más o menos por la velocidad y el sonido más o menos sobrecogedor. Para el depósito de la gasolina, sólo tengo que memorizar el cuentakilómetros y calcular un límite de 100. Y con respecto al arranque, siempre se puede hacer con el arranque manual, a base de pedal, que además luce mucho más. Perfecto. Veríamos si aguantaba o si por el contrario seguiría con el proceso de desintegración.

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Llegaba a Lak Sao, la mitad del recorrido en buen momento para llenar el buche y a pesar de que siempre dejaba en mano de los cocineros que preparan lo que quisieran (es lo que tiene la barrera idiomática), siempre acaba comiendo una sopa de noodles con ternera. Bueno. Convendrán conmigo en que podría haber sido mucho peor. Allí estuve en una tranquila comida con las dueñas del local, conversando con la lista de palabras que viene en los anexos de la lonely Planet hasta que llegó la hora de marchar. Uno de los muchachos sentados en un sofá me preguntaba por el destino final. “Nakay” dije. Apenas 80 kilómetros. Apurando lo hacía en una hora y cuarto. “Very bad road, sir, minimum two hours”. Mmm. No problem. Era la 13.00 de la tarde, llegar a las 15.00 no sería causa de ningún trauma.

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Preparé mi ritual de despedida. Me atusé el pelo, me coloqué el pañuelo de flipado, la cámara colgando en bandolera, las gafas de sol, me ajusté el casco, saludé a mis anfitriones con ese aire de comomolo y arranqué. Bueno. No. No arranqué. Me quedé como mierda puesta al sol ante la pasividad de Cascajo 18. Pues no. Pues no. Pues esto no va. Vamos bonita. Un esfuerzo por papaaaa… Nada, ni por esas. Y ahora… ¿y ahora qué? ¡¡Si yo lo único que se de motores es que cuando se estropea uno hay que abrir la capota y mirar dentro con cara de interesado!!

Me giré ante los divertidos ojos de mis anfitriones e inquirí un lamentable y tímido:

– Xang Peng Lot? (¿Mecánico?)

Con no poca razón se partieron la caja. Pero la fortuna estaba de mi parte. “¡Yo soy mecánico!”, aseguró el muchacho. Y allí a golpe de destornillador se puso a desmontar a Cascajo 18. Uy, esto va a ser el eje de la trócola. Ya me lo estoy viendo. Y mientras desmontaba esa obsoleta pieza de ingeniería china me veía sumido en mitad de un master de mecánica. Encontró la pieza rota que impedía abrir el carburador y comprobó que además no tenía nada nada nada de aceite mientras yao descubría lo que era el depósito del aceite. Un pequeño viaje a una tienda local, comprar unas cuantas piezas, arreglar, remontar a Cascajo 18, darse cuenta de que para variar sobran tornillos y ¡repámpanos! ¡¡Las tres de la tarde!!

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Comenzaba, para mi asombro la parte más dura del viaje. La carretera que salía de Lak Sao hacia Nakay no tenía un sólo metro ni recto ni liso. Hoyos. Socavones. Saltos. Botes y rebotes y la fehaciente certeza de que cuanto Cascajo 18 fue concebida la palabra amortiguador era ciencia ficción. Y ahí estaba yo, divertido, haciendo fotos de los agujeros, cuando miré el cuenta kilómetros. Llevaba más de una hora y menos de 20 kilómetros. ¡Espabile, señor Frodo!

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Continué el camino horadado, que se perdía subiendo por la montaña. Curva por aquí, agujero por allí, más agujero por aquí. Y mientras tanto los últimos locales se recogían. Algunos, incluso me adelantaban como alma que lleva el diablo (incluso con dos en la misma moto) para perderse en las curvas de la montaña. Caí entonces en un importante detalle. Las dos horas de viaje, eran horas a velocidad local. Y yo a pesar de exprimir mis habilidades de Piloto del Halcón Milenario, no podía ni por asomo igualar su pericia por esos campos de asteroides. El sol se ponía tras las montañas.

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Me quedaban más de 50 kilómetros y algo de luz todavía. Pero la falta de rayos de sol hacían aparecer las neblinas. Por fortuna la carretera mejoró. Se alisaba el terreno, pero comenzaba la gravilla y se acumulaba el cansancio, y con él los primeros ligeros derrapes, pero tenía que aprovechar lo que quedara de luz. Los naranjas daban paso a los azules, los grises y el paisaje con árboles pelados saliendo del entre los ríos parecía sacado de Sleepy Hollow. Rezaba por que Cascajo 18 no se parara, tanto que ni me atreví a parar la moto para ponerme el cortavientos, con los brazos agarrotados de sujetarse al manillar durante los baches y los saltos y con el resto de articulaciones pidiendo clemencia.

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A las 19.15, tras preguntar sin éxito por alojamiento en un par de aldeas anteriores, llegaba a Nakay. Cuatro horas ininterrumpidas en moto para mí, el adalid de las dos ruedas. Estaba reventado, pero contento. ¡Prueba superada! ¡A pedirse lo más caro que tengan en el menú! ¡Basta de miserias! Un euro y medio que me gasté. ¡Ja!. A las 20.30 ya estaba duchado, cenado y roncando como un bendito. Antes que los lunnis.

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Completaba los 80 kilómetros restantes del último día sin más problemas que los que ya arrastraba, tantos los físicos como los mecánicos, pero me lo había pasado en grande. El recorrido una vez más había sido fantástico. Recuerdo pararme más de una vez pensando en lo espectacular que era todo. Las hileras de montañas difuminándose, los campos de arroz ya secos esperando a la cosecha, la gente, los niños andando kilómetros uniformados para ir al colegio, los ríos, los puentes de madera que apenas se tenían en pie, las montañas, los valles, la selva desapareciendo bajo la frondosa niebla…

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Que pasada. ¿Mereció la pena? Sin dudarlo. El loop había cumplido lo prometido.

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43 comentarios en “Día 147: The Loop

  1. jajaja, vaya aventurero que estás hecho, me meo con la historia de cuando no arrancaba la moto!!

    Por cierto, la foto 27 es impresionante, de dónde es? parecen unas cuevas, no? El jaleo de las escaleras me recuerda a los cuadros de Escher (creo que es)

  2. Uf!! llevo un montón sin poder leer con calma tus entradas, a ver si este finde me pongo al día
    Por lo que he podido leer en esta entrada veo que se ha convertido en un diario de motocicleta :))
    Que emoción!!

  3. Dios que nerviosssssssss! Mordor, campos de asteroides, el Halcón Milenario que siempre decide no arrancar cuando más se le necesita…

    Esas fotos son magníficas, aunque la de blanco y negro creo que hubiera quedado mejor con un ligero desaturado y algo de difuminado. Es que sigo sin verle la gracia al blanco y negro.

    Aprovecha y disfruta de cada segundo de tu viaje. Que envidia, leche!

  4. Vaya! me parece estupendo lo bien que te lo pasas con tantas aventuras, peripecias y chapurreos con los oriundos… eres un campeón, créeme…
    Ah! y la penúltima foto… más incluso que las demás, me ha dejado embobada mirándola hipnotizada… Olé!

  5. “Si la nave es tan rápida como él alardea todo irá bien”.

    El año que viene te vemos en el Dakar… ¡cosa de niños!, llevan mecánicos, un montón de recambios, GPS… ¡así no tiene mérito!, con Cascajo 21 o 22 te los meriendas seguro.

    Una entrada genial, “Easy Rider”.

  6. Divertidísimo tu relato de hoy jajaja…estás hecho todo un motero, y tienes razón, así ves todo 360º, ni se te empañan los cristales ni nada jajaja…

    Bsts aventurero motero…

  7. Que tremenda aventura es el Loop, sin mencionar todo el viaje. Yo sigo fascinado con tu blog y de ser tu compañero virtual de viaje, lo cual es de agradecer. Es primera vez que siento remordimiento por llegar tarde a un blog, ya que te sigo desde el día ciento y pico.

  8. 1º: Plas, plas, plas (de pie y con dolor de manos)
    2º: Ja, ja, ja
    3º: Andaaaaa con Gandalf y todoooo!! si es que no hay más que ser Frodo…
    4º: Y ahora… hacia dónde???

    Por cierto (y sin querer ser impaciente)… estoy deseando que llegues a la auténtica Tierra Media…

    Y… tu a los ojos de la gente, de los niños en particular, les haces algo verdad??

  9. La verdad que te agradezco infinitamente que compartas tus relatos. Casi se siente como si fuera uno parte de tu viaje.

    Me mata de la risa la historia de Cascajo 18 🙂

    Suerte!

  10. buenísima la narración de este post! parece ser el la moto es el trasporte a usar en Asia!

    En ese caso, no compensa comprar una un poco mejor al inicio del viaje? Supongo que al final la tendrías que dejar o vender…

    suerte! y que lo sigas pasando igual de bien!

  11. Como diría el sr. Gala, me descubro ante tu verbo fluido. Gran post! Hay muchos post muy bien escritos, pero se nota cuál es tu género predilecto (y aquí no me refiero al viaje de tres tías).
    Las fotos, de quitar el hipo, la del señor en la cueva, mágica. Y las nieblas… y tó, oiga, todo todito. Chapeau.

  12. Ignacio, estas que te sales. Creo que tu capacidad como narrador ha ido creciendo a cada Km que avanzas en tu viaje. Con cada una de tus fotos y cada uno de tus pots me siento transportado allí donde lo escribas. Sigue así, llegarás lejos xD

  13. Jajajaja, qué buena la de hoy…”Vuela Sombra Gris!!!”, jé. Un relato que ha provocado la sonrisa en muchas ocasiones!, las fotos son rpeciosas, los arrozales secos con esas minimontañas…muy hermoso!.
    Lo de las cuevas, una experiencia sensorial nokeante? XD
    Mata ne!
    ^_^

  14. Pero que crack estas hecho Ignacio. Se me han saltado las lagrimas de la risa.
    Nunca empieces otro viaje sin una trocola de recambio y sin revisar si calumbran las jalumbres del proximo Cascajo 19 🙂

  15. Olé que bueno!!
    Y que bonito ver en fotos lo que no pude capturar cuando estuve por esas tierras – mi señora cámara se mojo tras llegar a Vientien – y sin encontrar donde repararla por esas tierras me dispuse a disfrutar y dejar las imágenes en mi memoria!
    Besos!

  16. Voy a tener que dejar de leer tu blog, al menos en el curro… porque o me quedo embobado viendo las fotos y leyendo tus peripecias, o me quedo embobado y además me parto de risa. El otro día me pilló mi jefe…. menos mal que le encantó tu blog y por lo que sé ahora lo sigue el también. 🙂

  17. La moto se te ha subido claramente a la cabeza!! Pero alma de Harley!! Adónde vas con ese triciclo del mal??!!
    Bueno, menos mal que todo salió bien. Esta anécdota ha tenido todo los alicientes para ser cautivadora: tensión, humor, intriga… chapeau!

  18. Leerte cambia toda mi perspectiva del Sudeste Asiático y me hace pensar que quizás no aproveché todo lo hubiera podido el año que pasé allí. Me estás poniendo los dientes largos con tanta aventura.

    Me considero otro adalid de la Honda Wave (aprendí a conducir en HCMC, no te digo más) así que tomo nota de tus andanzas y confío en repetir alguna en los próximos años, empezando por Sa Pa. 😉

    Las fotos fantásticas, como siempre.

    Un saludo

  19. Vas a volver con chupa de cuero y tatuajes por todo el cuerpo? greñas? pulseras con pinchos y botas con suela de metal?? te estoy viendo en las manifestaciones contra los quitamiedos de las carreteras e instaurando el Pantocrátor como nuevo saludo entre moteros, jijiji

  20. Deberías dejar de lado los aviones, los autobuses y todos los medios de transporte y realizar el resto de tu viaje con Cascajo 18.
    Como siempre las fotos buenísimas, hasta la de la cueva movida está genial, porque da un aire de misterio….

  21. Morfet, pues muchas gracias por el top de las fotos… Cuales son los otros dos? 🙂

    Ramón, lo peor es que es cierta!!!

    Santi, es que cuando la moto no arrancó… fue lamentable!! La foto es de una cueva y si, tenían un trajín de escaleras que no veas. A mi también me recordó a los dibujos de Escher.

    OSScar, pues una Nikon D80… 🙂

    Pati, tienes toda la razón, a ver si me controlo más con las dos ruedas!! XD!! Ten cuidado, no te atragantes con tanto post!

    Sirventes, yo es que estoy experimentando ahora por primera vez con el BN. A ver que va saliendo… 😉

    Javier I. Sampedro, pues si, ya estoy recuperado!! Con ganas de máaas!!!

    Belén, pues muchas gracias!! Y me alegro mucho por la penúltima foto. A mi también me encanta!

    Javi “On the Road”, como no se me ocurrió usar semejante cita! Si además quedaba perfecta. Que cabeza la mía! Por Hutt!!

    Yoda, sip. La parte mala es cuando llueve o como hoy, cuando he salido sin chaqueta y he llegado al hotel ya de noche y pajarito del frío…

    Daniel Aréchiga, pues muchas gracias. De todas maneras aquí te pones al día rápido rápido!!

    Queseyo, pues seguimos en Laos (calculo que otra semana rumbo hacia el Norte) y después hacia Tailandia…

    Juan José, muchas gracias!!

    Krimo, hombre, el problema de comprarse una moto es que la tienes que llevar todos los días (todos). Con todo el equipaje. Yo tal y como lo hago ahora, viajo en bus y luego alquilo una moto para dar una vuelta por la zona. Voy ligerito y es mejor. Además hay trozos que hay que hacer en barco, otros en tren… la moto sería un engorro. Habría que plantearse el viaje para hacerlo específicamente en moto. Cosa que yo ni me planteaba!! 🙂

    Nico Cinero, te refieres a que mi género favorito es decir chorradas? Pues si. Tienes toda la razón.

    Juselin, muchas gracias!!

    Nuala, la cueva fue fantástica! En serio. Que sensación!!

    Monttse, vaya, ya veo que la foto en BN no ha triunfado nada de nada… 😉

    CARMEN, si es que no aprendo! no fiarse de los Señores Ku! Que siempre te la clavan!!

    Oria, música… electrónica? (no me pega para nada más!! jajaja)

    Laura, pues vaya, que desastre!!! De todas maneras las fotos en la memoria son las mejores de todas!! 🙂

    Charlotte Harris, bueno lo de sólo puede ser lo único que te tire para atrás. Por si pasa algo y demás. Pero vamos, con un acompañante es pan comido!

    J. Lozano, jajajaja! buenísimo!! Saludos a tí y a tu jefe!!! 😀

    Edu, que no me va el enlace!!! Debe ser cosa de Laos. Me lo guardo para cuando cambie de país, porque la canción no la conozco!!!

    Japogo, el triciclo del mal? MWhahahaha! me encanta!

    Alberto, la mítica Honda Wave, algún día la he cogido. Si. Si. Por cierto, aprender en HCMC… eso si que es un bautizo de fuego!!! Mis respetos.

    Cilinderman, eso, que me dejen una moto de Laos y las dunas del desierto. Ya verás, la que montamos. Ya.

    Vane, Pantocratooooorrrrr!!!! Preparáte que a mi vuelta…. volveré a coger el metro, como todos los días!!! ains!

    Marie Midi, muchas gracias!!

    Moyarco, noooo!! tu me deseas el mal!!! noooooo!!! Cascajo 18 se la deje a Mr Ku y salí de allí corriendo antes de que viera el desgraciado estado en que se encontraba (que tampoco difería mucho de como me lo había dado, la verdad).

    Lunatrix, claro que lo pensé. Eso y verás como me piño. Y encima me tocará bronca de mi padre!!!

    Gracias a todos por comentar!! Siento el retraso, pero si no es ciudad importante el Internet en Laos es un poco ruinoso!!!

    Saludossss!!!

  22. gracias por la respuesta Ignacio, pero esto me lleva a otra duda… los alquileres de las motos son económicos? cuanto salen por día mas o menos?
    gracias y que sigas teniendo un genial viaje.

  23. el metro???? pero queeeeeeeeeee dices??? acaso no puedes llegar a los kellogs con la scooter?? boooooooooooooorn tu bi guuuuuuuuuuaaaaaaaaaaaAAaaaAAAAAAAaaaAAaaaiillld!!!

  24. Uuuaaahh! Me encantó tu entrada, como todas 😉
    Las fotos que más me gustan son las de los niños… Qué expresiones!! Me encantaría dibujarlos a todos! No haría otra cosa! jajaja Sigue disfrutando Ignacio! Que nosotros tb lo hacemos leyendo tus historias ;D

  25. Increibles y divertidas tus aventuras o desventuras, al menos para nosotros, y como siempre increibles tus fotografías, otra vez me quedo con b/n de the loop 18, impresionante el reflejo del agua en the loop 29, un día a tu regreso y con tranquilidad tendrás que explicarme como consigues esos reflejos. Por cierto muy original tu experimento dentro de la cueva.

    me alegra saber que tus desventuras queden solo en meras anecdotas, y tu viaje siga su curso para gozo y disfrute no solo tuyo sino de todos los que te seguimos, hambrientos de más relatos.

    un saludo
    José Diego

  26. Krimo, depende del sitio. Pero generalmente están por 5-7 dolares al día (con marchas) y a eso le metes como mucho 2 dolares más de gasolina.

    Vane, ya voy pidiendo plaza de aparcamiento de scooter… nino nino ni nooooo (es guitarreo, aunque no se note)

    alKO, muchas gracias!!

    Jose Diego, si, todo se quedará en batallitas!! Jajajaja!

  27. La carretera de baches es como las de aquí, jeje… sólo que a los lados no tengo arbolitos, sólo rocas volcánicas y algún que otro cactus 🙂

    Y en el agua -marrón- de la cascada… ¿no habría ningún bicho raro? Beergg…

  28. Saludos! seguí tu viaje cuando empezó, y ahora lo vuelvo a leer robándote ideas para quizás, en un futuro hacer algo parecido (viaje en solitario durante meses por Asia)

    Esta entrada es simplemente genial, eres un crack y me parto leyéndote. Un saludo!

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