Día 300: Sobre la inconsciencia, la suerte, su ausencia y la mezcla de todas

(Donde intento resumir de manera breve sin lograrlo, todo lo acontecido en los últimos días hasta un tal 14 de Marzo de 2010)

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– ¿Qué sucedió, Gandalf?
– …Me retrasé.

No me lo podía creer. No podía estar pasando. Colgando del cinturón de seguridad sólo se pude escuchar el sonido que indicaba la rotura de los cristales y después, consciente del choque, el ligero y continuado siseo de una rueda reventada desinflándose. Salí en vertical por la puerta de la furgoneta, temblando y observé la extraña postura en que se había quedado. Casi volcada sobre su lado izquierda, detenida por una valla pastoral que había evitado que diera unas cuantas vueltas de campana y cuyas maderas atravesaban las ventanas y la sujetaban. Consciente, sin ningún rasguño y viéndola destrozada y sin saber que hacer el mundo se me vino abajo. Nueva Zelanda se alejaba aún más de casa.

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Desde el principio había ido encadenado una serie de decisiones erróneas. Partí de Auckland a media día, tras papeleos varios que me hacían tener toda la documentación en orden y un nuevo soporte para el colchón, más sólido y con suficiente espacio para colocar mochila, comida y unas cuantas cajas de material bajo ella.

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El plan era llegar a Cape Reinga, en el lejano Norte de Nueva Zelanda. Lugar sagrado para los maoríes que debería dar el pistoletazo de salida a la bajada por la isla Norte e Isla Sur. El comienzo. Subestimé la distancia y las carreteras y prontó me dí cuenta de que iba a ser imposible llegar en mi tiempo estimado. Muchas curvas. Mucha colina. Mucha montaña y poca velocidad de crucero.

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No hay problema, grumetillos. Llegaremos donde lleguemos, que para eso llevamos la casa a cuestas. Mi idea original era atravesar la infinita playa de los 90 kilómetros con la furgoneta al atardecer. Pero cuando quise llegar a ella ya se habían puesto los rayos del sol y apenas quedaba una breve claridad en el horizonte. No llegaría con luz, pero la imagen era realmente preciosa.

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¿Que hacer? ¿Seguir? ¿No seguir? ¿Buscar otro recorrido? ¿O cruzar los 90 kilómetros de noche? No debería ser demasiado problemático. Una línea recta con el mar a un lado y colinas a otro. Era imposible perderse. ¿Sería peligroso? Lo dudaba. Había visto publicidad de incluso autobuses turísticos paseando por la zona. Esto está chupao, señor Frodo. Hacia el infinito y más allá.

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Llegó la noche y con ella cientos, miles, millones de estrellas. Todo el cielo cubierto. Espectacular. No recuerdo haber visto nada similar en mi vida. Habíamos llegado al punto en que si añadiesemos más, tendría que empezar a contar puntos negros en lugar de blancos. Tantas, tantísimas y apareciendo desde todas partes hasta en el horizonte que parecía que estuviera conduciendo hacia ellas.

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A pesar de ir casi con la cabeza por fuera de la ventanilla no daba a basto. Me permití parar un momento y salir a disfrutar del espectáculo. Incluso se podría disfrutar de la vía láctea. Allí, al arrullo de las olas del mar la boca se me desencajaba mirando al cielo bajo. Ara. Lepus. Compás. Sagitario. Centauro. Imposibles de ver desde el Hemisferio Norte.

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Borracho de estrellas volví a ponerme en marcha. O a intentarlo sin éxito. La furgoneta, una vez parada y más alejada de las aguas de lo que yo pensaba se había quedado atrapada en una duna. Nos hemos lucido, Sam. Sólo era una rueda, así que nada que mis mañas no pudieran solucionar. O eso pensaba yo. A cavar se ha dicho. Cavar, preparar rampa de salida, colocar piedras (que me llevó un rato de recoleción) y similares y vamos. Run Run. Ruuuuuuuuun. Nada. Tal y como me temía, si no salía se hundiría aún más. Más cavar. Más intentar rampa de salida. Pffff. Pues va a ser que no.

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Después de una hora, ya perdida toda esperanza y cuando ya había decidido que ese sería un gran sitio para pasar la noche a la espera de que alguien pasar al día siguiente, apareció una luz en el horizonte. “¡¡Hey Bro!!” Un pequeño cuatro por cuatro con un amable kiwi que se estuvo riendo un rato de mí, me remolcó fuera de las arenas, me deseó buenas noches y asegurándome que mi destino final sería imposible para esa noche, me recomendó un sitio para pasar la noche a escasos kilómetros.

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Para allá que fui, para allá que me metí y para allá… que me volví a quedar atrapado en la arena. Repetir los pasos explicados en dos párrafos anteriores hasta que agotado y extenuado me tiré en la cama rezumando arena y me dije que mañana sería otro día y ya veríamos que hacer.

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Ciertamente había acabado cerca de la zona recomendada, y cuando amanecí, pude acercarme a pedir de nuevo ayuda a un grupo de pescadores que habían hecho noche por allí. Más risas a mi costa (y con razón). “Bro!, la clave para conducir en arena es… No parar nunca!!” gritaba mientras la pasaba a toda velocidad por las pequeñas dunas. Ya me temía que sería algo así, pero mis nefastas nociones de aprendiz de Carlos Sainz me habían hecho conducir con cuidado. Craso error.

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Atravesé los kilómetros que faltaban de costa, pase pequeños ríos, bordeé dunas, mientras pensaba en que eso estaba siendo mucho más difícil de lo que pensaba. ¿Cómo podía ser que un recorrido turístico requiriera semejante habilidad? No estaba en esos momentos para discutirlo ni para razonarlo. No parar. No parar. No parar. Hasta que salí a tierra firme. Prueba superada. Respiré aliviado ¡La leche!

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Me remití a la guía de nuevo, por curiosidad. Bla bla bla… cosas por hacer… bla bla bla… Ninety Mile Beach… Bla bla bla… Pues aquí no pone nada. A ver. A ver este párrafo que no había leído. “Las agencias de alquiler de coches no permiten que se conduzca por esta playa… sólo debería hacerse con 4×4… hay que mirar cuando suceden las mareas para no quedarte atrapado irremediablemente… bla bla bla”. Tragué saliva. Glup. Glup. Me la había jugado sin saberlo, inconscientemente, y lo que es peor, sin ninguna necesidad. Bueno, ya, pero ahora podría presumir de que mi furgo, el canario milenario podía con todo. ¡Saltamos al hiperespacio!

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Comencé los últimos kilómetros hasta Cape Reinga, un tranquilo paraje entre colinas con la carretera serpenteante. Paradas para hacer fotos, un día magnífico y… CRASH.

La furgoneta se salió de la carretera antes de que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Todo sucedió tan rápido que aún a día de hoy sigo sin saber el cómo. Probablemente conducía más hacia la izquierda de lo que debiera (un error bastante común para los que hemos aprendido a conducir por la derecha), probablemente me entretuve un instante más de lo que debiera mirando el paisaje, probablemente arrastraba cansancio de la noche anterior. No lo sé. Se había borrado de mi memoria que a día de hoy sigue reviviendo sólo el momento en que ya fue demasiado tarde.

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Era incapaz de actuar. Era incapaz de tomar decisiones. Era incapaz de nada. Sólo me sentía tremendamente cansado. Muy cansado. Esto debía haber sido una pesadilla. Tendría que despertar en algún momento. Pero no, la furgoneta seguía volcada, reventada y yo seguía más sólo y perdido que nunca. ¿Y ahora? ¿Ahora que iba a hacer?

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Cuando el primer coche se detuvo apenas podía articular palabra. “Estoy bien. No hay nadie herido”. No era consciente de mi relativa buena fortuna. No tenía ni un arañazo. Ni una contusión. Nada. Comenzaron a llegar más coches. A pararse. A preguntar. A llamar a la grúa. Todo sucedía a mi alrededor demasiado rápido para mí. No podía asimilar nada. El mundo me quedaba demasiado grande y yo encogía y encogía, deseando desaparecer.

Sólo quería que alguien tomara las riendas, que alguien me dijera que hacer, dejarme llevar. Y ahí, cuando más he necesitado tener a alguien a mi lado, aunque fuera tan sólo una voz amiga que me mintiera con un “no pasa nada, todo va a salir bien” estaba en una de tantas y tantas zonas sin un ápice de cobertura. Infinita soledad.

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Robert me extendió la mano saludando tras las gafas de sol y sombrero de cowboy. Vaqueros que se movían al ritmo de un andar pausado inclinándose de lado a lado, a lo John Wayne, camiseta de tirantes que mostraba su piel oscura revelando ascendencia maorí y un bigote alargado que caía por ambos lados de la mejillas. Le acompañaba Raymond, su hijo, delgado, de grandes ojos abiertos, espejo del padre. Si uno sonreía el otro sonreía al segundo. Si uno fruncía el ceño y arrugaba el morro, el otro le acompañaba en un perfecto mimetismo. Ciertamente, era de lo más perturbador.

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Engancharon la furgoneta a la grúa, la remolcaron y partimos al taller. Habría que ver si se podía hacer algo. Y yo sólo podía pensar en dinero, en si llegaría, en si no, en si abortaba, si me rendía. Si me hubieran ofrecido volver a casa en ese momento habría contestado sin dudarlo que sí. Tan baja estaba mi moral. Y no habría de recuperarse en las próximas horas.

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El starter había ardido y no quedaba más remedio que cambiarlo. En aquel taller sacado del salvaje Oeste, con miles de estantería cargadas de herramientas, descolocado, desordedenado, con coches abiertos, motores, centenares de piezas, olor a grasa, rodeado por un cementerio de coches semi despedazados, Raymond comenzó a reconstruir el starter. Pieza por aquí, pieza por allá. Tornillo por aquí, solenoide por acá. Y el nuevo starter tal y como cabría esperar, no funcionó. Pasaban las horas y no había manera de conseguir que funcionara. Debería, pero no, toda la familia se arremolinaba alrededor de la furgoneta, opinando, mientras yo me concentraba al máximo para poder entender algo de ese inglés cerrado, sin pausas y sin vocalizar que hablaban entre ellos. “Hey, Spaniard! ireckondasawokfortumorow”, concluyeron al fin. Nada que hacer por hoy, mañana más y con un poco de suerte mejor. Y Allí pasé la noche, en ese taller, durmiendo sólo en esa furgoneta de cristales rotos y lateral destrozado. Sin un pueblo alrededor. Sin teléfono. Sin internet. Que sensación más miserable.

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El día siguiente fue un master en mecánica para mí. Conseguimos que el starter funcionara, pero el motor no. Y eso que debería hacerlo. Después de más de medio día de trabajo, agotadas todas las opciones que a padre, hijo, abuelo y otros mecánicos de la zona se ocurría, no había mucho más que hacer. Habían presurizado el depósito, chequeado la bomba de diesel, chequeado todos los puntos eléctricos. Todo estaba bien, pero no funcionaba. “Spaniard. No hay nada más que yo pueda hacer. Si quieres lo llevamos a otro mecánico, pero en mi opinión no me preocuparía demasiado. Será un gasto de tiempo y de dinero”.

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Mierda. Mierda. Mierda y mil veces mierda. Pero decidí agotar todas las opciones. El motor tenía que funcionar, el golpe no debería haberlo dañado, así que opté por llevarlo a otro mecánico y jugármela perdiendo algo más de tiempo y dinero. Fue el momento en que cayeron en la cuenta de donde estaba el problema. ¿Y si el starter estuviera girando… al revés? Todo cuadraba, el motor giraba al revés y por lo tanto no bombeaba diesel. Vuelta a desmontar el starter, reconstruirlo, pieza por aquí, algo que nos quedaba del starter quemado por aquí, un poco de polvos mágicos más allá. ¡Voilá! la furgoneta volvía a funcionar.

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Me despedí de Robert, de Raymond, del abuelo, de la abuela maorí que con tanto cariño me había alimentado durante dos días y partí a la búsqueda del resto de piezas que me hacían falta para el coche: Una ventana y una puerta lateral. Siendo la furgoneta del 89 no quedaba más remedio que buscar entre más y más cementerios de coches. Encontramos el cristal sin demasiado problema pero hacerse con una puerta como la mía acarreaba bastantes más problemas.

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Nada por aqui, bro. Pregunte en el pueblo de allí. Nada. Pregunta a Bob. Espera que te acompaño. Nada. Mira a ver en tal taller. 40 kilómetros para el taller. Tampoco. Tira para Koma. Tampoco. A todo esto, viajando con una puerta medio destrozada, sin cristal que podría caerse en cualquier momento. Acabé llegando a Whangerei, la única “gran” ciudad al Norte de Auckland. Búsquedas, llamadas a talleres, internet, hasta que conseguimos una puerta. A 8 horas de distancia. Y hoy viernes. Uff. Para el lunes. Y esperemos que funcione que la furgoneta está bien abollada y habrá que trabajar. Ah. Y la puerta, bro, será blanca.

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Será lo que sea, pero eso significaba que podría volver a esta en marcha. Y hecha de retales. Que mejor manera de hacer honor a su nombre de Canario Milenario. ¿Y yo? ¿Que iba a hacer mientras tanto? Pues abusar de la confianza que aún no tenía para con un amigo de un amigo que vivía casualmente cerca de Whangerei.

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Ginés, un español ya asentado en Nueva Zelanda, amigo de Aitor y Héctor, se apresuró a recogerme y llevarme a casa. “Nada, ningún problema. Tu te quedas el fin de semana en casa, con nosotros y ya veremos que hacemos. Yo te hago de guía por la zona así que no te preocupes de nada”. O algo así me vino a decir. Que una persona que no te conoce de nada, más que de una referencia, te abra su casa, te acoja y use uno de sus pocos fines de semana libres contigo con la mejor de sus sonrisas no es algo habitual. Pero así han sido Ginés y Loren. Aparecieron cuando más lo necesitaba y me dieron todo y más de lo que debían.

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(El a partir de ahora mítico Ginés…)

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(… y la encantadora Loren)

Así que tras un fin de semana fantástico, perdidos entre calas, bordeando la costa azul del Norte de Nueva Zelanda, viviendo en una entrañable casita en mitad del bosque, sin nadie en los alrededores, con la naturaleza por vecina, y entre buen comer, buen beber, muchas historias de viajes y muchas muchísimas risas (que tanto necesitaba), pasé los dos últimos días, tras los cuales, ahora sí, el Canario Milenario con una nueva cicatriz en forma de puerta blanca, me esperaba para recomenzar el viaje.

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Por motivos obvios, para Ginés y Loren. Gracias.

83 comentarios en “Día 300: Sobre la inconsciencia, la suerte, su ausencia y la mezcla de todas

  1. Se me han saltado las lágrimas y todo. Impresionante el relato. te aseguro que eres mi héroe. Te sigo deseando todo lo mejor y toda la suerte del mundo. Después de recorrerte toda Asia quien te iba a decir que en un mundo se supone que más civilizado ibas a tener tantos problemas

  2. Buff, por lo que cuentas de las carreteras me recuerdan a las islandesas, siempre imprevisibles. Solucionado el bache ahora a pasarlo bien con calma. Muchos ánimos!!!

  3. Con el corazón en un puño al leer tus palabras… todos estábamos colgados de ese cinturón. La sensación de impotencia por la distancia ha sido mutua.
    Una alegría volver a leerte y a disfrutar de tu camino. Ánimo y palante!

  4. Ufff… que susto me he dado cuando he visto los tweets que hacian referencia l post, y que repelus tenia por la espina dorsal hasta llegar al final (espero) feliz.

    Mucho, mucho animo, y a seguir disfrutando de tu viaje. Espero que sea el ultimo susto que nos des 😉

  5. La fiesta continuaaaaaaaaa, pero deja de mirar el paisaje cuando manejes al canario !!! es un arma de precisión engrasada hasta el último milimetro así que cuida de ensuciarlo con tus manos polvorientas.

    Me alegro que estés bien. Un abrazo fuerte.

  6. Ignacio! te juro q estoy en el trabajo, leyéndote y temblando con el corazón en la boca de la angustia de este relato! x fvr!
    Gracias a Dios no pasa del susto del momento y de la anécdota pero qué momento Cristo… !
    Todos los que te acompañamos (aunq sea virtualmente) en esta aventura, te queremos entero hasta el final, ok?
    Besos Ignacio y un abrazo bien fuerte.

  7. Madre mía!! Menos mal que se quedó en una puerta y un starter… jaja Espero que no tengas más contratiempos y disfrutes que por lo que se ve en las fotos tienes mucho bueno alrededor para hacerlo!

  8. Me has puesto los pelos de punta, y a la vez me has hecho reír con cosas como “ahora podría presumir de que mi furgo, el canario milenario podía con todo. ” se echa de menos tu sentido del humor en Tokio.

    Cuidaté Ignacio, ánimo y un abrazo fuerte!

  9. Me imagino la situación de nervios, impotencia.. al haber tenido el incidente y más estando en la otra punta del mundo. Suerte que las cosas se arreglaron y pudiste disfrutar del calor humano cuando más lo necesitabas.

    Nos alegramos que las cosas se hayan encaminado y puedas continuar el viaje. Sigue disfrutando y con precaución.

    Un saludo!

  10. Que historia, me da gusto que sivas y que estes bien, no te imaginas lo que me haz hecho pensar, todos Los problemas que tengo y que pensaba que no podia ser peor, cuando leo que tu vida estuvo en peligro es cuando digo, mierda y yo aquí quejandome, me hiciste abrir los ojos justo ahora que mas lo necesitaba, sigue tu aventura y gracias por tu relato, saludos desde Gifu, JPN

  11. Verde de envidia estoy leyendo tus aventuras ¿y vais subidos en esa furgoneta amarilla tan chula? qué pasada 😀 por cierto que me encanta la frase de la cabecera del blog. Yo tengo 32 años y en nada seguro que me pongo otra vez a viajar.
    Un saludo.

  12. Un abrazo en la distancia, Gandalf!

    Leer el final del post me tranquiliza. No siempre las cosas salen como esperamos y me alegra saber que has tenido la entereza de salir airoso y (espero) revitalizado de esta experiencia.

    En Flickr revelé que soy tu fan, tú me hablaste de camisetas… así que:

    http://www.bluecotton.com/shareload.cgi?id=4311

    Hala! Me has dado motivo pa’ hacerla. El diseño es cutre (que soy informática pero de diseño poco), pero la idea es que te robe una sonrisa.

    Regresa en una sola pieza a España, ¿vale?.

    P.D. – No dejes de ver la parte de la camiseta que corresponde a la espalda. 😉

  13. Excelente relato, de verdad que las “aventuras”, buenas y malas, suceden cuando menos lo esperamos. Es bueno saber que saliste bien librado y que seguiremos leyendote y viendo excelentes fotos de tu parte 🙂
    Un saludo desde Tokyo y mis mejores deseos.

  14. uffff… el pelo como escarchas y el corazón cómo un puño… contenta de que todo terminara bien! incluso mejor de lo esperado, pero…andaté con ojo eh?!

    Que resultes herido por la hoja de la daga de un Nazgûl en Amon Sûl vale, pero todo lo demás mejor no, vale… que en la herida te salva Aragon y lo sabemos, lo demás es hacernos de sufrir, sudar y morder la pantalla!!!!

    A cuidarse y disfrutar!

  15. ¡Mucho ánimo!

    Ya se te echaba de menos y de repente nos enteramos de esto… Pero no hay mal que por bien no venga, como se suele decir y cuando menos te lo esperas y más lo necesitas la gente te sorprende con su amabilidad. Preciosas las fotos.

    ¡Besitos!

  16. buff… por un momento te he imaginado cual frodo en la soledad de la cueva de Ella Laraña. Pero qué esperabas pequeño hobbit? Allá en las perdidas tierras medias donde acechan las sombras de mordor, algo tenía que suceder.

    Me alegro de que encontraras a tu particular Sam, y que no abandones el camino 🙂

    Ánimo!

  17. Ahora que todo ha pasado y que todo se ha quedado en el susto y algo de tiempo y dinero perdido es el momento de tomar aire profundamente y tirar para adelante, que ya volverás a recordarlo muchas veces cuando le cuentes la historieta a tus nietos, jeje.
    Un abrazo y mucho ánimo.
    Marcos.

    P.D. ni se te ocurra volver a España sin haber destruido el anillo, eso ni lo pienses.

  18. yuhuuu!!!! adelante!!!! canario milenario de alas blancas!!!!

    quillo, menos mal que salvaste el pellejo, vaya rato…

    GRANDES FOTOS!!!!! IMPRESIONANTES!!!!!

  19. Debido a tu experiencia de la “soledad” en casos de urgencia, sólo puedo decirte…..”nadie me habló del lado oscuro de la libertad”

    mucha suerte en tu viaje…

  20. Es un topicazo, pero mientras tu estés bien todo lo demás se puede arreglar. Seguro que ha sido un bajón, pero veo que has recuperado la moral y que continuará bien alta.

    Suerte en el resto del viaje!!!

    Un abrazo

  21. Yo que me he puesto toda contenta al ver que ya había post nuevo, he entendido después de leer unas cuantas lineas el porqué esta vez habías tardado más de lo normal en escribirlo.
    Menos mal que todo ha salido finalmente bien!Normal que tuvieras ese momento de pánico, es un momento en que se pasa muy mal y más si estás solo. Pero lo mejor de todo esto es que supiste reaccionar y que has podido vivir en tus propias carnes que aunque no tengas a tus más queridos a tu lado, aún queda gente buena que siempre está dispuesta a ayudar.
    Ánimo, ahora ya eres un conductor de nivel superior 🙂

  22. tío, se me han encogido los huevecillos al empezar a leer el post… menos mal que aclaraste pronto que estabas bien… como bien decias, buena suerte, y mala suerte, qué sensaciones… cuando relatabas el momento del accidente me recordó a mi único piñazo… buf… un tío me embistió lateramente, cristales, pitido, gente, desorientación, que ha pasado…quiero irme a casa…
    me alegro un montón de que estés bien, que eso es la clave, y no te preocupes, que desde aquí ya estamos reorientando todo el karma del mundo para que aparezca esa puerta y todo quede en algo lo más parecido a una anécdota que se pueda.
    Mucho ánimo, mi buen amigo!!!!

  23. Nos ha pasado a todos igual. Yupi, nuevo post… amos no jodas, ufmenos mal, que malrollo… Y lo que dices, dentro de todo, suerte, de salir ileso, y de encontrar un pequeño oasis donde descansar.

    En fin, la aventura es ahora más aventura. Al fin y al cabo, la tierra media no sólo es la comarca. Mi querido hobbit.

  24. Me has puesto la piel de gallina Ignacio!!!

    Animo, en toda gran aventura se superan adversidades, y al final queda como otra historia mas que contar…

    Y ya sabes, conduce con todos los ojos en la carretera!
    Anims!

  25. Ignacioooo!!!!!!!!!! Imagino que te haces idea de lo cerca que me he sentido de tí al leerte! Te mando un abrazo enorme, tío. Imagino lo mal que lo habrás pasado, y a tí que siempre te he admirado por tu capacidad de superar las dificultades, me hubera gustado poderte echar un cable allá tan lejos. Igual que me los has echado tú a mí en momentos en que “volver a casa” era lo único que podía ver.
    Desde luego la leyenda del Canario Milenario crece imparable, pero la de su capitán Solo la supera con creces. No sé yo si el Canario Milenario puede con todo, tú sí, y me alegro muchísimo de ello.
    En algún momento se nos pasa por la cabeza que las dificultades o los incidentes-accidentes llegarían en un viaje de tanto tiempo y tanta variedad de circunstancias. Han llegado y tu coraje, tu fuerza y también tu suerte las han superado.
    Que las estrellas del sur te sean propicias. Suerte, señor Frodo.

  26. Con este post, el viaje ya toma cariz épico. Tremendo.

    No deja de ser curioso que el peor de los problemas, el que casi te ha hecho volver a casa haya sucedido en el “primer mundo”. Ya lo dicen que la confianza es la peor enemiga.

    Me alegro de que todo haya salido bien y podamos seguir disfrutando de tus aventuras. Por cierto, tremenda la primera foto.

  27. no me digas que no te venía bien ahora instalar un condensador de fluzo de esos… y volver un poquito patrás, eh?… de todos modos, muchos ánimos como siempre, ojalá los trocitos de nosotros que te llevas te den pequeños empujones cuando los necesites… por cierto, cambiando de tema y viendo que la prueba del camino ha sido superada, me pregunto yo: ¿donde está la foto del canario milenario después del proceso de tuneado??.. me he repasado el flirck y no la veoooo!!!!

    un bicooooooo nostalgico desde la lejanía D.Ignatius

  28. Dentro de un par de años recordarás el “accidente” como una de las mejores anécdotas del viaje… tiempo al tiempo.

    Me alegro muchísimo de que salieras ileso viajero, y ahora a disfrutar a tope del país, sobre todo de la Isla Sur.

    Ahh… un truco para conducir por el lado contrario, usa la línea de la carretera como referencia para no salirte de la vía (donde la haya, claro, jaja!!)

  29. ostias, menuda aventurilla. supongo q los 40 comentarios q hay encima del mío ya te dicen que ánimos, que tranquilo, que en unos meses te vas a reir y bla bla bla. así que sólo quería decirte que podrías colgar una foto del canario milenario y la cicatriz no??!! 🙂

  30. “Funciona el HiperStarter????”
    “WAAAAAAAGHHH!!!!”
    “VÁMONOS, CHEWIE!!!!!!!!!!!!!!!!!”

    Has de saber que nos llevas a todos en el Canario… No sabes las ganas que tenía de leer este post!!!! Un enorme abrazo!!!!

  31. Ay, Ignacio, que angustia!
    Pero supongo que la noche estrellada, y el encuentro con esos dos nuevos amigos te habrá compensado…

    Pero claro, cómo toma uno vacaciones de las vacaciones??? Como desconecta uno de un viaje como el tuyo?

    Un beso enorme

    Ana

  32. Me siento un completo ingenuo! Todo éste tiempo pasando por tu blog directamente por las fotos, y resulta que las historias que cuentas están maravillosamente escritas. Enhorabuena y ánimo con esa aventura

  33. Ignacio, entre nosotros… este “incidente” no habrá tenido nada que ver con el hecho de despistarse ligeramente mirando algún que otro bikini en una de esas largísimas y paradisiacas playas, verdad?? 🙂

    Mucho ánimo!! Qué sigas disfrutando a pesar de estos sustos que al final recordarás con cariño…

  34. Jodel! Leyendo las primeras frases he pensado hasta que te habías retirado! Anécdota gorda para la lista! 😛

    Impresionantes las fotos. La primera parece de Avatar XD

    Me alegro de que no haya pasado nada grave!

  35. Soy una persona que vive en el desierto y al leer tu relato se dibujo una sonrisa en mi rostro.

    Primera leccion de conducir en arena, “nunca frenes”.
    Segunda consigue tablas de desperdicio en pares. Ee que nadie se quiere quedar atascado, pero eventualmente lo haras.
    Tercera maneja siempre sobre las marcas del camino. Las marcas son arena apisonada por lo cual no se “desgajara” sobre la traccion de tus ruedas, si tienes que salirte del camino preparate a usar las tablas.
    Cuarta si te pierdes en las rutas deserticas sigue las rutas mas marcadas, son las que tienen mas trafico y eventualmente te llevaran a la “salida”, ademas si te quedas sin combustible es mas probable que alguien te encuentre.

    Que bueno que estes bien, recuerda que lo principal para salir de cualquier problema es estar tranquilo y ser positivo.

    Tomale una foto al canario para ver como quedo.

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