Archive for April, 2010

Día 330: Un pequeño capricho

(Detallito que ví y no conté un 14 de Abril de 2010)

Methven - Edoras 10

“¡Silencio! Mantén tu lengua bífida tras tus colmillos. No he vencido al fuego y a la muerte para intercambiar falacias con un gusano sarnoso.”

Amanecía. El sol empezaba a iluminar los más altos y lejanos picos mientras desde mi privilegiada posición desayunaba aún en la sombra, mientras veía amanecer sobre el pequeño monte Sunday.

Methven - Edoras 07

Methven - Edoras 08

Lo de diminuto es un decir, pero comparado con los colosos que lo rodeaban se veía mucho más pequeño de lo que realmente era. Es posible que sea familiar, que vuestro cerebro sepa que ya había estado allí antes, de alguna manera. No os torturéis lo habíais visto con anterioridad. Quizás así, desnudo, no sepáis, pero… ¿y si os imagináis un pabellón medieval de madera en su cima? ¿Un pabellón dorado? ¿y si colocáis casitas de madera a sus lados?

Methven - Edoras 06

Methven - Edoras 03

Es cierto. Lo confieso. Me hice tropecientos kilómetros por polvorientas carreteras de grava para poder ver Rohan. Para poder ver Edoras. El maravilloso enclave que me dejó con la boca abierta cuando lo ví en Trilogía del Señor de los Anillos. Y allí dormí bajo las estrellas y allí me desperté para ver amanecer. Lujos de tener vehículo propio.

Methven - Edoras 14

Methven - Edoras 11

Nada queda allí ahora que haga recordar que allí se rodó una película, pero allí se construyó uno de los escenarios más espectaculares. Y no hay truco. El lugar es fantástico. En las descripciones del libro, Tolkien, describía una pequeña colina rodeada de montañas. El equipo de producción se volvió loco buscándo algo similar en Nueva Zelanda, hasta que se encontraron con este pequeño monte con los Alpes del Sur como fondo.

Methven - Edoras 13

Methven - Edoras 12

Un capricho. Lo sé. No me culpéis. soy débil. Pero es que además era todo para mí, porque por allí, salvo alguna que otra casa y algún que otro caballo (para redondear la jugada), a esas horas no había nadie más. Parece ser que hay algún que otro tour que se pasea por la zona (porque hay tours para todas las localizaciones del Señor de los Anillos, cling, cling), pero nada que el poderoso Canario Milenario no pudiera alcanzar.

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Y ya me callo. Ya. Disfruten del silencio. Disfruten del sonido de la escarcha derritiéndose bajo los primeros rayos del sol, disfruten de ver el velo bajarse y la luz aparecer. Escuchen los pájaros alderredor y sientan el frío viendo en el rostro. Allí al final del camino, en Rohan.

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Methven - Edoras 15

¿Una ayudita?

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Día 329: Un tal Cook y otros montes

(Post que se estuvo documentando más de lo necesario y no corrió como debiera para estar aquí un 13 de Abril de 2010)

Mount Cook 20

“Mucho se perdió entonces, pero ahora nadie vive para recordarlo.”

1768. Sobre la cubierta del velero HMB Endeavour el Capitán Cook escrutaba atentamente el insondable azul del Pacífico. Allí en la inmensidad del mayor océano del mundo, en alguna parte, debía estar Terra Australis Ignota. La desconocida Tierra del Sur. ¿Mito o realidad? Nadie lo tenía muy claro, pero si existía no cabía otra opción que encontrarlo cuanto antes. Debía ser reclamado antes que otros lo hicieran para la Madre Inglaterra.

Lake Tekapo 09

Mount Cook 04

Las únicas referencias databan de más de cien años antes, donde una expedición holandesa comandada por el holandés Abel Tasman aseguraba haberla encontrado. Era falso. Abel Tasman no había encontrado sino Nueva Zelanda, aunque el no lo supiera. Sus datos eran tan imprecisos que tomaron ambas islas como parte del nuevo continente.

Mount Cook 03

Mount Cook 07

No hay que culparle de mucho más pues ni siquiera pudo poner pie en las nuevas tierras. Antes de que se diera cuenta los nativos ya se habían lanzado sobre ellos matando a siete de sus tripulantes. El Pacífico es muy grande y que la gloria se la lleven otros. Nosotros nos quedamos con Tasmania y ya tenemos nuestro huequito en la Historia. Deprisa grumetillos extiendan las velas huyamos como alma que lleva el diablo!! Farvel salvajes. ¡¡Farvel!!

Mount Cook 06

Akaroa 03

Cuentan que fue todo un problema de comunicación. Los nativos hicieron sonar las trompetas hechas de conchas en señal de aviso. Los europeos se lo tomaron como una bienvenida y se acercaron más a Tierra, que por muy buena fé y mucho vengo en son de paz que acarreraran era una señal inequívoca de Guerra. ¿Donde están los traductores cuando se los necesita?

Arthur's Pass 02

Lake Tekapo 02

De cualquier manera Nueva Zelanda seguís siendo desconocida para el mundo occidental mientras la tripulación del capitán Cook intentaba afinar el ojo intentando encontrar Australia. El viaje había cruzado el Atlántico para atravesar el Cabo de Hornos y adentrarse en el Pacífico y desde allí llegaron a Tahití. La Polinesia. Cook tuvo la brillante idea de añadir a su tripulación a un jefe local, Tupaia, como muchos otros, avenzado navegante del Océano.

Mount Cook 02

Arthur's Pass 04

Bajo sus órdenes y sus consejos, entendiendo las corrientes y guíados por las estrellas, Cook llegó a Nueva Zelanda. Y esta vez, con la intervención de Tupaia, la llegada fue mucho más amistosa. Nada como saber los ajenos sistemas de educación polinesios. Cook se convertía en el primer europeo que pisaba Nueva Zelanda.

Mount Cook 16

O no. Porque los misterios seguían y seguían. Si ellos eran los primeros, ¿Que hacían allí armaduras y cascos del ejército español? Nunca se supo, en parte porque no hubo pruebas concluyentes y supongo porque si las hubo ya se encargaron los buscadores de fama de no dejar huella alguna. La historia amigos, la escriben los ganadores y no hay lugar para segundos puestos. Sea como fuera, ninguno de los supuestos hispanos había regresado para contarlo, con la más de las crecientes certezas de que habían pasado a alimentar a unos cuantos de los Polinesios.

Lake Tekapo 10

Mount Cook 18

Si. Estamos hablando de Canibalismo. Mucha son las historias de náufragos por el inmenso Pacífico, temerosos de acercarse a las islas por riesgo a ser devorados. El Salvaje Pacífico. ¿Cómo y cuando alcanzó la imagen de Paraíso?

Akaroa 02

(Night…

Akaroa 01

… And day)

Fue el canibalismo también el que acabó años más tardes con el propio Cook. 1779. Hawai. Por aquel entonces y tras tres viajes alrededor del mundo Cook había descubierto más mundo y viajado por más superficie del Planeta que nadie antes. Había cartografiado Nueva Zelanda, Australia, Las islas del Pacífico, la Antártida, Terranova… Había dado forma a la última parte del mundo que faltaba por descubrir.

Mount Cook 01

Mount Cook 09

Para Nueva Zelanda, sus descubrimientos lo cambiaron todo. El mundo occidental se acercó a estas islas, primero por balleneros y después por misioneros para poco a poco irse convirtiendo en una colonia. Con ellos llegaron nuevos alimentos, pero también nuevas enfermedades… y las armas.

Mount Cook 15

Lake Tekapo 08

Con los mosquetes llegaron nuevas guerras, las tribus que las tenías primero sometían a otras que o se rendían, o huían, o perdían la vida. Sólo hubo una manera de parar las guerras y fue (os dejo un segundo para adivinarlo) dar mosquetes por igual a todas las tribus. Vamos que nos vamos. Si nos vamos a zurrar todos en igualdad de condiciones. Mejor nos tranquilizamos, ¿no?

Arthur's Pass 05

Arthur's Pass 03

Y mientras tanto el resto de paises europeos se iban haciendo con más y más colonias por el resto del Mundo. Nueva Zelanda tenía que ser Inglesa. Era cuestión de prestigio, ladies and gentlemen. Pero no nos llegan las pounds para organizar una invasión militar en toda regla que ya tenemos demasiados frentes abiertos en el mundo. Yes. Yes. El prestigio no es gratis. Cuesta lo que cuesta. ¿No podemos hacerlo de otra manera?

Mount Cook 10

Mount Cook 08

Pues nada, montamos un tratado. Nueva Zelanda pasa a ser colonia inglesa y les aplicamos el mismo cuento que al resto de los sitios, que si les protegemos bla bla bla (a ver si cuela) y ellos pues que sigan usando sus tierras y nosotros no nos metemos en sus tierras (esto con los dedos cruzados). Se firmó el tratado de Waitangi que curiosamente sigue dando de hablar en nuestros días.

Akaroa 04

Arthur's Pass 08

En primer lugar porque hay diferencias de traducción, ligeros matices entre la versión inglesa y la versión Maorí. Entre ellas, quién mantenía la soberanía (detallitos sin importancia que se pierden en las traducciones). Por otro lado, el tratado tenía que ser firmado por TODAS las tribus. Cosa que no sucedió y a día de hoy sigue habiendo tribus que no han firmado el tratado. El batiburrillo político se complica.

Arthur's Pass 06

Arthur's Pass 07

Por otro lado, con la firma del tratado comenzaron a llegar más y más inmigrantes. Ingleses. Irlandeses. Americanos. La población occidental pasó de dos mil a veintemil en menos de 10 años. Y subiendo. Va a ser que no cabemos todos, my dears. ¿Creeis que si nos metemos un poquito en estas tierras se darán cuenta? ¿Y en estas otras? ¿Y por aquí? ¿Algo más por allí? Pues ya que estamos yo les voy a convertir al Cristianismo. Anda, hemos encontrado Oro por aquí. Uy. Se han enterado los Chinos. Mirad, ¡vienen en hordas!.

Lake Tekapo 04

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Y tal y como cabía esperarse, se armó la marimorena. Comenzaron las guerras y una de la mayores y más feroces de defensas contra la expansión extranjera que se recuerda. Pero poco a poco los maories fueron inevitablemente perdiendo batallas, perdiendo terreno. La población se reducía y se reducía. De más de 80.000 ya apenas quedaban 40.000. Eran finales del siglo XIX.

Mount Cook 14

Arthur's Pass 01

Mientras la economía fruto de las exportaciones de carne y lana despegaba. Llegó la II Guerra Mundial y con ella, muchos de nuevos inmigrantes neozelandeses y australianos, se unieron a los ejércitos de los Aliados. Curiosamente estas bajas dieron la oportunidad de cubrir muchos de sus puestos de trabajo a los discriminados maories. De nuevo en el círculo social comenzó un nuevo periodo en el que conservar su cultura se convirtió en una prioridad, que dura hasta nuestros días. Cierto es que no quedan muchos lugares donde la vida maorí siga tal y como era con la población actualmente trabajando en ciudades en lugar de entornos rurales, pero se ha conseguido preservar muchos lugares sagrados y colocar su cultura en un lugar de respeto.

Mount Cook 11

Lake Tekapo 06

(¿No es genial que el periódico tenga una sección de Granjas? Nacional, internacional, deportes, granjas…)

Indudablemente, llegar a Nueva Zelanda a pesar de todo, implica llegar un poco a Inglaterra por mucho que los carteles, los museos y la información estén en inglés y en Maorí. A día de hoy, a pesar de ser un país democrático en si mismo, tiene a la Reina de Inglaterra como jefe de Estado.

Mount Cook 13

Mount Cook 19

Estos son a grandes rasgos, las caras de este país que comenzó a cambiar con la llegada del hombre blanco, con la llegada de Cook, cuyo nombre no sólo reside en plazas y avenidas, si no que además da nombre al monte más alto del país, secundado curiosamente por el Monte Tasman. Claro que si la historia la contaran los Moas, para ellos todo cambió con la llegada de los polinesios, pero eso, mis queridos es otra historia que deberá ser contada en otro momento.

Akaroa 05

Todas las fotos de este post corresponden al propio Monte Cook, a los azules tibetanos del Lago Tekapo, al paso de montañas que cruza de transversalmente los Alpes del Sur y que responde al nombre de Arthur’s Pass y a la pequeña ciudad de Akaora, parte de la pequeña península de Banks.

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El tío Matt desde Sídney

Pues estuvo poquito por allí, pero le dio a tiempo a mandar una postal, cargadita de arena de playa a la sombra de rascacielos. ¡Que lugar! ¡Que lugar!

¡¡No se la pierdan!!

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Día 327: Luz de invierno y quesitos de trivial.

(La culpa de todo, la tuvo la luz del sol, brillando como no lo recordaba sobre un cielo azul, sin nubes, un tal 11 de Abril de 2010. Además fue domingo)

Dunedin 06

“No echo de menos los fuegos artificiales de Gandalf, pero si sus espesas cejas, su cólera, su voz.”

La verdad sea dicha, no vine a Nueva Zelanda por las ciudades, que apenas han resultado paradas de algún que otro día salteado sin demasiado interés más que hacer acopio de víveres y conectarme un poco con el mundo, pero la pequeña Dunedin fue una grata sorpresa.

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Y no es que fuera por nada en especial, es una ciudad del mismo corte que el resto, pequeñas casas coloniales, sacadas de finales del siglo XVIII, cargadas con estatuas, iglesias y muchos árboles decorando las pocas avenidas.

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Pero entre tantos días sombreados por las nubes se agradecía la pura luz del invierno. La luz me llevó en un instante a esos días fríos en los que apetece salir a pasear, bien abrigadito, bufanda y guantes, para dejar que el sol te caliente. Esos días fríos que saben a Torrejón, a la petanca en el Parque de los Patos, a la Plaza Mayor, al vaho de los viandantes por la Gran vía, a desayunos en la Latina, que saben a paseos de mañana de domingo en busca de un café con porras calentito.

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Que invitan a recorrer las orillas del Tamésis, a pisar las hojas marchitas en lso suelos de Yoyogi, vagando sin rumbo, dejándose llevar. Esos días que en los que pararse dos segundos más de los habitual en cada escaparate, sentarse con los ojos cerrados en un banco durante unos segundos (¿o tal vez minutos?) bajo el sol, a ver la gente pasar, a detenerte a escuchar a esa guitarra por la calle y ese músico que no acaba de afinar, a perderse entre los pasillos de las tiendas de libros, rebuscar por enésima vez ese comic que te falta sabiendo que no vas a tener suerte, a tener un día que gastar sin deberle nada a cambio.

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Un día de esos que no recordarás pero que te hacen volver a casa con una sonrisa a sabiendas de que de nuevo no aprovechaste para tachar unas cuantas lineas de la lista de tareas pendientes, y de nuevo, al diablo con ellas, seguro que pueden esperar una semana más.

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Y a veces, sólo a veces, puedes añadir un ¿a qué no sabes que me ha pasado hoy? No te lo vas a creer, pero he estado en la calle más empinada del mundo. Venga ya. ¿Eso no estará en San Francisco? Que no, que no, que está aquí al ladito. En las afueras de Dunedin. Ese pedacito de información esencial, tan vital, que sabes que en la ocasión menos pintada te hará ganar un quesito de trivial pursuit. Otra de bravas, jefe. Y esas aceitunas, ¡que no se diga!

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Dunedin - The World Steepest Street 04

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Que si. En serio. Y la gente se atreve a subirla corriendo, o a intentarlo en bicicleta, las ruedas de los coches derrapan en el repecho final y la calle se convierte en un espectáculo improvisado, de los que lo suben, lo bajan y los que se quedan sin aliento en medio. Jaja. Bah. Eso no es nada. ¿Eso no salió en la tele? Esto de los records nunca me los creo. ¿Echamos un futbolin? Deja deja, que siempre acabo perdiendo. ¿Otra cañita?

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¡Ring! ¡Ring! ¿Qué estás haciendo? ¿Tienes tiempo? un abrazo y atenazas con las manos el calor de una taza de café mientras te arropa un sofá y un tengo tanto que contarte, hace tanto que no nos vemos.

Dunedin 01

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Espejos

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Hoy más que nunca para Chus y Armando (y para que me perdonen el no poder estar con ellos).

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Día 325: Recorriendo el Sur

(La cosa se desborda, se despeña por precipios, le atacan los leones marinos y se retrasa. Si no este post habría estado aquí apto para casi todos los públicos un 9 de Abril de 2010)

The Catlins 01

“Tres dias persiguéndolos. Sin comida. Sin descanso. Y ni rastro de la presa, salvo vagas huellas en roca viva.”

El aliento se tornaba en vaho dentro de la furgoneta antes de que hubiera abierto los ojos. Lo notaba. Notaba el frío cortante de la mañana antes de que saliera el sol corroborado por la capa de escarcha que adornaba los suelos. ¿Había llegado el invierno de improviso?

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Arremolinado entre el saco y el edredón apenas había ánimo para poco más. Cualesquiera fuera la parte que se quedara fuera del abrigo de las mantas pasaba a congelarse sin más. Y la naricilla, las orejillas y partes adyacentes ya reclamaban su hueco tras haberse pasado la noche en vela.

The Catlins 39

The Catlins 37

Pero los días se tornan cortos, más aún, en el sur de Nueva Zelanda, donde se nos roban minutos cada día y ya la noche empieza a ser más larga que el día. No hay ni un minuto que perder, ni un sólo rayo que regalar. Comenzaba a atravesar The Catlins.

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The Catlins, la esquina sureste de la Isla Sur no es una zona especialmente grande. Ni larga. Pero tenía tantas paradas que merecían la pena explorar que aún apretando el paso tardé más de dos días en recorrerlas. No era para menos. Bosques, valles, interminables costas cortadas por afilados acantilados, penínsulas, estuarios, bahías, cataratas y ríos. ¿Quién da más?

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De todos los gustos y colores. Bordeando el inmenso Pacífico la variedad hacía cada parada un nuevo mundo. Vamos con afán, todos a la vez, a recorrer sin miedo caminos sin asfaltar, de grava, roca y polvo que aún a día de hoy cubren buena parte del Canario Milenario. Esquiven halcones, águilas y ovejas. Suban suaves colinas, embóbense con las olas.

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Las mismas olas que conjuntamente con el agresivo perfil de la costa ya han causado numerosas desgracias cobrándose unas cuantas vidas al naufragar los barcos contra sus rocas. Hoy en día, dos faros cubren la peligrosa región. El mensaje es claro. Si navegas por aquí, es probable que no puedas contarlo.

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The Catlins 29

Parece reservado para la verdadera naturaleza. Que es lo que realmente se puede encontrar por allí. Infinidad de pájaros que pueblan las paredes verticales y mucha, muchísima vida marina. Focas, leones marinos y pingüinos, que campan a sus anchas por los intrincados y castigados laberintos de rocas.

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The Catlins 26

(Vamos gordito, ¡¡no te hagas el remolón!!)

Y allí te plantas, tú, cómo si fuera un documental, para ver la vida salvaje en primera persona a escasos metros de ti. Y alucinas. Y quieres acercarte más pero sabes que no puedes. Y lo sabes no porque haya nadie vigilando que te prohiba hacerlo, lo sabes porque hay infinidad de paneles que te explican todo los que vas a ver, lo que puedes hacer, lo que no y sobre todo el porque de cada decisión.

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Es una gozada. Estamos hablando de especies únicas y algunas en graves peligros de extinción. El pingüino de Ojos Amarillos, también endémico de Nueva Zelanda, se puede ver a menos de 200 metros. “Disfrútalo” rezan los carteles “pero no te acerques más. Si lo haces, se asustará y es probable que se lance al mar y no vuelva, dejándo a sus crías sin alguién que las cuide, o es probable que sea una cría la que se espante y se adentré en el mar sin estar preparado”.

The Catlins 11

Es esta manera de presentar las cosas, de educar sin prohibir, de dejarte la responsabilidad a tí como visitante, la que me deja impresionado y me hace sentir envidia del cuidado y respeto que los neozelandeses tienen por sus islas. No en vano, son muchos los que presumen de ellas y de la cantidad de vida salvaje que pueden encontrarse.

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Lo que nos lleva, a un férreo control sobre todo lo que puede afectar el equilibrio ecológico del país. Cualquiera que haya pasado por allí puede corroborarlo. En el aeropuerto hay un control exhaustivo sobre lo que cada visitante lleva consigo. Mis maltrechas botas de trekking que habían pisado media Asia, tuvieron que ser convenientemente desinfectadas con el objetivo de eliminar cualquier rastro de tierra de otros suelos.

The Catlins 17

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Este equilibro es tan delicado que las veces que se rompe se vuelven trágicas para la vida autóctona.

Por ejemplo. Esto es un possum:

Trichosurus vulpecula 1

(Foto cortesía de la wikipedia)

Es un marsupial precioso originario de Australia donde vivía en peligro de extinción. No en vano, la cantidad de depredadores y animales peligrosos en Australia tiene números de récord. El possum tiene además, una piel con un pelo extraordinario, lo cual lo hace ideal para las peleteras.

Otago Peninsula 18

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Las peleteras lo introdujeron en Nueva Zelanda, en granjas controladas, para poder usar comercialmente sus pieles. El problema llegó cuando las granjas controladas no lo eran tanto y algunos de la apenas una veintena de ejemplares se escaparon. Carentes de depredadores que les dieran caza, los possum se multiplicaron superado los 70 millones. Una peste. Y en un terrible problema para el departamento de Conservación Neocelandés.

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Al possum no le basta cualquier matojo para alimentarse, si no que lo hace de brotes de flora autóctona, con lo que acaban con la vida de la planta de la que se alimentan. Toda una pesadilla. Desde entonces se ha intentado de todo. ¿Envenenarlos? Si, pero lamentablemente también afecta al resto de animales entre ellos a pájaros (también endémicos) alterando de esta manera el equilibrio que se intenta proteger.

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La otra opción es la caza particular. El gobierno ofrece dinero por las pieles de este animal de manera que se ha convertido en una especie de diversión local. Hay quién se adentra en las selvas en modo profesional y quién lo hace armado con un palo de golf y una cerveza. ¿Y si te lo encuentras por la carretera? El mensaje desde el Departamento de Conservación es obvio: Atropéllenlo, por favor. (A día de hoy me lo he cruzado tres veces por las carreteras donde se quedan paralizados por la luz, y de momento he sido incapaz de cumplir. Espero que no me consideren un mal ciudadano).

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Así son las cosas en este pequeño otro mundo. Especies como ratas y ratones que llegan en barcos amenazas a especies locales, como los kiwis, que ahora se recuperan en pequeñas islas donde se pueden controlar a los depredadores. Las barcas se limpian a conciencia antes de entrar en los ríos para no propagar algas. Sea como sea, los neozelandeses tienen en mente salvaguardar al precio que sea el legado único de su país.

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Es un problema delicado, aunque muchos de los esfuerzos por recuperarlo parecen estar dando resultados. Los possum se han reducido a 30 millones (ya son menos que las ovejas) y especies como las focas, amenazadas hace un siglo, campan felices por las costas del Este.

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O los leones marinos. Cuyas hembras te ignoran completamente, mientras se calientan placidamente durmiendo al sol de las playas y los enormes machos de miran amenazantes si te aproximas a menos de 25 metros, regalándote algún que otro rugido. Relativamente torpes en tierra y veloces en cuanto alcanzan la más ligera de las olas, te dejan observarles sin mayor preocupación.

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(“Me das calor, cari”, el principio del fin de una relación)

Las costas de The Catlins acaban en Dunedin, donde el relevo lo toma la pequeña península de Otago. Pequeña en tamaño, pero enorme y lenta en el afanoso trabajo de recorrerla y subir y bajar pendientes y colinas. Allí de igual manera se arremolinan los pingüinos, los leones marinos, a veces (dicen) los elefantes marinos mientras por sus costas parece que pasean delfines y ballenas sin demasiado rubor.

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(El único castillo de Nueva Zelanda, lo que lo convierte en el mejor y el peor al mismo tiempo)

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Centenares de pájaros que desconozco, y colonias de albatros que desafían a los vientos más fuertes con la elegancia que confieren 3 metros de envergadura. Impresionantes en la lejanía, sobre los más bravos de los acantilados, otra de las especies amenazadas del mundo tiene su hogar en Nueva Zelanda.

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Y es otra más. Y esto, sólo acercándote con la furgoneta, sin necesidad de embarcarte en un tour para ver a las más protegidas y delicadas.

El zoo está en casa. ¿Quién se apunta?

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¿Con ganas de más? No dejen de pasarse por los álbumes de The Catlins y de la Península de Otago, donde esperan aún más fotos por descubrir.

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Escarcha

Frost 02

Frost 01

Frost 03

Frost 05

Frost 08

O lo que viene siendo una nevera al levantarse antes de que salga el sol.

Si rascan el hielo, todas las fotos aquí.

Lago Monowai, Isla Sur, Nueva Zelanda, Abril 2010

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