Esta gente son unos cracks. Os lo digo yo. Love them!!
República Dominicana, Junio 2011
Disculpen la falta de actualización. Mirando al Caribe se está demasiado bien.
Playa del Carmen, México, Junio 2011
Tuvo tanto de arte como de improvisación. Arte por su parte. Improvisación por la mía que intentaba no destrozar el salón reconvertido en estudio de cine y grabación mientras me movía en derredor con la cámara. Fueron algo más de dos días de tomas y montaje para adentrarnos en terrenos pantanosos que desconocíamos (sobre todo yo), el de la edición de video.
Que si nos falta un plano por aquí, que si deberíamos hacer un primer plano, que aquí se ve todo el chiringuito, que si esto no tiene ritmo, ¿primer plano o general? que se vea más la guitarra, ¿y yo que hago? Tu haz lo que quieras, que todo queda bien, yo soy mejor grabando que dando instruciones. Ale pues. Ancha es Castilla. Al ataque.
Lo cierto es que a pesar de mis limitaciones lo hice con todo mi cariño y dedicación. “What’s left of us” fue desde el principio una de mis canciones favoritas de “Songs for Dysfunctional Lovers”. Embobado con los golpes sobre la guitarra y el sonido de los dedos deslizándose sobre el contrabajo, la guitarra enganchando ligados y la voz juntándolo todo. Así que tenía que hacerlo bien o quedaría para siempre guardado en el cajón de los proyectos fracasados de los que uno nunca habla.
Y es que la ocasión para hacer algo decente lo merecía. Demasiado tiempo, unos 10 años, habían pasado Hermanas Sister para sacar su último disco y los otros tres aunque inagotables, ya llevaban más vueltas de las que podía contar. Hay algo fantástico en ver a estos dos musicazos en concierto (ahora con las colaboraciones puntuales de Lorenzo al saxofón en algunos temas), a medio camino entre el jazz, el funky y el rock.
En aquellos primeros años cuando les conocí en la madrileña Siroco me convertí en incondicional de esos conciertos acústicos plagados de rock, temas propios, Janis, Lenny, Cyndi Lauper y los Red Hot Chili Peppers. Época de esas en que me tomaba la guitarra bastante serio y se me dislocaba la mandíbula al ver los malabarismos que hacía Carlos con las cuerdas. Esa misma época en que lucía larga melena rizada (si, lo juro), al más puro estilo caballero del metal. Arriba esos cuernos.
Así que fíjate las vueltas que da la vida, que al final he podido colaborar con ellos, y además fue tremendamente divertido. Y si os gustó nuestra primera colaboración, la versión en una única toma en directo del Bang Bang, espero que también os guste esta. Con un montón de planos, también a partir de la Nikon D90, pero jugando con las luces y con más lentes, con un postprocesado más agresivo que casi lo convierte en un comic, he aquí el resultado. Lo que queda de nosotros. “What’s left of us”.
Si os habéis quedado con ganas de verlos en vivo: Jueves 16 de Junio a las 18.00h en la fnac Callao (Madrid) y Sábado 18 de Junio a las 22.00h en su salsa en el Café la Palma (Madrid)
Más info: iTunes | Spotify | Facebook
Más galerías de Fotos: Café la Palma – Nov 2010| Miradas 2 | Café la Palma – Feb 2011 | Photoshoot
Y cómo extra: La versión en vivo (y también en una única toma) de “Dysfunctional“
Obviamente par Carlos y Anita con mención especial para Dani, Pak y Mendo por su paciencia al echarme una mano con el oscuro mundo de la edición.
No esperaba encontrar tantas similitudes 15 años después, pero cuando entré en el parque de Futuroscope todo era tremendamente familiar. En el primer encuentro, cuando mis padres cargaban la caravana y nos lanzamos a cruzar Europa con destino París, Poitiers parecía un destino genial para los niños. Un parque de atracciones en mitad de camino, que no vaya a ser que París se quedé en demasiada ciudad para los pequeños.
Así que con los ojos como platos, disfruté de Futuroscope y lo que allí ofrecía que por aquel entonces era absolutamente único. Cines con asientos móviles, pantallas gigantes ¡e incluso cines en 3D! era alucinante. Con anterioridad la única experiencia con las imágenes en tres dimensiones había venido de las clásicas gafas rojiverdes de cartulina que había que comprar en el kiosko para unos cinco minutos de proyecciones tridimensionales en televisión española e incluso, en el colmo de la tecnología, recordaba como en el pabellón de Fujitsu de la Expo 92, mostraban la revolución: unas gafas tridimensionales que funcionaban polarizando la imagen de manera que las imagenes se sucedían intermitentemente entre ambos ojos, pero a tal velocidad que no eras capaz de percibirlo.
Ah, la tecnología. Ahora, las tres dimensiones de gafas polarizadas nos rodean y por lo tanto en un parque que presume de estar a la última en materias de tecnología audiovisual hablar de similitudes con hace 15 años no es una gran noticia. Es uno de los grandes problemas de los parques tecnológicos, que tienen una velocidad trepidante para quedarse obsoletos.
Pero esto no sería del todo cierto en la ciudad tecnológica de Futuroscope. Conscientes de que el paso de tiempo hace más mella de la que debería, siguen intentando aumentar la oferta año tras año, conviviendo las más modernas tecnologías con las más decadentes, creando un espacio que va desde las atracciones ya vintage, cuasi decadentes, hasta lo que nos depara el futuro.
(Otra estatua de la libertad más por el mundo, esta vez en Poitiers… y ya son unas cuantas las que han pasado por este blog. ¿Alguién se atreve a enumerarlas?)
¿Lo último? Las 4D. Un término marketiniano que viene a traducirse como añadir más cosas al 3D. Así que al espacio tridimensional hay que añadir asientos móviles y efectos (vientos, gotas de agua) para una experiencia aún más envolvente. O dejarte atrapar por un brazo robótico para que te zarandeé por los aires al ritmo de la música. Pantallas dobles con salas del cine con suelos de cristal para sentirte volar. Un delicado equilibrio con los primeros simuladores, conservados más como curiosa pieza de museo que como una atracción propiamente dicha.
Pero aún así, el reclamo de la tecnología sigue atrayendo a buenas masas de turistas año tras año. Todo un contraste con la ciudad que lo acoge. Poitiers. Una de las ciudades más antiguas de la región por donde han pasado pictones, visigodos, francos, árabes, ingleses y franceses. Calles medievales, llenas de lugares de buen comer y un montón de irresistibles dulces. Un clásico básico de estas entrañables ciudades.
Con Futuroscope cerramos la primera parte del viaje por el Oeste Francés en la región de Poitou-Charentes, donde la gente de minube estuvieron haciendo un video promocional conmigo de protagonista (y pseudo presentador). Estoy un poco acartonado pero prometo mejorar (al menos se me entiende al hablar, cosa que los que me conocen en la vida real saben que no es tan sencillo como pudiera parecer), y de momento si me obvian podrán disfrutar del mismo recorrido, pero ahora en formato de video.
Poitou – Charentes from minube on Vimeo.
Parte del Minubetrip por el Noroeste francés, Abril 2011
No tenía las manos sucias pero aún así el chef se las frotó contra el mandil, al mismo tiempo que esgrimía una sonrisa cargada de sana maldad. En las paredes del pequeño restaurante, varias decenas de artistas hollywodienses en blanco y negro nos miraban entre nostálgicas y divertidas, cómplices de su dueño.
- ¿Cómo? ¿Qué queréis un café au lait? ¿Qué sois? ¿Ingleses?
En un primer entonces no comprendí la ironía, pues lo cierto es que tras la comilona que nos habíamos metido a base de carne, vino, ostras y una tarta de chocolate no se me ocurría mejor manera de acabar de rematar la faena gastronómica. Aunque claro, teniendo en cuenta que en esa parte de Francia lo más normal era tener como postre queso, cuanto más fuerte mejor, cualquier otra cosa podía estar equivocada. Porque seamos serios. ¿Queso? ¿Para acabar una comida? Oh mon dieu.
- Oui, Café au lait – Insistí. ¿podría mi poco y arcaico francés estar equivocado?
Pues lo estaba. Quién lo iba a decir. Pero café en leche, en francés, no significaba café con leche. Bueno si. Pero no. Café au lait, según los más puritanos sólo debería pedirse al desayuno, siendo este el momento de cargar una enorme taza de café con leche. Una taza de tamañas dimensiones no debería bajo ninguna circunstancia, pedirse en un momento distinto del desayuno. El mundo podría acabarse. En cambio lo que hay que pedir, oh amigos cafeteros, es un café creme. Y si sois más de cortado, la palabra mágica es noisette. Hasta aquí mis lecciones de Grande Muzzy por hoy.
Lo cierto es que el chef/camarero (en aquel diminuto espacio no había espacio para muchos más) nos había amenizado la velada a pesar de su escaso inglés y nuestro nulo francés, así que no pudimos por menos que reírnos cuando recibimos la taza de tamaño XXL. Nunca viene mal una dosis extra de cafeina, especialmente si era para caminar en las calles empedradas con más de una pendiente de Angulema.
El corte era básicamente el mismo. Un pueblo encantador situado en lo alto de una colina. Calles de piedra blanca adornadas con madera y tejados de pizarra o tejas y mesas al sol, donde brotan los locales, pues como bien dicen por allí con un clima mucho más lluvioso de lo que pudiera parecer nunca se sabe cuando se iban a repetir días similares.
(Corto Maltés… en las calles de Angulema!!)
Pero si era otra vez más lo mismo, ¿Que hacíamos allí? Matizando que lo mismo no tiene por que resultar cansado y por lo que pudimos comprobar Angulema tenía una fantástica vida social, había algo mucho más curioso allí. Comics. ¡¡Yuhu!!
(Una versión actualizada con Sarkozy como Asterix… WTF!)
Angulema está asociada a la historieta desde 1974, cuando se inauguró su primera edición. Por allí han pasado gente como Moebius, Hergé o Will Eisner, entre muchos otros y el acontecimiento congrega cada enero a alrededor de 200.000 visitantes (doscientos mil!!). El cómic europeo con alguna que otra dosis de fuera gozan de muy buena salud. Una vez más los franceses demuestran que se creen lo suyo.
(El pato Donald Lichtensteinizado…)
(Batman Raskolnikov en la versión definitiva de Crimen y Castigo, la que tuvo que haber realizado de verdad Dostoyevski)
(Un original de ROB! Liefeld)
Tanto mueve este evento que hasta la ciudad tiene su propio museo del comic. No es excesivamente grande, pero vale para hacerse una idea de la historia del arte y tiene un montón de curiosidades y una buena ristra de sofás para sentarse a leer historias contadas en dibujos.
Es más, incluso la ciudad está convertida en un gigantesco comic. Uno donde las viñetas no se representan sobre papel, sino sobre enormes muros. A modo de murales, algunos de los personajes más populares, tienen su huequito en la ruta del cómic, lo que convierte sin duda, a esta pintoresca localidad en una parada obligatoria para los amantes del noveno arte.
Parte del Minubetrip por el Noroeste francés, Abril 2011
Las torres de la Rochelle habrían sido en otro momento imponentes y atemorizantes, pero ahora quedaban como un mero elemento decorativo en una ciudad que ya no tenía nada que temer, es más, abría de par en par sus puertas a todo el que por allí quisiera (y pudiera permitirse) pasar.
Las terrazas sobre el antiguo puerto se tostaban al sol, abarrotadas, con el único plan de aprovechar esos rayos de luz tan esquivos en otras épocas del año, pero con la primavera recién estrenada la temperatura era perfecta para darse al deguste de marisco al aire libre.
A orillas del Atlántico, la que fue hace más de 15 siglos una plataforma rocosa (La Rochelle, la Roquilla) donde se asentaba un poblado de pescadores, atrae ahora a un montón de turistas a lo que puede ser uno de los rincones más encantadores de Poitou-Charentes.
Podríamos alegar que era debido a los coloridos mercados, o las destartaladas calles de piedra blanca con algunos adornos de madera, o a que se podía visitar de playa a playa (que tampoco eran para echar cohetes) andando o en bicicleta, o a su marcado aire medieval, o a las enormes torres varadas ancladas ante el paso de barcos turísticos, o a que no apetecía hacer otra cosa que pasear por ambas orillas de su puerto, o… o… o…
Excusas había un montón, pero era, como tantos pueblos de la zona, bien agradable. Sin embargo hace un buen manojo de años era muy diferente. Uno de los puertos más importantes que comerciaba con Gran Bretaña y el Norte de Europa. Era en aquel entonces, en mitad del siglo X, una ciudad libre. Tenía su propia moneda y sus propias leyes. Era de todas todas, un bocado muy jugoso que no tardaría en pasar a ser sometido por los clásicos básicos de Europa. Primero Gran Bretaña y después Francia.
(Mercado Central de La Rochelle, un lujazo para los paladares)
Se convirtió en un punto de entrada y salida con el Nuevo Mundo y tuvo el dudoso honor de haber sido uno de los principales puertos de trata de esclavos de Francia (segundo tras Nantes), pero esas historias quedaron atrás y hoy en día no queda nada de ese gran puerto y la única mercancía que por allí pasa son los kilos y kilos de turistas, atraídos por el pintoresco entorno.
Sería una característica general de la zona. Pequeñas ciudades, agradables para caminar y pasear, manteniendo su arquitetura antigua y cargados de coloridos soportarles llenos de cafeterías, restaurantes, fruterías, panaderías, bollerías y similares. No es precisamente uno de los destinos turísticos más asequibles del mundo, a menos que hablemos de comer ostras, donde haberlas haylas a montones.
Podemos achacar muchas cosas a nuestros vecinos franceses, pero me temo que en lo referente a hacer un envoltorio muy atrayente a todo lo que tienen, saben hacerlo a la perfección. No estaría mal que aprendiéramos algo de eso.
Parte del Minubetrip por el Noroeste Francés, Abril 2011