Archive for September, 2012

Nostalgia berlinesa

(Recupero aquí, unas cuantas fotos que vagaban sin rumbo por mi disco duro de un par de días que pasé en el Berlín Otoñal hace ya casi un año)

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Ya me habían advertido que sería divertido, pero no podía imaginarme ni las dimensiones, ni la cantidad de cachibaches absurdos, muchas veces más próximos a chatarra que a enseres útiles, que poblaban las abarrotadas e improvisadas calles del Flohmarkt am Mauerpark.

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A pocos, parecía importarles. Berlín, al fin y al cabo ha hecho de los retales su enseña y estilo. Es inevitable sentir esa sensación de romanticismo añejo al pasear por sus calles, extrañamente encantadoras a pesar de la amalgama de elementos que sin orden ni concierto las habitan.

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El mercado, era por tanto, una buena metáfora de la ciudad. El día otoñal no había podido ser más agradable y la multitud, vestida bajo la luz suave de la estación, destilaba buen rollo. Yo no pensaba comprar nada y allí estaba, perdido entre ellos. Contagiado del humor afable de su desorden.

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Podías imaginarte esas maquinas de madera para moler cafe, esas colecciones interminables de vinilos, cueros y vajillas con historia decorando cualquier casa berlinesa, el olor de las castañas asadas remarcando que nunca pasa el tiempo. Sin embargo, pocos lugares de Alemania son tan avanzados como Berlín, cuna de tendencias que marca el ritmo de muchas ciudades europeas.

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Es este contraste entre el ayer y hoy, entre estar parado y no dejar de moverse el que le da su encanto a Berlín. Cambiar para seguir igual, en la inercia del movimiento. Mirar nostálgico al futuro.

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Acabé vagando sin rumbo, perdido por Kreuzberg, el equivalente del East End londinense, saltando entre ambas orillas del río mientras atardecía, o visitando el ya muy decrépito Tacheles. El que fue un emblema del Berlín okupa, dedicado al talleres y el arte postmoderno, el mismo que resistió a la segunda Guerra Mundial y cuyo interior no quedaba un solo rincón sin graffitear.

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En aquel entonces (hace casi un año de esto) aún se podía visitar y ahora ya cierra sus puertas definitivamente. A pocos parecen importarle. Muchos de los inquilinos, recibieron dinero para irse a otro lado y los pocos que quedaban lo desalojaron voluntariamente cuando llegó el momento. Quizás víctima del turismo (recibía unas 300.000 visitas al mes) el Tacheles ya había dejado de ser lo que fue. Todo se transforma.

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Aguantaban para mi sorpresa, y ahora con la cara renovada y restaurada el icónico centenar de murales del East Side Gallery, que había sido víctima del acoso de firmas y garabatos de visitantes a lo largo de los años añadido a la erosión propia de obras al aire libre. Mensajes de esperanza tras la caída del Muro, cuya renovación ha estado cargada de polémica, especialmente porque las obras más deterioradas se taparon y se volvió a pedir a los autores que las repintaras, a lo que muchos se negaron. Así que ya no se sabe que queda de historia y que es parche encima. Muy Berlín.

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Aunque siempre merece la pena acabar, aunque sea por tradición, recorriendo el camino que une Alexanderplatz con Bradenburgertor, a través de Karl-Liebknecht-Strasse y Unter den Linden, sobre todo si es para descubrir que has llegado en el único fin de semana de un festival de luces y la mayoría de los edificios emblemáticos están iluminados.

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Por unas cosas o por otras, Berlín siempre te acaba enganchando y envidio a quienes tienen la posibilidad de vivir allí más tiempo para sacarle jugo a esa ciudad inconcebiblemente alemana.

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Berlín, Octubre 2011

Todas las fotos, en su galería de flickr

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Amaneceres pirenaicos

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Unas horitas después de esto. En Llanos del Hospital de Benasque, Ribagorza, Huesca, Junio 2012

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Concursazo de Pullmantur

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¿Te apetece irte de crucero por el Mediterráneo? Pues ahora con el nuevo concurso que han organizado la gente de Pullmantur es más fácil que nunca. Sólo tienes que entrar en facebook, hacerte fan de Pullmantur y participar en el concurso para recorrer Barcelona, Túnez, Nápoles, Roma, Florencia, Pisa, Mónaco y Montecarlo.

¿Y que pinto yo en todo esto? Pues que el concurso además, me lleva a mi de regalo. Vamos, que estaré con los ganadores recorriendo algunas de las ciudades haciendo fotos con ellos. Clases de fotos, teoría, práctica y retoques para los que quieran sacarle partido a la cámara más allá del modo automático. :)

Así que ya saben, anímense a participar y nos vemos por el Mediterráneo. ¡¡Suerte!!

Link del concurso

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Un poquito de autobombo (2)

Fue una agradable sorpresa verse rodeado de tantos buenos amigos viajeros en la selección de los 25 blogs de viajes más recomendables de Paco Nadal en el País. Todo un impulso, para estos momentos, en que me está costando más que nunca encontrar el tiempo necesario para mantener esta bitácora (lo de actualizado ya pasó a mejor termino). Aún así, les animo a que se pasen por la lista y no dejen de visitar las demás recomendaciones. Una buena manera de buscar inspiración en viajes ajenos, háganme caso, son magníficos pero no se conformen con vivirlos en el sofá. De cualquier manera, gracias Paco.

Enlace: los 25 blogs de viajes más recomendables

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Por otro lado, no he podido evitar sonreir, con el post y minientrevista que me ha dedicado Franc en su blog Outteresting, con una introducción que seguro que a los que siguen el blog desde que decidí ponerme una mochila para ver el mundo, les trae buenos recuerdos. Y lo que es aún mejor, consiguió que el su ahora autor, este viviendo la experiencia de su vida. Gracias Franc.

Enlace: Referentes

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Paradise interrupted

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No puedo decir que escuchara los disparos, pero aseguraban que habían sido cerca y las noticias de un cadáver caliente corrían como la pólvora, incendiando todo cuanto se ponía en su camino. Pero entre las noticias confusas, nadie parecía haber visto nada y aunque la duda aconsejaba quedarse tumbado plácidamente en la hamaca en lugar de salir a investigar, había una gran parte de mi que se preguntaba si no sería eso un bulo que iba creciendo de tamaño en cada salto de boca a oreja. Sea como fuera, la plácida calma del Paraíso se había visto turbada.

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Por que hay poco más que hacer en Morro de Sao Paulo, en la punta norte de la isla de Tinharé, que no sea mirar al infinito del mar, pasear por la playa y luchar contra el calor con un baño, una cerveza o un batido de frutas. En esta isla sin apenas carreteras, donde los taxis tienen forma de carretilla y se mueven, cargados de maletas, a base de músculo por caminos arenosos invita a llevarse el libro más gordo que uno tuviera en su biblioteca para disfrutarlo con algo de brisa.

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Eso era un poco lo que iba buscando, elegir un sitio, para pasar el resto de los días que tenía en Brasil cargando las pilas. Si es verdad que había muchos más sitios que hubiera gustado conocer, pero la falta de tiempo me haría pasar más tiempo en medios de transporte moviéndome a través del inmenso país que disfrutando. Ya que tenía pocos días, habría que disfrutarlos.

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Llegó fue una de esas odiseas en las que puedes pagar un billete caro de ferry que te lleva directo desde Salvador de Bahía o hacer el trayecto en dos ferrys y un trozo por tierra por aproximadamente la mitad del precio. Avergonzado de estarme volviendo acomodado, con lo que yo había sido, opté por el viaje largo y barato que lógicamente no salió como debía. Ni los horarios coincidían, ni los transportes tampoco.

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Una excusa como otra cualquiera para acabar en un coche particular que hacía las veces de taxista ilegal a cambio del trayecto y una cerveza, con un conductor de esos que no han conocido desodorante en su vida a través de paisajes, eso si, preciosos. Intentos de charla frustrados que valen para rebatir al que diga que el portugués y el español son casi iguales y que se entienden sin dificultad y al final, llegada al segundo ferry sano y salvo con un conductor bebiéndose la cerveza parte del trato al mismo tiempo que conducía. Sorpresas, a estas alturas, cada vez menos.

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Aún así, la primera impresión en Morro fue fantástica. La isla era un preciosidad y la ausencia de coches era una invitación directa a quedarte. Precisamente esa ausencia de vehículos era la que determinaba el alojamiento. Los principales en el pueblo, donde atracaba el ferry y propia playa. El caché iba bajando, aunque muy ligeramente, en la segunda playa, inmediatamente a continuación y así seguía cada vez alejándose más de la civilización llegando incluso a tener que andar algunos kilómetros por la playa para llegar a los últimos y más abandonados.

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No se confundan. Muy pocos los andaban y mucho menos con maletas, pero la opción de la carretilla tampoco era demasiado buena, así que se optaba por hacer un traslado a carro de burros o simplemente acercarse en una pequeña barca a motor desde el embarcadero. No fue mi opción ser un Robinson Crusoe de la vida y me bastó llegar al final de la tercera playa para encontrar donde reposar mis huesos. Dormitorios y precios asequibles.

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Algo nada común en una isla que salía del Carnaval y que mantenía los precios como si la fiesta continuara. “Oigan” inquiría “que el Carnaval ya se ha acabado. ¿Dónde está la caída de precios excesivos que corresponde a estar fuera de fechas carnavalescas?” En Morro no parecía importar, los precios se mantenían como si de carnaval se tratase un par de semanas más. “Hay que hacer caja” confesaban sin pudor. Sinceridad, eso siempre está bien.

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Así que gasté mis días en caminar por las playas hasta cansarme o hasta que la marea me lo impedía, patear un poco por la selva, retomar el buceo (no lo hagan allí, no merece la pena) y recuperar entre hamaca y hamaca los tomos de las Crónicas de la Dragonlance, para demostrar, lo mal que han envejecido esas novelas mías de la adolescencia. Otra opción, sin embargo es hacer algo de turismo y para eso nada mejor que una clásica lancha motora que te hace un tour de un día en unos cuantos puntos de la isla.

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Si, es una turistada, pero me confieso adicto a ellas. Acomodarse en la proa y ver la isla pasar mientras la propia embarcación atraviesa las olas. Un relax equiparable en dimensiones a la cantidad de crema que hay que echarse para evitar que el sol te abrase. Claro, que esto es algo que se descubre por la fuerza una vez terminado el día cuando las evidencias científicas en forma de piel colorada indican que las cantidades estimadas no fueron suficientes.

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Pero hasta llegado ese momento, el cuerpo se entretenía con otros estímulos. Piscinas naturales de aguas cristalinas. Bares flotantes con mesas flotantes. Pescado fresco para comer, visita a islas colindantes y en general disfrutar del paisaje, acompañado de un precioso atardecer. Todo lo que se puede esperar como el más ajetreado día entre la calma.

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Incluso por las noches, para los menos adictos a la fiesta, merecía la pena dar una vuelta por la playa y tomarse alguno de los cocteles preparados instantáneamente con las frutas en lo que parece un mercado nocturno con toques de alcohol (entiéndanme con lo de toques). Piñas, mangos, fresas, sandías, plátanos, kiwis, cocos, listos para cortarse y mezclarse con lo que quisieras, ron, cachaza, vodka, tequila, Ginebra… Una excusa más que perfecta para pasear descalzo por la playa, ahora que las arenas no eran volcánicas.

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Y en esas estábamos, metaforeando para no decir que hacía el vago, cuando comenzaron los rumores de disparos que ensombrecieron esa noche. Al día siguiente la verdad es que no había ni rastro de que hubiera sucedido alguna tragedia en los alrededores y la vida a pie de playa seguía como si nada hubiera sucedido. Así que haciendo gala de un inesperado intento de reportero me puse a preguntar por la zona.

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Obviando la masa subjetiva de turistas, los locales parecían tenerlo más claro y las versiones coincidían. No había sido en esas playas sino en el pueblo de al lado de Morro. La historia presuntamente sucedió de la siguiente manera:

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Dos paisanos, se enzarzan en una discusión, aparentemente exaltados por exceso de alcohol. La discusión pasa por insultos y acaba subiendo demasiado su temperatura, así que paisano A, se va a su casa y vuelve con su machete se enzarzar en una pelea y paisano A acaba cortando la mano al paisano B. Paisano B dice que hasta ahí podían llegar y decide irse a la población más cercana en tierra y contratar a cinco matones para que se carguen al individuo A.

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Los cinco matones llegan y cumplen su cometido y con el cadáver aún calentito, aparece una patrulla de policía. Los matones se lían a tiros con la policía y acaban hiriendo mortalmente a uno de ellos. Acabáramos. “Una cosa es que os matéis entre vosotros y nosotros podemos hacer la vista gorda, pero que matéis a uno de los nuestros es una declaración de guerra”. Más policías empiezan a llegar alertados por los primeros y al saber de su compañero muerto lo tienen claro. Aquí no va a haber detenidos. Y en lo que los primeros empiezan a intentar huir la policía los va abatiendo a tiros. Mis últimas informaciones llegaron a que ya se habían cargado a cuatro y que estaban buscando al quinto, pero no que le daban más de un par de días hasta que le encontraran.

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Llegados a este punto, uno se pregunta cuanto hay de realidad y cuanto de mentira en todo esto, pero independientemente de la ecuación, uno no puede dejar de asombrarse de la frialdad con la que se hablaba del tema y la naturalidad era la que le daba la dimensión más trágica a todo este asunto.

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Tengo unos cuantos amigos que me aseguran que vivirían sin dudarlo en Brasil. Mi experiencia, tristemente, no fue tan emotiva. Sé, y siempre lo he dicho así, que no tengo la potestad suficiente para juzgar a un país más grande con las apenas cuatro paradas que hice, pero si que me fui con algo de pena de no haber descubierto salvo en retazos de Carnaval a ese Brasil tan mágico que a mucha otra gente ha enamorado.

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Para Ludmy, que sé que le duele que diga estas cosas de su tierra y que se ha ofrecido a enseñarme el otro Brasil. Acepto, por supuesto.

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