Carros de Foc (IV): de J.M. Blanc a Amitges

(Recupero aquí, después de demasiado tiempo, la penúltima etapa de la travesía de Carros de Foc, donde me quejo lo justo y dejo que las fotos hablen mientras me deleito con historias de los límites humanos)

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Siempre es duro abandonar la casa de Elrond y dejar a los elfos atrás, pero tenía que seguir. A pesar de las heridas, magulladuras, músculos quejumbrosos y huesos chirriantes tras tres días de travesía tenía que seguir. En parte porque tenía por delante el reto de conseguir terminar Carros de Foc en cinco días y en parte porque los elfos son muy suyos y no todos los hobbits somos bienvenidos a quedarnos por la eternidad. A pesar de todo, el refugio de J.M. Blanc despertó con una preciosa luz, acompañando a la calma que hacía del lago un espejo. Disfruté del sol desayunando como si de Superman recargándose se tratara, aunque al final y a diferencia del kriptoniano, los dolores seguían, al coro de las agujetas y los tendones agarrotados. Al menos hacía un día estupendo.

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Un buen comienzo de mañana no sería un buen comienzo de mañana sin una cuesta de desayuno. Nada como tragar curvas de nivel con aceite de oliva y zumo de naranja recién levantados. Momentos especiales, sobre todo si te pierdes nada más salir y acabas dando vueltas a lagos que no debes. Nada grave. Al fin y al cabo el objetivo estaba claro. Remarcado contra el azul del cielo, el Coll de Monestero esperaba. No tenía pérdida. La “uve” entre los Picos de Peguera y Monestero lo marcaban con claridad.

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Comenzaba la lenta y tediosa subida. Uno podía agradecer hacerla de primera mañana, con el cuerpo repuesto y las fuerzas óptimas. Pero a veces eso no es suficiente y tras cuatro días no existían conceptos como el “cuerpo repuesto” o las “fuerzas óptimas”. Lo que arrastraba era un cansancio que se acumulaba a cada paso, con la inestimable ayuda de las tarteras de piedras que te convertían en cabra montesa y ralentizaban tu paso saltando de roca en roca, de pedrusco en pedrusco. A día de hoy todavía me parece alucinante que no me pasara nada, que no se me acabará quedando el pie atrapado entre los huecos y tuviera que suplicar por auxilio con un tobillo roto. Pero obviando el plano físico, nada que objetar. La ruta desde un punto de vista espiritual me estaba poniendo a prueba, pero había que ser muy necio para no reconocer su belleza.

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Es importante que os imaginéis el suplicio que llevaba ya en mi cuarto día de ruta (todavía quedaría un quinto) y que además vislumbréis que no era un camino de montaña sino una tortura incómoda, dura y exigente para que podáis apreciar como se merece la auténtica épica. La de los auténticos locos de la montaña. Los skyrunners.

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A pesar de los refugios repartidos a lo largo de carros de Foc, que permiten hacer la ruta en unas relativamente cómodas 9 etapas (o forzando un poco más como yo en cinco), son sorprendentemente muchos los que deciden liarse la manta a la cabeza e intentar el reto de completar los casi 60 kilómetros y 9.200 metros de desnivel acumulado a una altura media de 2400 metros en menos de 24 horas. Si. Os dejo un segundo para que lo releáis. En menos de 24 horas.

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Esta carrera se realiza todos los años, habitualmente en Agosto, y el planteamiento es tan sencillo como comenzar en el refugio que desees y volver a alcanzarlo tras pasar y sellar un pasaporte por el resto de refugios. A pesar de que los corredores pueden reponer fuerzas como unos clientes más en los refugios por los que pasan, no hay puestos de avituallamiento en el camino, en lo que se considera una carrera de autosuficiencia. Es decir, apáñate con lo que lleves en la mochila: agua, barritas energéticas y a correr como si no hubiera un mañana. Acompañado de un GPS, claro. Después de todo, el recorrido no siempre está claro del todo (cortesía de las tarteras graníticas entre otras) y dado que las 24 horas son bastante justas para completarlas hay que hacerse a la idea de que te tocará correr de noche.

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Alcancé Coll de Monestero dos horas más tarde de mi salida. Lo justo para descansar un poco, reponer fuerzas a base de un bocata y estirar. Los collados tienen ese punto fascinante de dividir dos mundos, dejar tras de ti un valle para adentrarte en otro, totalmente distinto. Y el valle del Riu Monestero caía en picado atrapado entre dos paredes verticales increíbles. Me esperaba una bajada dura, de esas que cada paso impacta en todo tu cuerpo. Algún sudoroso caminante lo hacía en dirección contraria y yo que los veía subir casi escalando entre resoplidos era incapaz de imaginarme a mi mismo haciéndolo en ese sentido. Ayudaba a ese pensamiento funesto las fuerzas apagadas, los pinchazos en la rodilla. El cuarto día estaba siendo duro.

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(La bajada vertical por el Valle del Riu Monestero)

Aunque la montaña tiene ese punto de apretar pero no ahogar, abandonando el paisaje rocoso para centrarse en el verde, en las flores y pinares que llevaban al transparente Estany de Monestero. Si hay un lago que me enamoró en la travesía fueron sus cristalinas aguas esmeraldas. Y cuando llegas ante algo así ¿que puedes hacer? Rendirte. Rendirte ante la naturaleza. Quedarte sentado mirando embobado y recordarlo así, impoluto para siempre.

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Muchos de los skyrunners no habrían tenido el lujo de deleitarse sin prisa con esas aguas, tenían un reto que conseguir. Vi a muchos corredores de trail entrenado por la zona y realmente impresiona verlos. Especialmente las bajadas en las que apenas tocan el suelo y van literalmente volando. La técnica de subida no suele ser corriendo sino caminando a todo trapo, de esos que parecen que les van a estallar los pulmones y es normal verles apoyando las manos en cada pierna a cada paso.

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Aún así, los mejores tiempos son absolutamente demoledores. La carrera que comenzó por los propios guardas del parque nacional para hacer una visita de cortesía a todos los refugios se oficializó en el 2000 con apenas 34 corredores y a día de hoy, cada edición atrae a unos 500 corredores de trail, dispuestos a batir el imposible crono de Txus Mari Romon en 2008: unas acojonantes 9 horas y 27 minutos en completarlo. Muerte. En la categoría femenina Marta Riba consiguió detener el reloj en 13 horas y 13 minutos en 2009. Más muerte. Luego tenemos a corredores como Arnau Julià, que no contento con dar una vuelta, dio dos en menos de 24 horas. Lo consiguió en 2011, con un sprint para poder acabar en 23 horas, 59 minutos y 40 segundos.

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Y ahí estaba yo, sufriendo con cada paso, hasta mi tranquila parada a comer en el Refugi Sant Maurici Ernest Mallafré. Puede parecer de locos, pero hay algo muy admirable en todos aquellos que siguen buscando su límite y siguen aumentando y agrandando el reto cada vez que lo consiguen. Obviamente nadie consigue saltar del sofá a hacer un skyrunning, pero una vez que lo consigues la pregunta es obvia ¿Cual es el siguiente reto?

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Solo así se explica que en muchos de estos ultratrails se acaben las inscripciones en cuanto salen. Por ejemplo el Ultra del Mont Blanc que abarca 170 kilómetros y 10.000 metros de desnivel positivo están limitadas a 2300 corredores. Si. Efectivamente. Hay al menos 2300 personas dispuestas a correr 170 kilómetros de alta montaña en menos de 48 horas. ¿Os preguntáis cuanto suelen tardar los primeros? Unas 20 horas! Por si os lo preguntabais: Kilian Jornet la ganó tres veces.

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No entran semejante carreras en mi mente (de momento mi intento actual de preparame los 21 kilómetros de la media maratón suena bastante ridículo a su lado), así que desconocía muchas de ellas, pero he buscado por curiosidad cuales son las más salvajes del mundo. Y hete aquí lo que he encontrado. Animales salvajes, uruk-hais, conánes de las carreras y malas bestias del mundo, tomad nota. El resto sentid miedo y pavor.

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El Maratón des Sables: 251 kilómetros por desierto en 6 días. El equivalente a hacer 6 maratones consecutivos en una carrera de autosuficiencia, es decir llevando tu propia comida y tienda de campaña. Con la diversión de estar corriendo por pleno desierto, donde a veces la arena impide hasta correr, a unos agradables 40º (y eso que se corre en Abril)… Nada es esto evita que aproximadamente 1000 participantes se apunten cada año.

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The Jungle Ultra: 230 kilómetros con un máximo de 6 días para completar por mitad del Amazonas. Carrera de autosuficiencia también en la que tienes que llevar tu propia hamaca, litros de repelente (y mosquitera) y enfrentarte a una humedad de 100%. El obligatorio llevar un botiquín, cuchillo, barras luminosas y hasta un silbato de salvamento. El recorrido además incluye el extra de tener que cruzar hasta 70 ríos. Si. Ríos. Del Amazonas.

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La Spartathlon. Olvidaos de los 42 Maratón. Filípides corrió los 246 kilómetros entre Atenas y Esparta en el 490 a.C. para pedir ayuda en la Batalla de Maratón. Obviamente murió terminada su misión pero esta carrera la rememora. Todo en una única jornada en la que para complicarla aún más se encuentran 75 puestos de control por el camino. Si no pasas a tiempo, estás eliminado. Los ganadores rondan las 36 horas y solo aproximadamente un tercio consigue completarla.

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La ultramaratón de Badwater. 217 kilómetros a completar en una jornada (generalmente los ganadores rondan las 23 horas) por el infierno. Si. Una carrera en ascensión permanente desde el punto más bajo al más alto de Estados Unidos (quitando Alaska y Hawaii), atravesando entre otros el Death Valley, uno de los puntos más calurosos del planeta, con unos 49º a la sombra. Porque además, se añade el extra de correrla en Julio. Suelas derretidas, deshidratación y ningún tipo de avituallamiento por parte de la organización para los 80 corredores que toman parte (si se permiten coches de apoyo con hielo entre otras cosas). Aproximadamente un 40% no consiguen acabarla.

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La Self-Trascendence de 3100 millas. Vamos a poner esto en escala. Casi 5000 kilómetros (4,989 kilómetros). Tienes 52 días para completarla. Lo que implicaría (si lo hicieras en 52 días) que tendrías que recorrer 95 kilómetros cada día. Para añadir un extra psicológico al asunto, la carrera tiene lugar en Queens, Nueva York y se realiza alrededor de una manzana de viviendas. Habéis entendido bien. Los corredores cual hamsters tienen que dar 5.649 vueltas a la manzana hasta conseguir llegar a las 3100 millas. Lo de autotranscenderse da para muchas interpretaciones, cada cual que elija la suya. El récord está en 41 días, 8 horas, 16 minutos y 29 segundos.

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Por supuesto, hay muchas otras… probad a buscar la 6693 Ultra, que solo la han podido acabar 11 personas desde que es inauguró en 2007. O la del espinazo del dragón, que se intentó por primera vez en 1992 y fue tan dura, que no se volvió a organizar otra hasta 2012 (este año, 2015 estáis de suerte, que viene la tercera edición), o la Artic Ultra con 700 kilómetros por el Canadá más nevado con temperaturas entre -12 y -25ºC donde el reto está, supongo, en sobrevivir… También está la Ultra de los Masoquistas, o la de Convertirte en Leyenda

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Mientras caminaba mis últimos kilómetros hasta el refugi d’Amitges, en plena pájara parando cada dos pasos yo no sabía nada de todo esto. Las comparaciones son odiosas, pero siempre resulta reconfortante ponerte al límite un poco más y batirlo (aunque sea el tuyo). Y completada la cuarta etapa y viendo mi último atardecer sobre los Pirineos no podía dejar de pensar que estaba a punto de conseguir elevar el mío, pero es que además del reto, de la experiencia la vista era maravillosa.

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10 comentarios en “Carros de Foc (IV): de J.M. Blanc a Amitges

  1. Menudos paisajes!!!

    Yo también alucino con esos devoradores de kilómetros. Kilian es una verdadera bestia, impresiona mucho verle correr y ver la capacidad que tiene.

    Yo, por ahors, me conformo con mis carreras cortas y la meta de una media maratón para algún día.

  2. Leyendo lo que sufriste, creo que no conseguiría hacerlo en cinco días ni de coña (y menos con la cámara a cuestas). Eso sí, los paisajes son preciosos y merece la pena saborearlos y disfrutarlos, aunque otros prefieran verlos volando a la velocidad de la luz. La montaña es para los más duros y resistentes, de eso no hay duda.

  3. Gracias por “sufrir” y regalarnos a posteriori este artículo lleno de sensaciones personales, y como no, con fotografías high-level, made in Ignatius The Brave. A pesar del sufrimiento, sabes que me das (mucha) envidia, y creo que algún día tengo que volver a andar en la montaña como cuando ere ‘txiki’. Lejos quedan aquellos recuerdos de travesías por los Pirineos y algún cuatromil en los Alpes…ainsssss!

    Respecto al tema ultra-trails, como en otras muchas cosas, considero que hay una auténtica “burbuja” con este tipo de carreras de montaña y deportes extremos. Gente que no ha andado en su vida en el monte, de repente le da la ventolera, le llega la crisis de los 35 (o la que sea…) y comienza a correr maratones de montaña en 6 meses, como un loco, como si viviera de ello. Ojo, lo respeto, pero al loro con esos repentinos ramalazos y aceleraciones de 0 a 100 en 3 segundos, el cuerpo humano, y la mente, tienen un límite.

    Por mi parte, juro y perjuro que nunca correré por la montaña, creo que es una forma absurda de obviar y no disfrutar del bello paisaje que la montaña nos regala, sea en Pirineos, Picos de Europa o en el monte Gorbea. Slow hiking amigo Ignacio, es lo que se lleva! 😉 Un abrazo, campéon!

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