Archive for Béjar

La esperada cita bejarana

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Sin lugar a dudas una de las citas ineludibles y más apetitosas (en todos los sentidos) de las Navidades es el volver a la salmantina ciudad de Béjar. El origen de lo que yo entiendo por familia, ahora desperdigada por España (y alguno que otro por el mundo) hace de las Navidades el único nexo físico en que encontrarnos casi todos y ponernos como la moñoños al tiempo que esta vez sin teléfonos mediante, nos ponemos al día de correrías, venturas y desventuras habitualmente tirando a sonrojantes.

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Las abuelitas, a pesar de los dolores y achaques se niegan a escuchar cuando las piede que bajen el ritmo. Pero nunca consentirían que cada uno de los comensales no tengan una decena de platos por barba, más los apertivos, desayunos y medias comidas con que solucionar la, ante sus ojos, siempre extrema delgadez de nuestros cuerpos.

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Sobremesas eternas aderezadas con peladillas, mazapanes, turrones y regadas con cava, sidra y lo que se tercie para hacer de este par de días familiares de los más entrañables del año.

Días para realzar la amistad, solidaridad, honradez, amor y… esto….

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Sí. Amor… Sobre todo el amor…

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(Fotos en plena partida de Ca$h ‘n’ Gun$)

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A casa por Navidad…

La imagen se repite a lo largo y ancho del mundo, es la fecha del reencuentro. Hacer el esfuerzo por recorrer kilómetros y kilómetros para que una familia como la mía, desperdigada, se vuelva a juntar para un par de comidas y unas cenas. El mismo menú, la misma gente, las mismas risas.

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Para quién tiene la familia todo el año, quizás la sensación sea diferente, pero para nosotros es el momento de poner cara a las voces telefónicas y voz a los mails. Y así mientras Madrid me recibía con lluvia y más frío que Londres (vivir para ver), Béjar mirando a la sierra, ponía el sol y un tiempo exquisito para sentarse en la terraza, a la orilla del río Cuerpo de Hombre, a darse a la maratón de comida.

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Algo para picar, como las aceitunas que con tanto trabajo corta una a una el abuelo para que se maceren mejor. Me sabeis confeso admirador del cerdo, pero con esa bandera de embajador he de reconocer que he fallado estrepitosamente al pregonar las maravillosas propiedades gustativas de la oreja. Será que hasta que no se prueba no hay quién lo describa tal y como la prepara la abuela.

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Comidas y más comidas, enlazar el café con turrones, peladillas y bolitas de coco con la merienda a base de chorizo, queso y algo de morro en “El Quijote”. Clareando para ayudar a tragar antes de darse a la cena, donde por supuesto, no hay manera de hacer entender a la cocinera que tras el cuarto plato ya no está el estómago para más dilataciones. Que hasta los agujeros negros tienen un límite y si hay alguién que pueda llenarlos son las abuelas. Maredelamorhermoso!!!

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Nosotros tenemos además la costumbre de llevar todos los juegos de mesa posible y tomar la mesa, al calor de los braserillos, para conquistar el mundo, lanzar un Pulpozilla a un semiorco con un pollo en la cabeza, zurrarnos en nombre del condotiero o como esta vez, exterminar a una larga plaga de Zombies (o eran infectados?) que asolan la ciudad!!! Horror!!!

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Breve pero intenso. :) Un motivo más para disfrutar de la Navidad!!!

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Calvotes, oreja y morro. Navidades Bejaranas.

No habíamos dejado la maleta en casa de los abuelos cuando mi hermano y yo ya nos dirigíamos al Quijote, a Quijotear. Haga el favor, jefe, de ponernos una de jeta, otra de morro, otra de magro y acompañelo con sendas cañas, que venimos sedientos y hemos recorrido kilómetros para degustar los pequeños manjares de su cocina. Gustosamente fuimos atendidos. Ya demolida la cafetería “El Sol” con sus inigualables patatas con mayonesa, se ha reducido la competencia en la salmantina localidad de Béjar.

Mis padres nacieron, se conocieron y vivieron su juventud allí, en Béjar, (aunque mi padre se empeña en decir que es de Palomares, ya absorvido por esta ciudad) no es por tanto de extrañar que aunque salvo mis abuelos el resto de la familia se dispersó por el resto de la península, el reencuentro familiar fuera un ritual a cumplir todas las navidades.

Asi que inevitablemente, tengo los recuerdos pegados a los sabores y la cocina de las abuelas, a los trocitos de oreja para picar antes de comer (como si hiciera falta más comida!!), a las olivas preparadas caseramente con maña, a las chichas, a los calvotes, al queso y al chorizo, al cabritillo o lechoncillo navideño, a la mayonesa casera, que se corta, que no, al tostón, a las rosquillas…





Ya os digo yo, que con lo años me estoy volviendo un nostálgico. Si no que me expliquen a santo de que iba a subir yo a la sierra de Béjar para poder ver Gredos y la Covatilla hace unos años, cuando la estancia en casa de los padres de mis padres se limitaba a comer, echar unas Magic, y roncar a pierna suelta hasta que se nos despertaba para comer en unos días cíclicos y bastante entretenidos. Ahora, más modernizados nos marcamos un Risk, o un Ciudadelas, o un Zombies y nos quedamos tan anchos, ante la atónita mirada de los familiares que miran incrédulos los tableros y cartas. Y digo yo, que no será tan dificil de entender cuando ellos juegan al mus y al tute y en la segunda ronda ya saben perfectamente lo que tiene cada uno en su mano. Eso si que es díficil!!! Carallo!!!


Debería sentir más vergüenza de la que siento al no conocer la Sierra bejarana, pero nunca es tarde si la dicha es buena, y aunque ya lamento que mi estado físico no es ya el óptimo para trotar cual cabrilla por los montes, no está de más respirar un poco de aire fresco aunque sea subiendo hasta donde se pueda en coche. Ejem. Ejem.







Poco más, apenas nos vemos esta vez al año, así que el tiempo se consume rapidamente. Para los que no acostumbramos a mantener un contacto regular (como un servidor… ejem ejem otra vez) es la hora de ponerse al día, así que entre vinillos, champán, polvorones, turrón de chocolate, mazapanes y bolitas de coco se acompañan las historias y aventuras y los firmes (y casi nunca cumplidos) própositos de vernos más veces al año. :)

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