Archive for Edimburgo

Al caer la tarde. Edimburgo (y 3). Por Escocia (26).

El tiempo se acababa y los atardeceres maravillosos a esas latitudes también. El cuerpo magullado, cansado y los músculos agujeteados, pero aún así sacamos fuerzas necesarias para cruzar Edimburgo (que tampoco es excesivamente grande) y subir a Calton Hill, una colina que vigila la ciudad, con un panteón romano semiconstruido en su cima.

Cuentan que se intentaba hacer una réplica del Panteón griego, pero a mitad de la obra se agotó el capital y la obra se quedo eternamente a medias. Con lo que desde luego no merece esta estructura, bautizada como el Monumento Nacional (que vergüenza), una visita. En cambio sus vistas se merecen una y muchas más. Gobernar con la vista. Edimburgo. Firth of Forth. Y en la lejanía, montañas tras las que se escondían miles y miles de lagos, de los cuales vimos sólo unos cientos…

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Desde allí, los que aún soportabamos estoicamente el biruji correteando alegremente entre las nalgas y las rodillas, y los que ya se habían relegado al calor de unos pantalones, disfrutamos de un atardecer de regalo.

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¿Se os ocurre mejor manera de despedirse de Escocia?

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A vista de Pájaro. Edimburgo (2). Por Escocia (25)

Nació el 15 de Agosto de 1771 y se convirtió en uno de los más famosos novelistas históricos de su época compaginándolo con la poesía. Sir Walter Scott, autor de la novela de Ivanhoe, Rob Roy, la dama del Lago… y de una magnífica cita: El que se olvida de su propia historia está condenado a repetirla.

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Un monumento, en mitad de Princess Street, se alza en su honor. 60 metros de altura que a través de unas pequeñas escaleras en caracol permiten alcanzar su cima y ver Edimburgo tal y como lo deben ver las gaviotas que sobrevuelan sin descanso la ciudad.

Desde allí se puede ver el orden reinante en la New Town, antagonista de la Old Town, separados por los Princess Street Garden, que se unen en la linea trazada por las vías del tren que entran y salen de Waverley Station.

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Y desde allí, sacudido por el viento y oyendo el relativo y diferente trajín de un mes de festival por debajo, durante los breves e intermitentes instantes que al sol le da por salir de su encondrijo nuboso, allí tienes Edimburgo a tus pies.

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Casi los 360º en algo parecido a 120º cada uno.

Ni por asomo suficiente para hacerse una idea, pero para eso teneis vuestro flujo neuronal, que hará que la imaginación complete el cuadro.

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Ultima Etapa. El infranqueable castillo. Edimburgo (1). Por Escocia (24).

En un desesperado intento por cerrar (y disfrutar haciéndolo) los días en que recorrimos Escocia, ha llegado el momento de la última Etapa. Vuelta al punto de origen. El círculo completo. Pero ahora, a diferencia de los microsegundos que tuvimos en su primer contacto, antes de lanzarnos a por la furgoneta y recorrer las terribles carreteras de ovejas y de un único sentido por Escocia, ahora teníamos Edimburgo para nosotros.

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La encantadora Edimburgo, que mantiene ese aire medieval en el intrincado laberinto de piedra que se cruza a diferente niveles y tacto a piedra añeja de la Old Town y la correcta rectitud nacida de la escuadra y el cartabón de los arquitectos en la New Town. Es precisamente en la cima de la escarpada roca, de origen volcánico, donde se asienta uno de los castillos más impresionantes de toda Escocia. El Castillo de Edimburgo.

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Desde tiempos prehistórios, el peñasco ha sido un centro estratégico militar, que ya vió pasar a los romanos por su cima. Las afiladas paredes, que protegen sus lados hacen que sólo se tenga acceso desde uno de sus lados a través de una pronunciada pendiente donde actualmente acaba (o finaliza, según se mire) la Royal Mile. Su posesión, como cabe imaginarse, ha sido motivo de cruentas y sangrientas batallas y traiciones.

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Su interior alberga una pequeña ciudad. Una pequeña batería en forma de media luna, con una entrada flanquedad por William Wallace y Robert the Bruce, recibe a los visitantes, para ir descubriendo la irregular forma y disposición de la ciudadela, destacando especialmente la plaza de la Corona, lugar de encuentro de el palacio Real, la sala de la Corona, el Gran Comedor, el Edificio de la Reina Anne y el monumento nacional conmemorativo de la Guerra. A estos se añaden, la Capilla de St Margarita, el Museo Nacional de la Guerra, la fortaleza de la Guarnición, las cárceles de guerra… Demasiado para ir con prisas! :)

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Pequeños detalles que llaman la atención (además del cementerio para perros). El Mons Meg, un descomunal cañón de 22″ de calibre y 6 toneladas, por el que se introducían bolas de 180 kg de peso que llegaban a más de 3 km!! Una técnica ideal para mantener a los barcos enemigos lejos de la costa. Claro, que cada disparo generaba tanto calor que el cañón no se podía disparar más de 8 o 10 veces al día, lo que unido a su peso lo hacía más bastante poco manejable.

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Hablado de cañonazos, otro cañón, el One O’Clock Gun, se encarga de avisar de la una en punto para que todo el mundo ponga su reloj en hora. En principio se usaba una señal visual (una bola cayendo de lo alto de una torre) para coordinar los crónometros de los barcos que navegaban por la zona, aunque estando en un lugar como Escocia, donde la niebla es un habitante más se optó por un “efecto sonoro”. La diferencia entre el mundo visual y el sonoro es que el sonido se desplaza bastante más lento, así que se tuvieron que desarrollar unos mapas según la distancia para ajustar el retardo. :)

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Para los amantes de la historia es una cita obligatoria, que bien merece (si las hubiera) unas cuantas horas o incluso algún día completo a deleitarse con las colecciones que alberga o a descubrir sus entresijos históricos.

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Y tras ello, a conquistar Edimburgo. Que se note el tiempo que llevamos curtiéndonos a base de single malt Whisky, de comer haggies y sentir cada valle de las Highlands!

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El circo ha llegado a la ciudad! El Fringe.

Voy a comenzar por casi el final porque quiero, porque puedo y porque me conviene para situar un punto de partida que si bien lo fue durante unas breves instantes sería más cierto definirlo como punto de llegada. Siendo esto así, tras este post retomaremos (si mis neuronas tienen a bien) un orden medianamente cronológico.

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Y es que no me voy a extender en lo maravillosa que es Edimburgo, el que haya estado allí ya lo sabrá y el que no haya estado no lo sabrá hasta que no vaya, que por mucho que yo lo describa no será lo mismo. Así que mientras os debatis entre el deseo de recordar y el deseo de ir os contaré como cambian las calles adoquinadas y las paredes de piedra durante el mes de Agosto para tranformarse en la locura que es el festival de Edimburgo.

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La historia del festival resulta un poco confusa porque hay dos festivales que se solapan y no son el mismo, así que atentos pues nos remontamos a 1947: la segunda guerra mundial había terminado dos años antes, en 1945, y en un intento de marcar la vuelta a tiempos de paz y relanzar las relaciones entre los paises (así como para potenciar la vida cultural inglesa y escocesa) apareció el festival de Edimburgo, que traía a gente de todo el mundo en danza, música clásica, ópera y teatro. Todo de un corte muy clásico que fue un gran éxito.

Pero claro, no había hueco para todas las compañías que quisieron participar y 8 de las no invitadas, decidieron participar igualmente. Montaron su propio mini festival, al margen del otro aprovechándose de las enormes colas para mostrar un teatro más alternativo. Así se forjó la historia y ahora el Fringe (margen, borde) es el festival de artes más grande del mundo y que atrae a hornadas y hornadas de gente a Edimburgo. Entre ellos nosotros. :)

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Así pues tenemos los dos festivales solapados durante dos semanas para saciar los gustos más diversos, pero el Fringe es el que se lleva el gato al agua y el que desata el caos en la ciudad. Absolutamente todo lo que sea susceptible de ser utilizado como escenario será utilizado como escenario. Da igual, habrá quién tenga mayor campaña y renombre y pueda utilizar una sala de un teatro o un salón de actos de una universidad, pero quien no lo tenga montará su carpa, o actuará en lugarmes más pequeños, donde puede haber o no sillas, focos o incluso un aforo reducido a 10 o 12 personas.

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Todo vale y por si fuera poco toda esta maraña de gente atrae además a miles de artistas callejeros procedentes de todos los rincones del planeta para intentar captar las miradas de los que pasan por las calles. Magos, acróbatas, payasos, músicos, bailarines, se disputan la atención de los transeuntes. Y esto para el respetable es una gozada.

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No acabas de ver a uno y ya te metes en otro y entre medias, otros artistas intentando publicitar su espectáculo para asegurarse la supervivencia y si los dioses son propicios volver al año siguiente con algo más de renombre y lo mismo hasta una sala más grande y con más aforo.

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Aparte de los espectáculos teatrales callejeros que vimos y que no fueron pocos, también nos gastamos los cuartos para ver la actuación más freak del festival y los ya míticos Gamarjobat, que como siempre fueron geniales y sigo recomendandolos por su humor fresco y directo con el público aunque a veces la tomen con alguno como el que estas líneas suscribe. Jejeje. (Me sacaron dos veces al escenario!!! realmente lamentable). Al final tras el show estuve un ratito hablando con ellos y por mi buen aguante me regalaron dos chapitas! Ja.

Por lo demás el ambiente es impresionante. Simplemente pasear por la calle y ver todo lo que hay montado te hace estar de buen humor, la gente pasea sonriente y los adultos se regresionan a la edad de los niños compitiendo en disfrute. :) Mmmm que gozada!

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¿Que el circo ha llegado a la ciudad? Quizás sería más correcto asegurar que la ciudad ha llegado al circo…

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El resto de fotos festivaleras aquí.

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Albúm de Fotos. Edimburgo (y 5)

Momentos inconexos que si dejara pasar no volverían a tener hueco. :)

Que pasen ustedes un buen fin de semana!!!










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Robert Burns y nocturnidades. Edimburgo (4)

Robert Burns se hizo famoso por sus poemas en gaélico escocés y se convirtió en el hijo favorito de Escocia. Los escoceses que en esto de ser muy suyos lo son y mucho, lo tienen en palmitas e incluso su rostro sale impreso en el billete de 5 pounds.

Hagamos un breve inciso, pues mucho me temo que los que ya hayan estado en Inglaterra (fuera de Escocia) con anterioridad, no reconocerán este billete de 5 pounds como tal. Los míos eran diferentes. Mmmm. Efectivamente, queridos pipiolines unicelulares. Pero es que cada uno de los tres bancos escoces tiene autoridad para imprimir sus propios billetes. Hay cuatro versiones diferentes de cada billete en el reino unido y tres son escocesas. Fin del inciso.

Continuemos con la obra y milagros de este poeta, nacido en 1759, con poemas como Auld Lang Sype, que se canta al entrar en nuevo año o Scots Wha Hae, que se consideró como mucho tiempo el himno no oficial escocés. “Menuda castaña que nos está soltando este hoy” estareis pensando “Que tiene que ver este hombre en este blog?”. Tranquilidad, superad el sopor. El señor Burns, que yo desconocía hasta la fecha, ha sido la principal “excusa” para que yo tuviera un motivo justificado por el que ir a Edimburgo.

Y es que se ha convertido en tradición escocesa el celebrar cada año el nacimiento de este poeta, en lo que se llama el Burn’s night o Burn’s supper. Es una conmemoración bastante casera, que se acompaña a modo de cena con Haggis, whisky y unos cuantos de sus poemas.

Salvo la gaita y el kilt, pocas cosas puede haber más escesas que el whisky y los haggis. Omitiré las explicaciones de los tres primeros, pues me da que sabeis lo que son y dejadme que os cuente como los haggis mezclan el corazón, pulmón e hígado de oveja con cebolla, harina de avena y unas cuantas especias, para pasar a cocerse durante unas horas en una bolsa hecha con el estómago del bóvino. Y por si os quedaban dudas: Si. Se come.

¿Como están nuestro nuevo poeta escocés y los haggies relacionados? Pues porque en un alarde de patriotismo escocés hizo un poema denominado Oda al Haggis, que se recita antes de dar buena cuenta de tan suculento plato. Como curiosidad decir que durante la lectura del poema hay que coger un cuchillo y trinchar al haggis, lo cual es bastánte teatresco y dramático según el interprete. :) Muy divertido.

Pues si, nos sumimos en el deguste de Haggis y whisky con unos cuantos escoceses, pero no creo que os interesen demasido los detalles. Total es algo que no difiere en demasía de cual cena copiosa regada con algo de beber. Tanto si estais como si no acostumbrados al whisky, los grandes degustadores como el amigo Graham, recomiendan mezclarlo con un poco de agua para que no queme tanto y se potencie el sabor. Por supuesto mezclarlo con coca-cola, como todos vosotros, borrachuzos, soleis hacer, puede ser motivo de agresión en estas tierras.

De nuevo un quiebro para aprovechar a mostraros unas cuantas imágenes de como es nuestra querida Edimburgo de noche. Lo que no podreis ver, pero ya os lo digo yo, es que es fría. Muy fría. En enero por lo menos. Lo que me lleva a que cuando veais a un pobre individuo como yo, simulando ser fotografos con un trípode de aluminio, esperando a que su foto se termine mientras le empieza a colgar un chuzo de hielo de la punta de la nariz, sed piadosos. ;-)










Y como curiosidad, si mientras estais cruzando el puente elevado de North Bridge que une la parte antigua y la nueva de Edimburgo os parece que a cada paso podríais hacer una foto y teneis curiosidad por saber desde donde hacerla, solo teneis que buscar en el lado oeste el símbolito que indica el punto exacto. Que majos!!

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It’s tea time, my darling! Edimburgo (3)

Cuando decidí venir a vivir a Inglaterra, mi padre se frotaba las manos imaginandose que por fin sería capaz de dejar a un lado todos esos años de educación tarzanesca para convetirme en todo un refinado caballero del más alto estanding. Poco a poco habreis ido asumiendo que la transformación no ha sido tal, salvo en algunos breves destellos, pero aún así este país no desiste conmigo y me intenta llevar por la senda del autentico gentelman.

Bien es cierto, que yo me dejo querer, pues entre mis planes de volverme un Sir Oscuro, bien puede entrar el codearse con la más alta high society de reino unido, que nunca se sabe bien que influencias harán falta en un futuro.

Mi buenos amigos afincados en Edimburgo, Graham y Sam, conocedores de mis cuestionables intenciones, contribuyeron con su granito de area a un avance en mis planes malignillos.


A continuación teneis el Balmoral, uno de los más lujosos hoteles en el centro de Edimburgo. Ya comenté que tiene en lo alto un reloj que va cinco minutos adelantado sobre la hora real para utilizar la técnica fallida de tener cinco minutos extra cuando creías que llegaba tarde. Y digo fallida, porque es algo que todos hemos intentado sin éxito, pues una vez que sabemos la trampa, no vale la pena seguir disimulando. Te das la vuelta en la cama y aprovechas esos cinco minutos para seguir remoloneando.

Pues bien, queridos hobbits, aquí fue donde yo, un torrejonero de pro, críado en como un caballero del heavy metal, pude disfrutar por primera vez de un Traditional English Afternoon tea, también conocido como High Tea, aderezado todo ello con un concierto de arpa. Ja!.

La quintaesencia del inglés más acendrado al alcance de mi mano. Y señores (Papá atento) y señoras… debo decir que me encató!!! uuuuooooooh!!!

Llegamos rápido a esa conclusión. A lo bueno se acostumbra a una velocidad extremadamente rauda. Pero dejadme pequeños y afanosos ratoncillos silvestres, que os comenté brevemente en que consiste semejante costumbre.

Debeis saber que un afternoon tea, no es simplemente una taza de té. Nada más lejos de la realidad. Eso pensaba yo, en mi atrevida ignorancia, hasta que empecé a ver llegar comida por doquier. Por Thor y por Odín, esto es un festín!!

Comenzamos con una selección de muy elegantes sandwiches: salmón, huevo, mayonesa, pepino (¿), para pasar a los scones, que son unos bollitos recién hechos, que se parten a por la mitad para untarles mantequilla, mermelada de frambuesa y crema y que, por si lo dudabais, son un auténtico placer!!! Están increiblemente ricos!!!

Y por último… repostería de lagrimón. Sniff Sniff.

Un par de últimos apuntes. Se puede pedir con champán, pero se encarecía demasiado (maldito dinero) y todavía no somos tan sirs, y lo segundo es que puedes repetir todo lo que quieras. Las bellas camareras se te acercan a ver si está todo bueno, si quieres algún sandwich mas, si te ha gustado algún bollito en especial, si quieres más chocolate en vena. Ya sabeis. La vida puede ser insultantemente dura a veces.


Si os animais a probarlo en Londres, que sepais que el Ritz también lo ofrece. Yo lo dejo caer. Por si alguno no podeis resistiros. Mmmmm… Mientras tanto, os muestro mis avances en la materia. Atención a la botella de champán por detrás. Jur jur jur.

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