A lo que ibamos: este verano que ya agoniza nos ha dejado muchos, muchísimos matsuris (festivales) de los que he podido asistir a unos poquitos. Los festivales tienen dos partes bien diferenciadas. 1) Comida y 2) Espectáculo. Empieza sonando genial, verdad? Generalmente suele ser algún templo o santuario, la que “patrocina” el evento y el festival se celebra en su honor.
En este caso, el Fukagawa Hachiman Matsuri es uno de los más grandes de Tokyo. Se celebra cada año y cada tres aumenta sus dimensiones en lo que se llama un hon-matsuri (o versión tocha). Casualmente este año era la versión extendida (con cinco días de duración) con una fiesta final que bien se podría denominar zafarrancho acuático.
54 mikoshis (o capillas portatiles) desfilan en honor al santuario Tomioka Hachimangu, mientras los espectadores calan a cubazos, manguerazos y lo que se tercie (hasta pistolas de agua ví) a los portadores.
La verdad es que celebrandose a finales de Agosto desde el siglo XVII es un festival que bien agradecería los cubazos de agua y las batallas campales que se montan (no penséis que se respeta al fotográfo, no!) pero esta vez el tiempo no fue todo lo agradable que se esperaba y aunque comenzó con una lluvia ligera a medio día empezó a hacer casi imposible el estar allí si no era con bañador. Aún así, no fue esto motivo suficiente para que los alegres contertulios se quejaran. A pesar de todo, fue motivo de alegría y fiesta.
Os dejo con un video de la fiesta para que os hagais una pequeña idea del ambiente que se vivía por la calle y de lo burracos que son estos japos, en lo que a mikoshis se refiere.
Y como siempre, para los que tengan ganas de más y vengan preparados con chubasquero, que cojan el cubo de agua y se pasen por aquí.
























































