Verle la coronilla a los gigantes, tiene algo de especial. Es girar las tornas pasar de ser el insignificante peatón al tener el mundo vertical de Hong Kong a tus pies, extendiéndose hasta donde alcanza la vista en forma de alargadas luces, divididas por Victoria Harbour y confinadas entre montañas. Es subir a lo más alto del Victoria Peak y contemplar ensimismado el espectacular vestido de noche de la ciudad.
360º a 428 metros de altura. El Sky Terrace es seguramente el mejor mirador de Hong Kong y también fue una magnífica manera de despedirme por segunda vez de esta ciudad que estando en tierra de nadie tiene una personalidad propia y arrolladora. Sólo queda quedarse en las alturas e intentar guardar en la memoria cada luz, cada pared, cada edificio, cada pliege, cada montaña, cada nube, para llevármelo conmigo.
Cuesta bajar la mirada, pero cuando lo haces el ras del suelo de Hong Kong es igual de fascinante que sus cimas. La vida bulle y fluye por sus calles y callejones, subiendo, bajando, torciéndose y perdiéndose. Hogar de los comercios más dispares.
Basta pasear por el oeste de Sheung Wan para encontrarse con centenares de tiendas de marisco seco y todo tipo de hierbas medicinales y especias, mientras se entrecruza con el mercado de antigüedades de Hollywood Road, donde los ojos pacientes pueden encontrar muchísimos tipos de sorpresas.
Comienzan a aparecer los mercadillos cargados de puestos de fruta y verdura así como juguetes, ropa y bolsos abarrotando las ya de por si estrechas calles. Li Yuen Street East y Li Yuen Street West se llevan la palma, pero la verdad es que casi todas las calles tienen vida comercial. Gritos de los tenderos y de los que compran, los turistas despistados cotilleando e intentando no ser arrollados por la muchedumbre, los colores, los olores, los transportes que pasan dios sabe por donde, la policía intentando sin demasiado éxito organizar el barullo, más y más gente. Abajo todo es caos.
Aunque para los estómagos sensibles o para los más atrevidos, la palma se la llevan mercados como el Graham Street donde te aseguras que la comida es fresca fresca, pues los animalicos se venden vivos y se parte y trocea en el acto. Listos para consumir. Y además para los no acostumbrados no os penséis que estamos hablando de pescados y pollos, no, si quieres comprar serpiente, o ranas, o una cantidad sorprendente de bichos de los que no conozco el nombre, o llevarte una cabeza de cerdo. O… (insertar aquí lo que se os ocurra).
No es el único de este tipo. Aquí tenéis un video de uno en los alrededores de Causeway Bay para que os hagáis una idea del ambientillo. Jeje.
Y bueno, siendo Hong Kong como es, una ciudad fashion y cosmopolita, también está lleno de centros comerciales y de tiendas de ropa de marca, perfumes, relojes y joyas, pero sintiéndolo mucho… es que eso me llama mucho menos la atención.
El Star Ferry cruzaba Victoria Harbour acercándose a los enormes titanes de acero y cristal que dejaban de ser skyline para pasar a engullir a los viandantes que doblaban sus cuellos hasta posturas inverosímiles intentando alcanzar con la mirada sus cimas.
Esto es Hong Kong. La isla que da nombre a la región. La misma isla que cambió los palillos por el té y pasó de china a inglesa al finalizar la Primera Guerra del Opio. Esta y la posterior derrota de los chinos en la Segunda Guerra del Opio, definieron el destino de esta isla. Se acordó una cesión de 99 años para ella y los Nuevos Territorios y esta colonia inglesa empezó a prosperar ajena al mundo Chino convirtiéndose en una urbe de importancia fianciera global.
En 1999 1997, acabó su periodo de cesión y comenzó la época de preocupación. ¿Podría la Hong Kong inglesa y capitalista hecha a partir de millones y negocios internacionales sobrevivir a la Hong Kong China y comunista? La respuesta está por llegar, porque se acordó que Hong Kong siguiera manteniendo su estatus especial y a pesar de convertirse en parte de China no tiene las fronteras abiertas con este país. Es por tanto un reducto de tierra de nadie (siendo nadie casi chino) que abrirá sus fronteras en 50 años y entonces es probable que desaparezca tal y como se conoce.
Son los mismos Hongkoneses los que reniegan de su pasado y actual gobierno, diferenciándose ellos mismos y de los Chinos alegando que ellos no lo son, que ellos son civilizados (palabras textuales). El choque, aunque se retarde unos años, sucederá. De momento los Chinos tienen que pedir visados para entrar en Hong Kong, a diferencia de los europeos y americanos. Hong Kong mantiene su propia moneda y las empresas y capital extranjero se mantiene en la isla. Será interesante ver que sucede sobre todo con un gobierno chino que lleva ya mucho tiempo intentando hacer de Shanghái su propia Hong Kong.
De momento visitar Hong Kong es deslumbrante y la ciudad parece seguir a su ritmo ajeno a los cambios que se avecinan. Los edificios de viviendas se elevan hacia el cielo como espigas creando una ciudad vertical.
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