Archive for Islandia

El paso de Öxi. Por Islandia (16)

Las comunicaciones en Islandia son algo precarias. Su vía principal es una carretera circular de 900 km, situada en el perímetro de la Isla y considerada la ruta más desolada del mundo. Con esta última observación junto con los destrozos ocasionados cada vez que a algún volcán le da por erupcionar o crear una macro inundación parece lógico no montar una autopista de varios carriles (cosa que del tramo que nosotros recorrimos solo hay cerca de Reykjavik) así que lo mayor parte del tiempo lo más que puedes esperar es de un carril en cada sentido, omitiendo en la mayoría de los casos el arcén.

Así nos las prometíamos muy felices, por nuestra carretera asfaltada, cuando llegamos al Este. Descubrimos que lo que teníamos hasta ahora era un lujo. El asfalto dejó de existir y la vía pasó a ser una pista situada en la ladera de una colina, pared semiperpendicular a un lado y precipicio sobrecogedor sobre el mar al otro. A todo esto empezaron a proliferar cartelitos que advertían del peligro de desprendimientos. Jajaja. Risa nerviosa. Imaginate que nos cae una piedra ahora. Si Olaf, si. Lo que nos faltaba. Uy, pues por aquí muchos pedruscos. Es que sí, hale, esquiva el troncho y evita el hoyo. bbbbbBBBBBRRROOOOM!!!! Pedruscos rodando ladera abajo.

Jarl. O_OJ

Ni que decir tiene que se acabó la conversación. Uno conduciendo. El otro mirando por la ventana para avisar al menor atisbo de gravilla que pudiera caer ladera abajo. El robot de cartón piedra roncando… Sobrevivimos, no sin envejecer unos pocos años en un intervalo de tiempo demasiado corto. Atravesada esta primera zona llegamos al dominio de los fiordos. Nuestro objetivo estaba a casi un día si bordeabamos la costa, siguiendo con la carretera cada entrante o a algo menos de dos horas si decidíamos tomar el paso de Öxi. Un paso que cruza las montañas subiendo más de 1000 metros en apenas 5 km. No pasaremos por Moria si podemos evitarlo Gimli. Tomaremos el paso del Öxi.



Según nos adentrabamos en las entrañas de la montaña, flanqueados por los desfiladeros y cataratas heladas en un paisaje de lo más tétrico, subiendo por pendientes de casi el 17% pensamos que quizás hubieramos tomado la decisión incorrecta. Total, sería la primera carretera por mitad de la montaña que nos atrevíamos a coger, pero no había ningún cartel que lo impidiera, así que se suponía que debería haber salida al otro lado.

Y entonces empezó la niebla. Engullendo las montañas. Creando el vacío blanco a su paso. Los hobbits no sobrevivirán. Deberíamos haber cogido el camino de Moria. Y empezó la nieve en la carretera. Y el hielo. Y comenzó a funcionar la corredera farinjo-testicular.

Silencio. Se mascaba la tensión. No pases de 10 km/h, Olaf, que no se ve ná de ná. Más tensión. Llegamos al punto en que si teníamos que dar la vuelta tendríamos verdaderos problemas. Saliéndose de las marcas en la nieve no sabíamos donde estaba la carretera y donde no. Bueno. Fé. Que no había ningún cartel abajo que pusiera que el camino estaba cerrado. Seguro que es solo un tramo. ¿Y si no lo vimos? ¿Y si había un cartel pero íbamos haciendo el primaveras y no lo vimos? Inspirar… Espirar… Un dos tres, yo me calmaré, cuatro cinco seis, todos lo veréis… Inspirar. Espirar…

Llegada a lo que pensamos que es el punto más alto (según el mapa). Blanco hipnótico. Es necesario retratarlo. Somos un punto en la nada. Mas allá de nosotros todo se desvanece.


Y entonces aparecieron las luces. Dos pequeños pilotos, surgidos de las profundidades neblinosas. Otro coche. En dirección contraria. Eso puede ser viene del otro lado y por lo tanto hay salida o que se ha dado la vuelta y por lo tanto no la hay. Preguntemos… Ñiiiiiiiuuummmmm!!!!!

No nos dío tiempo. Un puto ford fiesta!!! Bajando a todo trapo por las montañas, sin ningún atisbo de preocupación. Que bochorno!. De nuevo quedamos en evidencia ante los conductores autóctonos. Intentando tapar la vergüenza con la alegría de saber que había algo más allá fuimos capaces de terminar de cruzar el paso y llegar a Egilsstaðir, nuestro última parada antes de comenzar el viaje de regreso a casa. Sobre las sensaciones de los fiordos me extenderé en otra ocasión, pero no sería de recibo obviar que a pesar de las nuevas canas, un sol radiante a nuestro regreso nos motivó a volver a tomar el paso (hay quienes nunca aprenden) y a pesar del miedo inicial de volver a encontrarnos con los hielos y las nieblas, lo cierto es que pudimos disfrutar del maravilloso paisaje que se nos negó a la ida.




Hasta las antaño tétricas montañas habían pasado a ser agradables y joviales colinas. Hay que ver la diferencia que marca un poco de luz.



Y es que esto de tener un poco de sol en tan entrañable enclave sólo puede mejorarse de una manera…. Merendola mediante!! Si!.

Mucho mejor! Hay cosas que nunca cambian. :)

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Agudeza visual

Busque la incongruencia, o congruencia desafiante de la autoridad.

Con un par.

Pasen ustedes un buen finde y los que puedan generen vitamina D por mí… :D

Yo mientras tanto seguiré con posts de hibernación hasta que descubra el condensador de fluzo

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Cruzando Mýrar y Lón en el atardecer. Por Islandia (15)

Avanzamos, pasamos el tiempo y sigue el viaje atravesando montañas y valles mientras bordeamos la zona sureste de Islandia. No tembléis, de momento no hay más glaciares (lo mismo vuelven… depende de como os portéis ;-P), pero lo que si que hay es un efecto curioso: los deltas provenientes del deshielo e inundaciones han arrastrado los sedimentos acumulándose en una fina y alargada barrera entre el propio delta y el mar, creando una especie de lagos intermedios, completamente calmados como el mar tras los rompeolas y que sirven de hogar a un montón de aves.


Dos de estas zonas, separadas por el pueblo pesquero de Höfn y las picos del Skeggtindar son el Mýrar y el Lón. Apenas hay información de estas zonas en las guías, pero es imposible no quedarse anonada

Este agua calma, crea unos reflejos preciosos en el agua coloreados por los largos atardeceres, que dejan el color ocre por la tierra durante algunas horas y contrastados por las enormes sombras sombras creadas al estar entre montañas.



Completan el pintoresco panorama unos cuantos caballos islandeses (ahora podréis apreciar mucho mejor porque les llamábamos caballos heavies del metal) y una manada de ciervos salvajes.


Inolvidable.

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La marca inborrable del Jökulsárlón. Por Islandia (14)

No he podido resistirme. Llevaba tiempo deseando hacer el post del Jökulsárlón, así que ahora que llegaba su turno no he podido esperar. Los pingüinos y las tapas tendrán que esperar. :)

Y es que si hay me preguntáis por algo en especial de Islandia, algo que me haya marcado, que recordaré durante mucho tiempo (espero que por siempre), esto será el Jökulsárlón.


Siguiendo el recorrido que bordeaba la Isla la carretera cruza por un puente este lago glaciar. Curiosamente sólo existe desde 1934 que fue cuando empezó a derretirse el glaciar dando lugar al lago. Precisamente este deshielo hizo que en 1975 ocupara una superficie de casi 8 km cuadrados algo menos de la mitad de los 18 km cuadrados que ocupa ahora mismo.


Un lago de azules eléctricos y 200 metros de profundidad que obliga a pasarte un par de horas a su alrededor, hipnotizado por las olas y el hielo a pesar del frío de los alrededores.


En ninguna otra parte del mundo se puede acceder a icebergs tan fácilmente como aquí. De hecho una de las atracciones turísticas (en verano, mecachis) es el navegar en una lancha motora entre sus hielos.


Su próximidad al mar es tal que el deshielo de la lengua Breiðamerkurjökull genera el que quizás sea el río más corto de Islandia con solo 1.5 km de recorrido. :) El mar por tanto a un paso permite el paso al lago de peces y focas (aunque no pudimos ver ninguna :( requetemecachis). Aunque algún gavioto si que vimos…



Un lugar como este no ha sido desaprovechado por estudios cinematográficos. ¿Algunos títulos? Licencia para Matar y Muere otro día de la saga Bond, Tomb Raider y Batman Begins (entre otras) se han aprovechado de este maravilloso enclave para sus fotogramas.


Uno de los lugares más mágicos en los que he estado. Y también de los que más me han frustrado fotograficamente hablando. Es imposible coger la esencia. Creedme que es para verlo. Nosotros pensamos que si el viaje se acabara ahí y no hubieramos visto nada más ya habría sido algo increible.

Maravilloso Jökulsárlón. Maravilloso.


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El gélido y huracanado viento del Fjallsárlón. Por Islandia (13)

Ya estamos de vuelta. Unos días generando vitamina C al sol, cogiendo un poquito de color y disfrutando de la compañía de casi todos al fresco de las terrazas madrileñas refrescadas con claras cañas (si, soy de claras *^__^*) y todo tipo de tapas. Pero ya habrá tiempo de deleitaros con todos estos maravillosos momentos (boda familiar mediante).

En tanto y mientras desenmaraño el entramado de fotos carentes de un director de orquesta que me he traído de esta semana por los Madriles, os dejaré con el ansias de verme como un pincelito en traje un poco más. Os lo cambio de momento por algún glaciar más de Islandia (otro más para la colección!!).

Ya recibí entre tapa y tapa el feedback de que alguna mente débil se había perdido entre los fáciles y sencillos nombres islandeses y que se sentían atrapados cual día de la marmota viendo los días pasar y los posts de Islandia mantenerse iguales aumentando únicamente de número. Por supuesto y como cabía esperar voy a ignorar con toda la elegancia posible dicha realimentación y yo a lo mío. Total, la mayoría solo veis las fotos, así que ahora que empieza a apretar el calorcillo os refresco psicológicamente un poquito con unos cachitos de hielo. ;-)

Seguimos con el cuaderno de bitácora: Dejamos atrás Skaftafell y empezamos a bordear el Vatnajökull por su lado Este.


Abandonamos la idea de atravesar el Leirur para llegar a Ingólfshöfði (una auténtica pena, porque era uno de los sitios de los que más enamorado estaba a traves de las fotografías que había visto además de ser uno de los mejores sitios para ver Frailecillos). De nuevo nos adelantamos a la apertura de temporada (y por tanto del tractor que lo cruza).

La intención era llegar al Jökulsárlón ese mismo día, pero viendo lo bien que íbamos de tiempo y lo que nos estaba cundiendo decidimos perdernos un poco. Parece que aparece una carretera por aquí, Olaf. ¿Carretera? Camino de cabras, diría yo Johansson. ¿Entramos? El mapa indica que hay una especie de laguito. ¿Y por que no?, todavía no nos hemos perdido hoy, además abandonar la carretera incrementa las posibilidades de que el coche se nos quede atascado.

Y bendita la hora que decidimos hacerlo, porque no sólo la carretera fue bastante asequible sino que encontramos un precioso regalo que de otra manera nos habríamos perdido. Fjallsárlón.


Según nos acercábamos nos volvíamos locos en el coche. Una vez más nos habían vuelto a dejar sin palabras y sólo nos salían gritos, sonidos guturales. Esto tenemos que verlo, tenemos que tocarlo, tenemos que sentirlo. Salgamos del coche y gocemos!

En verdad lo gozamos, pero estoy en condiciones de afirmar que es el sitio donde más frío he pasado de toda Islandia. Incluso con el sol, nada nos preparó para el viento helado, gélido que sin ninguna oposición bajaba ladera abajo desde el Vatnajökull helando la sangre al mismísimo Satán si osara pasar por allí.

Tanto era así que nos tirábamos al suelo cada poco, al cobijo de alguna minúscula roca para atrincherarnos y frotarnos las falanges de los dedos, antes de recorrer algunos pocos metros más. El objetivo completamente absurdo, era llegar a la orilla del lago. Se consiguió pero con el esfuerzo extra de romper el viento en contra y a base de hacer el topo en cada agujero que veíamos. :)



Fijaos como sería la fuerza del viento, que la pobre Bea (nuestro robot-cyborg de cartón piedar favorito), decidió en un primer momento esperarnos en el coche, pero ante el zarandeo al que estaba sometido entre los fuertes vientos, decidió optar por esperarnos fuera aún a riesgo de volarse emulando a la Dorothy del mago de Oz.


No estuvimos más de 15 minutos fuera, pero nos costó otros 20 y la calefacción a tope del coche el recuperar la sensibilidad táctil y sentir como la sangre congelada volvía a fluir por las manos. La cara os la podreis imaginar. Jejeje! :)

¿Mereció la pena? Pues sí. Claro que sí. Mil y una vez sí. Que sitio más increible!!!


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Svartifoss. Skaftafell (y 2). Por Islandia (12)

Una breve reseña más del parque nacional de Skaftafell, pues hay un pequeño recorrido de hora y media que lleva entre ríos que se escapan entre las desparramándose en múltiples caídas hasta encontrarnos en un pequeño valle donde se “esconde” una joyita.

Svartifoss, es quizás uno de los puntos más pictóricos del parque. Una cátarata que cae por encima de una pared de roca basáltica. Resuta tan curiosa como fascinante.


Los caprichos de la naturaleza hacen que se formen estas columnas hexagonales tras un proceso de enfriamiento de la lava. Imaginaros un líquido viscoso, algo como barro (al rojo vivo), que va avanzando lentamente cayendo por las montañas. Llega un momento en que se empieza a enfriar y a consecuencia de esto se empieza a contraer. Este enfriamiento lleva a su rotura creando estas curiosas formas.


Desde luego es precioso. :)

Un par de apuntes bastante curiosos:

1) El hielo provocado por las salpicaduras del agua en las rocas, decorándolas.

2) El agua del rocío en la cima de la colina antes de llegar a la catarata, que tras ser azuzado por los vendavales de la zona y tras soportar las bajas temperaturas se convierte en esto (apenas tiene unos milímetros de longitud):

Hay que reconocerlo: vivimos en un mundo rodeado de cosas maravillosas que se crean y se descrean ante nuestros ojos, moldeados por la madre naturaleza.

Bueno, y por fuerzas espectrales también, si no fijaros detenidamente en los seres semitransparentes fantasmagóricos de la zona. Dan un poquito de repelús!!!

Hagan lo posible por exprimir el fin de semana al máximo. Sean todo lo malo que les dejen sus conciencias! :D

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Skaftafellsjökull. Skaftafell (1). Por Islandia (11).

Desde luego, la mejor manera para más o menos adentrarse en la inmensidad del Vatnajökull es a través del parque nacional de Skaftafell al sur del glaciar y situado justo a los pies de una de sus lenguas la Skaftafellsjökull (llegado a este punto y si vais fijándoos en los nombres islandeses vereis que tienen cierta lógica y todo lo que acabe en jökull tiene que ver con glaciares o lenguas de glaciares, todo lo que acabe en foss tiene que ver con cataratas, todo lo que acabe en sandur se refiere a… bueno a sandur, y así podeis hacer comparaciones similares… si sois lo que como yo generalmente obviais e incluso saltais los nombres este párrafo ya se os habrá olvidado antes de acabarlo. Como? De que hablabamos?).

Este parque nacional se formó en 1967 abarcando un terreno de 1700 km cuadrados moldeado tras miles de años de erupciones volcánicas, amasado por lenguas glaciares y erosionado por ríos. Aún así, situado entre el Vatnajökull y el Skeiðarársandur es ahora un remanso de vida entre el hielo y el desierto. Bueno, es un remanso con el permiso de los volcanes colindantes, aunque la zona no ha sido devastada desde 1362. Aunque es precisamente ese hueco, resguardado entre las montañas el que provoca el microclima que alberga a más de 30 especies autóctonas vegetales e innumerables insectos (entre ellos la Perizoma blandiata, una mariposa).

Dentro del parque se pueden hacer unas cuantas rutas, pero aquí va la más sencillita de todas. Una hora (entre el camino de ida y vuelta + todas las que quieras extras para flipar) para poder ver a tus pies el final del Skaftafellsjökull, ahora un kilómetro más corto que hace 50 años (cosas del calentamiento global (?)) y cuyo proceso de derretimiento genera laguitos y ríos alrededor.


Hay que reconocerle a la zona una presencia fantasmal. De hecho las nubes bajaban poco a poco hasta que al final todo el paisaje quedo cubierto de bruma y empezó a llover, pero mientras tanto el efecto es bestial. Las montañas oscuras saliendo de entre las nubes…



… reflejadas en los lagos. Bestial. Porque la calma absoluta a esas horas donde no había otra alma que la nuestra por allí creaba un espejo casi perfecto del paisaje de alrededor. Alucinante.


Al final, claro… tuvimos que romperlo (o el hechizo habría acabado con nosotros! jeje).

Vale, sí. He hecho una pequeña trampa con las fotos, pero sí no lo habeis notado aunque fuera por un instante entonces también caisteis en el embrujo. :) jijiji mwhahahahaa!!!!

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