¿Contrastes? Sí, pues tras la tormenta (aunque sea tropical) siempre llega la calma. Y soprendentemente un cielazo azul de esos que no duran, pues se convierten en blancos tras la humedad y la bruma.
Es un lugar extraño, pero de alguna manera encaja en la zona del puerto de Yokohama llena de edificios extravagantes mirando a la bahía. El puerto internacional de Yokohama, el Osanbashi Pier, obra de un arquitecto español, Alejandro Zaera, es toda una experiencia.
Parece que no haya una sola línea recta en él, pero aunque las hay (atentos a la vista desde el cielo) uno se deja atrapar por sus curvas a lo largo y ancho mientras sus 34 mil metros cuadrados se adentran en el mar.
Fue este, o al menos su versión antigua, el primer puerto de Yokohama, allá por el 1889. En 1987 comenzó su remodelación que hasta que se terminó en 2002. El resultado es un moderno puerto por el que pasan 53000 pasajeros al año (no me parece una cifra demasiado alta para un año, pero en términos de viajeros en barco deben ser bastantes). Pero además de viajeros, el lugar es tan agradable que hace las veces de parque al aire libre para ver atardecer y tener una vista privilegiada al sol tras Minato Mirai.
La verdad una gozada de lugar, abierto a todo el mundo. Yo que nunca he vivido en ciudad con mar, es algo que estoy disfrutando muchísimo. Y eso que las olas de la bahía son bastante tranquilitas, como si fuera una piscina, pero el contraste de los grandes e iluminados rascacielos, con los reflejos en la superficie del agua es para quedarse hipnotizado.
Así que aprovecharemos mientras las noches se disfrutan con una chaquetilla ligera en contra de los insoportables calores húmedos del día, para refrescarse con la brisa y el olor a sal marina. Y si es de noche, mucho mejor.
Minato Mirai 21, es una de las partes más emblemáticas de Yokohama y como tal ya salió retratado según llegue aquí. “El Puerto Futuro 21″ como se podría traducir, es bastante nuevo, pues empezó a construirse en 1983 sobre tierra artificial robando espacio al mar. 700.000 metros cuadrados de nada. Si es que estos japos, se ponen a echar tierra y se le pasan las horas muertas. A día de hoy, todavía queda más de la mitad para futuros usos, pero la parte que han construido resalta, desde kilómetros y kilómetros de distancia.
Así que coged la chaquetilla que lo mismo refresca un poco y que disfrutéis de este anochecer virtual!