Inventar, crear, imaginar… cada uno llevamos un artista dentro, sólo que a veces nos dá miedo sacarlo, por temor a que nuestra obra, desde el más cuidadoso detallista al más abstracto, no sea comprendida, o por miedo a ganar millones y abandonar nuestro hermitáñico modo de vida, sustituyéndolo por la fama, paparazzis y líos de faldas con modelos superficiales.
Pero aún así, afrontando el riesgo que esto supone, el TATE Modern, el museo que nunca deja de sorprenderme, comandado por un grupo de estudiantes de Primero de diseño de 3D de la escuela de Arte de Camberwell, organizó el pasado sábado y durante cinco horas una serie de talleres para animar a todos los que pasaban por allí a liberar su mente de las fatídicas tablas de excel y derivados.
Atentos al menú, porque lo primero que nos llamó la atención fué ver como una gran superficie del suelo se encontraba completamente invadida por pequeños muñecos blancos impersonales, huérfanos de padres y madres…
… a la espera de ser recogidos por alguno de los visitantes, rezando para quedar bellamente decorado.
Vaya que si tuvo éxito la propuesta, que había luchar a capa y espada para conseguir una tijeras, un rotulador o un poco de fieltro para estilizar al susodicho. A las armas!!! Estiren los codos. En los riñones siempre mejor!!!
Talles copado mayoritariamente por adultos, apropiándose de los recursos de los más débiles y pequeños (hihi) mientras otros se dedicaban a construir periscopios…
… y otros a cumplir sus frustados sueños de arquitectura y carpintería diseñando estructuras con maderas y bridas y hasta cajas de zapatos con pequeños remaches de velcro…
… mientras una última parte se dedicaba a intentar atravesar el laberinto invisible (es cierto!!) y otros nos recreabamos con un caleidoscopio tamaño industrial!
juas!
Y para terminar, recuperar fuerzas con unas pastitas, café, té. Que el esfuerzo merece su recompensa!
¿Quién dijo que con el arte no se come?