En medio de Jigokudani, el valle del infierno, donde el agua hirviendo sale de entre las piedras, el macaco japonés se encuentra a sus anchas a pesar de las bajas temperaturas a 850 metros de altura.
Y es que aunque el mono de las nieves está perfectamente preparado para soportar el frío, además tienen sus propias instalaciones de lujo, porque al amparo de las aguas geotérmicas se encuentras unas piscinas “naturales” que hacen del remojo una delicia. Jacuzzi simiesco.
Envidia de los visitantes, que se mantienen torpes sobre el hielo y las nieves, mientras se plantean seriamente el acompañar a los monos en su baño. Cosa altamente desaconsejable (además de prohibida) pues gastan muy malas pulgas y aunque en este parque están acostumbrados a la presencia humana no dudan de enseñar los dientes y mirar con cara de pocos amigos si te acercas más de la cuenta.
A pesar del estado pseudo domado de estos ejemplares, es una oportunidad fantástica de poder observarles en su entorno y darse cuenta que no hay tanta diferencia entre ellos y nosotros.
¿O no?
















