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Descubriendo Euskadi: El video

Cómo ya sabéis estuvimos hace poco recorriendo el País Vasco con el equipo de Minube. En compañía de Zai Aragón, Txema León y con Joan Planas a la cámara, pasamos un día en cada capital. San Sebastián, Bilbao y Vitoria, que ya hemos contado por aquí. Quedaba, por lo tanto, ver nuestro arte en movimiento y nuestras dotes interpretativas para con la cámara. No quedarán defraudados los más críticos y al menos, espero, se lleven una sonrisa. De todas maneras, no se dejen eclipsar y disfruten de lo verdaderamente importante. Esas tres ciudades que bien merecen una visita (o varias, como es mi caso). :)

Previamente en el blog:

1. Photoshoot en la Concha
2. De pintxos y otros peines
3. Las tripas del Guggenheim
4. Vitoria, siempre abierta (con o sin obras)

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Vitoria, siempre abierta (con o sin obras)

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Vitoria fue la sorpresa. Esa joya escondida donde rebelar su secreta existencia genera debate entre los propios vitorianos, muchos de los cuales, orgullosos de su tierra, quieren que se conozca, pero al mismo tiempo ven con cierto recelo que eso se llene de gente, con lo bien que se vive allí. Me veo por tanto con la duda de que hacer. Pero esta vida es de valientes así que me arriesgaré con una pequeña ciudad llena de encanto.

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Y eso que la llegada prometía otro día más de lluvias en el país chubasco. Mi buen amigo Bret, vitoriano desde que nació (o eso dice él), me auguró un cielo cargado de nubes acompañado de un irónico “Bienvenido al trópico”.

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(Si llueve, que no cunda el pánico, el agua no puede impedir disfrutar de la cocina vasca más clásica en el Portalón… )

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(… o la más moderna cocina del Restaurante Ikea – Si, se lo aseguro, ellos estaban antes que los suecos – en un lujo de restaurante diseñado por Mariscal. Seguimos con la tónica de lo bien que se come en el país vasco)

No le faltaba razón, pero para unos mozalbetes como nosotros, no sería un poco de agua suficiente para detenernos al descubrir la capital de Álava y del País Vasco. El día así lo entendió, dejó de llover y se esforzó por darnos un jornada de claroscuros donde incluso pudimos ver y disfrutar el sol.

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Cosa que agradecía el encantador casco antiguo, con sus piedras y tejas brillando. Fue entrar por allí y sentir que llegaba la sorpresa, que había mucho que descubrir entre arcos, soportales y edificios de todos los siglos. Principalmente el gótico, que da estructura al casco viejo, con sus calles almendradas en uno de los complejos mejor conservados del mundo.

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(Un vecino del casco histórico)

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Pero también hay hueco para el romántico, pasando por el renacentista, el barroco y el neoclásico más unos cuantos edificios renovados que dan el toque moderno entre calles que mantienen sus nombres de la edad medieval. Cuchillería, Zapatería, Herrería, Pintorería…

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En lo alto de la colina, entre bosques de pequeñas casitas, se encuentra la Catedral de Vitoria, que goza de gran aprecio de ilustradas eminencias aquí y fuera de nuestras fronteras. En ella se inspiró el archiconocido Ken Follett para su catedral de “Un mundo sin fin” la continuación (algo/bastante/muy repetitiva) de su “Los Pilares de la Tierra”. Todo un honor o una maniobra de marketing que llevó a colocar Vitoria en el mundo. Para inmortalizar el momento una escultura del autor está situada a su frente, mirándola fijamente, escudriñando los detalles que luego habrían de aparecer en el libro.

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Leer esas páginas, podría ser una magnífica de visitar su interior, ya que se encuentra en pleno proceso de reconstrucción y de obras. El problema viene de lejos, desde su mismo origen allá por el siglo XIII, porque claro, la catedral no era tal, sino una iglesia. La iglesia de Santa María que ejercía de parte de la muralla de la ciudad.

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A partir de aquí y creciendo junto con la ciudad, empiezan las reformas, transformando la Iglesia/muralla en el templo gótico que tiene en la actualidad. Un proceso de varios siglos, que fue tomando forma, incluyendo una torre, varias capillas, altares… Crecía y con él los contrafuertes y arbotantes exteriores con la misión de sujetar el edificio.

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No tuvieron el éxito esperado. Tantas reformas habían acabado cambiando los equilibrios de fuerzas y los pilares empezaron a deformarse, los arcos a moverse y las primeras grietas en las bóvedas a aparecer. Estamos en el Siglo XVII. Se van solucionando los problemas con parches y pseudo reformas a lo largo de los siglos, que no arregla el proceso degenerativo. En 1994 se decide parar, cerrar la visita al público y hacer un plan integral que solucionase todos los problemas que arrastraba y tener al fin una estructura sólida que le permitiera aguantar sana muchos siglos más.

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Pero era una pena que el público no pudiera ni ver la catedral ni tener la oportunidad de ver la magnífica labor de restauración/recuperación/reconstrucción que se está llevando a cabo en su interior, así que se puso en marcha un programa llamado Abierto por obras. Una manera, supongo que única en el mundo, de visitar una catedral. Por encima de andamios, viendo las reformas de primera mano y con una guía que te explica todo el proceso, los materiales que se están empleando, lo que queda, lo que es nuevo, lo que viene.

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Confieso, a riesgo de parecerme un jubilado frente a una obra, que me encantó la experiencia, pero sobre todo me encantó ver la Catedral desde la inusual perspectiva que da la media altura. Sobre el suelo, más cerca del techo, en frente de las vidrieras. Para mí, otra sorpresa de la ciudad.

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Otra más fue pasear por el centro histórico, atravesar los infinitos bares de Cuchillería, descubrir gigantescos murales en las paredes, que son parte de un programa cultural que implica a los vecinos como artistas de su propia ciudad, o incluso encontrarte pasarelas autómaticas que ayudan a todos a subir las cuestas de las calles. Sobre la estética de los mismos, no opinaré, pero supongo que su diseño tan moderno habrá hecho que salga más de una ampolla. A mi como el contraste siempre me ha gustado, me encantó la mezcla.

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(Las pasarelas automáticas. ¿Pulgares arriba o abajo?)

Un par de apuntes más. El humedal de Salburua que es un oasis pegado a la ciudad en que desconectar y sentirte perdido en la inmensidad de la naturaleza y recorrer Vitoria en ciclotaxi. Ecólogicos, van a todo trapo y encima te forran de mantas de esas bien gordas, como las de casa de la abuela, para ver la ciudad bien calentito. Planazo, ¿eh?

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Abril 2012. Parte del Minubetrip por Euskadi

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Las tripas del Guggenheim

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Llovía incesantemente en Bilbao. La ciudad despertaba gris y fría a orillas del Nervión, algo bastante habitual en esas latitudes de la península, que no impide a los bilbainos hacer vida normal pero para nosotros, menos acostumbrados a ser regados, era el día perfecto para irse de museos. ¿Una apuesta segura en Bilbo? Indudablemente, el Guggenheim.

Este mastodonte curvilíneo de titanio junto a la Ría, puso la chincheta de Bilbao en el mapa mundial, abanderando la transformación de una ciudad que se desindustrializaba, recuperando toda la zona que antes había estado dedicada a fábricas y metalurgia. Esta transformación que comenzó hace a mediados de los 90 consiguió lavar la cara de la ciudad y ahora atrae a un montón de visitantes cada año.

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A Frank Gehry, el arquitecto del Guggenheim, hay que reconocerle mucha inteligencia a la hora de diseñar el edificio. Desde sus primeros garabatos ya tenía una idea muy clara de lo que quería conseguir, pero donde realmente brilló fue en la elección del titanio, como material principal en el edificio. Tuvo que cambiar sus planes iniciales de hacerlo en acero inoxidable, al entender que era incompatible con el gran porcentaje de días nublados de la ciudad.

El acero lucía poco bajo las nubes, pero en cambio el titanio, seguía desprendiendo colores en días oscuros. No fue esto un golpe de suerte, un eureka y lo tengo. Gehry estuvo más de un año haciendo pruebas con distintos materiales antes de decidirse. El único problema es que el titanio es bastante caro por lo que tuvo que usarlo en una aleación de cinc para reducir costes y además, las placas que recubren el edificio apenas tienen un tercio de milímetro de grosor, lo que además de ser un ahorro importante en el coste también permitía una mayor maleabilidad. Ideal para las formas de un edificio donde cada pieza está específicamente diseñada para el lugar que ocupa.

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Pero el probable que todo esto ya lo sepáis al igual que probablemente gran parte de las piezas de entro otros, Chillida, Tapies o Warhol. Un montón de obras de artistas modernos y muchas exposiciones que cambian permanentemente. Una visita de lo más culturizante. Pero ¿qué más puede aportarnos este museo? Pues desde hace un par de semanas una visita muy especial y original. El Guggenheim + (léase Guggenheim Plus).

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Un recorrido único a sus entrañas. Una oportunidad de ver como funciona se organiza un museo y la escala a la que se mueve todo. El inicio ya es de lo más original, no se entra por la puerta principal, si no por el muelle de carga, como si fueras una obra de arte más (que nadie duda que no lo seáis, eh?). Entonces comienzas a moverte por ascensores gigantescos y pasillos enormes. Las arterias del museo.

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Es entonces cuando uno se imagina como han llegado las obras a las salas y descubres todo el proceso, desde la burocracia para pedir permisos y autorizaciones, condiciones ambientales en las que se va a mantener la obra (temperatura, humedad, luz, etc), pasando por la propia instalación. Claro, no es lo mismo colgar un cuadro, que una escultura de 4 toneladas de una pared. Hay un trabajo de ingeniería civil detrás de todo esto. Paredes reforzadas, añadir columnas, cambiar paredes… cada exposición es un mundo.

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A veces incluso, las obras son tan grandes que no hay manera de meterlas en las salas ni siquiera a través de los ascensores industriales. ¿Solución? Pues se abre el museo. Se quita una de las paredes del edificio y se mete por ahí. Vamos, no me digáis que no se os había ocurrido, eh? Y luego te vas a por unos pintxos, un zurito, dos txacolis y te quedas tan ancho.

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Pero a parte de esto, hay muchas más cosas interesantes, como por ejemplo, visitar las salas de restauración, o atravesar la Ría por debajo, entre los intrincados pasillos de cables, luz y ventilación que mueven toda la energía, electricidad y aire del museo. Obras como la Niebla, que crea un centenar de chorros de agua pulverizada en las afueras del museo llevan toda una maquinaria por debajo que se puede admirar. Aumentan las dimensiones, no es sólo la visión del artista, es la de los ingenieros que la han podido llevar a cabo.

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Visitas al restaurante de alta cocina Nerua, o incluso a las salas donde se almacenan las obras que no se pueden exponer en ese momento, y como extra, subir a la azotea del museo. ¿No es mal plan, verdad?

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Ahora, les propongo un juego. Tras mi visita al museo y ver las exposiciones y sabiendo lo que nos contaron tengo dos dudas existenciales cuyas respuestas no me quedaron del todo claras, así que las dejo caer aquí, a ver como actuaríais vosotros.

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Caso 1: Un artista A, crea una obra que ocupa dos paredes de una sala del museo (Sala A). Otro artista B crea otra obra que por dimensiones solo se puede poner en la sala de encima de la primera obra, pero pesa tanto que hay que reforzar la estructura del museo y la única solución es colocar una columna en mitad de la sala A, con lo que la obra del artista A no se puede ver en todo su esplendor. Claro que el artista B es más importante. ¿Qué haríais? Es un mal menor? ¿Tiene o no importancia?

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Caso 2: Un artista C, crea una obra inmensa. Este artista genera espacios para que la gente interactue entre ellos. De hecho mucha de su obra anterior está al aire libre. El museo compra esta nueva obra y por lo tanto adquiere los derechos sobre ella. Al mismo tiempo el museo tiene una política de conservación por lo que la gente no puede interactuar con ella con la misma libertad que en si estuviera en un espacio público. Entre otras cosas, no puede tocarla. ¿Está por lo tanto el museo haciendo que la obra pierda parte de su valor? ¿Debería dejar que la gente la toque aunque eso acabe degradando la obra tal y como era la intención original del artista?

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Vamos, opinen opinen!!. Como ven salí del Guggenheim con muchas más cosas en la cabeza que solo arte. ¿Y saben qué? Me encanta esa sensación! De hecho, me fui habiendo aprendido un montón de cosas, que ni se me habían pasado por la cabeza. Algo más para hacer en Bilbao. :)

Más info: Guggenheim | Guggenheim +

(Bilbao, Abril 2012. Parte del Minubetrip por Euskadi)

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De pintxos y otros peines

Pintxos by La Concha 11

Josetxo estaba feliz, en su salsa, revoloteando y dando instrucciones en la cocina. Picaba las cebollas una tras otra en doble cincelado, sin mirar, mientras se marcaba alguna canción, un chiste, cortaba los pimientos a la jardinera, batía, mezclaba salsas y masas. Disfrutaba tanto, que era imposible no contagiarse y creer que uno (con sus obvias limitaciones) hacía historia en la alta cocina vasca a base de mimar hasta el más pequeño de los detalles que formaban esos fantásticos pintxos que enarbolan la bandera de la ciudad.

Pintxos by La Concha 25

Pintxos by La Concha 17

Las comparaciones eran odiosas, siempre lo hemos sabido, y hasta un ciego podía adivinar, sin probarlo, que pintxos eran los que llevan la mano maestra de Josetxo y cuales eran los nuestros cargados de no pocas imperfecciones. Desde lo que no se tenían en pie, pimientos asados que se rompían, masas sosas, presentaciones poco elegantes. Pero no estaba nada mal. ¡Voto a Bríos, que nos los comimos todos!

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Pintxos by La Concha 07

Costó, porque eran cantidades ingentes de comida (apenas una merendola, debía pensar Josetxo), pero acabamos con todo. Y no sólo eso, sino que a media que íbamos manchando el delantal, nos salían cada vez mejor. ¿Era eso cierto? ¿Era una ilusión? Bien podía serlo, porque el txacoli, no paraba de inundar nuestras venas.

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(El pintxo Gilda, un clásico básico de Donosti)

Allí, en el taller de pintxos de tenedor tours, las botellas de este característico vino blanco del país vasco no se acababan. Sería que mientras nos despistábamos, se descorchaban sin nosotros saberlo. Sería. Pero entraba como agua. Y mientras tanto, arriba esos pintxos. Espárragos cortados en finas tiras a la plancha, gambas rebozadas en harina y huevo antes de pasar por fideos y la freidora, unas cuantas gildas, croquetas, pimientos asados rellenos, anchoas fritas… ¡¡Que alguien nos detenga!!!

Pintxos by La Concha 09

Pintxos by La Concha 08

El propio taller había comenzado unas horas antes, cuando habíamos ido a hacernos con los alimentos pertinentes al mercado de la Bretxa. Situado en pleno casco viejo, era bastante moderno en instalaciones, pero conservaba el encanto de antaño. Piezas del mar pescadas en la misma mañana, que si han llegado ya las anchoas, que no, que aún no han entrado, que si me quiero llevar rape, pero no se como prepararlo. No se preocupe usted, que ya le doy yo unas cuantas recetas. Conversaciones que ser cruzaban entre carnes, pescados, quesos, embutidos y conservas.

Pintxos by La Concha 03

Pintxos by La Concha 02

No se vayan a pensar que nosotros somos muy duchos en productos de mercado (al menos yo no mucho, lamentablemente). No podía por tanto, caer la responsabilidad de la materia prima de los pintxos en nuestras espaldas. Nada más lejos de nuestra intención. Contábamos con la inestimable ayuda de Gabriella Ranielli. Gabriella llegó de Nueva York hace ya más de veinte años y disfruta de cada puesto del mercado. Conoce a todos y con cada pieza te puede hacer un montón de recetas. Quizás por eso, y por andar siempre sabiendo que se cuece en las cocinas vascas, ha sido nombrada como una de las 10 mejores guías gastronómicas del mundo. En resumidas cuentas, un lujazo.

Pintxos by La Concha 13

(Los cocinillas y los cocineros; Txema León, Zai Aragón, Joan Planas, Gabriella Ranielli y Josetxo Lizarreta)

Pintxos by La Concha 12

Fue sin duda una de las actividades estrella y más divertidas en San Sebastián. Si me preguntan, yo soy más de comer que de cocinar, pero tras pasar estas horas (casi cuatro), en la cocina con Josetxo, podía entender con más claridad, el amor que tienen los vascos por su cocina y como es la excusa sobre la que giran las sociedades. La gastronomía, uno de los pilares de la cultura vasca. Tanto, que a las tres horas de salir empachados de tanto pintxo, ya estábamos de nuevo en una sidrería (Astarbe en Astigarraga), dándonos al ritual del Txotx (que allí curiosamente se llamaba mojón) y su ya clásico menú de tortilla de bacalao, bacalao con pimientos, chuletón y queso con membrillo y nueces. Si no salimos rodando de Donosti, poco nos faltó.

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Pintxos by La Concha 15

Pintxos by La Concha 16

Pero el día había empezado mucho antes, viendo salir al sol sobre las esculturas de Chillida en el Peine de los Vientos, en una imagen inusual por lo tranquila. Quién conozca este punto en el extremo de Ondarreta, sabe que es famoso por que allí rompen las olas, generalmente gigantescas que llegan del Cantábrico. Sin embargo, nuestra madrugada, con la marea baja, dejó al descubierto las rocas tanto, que con un poco de cuidado y con algún que otro resbalón sin dramáticas consecuencias, pudimos bajar hasta pies del mar. Un día más tarde las olas, me comentó el amigo Gonzalo, rompían a 6 metros de altura. La importancia del momento justo.

Pintxos by La Concha 18

Pintxos by La Concha 21

Pintxos by La Concha 23

Sea como sea, por la mañana o por la tarde, la zona de La Concha y Ondarreta siempre dan buen juego fotográfico. Sólo con eso, las visitas a San Sebastián ya merecerían la pena. Pero es que hay tanto, que si el tiempo lo permite, es una gozada de ciudad. Lo confieso, me estoy volviendo un habitual. ¿La próxima? Cuando sea, pero seguro que pronto.

Pintxos by La Concha 24

(San Sebastián, Abril de 2012. Parte del Minubetrip por Euskadi)

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La Concha Photoshoot

Sunset in La Concha 05

Me trajo la vida de vuelta a Donosti, apenas para un día de tres recorriendo las capitales de Euskadi en un minubetrip que ha sido de lo más divertido. Así que pasamos a la carrera por San Sebastián, Bilbao y Vitoria, con unas cuantas historias diferentes y de lo más curiosas para hacer en estas ciudades, que irán pasando por aquí en breve. Pero mientras eso llega, les dejo con el improvisado photoshoot que nos marcamos Joan Planas, Zai Aragon y un servidor en el atardecer con que nos recibió La Concha. Un atardecer nublado y que debería haber sido nada memorable y que acabó con una buena dosis de risas.

Sunset in La Concha 03

Sunset in La Concha 01

Sunset in La Concha 02

Lo dicho, pongan un flash en su vida. :)

Sunset in La Concha 04

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Días de Sidrería

Días de Sidrería - San Sebastián 05

Con la marea baja, la playa de la Concha y Ondarreta era inusualmente grande para mí, y sobre ella habían florecido más de una decena de campos de fútbol, con una buena ristra de benjamines y alevines con el gol en mente. Los próximos Xabis Alonsos, decía la concurrencia. En la playa se mezclaban a lo lejos, el ruido de las olas junto con los gritos de los jóvenes, amplificados con los de los padres, desgañitados para que nadie se pudiera quejar de falta de ánimos.

Días de Sidrería - San Sebastián 03

Días de Sidrería - San Sebastián 02

Enfados e incluso lágrimas de los perdedores, quejas del arbitro enfrentadas a los momentos de júbilo de los ganadores, mientras mucha otra gente aprovechaba el nuevo espacio de arena dura y húmeda, para pasear, hacer algo de deporte y obviar las bajas temperaturas del cantábrico para darse un refrescante baño. Chaquetas y bañadores compartían imagen.

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Días de Sidrería - San Sebastián 06

Y en el cielo, ni una nube. ¿De veras estábamos en San Sebastián? Eso se nos aseguraba. No había muchos días de estos al año pero la ciudad estaba en la calle. Hacía un día memorable. Hasta la mar, que generalmente rompía con endiablada fuerza contra el Paseo Nuevo, estaba calmada, sin apenas olas. Bienvenidos a la piscina del Norte.

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No es que los bravos que se adentraban mar adentro no lo hubieran hecho con olas pero se había convertido más en un agradable paseo que en un ejercicio para forzar la máquina. A mi vera, el mítico Txema, me explicaba los entresijos de las regatas de traineras, las peleas y discusiones por evitar los carriles más cercanos a las rocas y como toda, absolutamente toda la playa, colinas y embarcaciones se llenan de genge y se reúnen en Septiembre para ver las regatas. Tomo nota. Debe ser para verlo.

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Días de Sidrería - San Sebastián 12

Pero no hacía falta esperarse a Septiembre para llevarse alguna sorpresa por las soleadas calles del Casco Viejo. A pies de la Catedral se alzaba un cocinero enarbolando un gigantesco tenedor con pose de lo más épica. Bueno todo lo épico que se puede estar con un tenedor gigante. What? What the fuck? ¿pero esto qué es? Y lo peor, es que no estaba solo. No. Le seguía una concurrencia de cocineros enfrentados a un grupo de soldados. Algo me había perdido yo. Me hallaba frente a una tamborrada. Breve por lo visto, y nada que ver con la que se monta el 20 de Enero. Otra nota para el Calendario.

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Días de Sidrería - San Sebastián 16

El día soleado era un extra, pero para nuestros planes, lo cierto es que no afectaban demasiado, pues consistían en doblarnos a chuletones y sidra aprovechando la época y lanzarnos a una de las sidrerías de la zona hasta salir rodando. No era mal plan y además, en la mejor compañía. En estos días en que vivimos a toda prisa y casi no tenemos tiempo para nada habíamos conseguido cuadrarnos unos cuantos para llegar de lo ancho y alto y vernos, que ya había ganas. Les dejo a ustedes elegir si la excusa era la sidra o verse.

Días de Sidrería - Aburuza 18

Días de Sidrería - Aburuza 03

Días de Sidrería - Aburuza 17

No era la primera vez que asistíamos a un evento similar. Como ven, nos quedamos cortos de razones para atiborrarnos. El proceso, para quién no lo sepa es el siguiente: Se llega a la sidrería elegida, en cuestión (en nuestro caso, la Sidrería Aburuza en Aduna), se procede a adentrase y recibir un vaso. Se pasa uno por los barriles de Sidra antes de sentarse. Se toman un par de tragos de Sidra y se sienta uno por eso de mantener las formas. Esto de mantener las formas solo dura un rato. Por si hubiera dudas.

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Se procede a hincar el diente a lo que pasa por la mesa. Llegado a este punto, hay que especificar que el menú se mantiene constante independientemente de que Sidrería se visite. Es siempre un clásico primer plato de tortilla de Bacalao, seguido de bacalao con pimientos para acabar con un mítico chuletón.

Días de Sidrería - Aburuza 01

Días de Sidrería - Aburuza 05

Días de Sidrería - Aburuza 11

Todo esto se acompaña de sidra, que se recarga al unísono al grito de “Txoootx!!”. Las reglas no escritas especifican que sea quién sea el que lo grita obliga al resto de los acompañantes a levantarse y acompañarlo para rellenar los vasos en la kupela que se elija. Se puede rellenar una, dos, n veces de vuelta a la mesa… según la sed de cada uno.

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Lo normal es que los platos que saquen sean aproximadamente uno para cada cuatro. Así hay una tortilla para cuatro, un plato de bacalao con pimientos para cuatro y un chuletón para cuatro. No en nuestro caso. Acabado el primer chuletón por grupo y dándonos cuenta de que estaba para rebañarlo, optamos por una segunda ronda carnívora. Acabada la cual, se votó y por unanimidad se aprobó llegar a una tercera. Vamos, casi a un chuletón por cabeza. ¿Quién dijo miedo? La ocasión lo merecía. Bueno, lo merecía porque no se me ocurre una sola excusa por la que no lo merezca.

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Después de esto y supuestamente para asentar lo comido, te traen un cestito de nueces y queso con membrillo, que acaba inevitablemente haciendo de capa superior en el estómago. Otra de tantas. Todo un goce para geólogos estomacales. He tenido días peores. Si. En serio.

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Los pasos posteriores, ya se los puede imaginar el respetable, pues aún quedaba mucha tarde por delante. Les dejo hacer apuestas sobre si cenamos o no… y mientras cavilan y asimilan lo terrible de esta última frase, les puedo asegurar que esta revisión de las sidrerías, no será la última. ¿Nos vemos el año que viene?

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(Algún día, hijo mío… esta kupela será toda tuya)

Por supuesto, para todos los que volvimos a reencontrarnos, muchas sidras después y por los nuevos con los que nos seguiremos encontrando dentro de otras muchas sidras y especialmente para Begoña y Jose María, por su fantástica hospitalidad. :)

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La Concha

La Concha - San Sebastian - 21

No había que dar demasiadas vueltas para entender el sentido el nombre. Bañada por un Mar Cantábrico que generalmente alcanza la orilla en calma, los uno coma trenta y cinco kilómetros de playa semicircular de la Concha convertían a sus arenas playeras en uno de los centros de San Sebastián.

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No es que le falten alicientes a la manejable y agradable ciudad, pero sin duda acercarse al paseo marítimo es uno de los mejores alicientes y discutiblemente una de las mejores cosas que hacer en la ciudad. Especialmente si el sol radia sin nubes que lo escuden (cualidad esta que se da de Pascuas a Ramos en el país Chu-vasco). Absolutamente maravilloso.

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La Concha - San Sebastian - 13

Me comentaba el agudo Pierre Nodoyuna, natural de esas tierras, que lo agradable de esos días soleados, a orillas del mar, debería, bajo juramento, ser uno de los secretos mejor guardados de la ciudad. Que más valdría a los viajeros imaginarsela siempre bajo un manto de niebla perenne, pues si no sólo quedará el excesivo precio de vivir en sus calles para ahuyentar a las hordas y continuar con si aire de pueblo en ciudad. He faltado a mi palabra, mi juramento con dedos cruzados no tiene valor, pero como negar lo innegable… que era una auténtica gozada recorrerla a pie.

La Concha - San Sebastian - 11

La Concha - San Sebastian - 04

La Concha - San Sebastian - 06

O cruzar la bahía en piragua, nadarla o correr sobre su fresca y recién mojada arena. Bah. El deporte, cosa de deportistas. Para muchos otros el mejor modo de leer un libro para bajar una descontrolado ataque a los pintxos de las barras. Ay oma que ricos. Apenas dio tiempo, pero el suficiente para relamerme durante un par de días más.

La Concha - San Sebastian - 22

Alguna fotito más, con olor a Cantábrico, por aquí.

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