(Post tardío, aunque vale más tarde que nunca, amparado en la dramatica reducción de horas del día que debo haber tenido en las últimas semanas, que si no, no me explico como no he tenido tiempo para nada. Si no, lo habría contado tal y como lo sentí un 30 de Julio de 2010)
El ladrón de instantes se supo perdido en el momento en que decidió guardar aquella foto borrosa en lugar de dejarla caer, sin piedad, al fondo de la papelera. Pero después de todo y aunque sólo el pudiera sentirlo, era la llave a lo más profundo de sus recuerdos. Un paisaje borroso desde la ventanilla de una autobús, un cartel, una sonrisa robada.
Siempre se sintió maravillado por como un pequeño botón, un pequeño clic, le ayudaba a cazar esos recuerdos, esos instantes en que la luz pinta la imagen de tal modo que necesitaba tenerlos para si mismo, poseerlos aunque fuera en forma de manto de pixeles.
Obsesionado con cazar ese momento que temía olvidar, que no soportara el paso del tiempo… y sin embargo, seguía pensando que las mejores fotos fueron las que nunca tomó. Porque había momentos que no se podían explicar tan sólo con imágenes.
Por eso, no encontró el instante que pudiera aclarar porque acabó volviendo más de una vez a San Francisco, el que explicara porque se sintió tan cómodo en una ciudad extraña donde inexplicablemente le trataron tan bien.
Y por primera vez, se olvidó de capturar tantos momentos o simplemente prefirió vivirlos sin una lente de cristal por medio. Atrás quedaron muchos paseos en bicis, muchos atardeceres frustrados, chupitos de hierba, quedar a comer en el parque o unas últimas pintas ya entrada la noche…
…burritos a las tantas, películas al aire libre embutidos en mantas o al calor del fuego, los huertos, la hamaca, el poder de las brujas, el olor a café que con tanto mimo se molía por la mañana…
… los planes improvisados que siempre salían bien, hacer girar con éxito un hulahop por primera vez, los karokes disney, encontrarse con Torrejón al otro lado de la bahía, confundir laguna con la una…
…ir de barbacoa en barbacoa y tiro por que toca, la sandía con vodka, los días de viento y lluvia en los que dudabas estar en verano, ver a México ganar en tierra mexicana, las cuestas abajo que iban cuesta arriba, el molino, el Pacífico…
… la comida vietnamita, las piscinas de hielo, las bolsas de papel no aptas para viajar en bici, los regular coffee anytime, anywhere, los experimentos con luz, el armario más grande que la habitación, volver a dibujar, volver a pintar, hablar de un viaje donde lo que menos importan son los destinos.
Cuando el ladrón de instantes, cerró en una fría mañana la mochila sabiendo que se marchaba, se dio cuenta, aterrado, de sus errores. Había pasado, sin planearlo, más tiempo del esperado en un mismo sitio, convirtiendo a conocidos en amigos, pero sin ser el suficiente como para evitar volver a la pesada sensación de que se iba demasiado pronto.
Sin embargo, mientras subía al avión que le alejaba de allí, cruzando un país de costa a costa, no se arrepintió de esas fotos que no había tomado. Esas no las olvidaría.
Indudablemente, para toda la gente fantástica que me encontre en SF. See you soon!


















































