Archive for Trekking

Los Lagos de Colomèrs

Val d'Aran 28

La furgoneta taxi se adentraba en el Parque Nacional de Aigüestortes y sin haber puesto pie en la ruta ya me tenía ganado. Hablando de montaña, soy un chico fácil. Y no fue una ruta dura, pero si de las más bonitas que recuerdo. Saltar de lago en lago por el circo de Colomèrs era ir de joya en joya. Todo un descubrimiento pirenáico encajado en uno de los Valles del Vall d’Arán. El valle de Valles.

Val d'Aran 29

Val d'Aran 06

Más tarde desde le Mirador de Baqueira Beret, se entendería perfectametne la orografía de la comarca. Un valle inmenso que atravesaba Vielha y la propia Baqueira, vertebrando una ristra de valles, entre ellos el que llevaba a Bahns de Tredós donde comenzaba la ruta con un día espléndido entre peñascos, ríos, prados, bosques y muchos lagos.

Val d'Aran 24

Val d'Aran 27

Val d'Aran 22

Seguíamos el camino que nos trazaba Dani, nuestro guía, alpinista de los de verdad, de los que se las ha visto con altas cumbres nevadas y que guarda vestigios de estas batallas con el frío y uno mismo a seis mil metros de altura, así que no podíamos estar en mejores manos. No es que necesitáramos de un experimentado guía para hacer este trekking, pero era un extra el poder deleitarse con sus historias en cordilleras perdidas.

Val d'Aran 21

Val d'Aran 16

Val d'Aran 11

Aunque esta no estaba nada perdida y sí al alcance de todos. Sólo hay que calzarse bien las botas y la exclusividad de estos parajes está a unos cuantos pasos. La verdad sea dicha, no hicimos el recorrido entero que lleva unas 7 horas, sino uno más corto que se mantiene en unas cuatro horas, pasando por el Lac Major, el Estany Mòrt para cortar luego el trayecto y llegar a la zona del Lac de Clòto de Baish, con lagos detrás de cada colina.

Val d'Aran 09

Val d'Aran 07

Val d'Aran 17

Sirvió esto como colofón de actividades para el Vall d’Arán, que aunque tiene su temporada alta en invierno gracias al esquí, también está muy vivo con mejor tiempo, donde se puede dar uno a los deportes de aventura o simplemente dedicarse a perderse por el valle, que tiene recorridos para dar y tomar uniendo diminuto pueblo alpino con diminuto pueblo alpino.

Val d'Aran 04

Val d'Aran 01

Val d'Aran 02

Esta comarca es, además, bastante curiosa. Tienes unos diez mil habitantes (aunque supongo que en temporada alta aumentará bastante) y tiene uno de los idiomas cooficiales de España, el aranés. Si lo sabías enhorabuena porque lo que es yo… no tenía ni idea. Pero sí, está al mismo nivel que Catalán, el Gallego y el Euskera. Disponen de su propia asamblea: El Consejo General de Arán y argumentan tener una cultura completamente distinta de la Catalana, así que también llevan tiempo clamando por su propia independencia, con un pacto de libre unión con Cataluña. Como observador inculto e ingenuo en este preciso instante de la historia es muy interesante, pues se produce un curioso dilema: en el hipotético caso de que Cataluña se separara de España ¿permitiría esta que el Vall d’Arán se separara a su vez?

Val d'Aran 05

Val d'Aran 03

Val d'Aran 19

Ahí queda la pregunta para quién la quiera argumentar. Lo cierto es que para otros nos bastó con poder hacer el hobbit por la montaña. Y esta es una manera excelente de tomarle el pulso a Pirineos, por sus bosques de pino negro que dejan paso a los suelos graníticos que se cortan en barrancos y sobre todo los lagos, algunos de aguas transparentes que invitan a darse un remojón. ¿Quieres probarlo? Pues no olvides el bocata y la cantimplora, que tardarás un rato en volver a la civilización.

Val d'Aran 18

Val d'Aran 15

Val d'Aran 25

Y yo que volví enamorado de la zona y haciendo caso a los consejos que me han llegado de unos cuantos sitios, me temo que tengo que plantearme repetir visita cuando bajen las temperaturas y el paisaje cambie drásticamente bajo un manto blanco de nieve. Que me confirman que no solo de esquí vive el aranés en invierno, y esos picos nevados ni quiero ni debo perdérmelos.

Val d'Aran 30

Y si quieres ver todo lo hicimos por allí en compañía de los incombustibles Miguel Egido y Miguel Loitxate, no puedes perderte el video que hizo un Joan Planas en estado de gracia (Y en el que nos permitimos un pequeño guiño en la introducción)… :)

Lo mejor de Val d´Aran from minube on Vimeo.

Parte del Minubetrip por el Vall d’Arán, Julio 2012. Todo lo que hicimos está en nuestro plan de viaje.

11 Comments

Día 307: El costoso esfuerzo de atravesar Mordor

(No me culpen, vivir en una furgoneta sin electricidad, no hace que las cosas sean fáciles cuando tienes que escribir y procesar fotos, pero si obvian las burdas excusas este post debería haber llegado un 22 de Marzo de 2010. Aviso que ha quedado un poco largo, así que tengan a bien prepararse algo de merendar)

Tongariro 01

“¡Veo en vuestros ojos, el mismo miedo que encogería mi corazón!”

Sauron, como temía, no lo pensaba poner fácil. En cuanto supo de mis intenciones de cruzar en Mordor, hizo la oscuridad, lo cubrió de niebla y se regocijó en la cima del monte del Destino. Pensaba que eso me iba a detener. Lógicamente, estaba equivocado.

Tongariro 06

(El Canario Milenario – de ala blanca – recorriendo Mordor)

Tongariro 05

Había llegado al parque nacional de Tongariro el día anterior, midiéndolo con la mirada, bordeando el perfecto e imponente cono del Monte Ngauruhoe (Monte del Destino) y el macizo que contenía al Ruapehu. Desde la distancia era impresionante. La idea era atravesar sus áridos suelos volcánicos, creados a base de lavas y erupciones, en lo que se considera uno de los mejores trekkings de un día de Nueva Zelanda: El Tongariro Alpine Crossing.

Tongariro 04

Tongariro 08

Tongariro 11

Aproveché la tarde de mi llegada para dar una vuelta por la zona y familiarizarme con el terreno. Subir a las estaciones de esquí, aún carentes de nieve, y ver de cerca el comienzo de las enormes, macizas y escarpadas montañas que le daban forma. Marrones y ocres, rocas, piedras y ni ún ápice de vegetación. Mordor estaba tan desolado como cabría esperar.

Tongariro 09

Tongariro 07

Claro que todas estas pequeñas pesquisas fueron un error. Habían alertado al Señor Oscuro de mi presencia. Cuando llegué al parking de Mangatepopo, punto de inicio de los 18 kilómetros del recorrido, apenas había luz. En su lugar, una densísima capa de niebla cubría todo. Apenas se podía ver a un centenar de metros. Maldito tiempo. ¿Qué hacer? ¿Rendirme? ¿Volver otro día?

Tongariro Alpine Crossing 03

(¿Estás realmente preparado para continuar el Tongariro Alpine Crossing? ¿Hace buen tiempo? ¡¡Pasopalabra!! ¿Tienes la ropa y equipo adecuado? ¡Calzoncillos limpios y cámara de fotos! ¿Estás en forma suficiente? ¡La duda, aunque razonable, ofende!)

Allí nadie, ni los abuelillos, se estaban dando la vuelta, así que no habría yo de ser menos. El orgullo machirulo. Siempre adelante, Saurones y nieblas a mí. Me cargué el macuto a la espalda y comencé la subida y lo cierto es que aunque iba a buen ritmo, no era nada disfrutable. La lluvia había hecho acto de presencia y no había ningún indicio que indicara que el tiempo iba a mejorar.

Tongariro Alpine Crossing 01

Tongariro Alpine Crossing 02

(¿Por que se les habría ocurrido rodar Mordor aquí?)

Dudé. Pero entre las dudas llegaba a la base del Monte del Destino. Subirlo añadiría unas horas más a la cuenta del maltrecho trekking. Pero, ¿como negarse?. ¡Era el Monte del Destino. Si todo se torcía y no podía completarlo, al menos habría hecho cima en su mítica cumbre.

Tongariro Alpine Crossing 04

La gente empezaba a retirarse. Vuelta a casa, grumete. El frío, la lluvia y la niebla hacían mella. Yo ya contaba que si el tiempo no mejoraba tampoco iba a perder el tiempo completándolo, pero al menos me quedaba la subida. Quién sabe, lo mismo en un centenar de metros, me encontraba por encima de las nubes. Sería, no cabía duda, una magnífica vista.

Tongariro Alpine Crossing 05

En seguida comprendí por que la subida al Monte del Destino está catalogada como “very hard”. Sin camino y sobre arena y resbaladiza volcánica sólo quedaba agarrarse como buenamente se podía. Un paso adelante y medio atrás. Como caminar por una enorme duna, pero roja, negra y rocosa. Un paso adelante y de nuevo la montaña te empujaba medio hacia atrás. Los tendones se resentían, las piernas se cargaban. Un paso más. Otro. Otro. Medio hacia atrás.

Todo en mitad de la niebla. Zigzageando como buenamente se podía. Buscando rocas firmes donde agarrarse con las manos. Pequeños alivios donde coger aliento. Un paso. Otro. Medio atrás. Arrastra. Sube. Carga. Piedras desprendiéndose mientras de vez en cuando un pequeño claro entre las veloces nubes. Pequeños retales de cielo azul que apenas duraban unos instantes dando esperanza y sentido a la subida.

Tongariro Alpine Crossing 06

Fue en vano. Llegamos a la cima donde sólo se podía ver… nada. Vientos gélidos de 50 kilómetros por hora que te hacían agarrarte con las uñas a las rocas, que sabiamente encontraban los recodos entre la ropa para helar la piel, lluvia que se clavaba y empapaba y una espesa niebla que sólo permitía intuir los metros más próximos. Hacer cumbre había sido lo más anticlimático que podría imaginarse. Sauron se lo estaba pasando en grande.

Tongariro Alpine Crossing 07

(Desde la cima. Esta cara de pena no es tal, pero con la lluvia y el viento azotando, fue lo más próximo que tuve a una sonrisa. Las gafas ya hacía tiempo que me las había quitado, pues con la que estaba cayendo, habían dejado de ser útiles para ver. En cambio podrían utilizarse como cantimplora)

Comenzaba la bajada, que sólo podía tomar forma de línea recta, bajando como un rayo por una pendiente que se desmontaba según se pisaba. Pequeñas avalanchas acompañadas de sendos culetazos hasta que acabé bajando corriendo, resbalando sobre las piedras. La subida había durado cerca de las dos horas, la bajada menos de media.

Rodeado de niebla, llegué al punto más bajo de la falda de la montaña. Si caminaba un poco más debía encontrarme con el camino. Pero no sucedió. En cambio me encontré con un muro de piedra sin el menor rastro de huellas, ni de otros caminantes. Habiendo pasado todo el día en penumbras, no había ningún punto que me pudiera servir de referencia. El zigzag de subida sin lugar a dudas había sido de lo más asimétrico, así que la linea de bajada me había desviado de donde debería estar. La pregunta era tan obvia como díficil de responder. ¿Me había desviado hacia la izquierda o hacia la derecha?

Tongariro Alpine Crossing 08

Era imposible saberlo. Pero tampoco podía quedarme esperando a que alguien me encontrara, quizás nadie pasaría por allí hoy y sin referencia visual no había mucho a lo que agarrarse. Momentáneos claros aparecían en el cielo. Solo se me ocurrió subirme de nuevo a lo alto de la montaña que tenía en frente para intentar que uno de esos claros me mostrara alguna pequeña parte del camino. Mis sentidos apostaban que me hallaba demasiado a la izquierda, así que tendría que girar hacia la derecha.

Subiendo la escarpada montaña rocosa me abordaron dos pensamientos. El primero era si finalmente acababa perdido sin encontrar el camino y conseguía algún punto de cobertura para contactar con los servicios de ayuda iba a ser las explicaciones que iba a dar a mi padre, montañero de toda la vida.

- Así que hijo, te has subido a una montaña que no conoces sin camino.
- …. esto… si…
- Y con niebla.
- …. mmmm …. ups…. si…
- (suspiro)
- pero…
- ¿pero?
- ¡Es que era el Monte del Destino!
- El monte del destino.
- Sí. El Monte del Destino. Sauron. Frodo. El anillo de único.
- …
- …
- (suspiro largo, profundo y rozando la desesperación)

El otro pensamiento, mucho más real y presa del creciente pánico iba dedicado a esas noticias de montañeros que desaparecen para aparecer despeñados y ciertamente, viendo por donde estaba subiendo, no iba muy desencaminado. No la caguemos ahora. No la caguemos.

Ninguna de las opciones resultaban de los más alentadoras, y quedarme allí perdido significaría pasar el día y la posible noche en un clima helado (que no tenía porque mejorar en los próximos días), así que ya podía ir encontrando el camino de vuelta y dejando que este lamentable episodio cayera en el más absoluto de los silencios.

Alcancé la cumbre para descubrir que el otro lado estaba claro, carente de nubes… pero no había nada reconocible allí. Ni un camino, ni una persona, nada. Absolutamente nada. Salvo unas, desde la distancia, diminutas torres de tendido eléctrico que se veían muy muy lejos.

Tongariro Alpine Crossing 09

(Si, así a simple vista no se ve nada, pero al fondo muy al fondo, estaban las buenas de las torres de tendido eléctrico)

Si mi memoria no me fallaba (y eso que no estaba yo muy seguro de que estuviera funcionando adecuadamente), sólo podía identificarlas como parte de la carretera por la que había llegado rodeando el parque Nacional de Tongariro, porque era el único recorrido donde las había visto. Si eso era correcto, podía hacerme una idea de donde estaba y todo apuntaba que mis sentidos habían apuntado incorrectamente. Había descendido demasiado hacia la derecha.

Comencé el camino de retorno, vuelta a la niebla, subiendo y bajando colinas, esperando encontrar alguna indicación del camino. La rodilla, que tan bien se había portado durante estos meses de viaje, empezaba a aullar. Lo que nos faltaba. Al perro flaco todo se vuelven pulgas. Pero afortunadamente, estaba en buen camino. Entre la niebla apareció un palote, que llevaba a otro, que llevaba a otro, que llevaba al camino. Suspiré aliviado, me paré cinco minutos para descansar y emprendí el camino de regreso sabiéndome derrotado y con la rodilla avisándome que tendría noticias de su abogado.

Tongariro Alpine Crossing 11

(La vista atrás y la masa de nubes que asolaba el camino)

Tongariro Alpine Crossing 10

Pero muy lejos entre mis intenciones estaban las de rendirme. Mi intención era reintentarlo al día siguiente. Las fotos que había visto de la travesía eran demasiado bellas como para no vivirlas. Habría de darle una segunda oportunidad. Ahora sólo me quedaba centrarme en recuperar la rodilla para el día siguiente, así que utilicé el infalible método de irme al pueblo más cercano, buscar la hamburguesaca más grande que pudiera encontrar y acompañarla de una cerveza. Ríete tú del Dr del Corral.

Tongariro 12

(Vive en el aguaaaa… frescaaaa y claaaaraaaaa)

Sorprendentemente, me despertaba con la rodilla como un melón. Mi método infalibe de recuperación no había funcionado. Malas artes de Saruman. Nada que no ensombrezca mi ánimo. Volvía de nuevo al inicio del camino… para volver a encontrarmelo en la más oscura de las nieblas. Bien está una vez y yo soy muy de repetir… pero reintentarlo era absurdo. 18 kilómetros sin ver nada no se merecían el esfuerzo. Hay que saber perder.

O bien, saber esperar. Me dirigí al puesto de información de la cercana población de Whakapapa con la intención de averiguar el tiempo de los próximos días. Parecería inteligente el haberlo hecho con anterioridad, pero pronto descubrí que tanto el hacerlo como el no, carecía por completo de sentido. El tiempo cambiaba más rápido de lo que los meteorólogos eran capaz de predecir aunque las previsiones prometían más desfiles de nubes.

Tongariro 10

Decidí esperar un día más. Eso me retrasaba aún más tiempo y empezaba a temer que el tiempo en la isla Sur sería aún peor, así que no podía perder más tiempo en la Isla Norte. Así que compré via Internet el billete para el ferry que cruzaba ambas islas para dos días después. Eso quería decir, que si como preveía el tiempo se volvía horrible, podría viajar tranquilamente hasta Wellington para tomar el ferry. Si en cambio y contra pronóstico el tiempo se tornaba bueno, haría el trekking, los 18 kilómetros de la muerte y después me tocaría conducir como buenamente pudiera hasta Wellington. Sea como fuera, no podía retrasar más mi llegada al Sur.

Tongariro Alpine Crossing 12

Tongariro Alpine Crossing 13

Desafiando toda lógica, el día amaneció sin una nube. El mismo conductor del autobus se rascaba la cabeza sorprendido. “Tengo las prediciones metereológicas de hace tan sólo tres horas… y dan como todo nublado. Esto no tiene ningún sentido”. Ah. Que viva la falta de lógica. Llega el momento de la revancha. Con la llegada del alba del tercer día, volvía a entrar en Mordor por segunda vez.

Tongariro Alpine Crossing 15

Tongariro Alpine Crossing 14

Tongariro Alpine Crossing 20

Me atiborré de barritas energéticas y comencé a tirar millas como si no hubiera un mañana (el día que las discotecas descubran las barritas energéticas se va a montar gorda, ya veréis, ya). No debía, pero era inevitable. La emoción volvía a cernirse sobre mí. Las vistas desde el Monte del Destino debían ser fantásticas. ¿Como evitar la tentación? ¿Cómo convencerme de que el sufrimiento iba a merecer la pena? No había manera, iba a merecer la pena. Lo sabía.

Tongariro Alpine Crossing 19

Tongariro Alpine Crossing 16

(Aquí una cuesta, aquí unos amigos)

Tongariro Alpine Crossing 21

(Si, hay pequeños, ínfimos puntos que son personas… y ninguna eran ni Frodo ni Sam)

Vuelta a desviarme del camino, montaña arriba. Otra vez el trabajoso ritual de los dos pasos hacia adelante y otro hacia atrás. Arrastrar y subir. Siempre adelante. Las nubes amenazaban desde la distancia y no podía estar seguro de cuando tiempo tendría por delante, pero no pensaba darles tregua. Otro paso más. Otro. Otro. Vamos señor Frodo. Otro más. Resoplar, coger aire y vuelta a la carga. En menos de dos horas coronaba la cima. Y ahora sí, ahora podía disfrutar de la magnifica vista que se me había negado con anterioridad. Había merecido la pena.

Tongariro Alpine Crossing 25

Tongariro Alpine Crossing 24

Tongariro Alpine Crossing 26

Recordé las palabras de Edmun Hillary. “No es la montaña a quien conquistamos. Es a nosotros mismos”. A 2287 metros de altura, sobre el cráter del Monte del Destino, el mundo era mío.

Tongariro Alpine Crossing 23

Lo que quiere decir que fuera un mundo cómodo. El viento soplaba con la misma fuerza que le recordaba y el frío volvía a meterse entre las capas del cuerpo, así que muy bien, prueba superada, foto, una última mirada y de nuevo para abajo, que quedan unos cuantos kilómetros que completar.

Tongariro Alpine Crossing 27

Tongariro Alpine Crossing 28

Tongariro Alpine Crossing 32

(La comunidad del Anillo… ¡¡¡son nueve y todo!!!)

El paisaje volcánico era tan desolador como bonito. Descendiendo por la cuesta pude reconocer facilmente con algo de vergüenza las partes por las que me había perdido en el intento anterior. Todo es tan fácil cuando puedes ver.

Tongariro Alpine Crossing 30

Tongariro Alpine Crossing 31

Tongariro Alpine Crossing 33

Tongariro Alpine Crossing 34

(No se froten los ojos, es cierto, una grieta en la montaña que emocionaría al mismísimo Freud)

Cruzaba la infinita planicie ocre entre el volcán Tongariro y el Ngauruhoe (Monte del Destino), ascendía las cuestas que me llevaban al crater rojo, seguía subiendo para encontrarme en el descenso con los lagos esmeraldas, rezumando azufre, antes de llegar al enorme lago azul. Era todo tan irreal, tan fantástico, que sólo podía disfrutarlo.

Tongariro Alpine Crossing 35

Tongariro Alpine Crossing 36

Tongariro Alpine Crossing 37

Tongariro Alpine Crossing 39

(Foto dedicada a la Choupa, que seguro que le trae buenos recuerdos)

Tongariro Alpine Crossing 44

Comenzaba el descenso hacia Ketetahi, dejando atrás los picos que ya comenzaban a ser devorados por las nubes para perderme en el fondo del valle. Esta vez llegaste tarde Sauron. Lo había conseguido y ahora, antes de que los músculos se enfriaran y mi cuerpo cayera en el más profundo de los cansancios tenía unas cuantas horas de viaje hasta Wellington.

Tongariro Alpine Crossing 43

Tongariro Alpine Crossing 46

¿Donde había dejado las barritas energéticas?

Para mis padres, que me enseñaron a amar y a respetar a la montaña.

39 Comments

La ligerísima subida al Takao San

Takao San 14

Las pocas horas que teníamos de sueño no impidieron que al empezar a sonar los telefóno anunciando el magnífico día soleado que aparecía tras unas semanas de tiempo horrible, nos pusieramos en marcha hacia el monte Takao. La subida a este monte, el Takao San, es uno de los paseos más fáciles, agradables y más utilizados para desconectar por parte de los tokiotas.

Takao San 07

Takao San 02

Y en verdad que no supone ningún gran esfuerzo, ni siquera para un panceta cómo yo, pero por si tuvierais dudas os diré que hay japonesas que lo suben por su camino más fácil en tacones. Antes muerta que sencilla. Fashion hasta en las trincheras! Total estos 600 metros de altura son para un pack familiar y aunque ahora la primavera empieza a despuntar, parece ser que siendo un monte principalmente de momijis se convierte en una autopista de personas en Otoño para poder ver el Koyo.

Takao San 08

Takao San 09

Takao San 10

Aún así, como era un día de sol deseado había bastante gente y los “konnichiwa” al cruzarse con la gente se solapaban sin remedio. Las vistas desde la parte de arriba no son excepcionales pero si muy agradables, aunque debe mejorar cuando el Fuji se recorta contra el fondo. Lamentablemente se mantuvo oculto bajo una cortina de bruma y nubes, para variar. No gusta el Fuji del mínimo calor.

Takao San 04

Takao San 12

Takao San 03

Además, la compañía era inmejorable. ¿Que más se puede pedir?

Takao San 13

Vale, si, por pedir, algo de comida, ya… ¿Que os parece la Soba especial de Takao San? :) Recordad hacer todo el ruido que podáis al sorber!

Takao San 01

Más fotos, tranquilas, calmadas y de paseo al sol, aquí.

11 Comments

8 horas no son nada. O como el honor es lo primero que se pierde. Tanzawa (y 2).

- Ignacio, Ignacio… despierta hombre, que ya son las 5.00 de la mañana…
- Ay, ay, finnco minautzitofs máa – dijo adormecido sintiendo aún entre sueños como cada músculo de su cuerpo dolía. Y dolía. Y mucho. A su lado acompañando la incomodísima almohada, un pie japonés.
- Venga, cachoperro. Que ya están todos levantado.
- Groumph. Groumph. – Más dolor. Todo él era una agujeta.
- Mmmmm… mmm…. Ignacio? ¿no vas a hacer una foto del amanecer? Está apareciendo la línea anarajada en el horizonte.

Mierda.

Estaran conmigo en que eso es juego sucio.

Tanzawa 41

Aún con la legañas ocupando la mayor parte de mi cara, la boca pastosa, el pocopelo revuelto, agarré el trípode y salí sin muchos miramientos a la helada intemperie. No suelo ser de los que ven demasiados amaneceres, pero si son similarmente inversos a los atardeceres, sabía que no tenía demasiado tiempo antes de perder esos maravillosos momentos de luz.

Tanzawa 42

Tanzawa 46

Dado que el grueso del pelotón no se quejaba demasiado y sin reparar en que todavía andabamos anestesiados y drogados por el viciado ambiente donde habíamos dormido decidimos en un acto irreflexivo que eramos unos auténticos machos ibéricos y que nos sobraban fuerzas para dar y tomar y hacer la etapa reina por los picos de Tanzawa. Debería estar prohibido la toma de decisiones antes de las doce de la mañana. Por ley.

Tanzawa 45

Pero claro, pongánse en nuestra situación. Habíamos avanzado el día anterior parte de la etapa más fuerte y volver sería desperdiciar todo ese esfuerzo más haber compartido cama con 80 japonesese para nada. Volver sería, en resumidas cuentas, un acto de cobardes. Habría sido totalmente coherente con nuestra forma física. Pero de cobardes al fin y al cabo. Y eso, nunca. El orgullo machirulo es lo que tiene.

Tanzawa 48

En verdad el orgullo machirulo lo que tiene es que dura lo justo para que lo acabes maldiciendo. Para llegado el momento de “no return” y te lleves las manos a la cabeza diciendo “quién me mandaría a miiii”, mientras cruzas curvas de nivel como si no hubiera un mañana. Porque si, amigos, si habeis hecho alguna vez una ruta montañesa, lo habitualmente más normal es que el camino intente, en la medida de las posibilidades, mantenerse a lo largo de una curva de nivel.

Tanzawa 50

Tanzawa 51

Eso sería lógico. Pero nada más lejos de la realidad. Cual dibujos animados por la silueta de las cordilleras no hacíamos otra cosa que subir montañas, para volver a bajarlas, para una vez llegado a lo más profundo, volver a subirlas, en un acto absurdo sin límites que iba minando nuestras escasas fuerzas al tiempo que reducía considerable y lamentablemente nuestra velocidad de crucero.

Tanzawa 52

Tanzawa 53

Vayamos a los hechos. Fuimos sin lugar a dudas los más jóvenes de cuantos nos encontramos por el camino. Por un amplio margen. Y fuimos (corroborado por un juez) los únicos que no adelantamos a nadie en todo el día. En cambio los japoneses y japonesas sexta o heptagenarios, no tenían ningún inconveniente en adelantarnos por los lados para desaparecer en la lejanía.

Tanzawa 56

Tanzawa 55

Algunos incluso rozando la vergüenza más vergonzosa, nos mandaban palabrás de ánimo en las subidas. Ganbate ne!!! Incluso hubo quienes nos aplaudieron en una de las cumbres. Nos habríamos puesto rojos si tuvieramos algo de sangre en el cuerpo, pero el honor ya hacía mucho que se había perdido, probablemente en la parte más baja de alguno de los valles y pongáse usted a bajar a por él… que luego hay que volver a subir. Total, el honor siempre ha sido algo sobrevalorada.

Tanzawa 58

Tanzawa 59
Abuelitos zampando mientras veían alegremente como nos arrastrabamos…

Lo que no estaba sobrevalorado para nada, era el tiempo que disponíamos de sol y cómo en las últimas bajadas nuestras piernas habían dejado a un lado el poco vigor que en algún momento tuvieron para convertirse en algo similar al blandiblu. Claro que poco tiempo quedaba para quejarse. El sol bajaba imparablemente sobre el horizonte y como no, nuestro ritmo de tortuga coja nos había retrasado más de lo esperado (a pesar del tiempo que habíamos recortado el día anterior). Habría que sacar fuerzas de donde no las había y bajar, correr todo lo que las piernas nos daban para intentar evitar la llegada de la noche.

Tanzawa 60

Tanzawa 62

No lo conseguimos, pero por muy poco. Ya teníamos las pupilas en su máxima dilatación intentando evitar los hoyos, las ramas zancadilleadoras y los abruptos cambios de nivel, cuando encontramos la carretera que nos había de llevar al pueblo. A pesar de que la noche nos cubría completamente, ya no había posibilidad de pérdida (aunque nunca habría que subestimarnos) y en algo más de un kilómetro encontrabamos el bus de regreso, donde como podía imaginarse dimos la imagen más demacrable que se podía dar tras dos días de ruta continua, de sol a sol, sin ducharnos, con capas y estratos de sudor y roncha y con unas ganas terribles de llegar a casa y esta vez si, tener un tú a tú muy muy serio con la cama.

Tanzawa 64

Pero eso si, nadie podía quitarnos de la boca la sonrisa de haberlo logrado. De haberlo conseguido y además de haber tenido el placer de disfrutar de la montaña de una manera que no muchas personas pueden hacerlo, en un paraje impresionante, en un fin de semana espectacular y además con el beneplácito del Monte Fuji.

Ahí es nada.

Tanzawa 43
Unas cuantas fotos más, cansadas y sudadas, aquí.

21 Comments

Repetimos. ¿Quién dijo miedo?. Tanzawa (1)

Dicen que el ser humano tropieza y retropieza con la misma piedra. En toda esta supuesta inconsciencia siempre hay algo de masoquismo escondido, agazapado entre los plieges de la personalidad. Y si no explíquenme como es posible que tras la agotadora experiencia de hacer cima en el Otake San, en una ruta clasificada como easy-medium por la cabra montesa que escribió la guía de la lonely planet, decidieramos no sólo repetir, si no además decantarnos por una de nivel medium… y de dos día de duración. Carne de psiquiatra, se lo digo yo.

Tanzawa 01

La cosa ya comenzó a ponerse interesante cuando los ojos de la encargada de la oficina de información de la zona perdieron su forma rasgada oriental para convertirse en dos círculos perfectos fruto del asombro al contarle nuestro planning inicial. Pero ni siquiera el hecho de que además nos dira unas lecciones e instrucciones por si nos encontrabamos con un oso tampoco acabaron por intranquilizarnos. Cosas del gen de la despreocupación ibérica tan opuesta al sobreproteccionismo japonés.

Tanzawa 02

Tanzawa 03

A sabiendas de que el recorrido iba a ser largo y con la mente fija en uno de los refugios de montaña al que habríamos de llegar a pasar la noche, no nos entretuvimos demasiado y comenzamos la subida. Aquí es donde nos dimos cuenta del porque del masoquismo. Aunque supieramos que las agujetas iban a ser nuestras compañeras durante unos cuantos días preferimos abandonar la comodidad acogedora del sofá para encontrarnos con quizás la mejor muestra del Otoño que he visto en Japón. Juzgen. Juzgen.

Tanzawa 08

Tanzawa 12

Tanzawa 13

Tanzawa 07

Tanzawa 10

Tanzawa 14

Un pasillo de colores que nos acompañó durante gran parte de la subida. Precioso. De esas veces que acabas completamente embriagado no eres capaz de asimilarlo todo. No sería la única de las sorpresas de esa subida, pues entre los recodos y asomándose entre las ramas de los árboles nos esperaba el imponente Fuji.

Tanzawa 17

Sin lugar a dudas en esta ruta ha sido donde mejor lo he podido ver desde que estoy en Japón. Tanzawa se encuentras apróximadamente a mitad de camino entre este y Tokio y tuvimos la suerte de tener un día claro, clarísimo. Todo un regalo. Su vista nos habría de acompañar durante gran parte de la subida, lo cual, aunque no allanaba el camino, ciertamente era un estupendo aliciente.

Tanzawa 21

Tanzawa 26

Tanzawa 24
El Fuji y la tortilla de patatas. Dos mundos se encuentran.

La subida se iba recrudeciendo, las nubes iban bajando hasta que la niebla nos cubrió y el paisaje se convirtió en un escenario de Tim Burton hasta que alcanzamos a media tarde y con aproximadamente aún una hora de luz, el refugio al que pensabamos de llegar. Bien. Bravo por nosotros.

Tanzawa 29

Tanzawa 28

Tanzawa 27

A partir de aquí comenzaba la toma de decisiones. La japonesa de la oficina de información nos había advertido que si queríamos hacer lo que nos proponíamos en dos días lo mejor sería avanzar hasta el siguiente refugio a algo más de una hora y media de camino o de lo contrario el día siguiente sería demasiado largo para los cortos días de otoño-invierno. En ese momento con la fuerzas justitas después del primer día nos cuestionabamos nuestra capacidad de hacer el segundo día completo (unas 8 horas de ruta según la guía), así que siempre podríamos quedarnos en este primer refugio y volver por el mismo camino de vuelta al día siguiente o intentar un recorrido de vuelta alternativo desde ese mismo lugar, lo que sería una opción intermedia. Procedan a votar.

Añadiremos más detalles a la operación. El refugio en el que nos encontrabamos era moderadamente grande con capacidad para unas 80-100 personas y el siguiente era sustancialmente más pequeño con una capacidad de 30-40 personas… y según nos informaban, ya se esperaban unas 80. Ejem. Ejem.

Hagan sus apuetas damas y caballeros. Efectivamente. La única opción improbable es la única digna para unos heróicos caballeros de la lorza como nosotros. Andar una hora y media, cuando sólo quedaba una hora de luz y llegar al albergue pequeño que se antojaba masificado. Y al día siguiente… muerte y destrucción. O algo parecido.

Tanzawa 31

Y ciertamente aunque llegamos rozando la oscuridad, esta hora entre nieblas que se abrían puntualmente mostrando los últimos rayos de sol bañando las motañas nos dejando momentos de increible belleza.

Tanzawa 34

Tanzawa 32

Tanzawa 35

La capacidad de los refugios de montaña está completamente sujeta a las leyes de la relatividad. Principalmente porque estando los refugios separados una distancia media de dos horas y en mitad de una estación temporada donde las temperaturas bajan soberanamente en cuando desaparece el sol, los encargados del refugio tienen la obligación de acoger a todo el que llegue. Descubrimos que los 80 inquilinos que se esperaban esa noche no eran para nada un rumor y las instrucciones fueron claras: Un futón para cada tres.

Tanzawa 36

Volviendo a las matemáticas básicas y teniendo en cuentas que nosotros eramos cinco, un afortunado japonés tuvo la suerte de compartir un tercio del futón con nosotros ante su pavor, pues lógicamente sobrepasamos con bastantes creces las dimensiones del japonés medio. Cosas del azar. Nos diculpamos repetidamente por ser como somos e intentamos cuadrarnos de la mejor manera posible. Pero lo mirasemos como lo mirasemos no iba a ser una noche confortable, por mucho que el roce hiciera el cariño.

Tanzawa 37

Cosas del azar, de nuevo, tuvimos la gran suerte de que tras la cena (gloriosa por cierto) quedaba justo un futón libre al lado del nuestro y Santa Rita, rita, lo que se da no se quita. A la ropa que hay poca. Invasión expansional para relativo alivio de nuestro japonés y de nosotros mismos que pasabamos a tener la nada desdeñabale cantidad de medio futón por cabeza. Lo cual seguía siendo insuficiente en un ambiente apretujado donde las cabezas de unos tocaban con los pies de otros en un acto de confraternación total.

Tanzawa 40

Por cierto, cuestiones de probabilidad. ¿Cuales son las posibilidades de que en un lugar cerrado con 80 personas… niguna de ellas ronque? Efectivamente, nulas. ¿Y cuantas son las posibilidades de que un Ronking-kong te amenize la velada al lado de tu oreja?

Siempre fuimos gente afortunada. Ejem.

12 Comments

Otake San. El lobo vestido de cordero. O los oficinistas fofos se van a la montaña.

Mitakesan 01

Todo comenzó de la manera más simple. Pablo, en un acto inocente (o eso creíamos) nos animaba a apuntarnos a hacer un ligero trekking por los montes cercanos de Tokio. Unas cinco horas de ruta facil/moderada, según los autores de “Hiking por Japón” de la lonely Planet. Claro que por aquel entonces no sabíamos que el autor de la susodicha guía se había subido el himalaya en bañador, descalzo y con los serpas en la espalda, porque en uno de esos momentos de ya no hay vuelta atrás descubrimos que su nivel de facil/moderado no correspondía para nada con el nuestro. “Muy adecuada para familias” decía el jodío. Si, para romperlas.

Mitakesan 03

Pero no adelantemos acontecimientos ni muñecos de vudú y vayamos al principio, a ese hermoso y magnífico día soleado, fantástico para empezar a disfrutar del koyo (el cambio de hoja otoñal). La cosa ya empezó a prometer cuando nos perdimos en el tren, pero nada preocupante para unos valerosos y atrevidos gaijines como nosotros. Conseguimos llegar a Takimoto y desde allí el teleférico que subía a Mitake San. Una vez allí comenzaba el paseo, y mientras nosotros, jóvenes de cuerpo y espíritu no realizabamos ni un mísero calentamiento de dedo, un grupo de abueletes estiraban cada músculo en un ejercicio conjunto de estiramientos. Primera señal. Ignorada.

Mitakesan y Otakesan 04

El día, eso sí, no podía ser mejor. En breve llegamos a la Mitake-jinja capilla de modera, dicen que de 1200 años de antigüedad, que culminaba el Mitake San, en un enclave precioso y viendo como es cierto que el Otoño empieza a llegar a nuestras vidas (de lo cual y aunque no tenga nada que ver lo que aquí estamos tratando, me congratulo, por que el Otoño ha sido, es y será mi estación del año favorita).

Mitakesan y Otakesan 06

Mitakesan y Otakesan 07

Mitakesan y Otakesan 08

Mitakesan y Otakesan 14

Mitakesan y Otakesan 15

Comenzamos entonces el recorrido pintoresco que habría de llegar al Otake San. Un recorrido francamente bonito, rodeado de bosque profundo, salvaje, con un camino de corte cabrío (de cabras, vamos) donde nos dabamos cuenta de que ibamos en sentido descendente. (Nota mental: si estamos bajando y el objetivo es subir al monte más alto de la zona… la físicas no fallan… mmmmmm…. me estás queriendo decir algo?)

Mitakesan y Otakesan 16

Mitakesan y Otakesan 17

Mitakesan y Otakesan 18

La siguiente parada del camino fue al arrullo de una pequeña cascada. Momento oportuno para zamparnos un minibocata de jamón serrano (cortesía clawlegera), algo de fruta y de darnos cuenta de que era más de la una de la tarde y no llevabamos ni un cuarto del recorrido que esperabamos hacer. Nada grave. Si no tenemos en cuenta que a las seis ya es noche cerrada. Segunda señal. Ignorada de nuevo. Lalala. Coros celestiales.

Mitakesan y Otakesan 20

Mitakesan y Otakesan 21

Apretamos ligeramente le paso, bordemos el riachuelo durante un buen rato, bajo la sombra de los árboles hasta que llegamos a la siguiente cascada, momento en el que se señalaba que el tiempo estimado a la cima del Monte Otake era de una hora. Tiempo local, las dos y media. Hagan sus cuentas caballeros.

Mitakesan y Otakesan 22

Mitakesan y Otakesan 23

Mitakesan y Otakesan 34

Hubo quién sabiamente (o cobardemente según las fuentes) decidió batirse en retirada, mientras el resto activaba el modo Uruk-Hai ON, para subir ladera arriba como si no hubiera un mañana. El ritmo Uruk-Hai, duró lo que os podéis imaginar… lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks y cuando hubo que empezar a hacer el gollum por el monte, usando las cuatro extremidades a través de rocas, comenzó la rodilla a ponerse como un melón, pidiendo el divorcio, alegando malos tratos, mientras el bazo se ponía de su parte y al final de mucho esfuerzo, sudor y algún grito de desesperación alcanzabamos la cima del Monte Otake. 1266 metros con un regalo inesperado. En la lejanía, medio difuminado por un sol cegador se alzaba imponente el monte Fuji. Justa recompensa para la carrera que nos habíamos dado. Lo habíamos alcanzado en sólo media hora (Los Uruk-Hai somos asín).

Mitakesan y Otakesan 25

Mitakesan y Otakesan 29

Mitakesan y Otakesan 30

Mitakesan y Otakesan 31

Tiempo de bajar, pero dado que consideramos que ibamos bien de tiempo decidimos hacer la ruta como se indicaba originalmente y seguimos el camino hacia Okutama, en lugar de retroceder por donde habíamos venido. Fuimos advertidos por unas ancianitas, que no insistieron mucho al ver que eramos unos machos fuertes y fornidos. Retroceder ni para coger carrerilla. Además si habíamos hecho en media hora lo que los carteles indicaban como una hora, cuanto podríamos tardar en hacer los 5 kilómetros que nos separaban de Okutama y para los que se supone que la guía permitía tres horas? Muerte y destrucción. Por Frodo!! (Tercera señal, ignorada, de nuevo… a partir de aquí, ignoración de los dioses).

Empezamos a darnos cuenta de nuestra equivocación, tras bajar y subir dos montañas, pues el camino consistía en seguir el filo de las montañas, cruzando curvas de nivel como si no costaran. Pero costaban. Y las rodillas iba diciendo que aparte del divorcio quería el coche, el chalet en la playa y hasta mi colección de DVDs. El ritmo caía, el camino desparecía y los kilómetros entre rocas y rocas se iban haciendo lentos lentoooos leeeentoooooos. Estabamos sin agua, sin comida, sin cobertura de móvil y sin posibilidad se ir por ningún otro lado que no fuera haciendo el pingball contra los árboles por las laderas cuasiverticales de las montañas. y el sol se iba poniendo despacito pero incansablemente tras las montañas.

Mitakesan y Otakesan 32

Efectivamente. Se puso del todo. Con la preparación que llevabamos sólo nos quedó tirar de palos para ir tanteando el camino (¿como era la expresión… dar palos de ciego?). Cuidado, hoyo! fango! Esto resbala. Culetazo. Plof. Chof. Ay. Uy. Agujero Negro. Pozo sin fondo. Foso. Ay. Ay. Ay. Iluminabamos el camino con los móviles, hasta que se empezaron a quedar sin batería, pero fue lo suficiente para llegar al punto en que el camino volvía a resurgir y con ellos y tras otro rato a oscuras (pero al menos sobre suelo liso) alcanzabamos Okutama.

Dado que la historia la escriben los vencedores, no comentaremos demasiado las lamentables imágenes de como entramos deshechos y malolinetes en un convini a comer y a beber lo que fuera, ni como nos arrastramos como despojos hasta el tren, ni el vergonzoso espectáculo de vernos derrotados en el tren de camino a vuelta a Tokio. Aunque siendo justos, vencedores, los que se dice vencedores no era para nada la imagen que dabamos. No queda sino rendirse a la evidencia.

Mitakesan y Otakesan 35

PD. A día de hoy, mi rodilla y yo hemos arreglado nuestras diferencias y aunque perdura el rencor seguimos conviviendo juntos.
PDD. POR FIN HE VISTO EL MONTE FUJI!!! (obviando cuando lo subimos, claro). YUHUUUU!!!!

Más fotos, con algo de sudor y mucha sed y hambre aquí.

18 Comments

La subida al Fuji San y su interminable bajada.

Fuji 08
El Fuji, el monte más alto de Japón, un volcán tranquilo que no ha entrado en actividad en los últimos 300 años, con sus 3776 metros de altura ha sido siempre un lugar sagrado para los japoneses. Ha inspirado desde la Antiguedad a numerosos artistas (como los magníficos grabados de Hokusai) y es uno de los iconos más reconocibles de este país asiático.

Fuji 02
Se dice que el primero que lo ascendió fue un monje anónimo en el año 663 y no fue hasta el 1860 que un extranjero (el inglés Sir Rutherford Alcok) llegó a su cumbre. Ahora es uno de los principales destinos turísticos y favoritos de los amantes del alpinismo y aunque hasta el siglo XIX estuvo prohibida su subida a mujeres, ahora se puede encontrar a mucha y muy variopinta gente de todas las edades y nacionalidades escalándolo.

Dada la popularidad del monte y de su escalada, su escalada parece más una procesión en donde no cabe nadie más, especialmente los fines de semana, así que decidimos atacar al monte entre semana. Rapidamente nos dimos cuenta de que a pesar de no ser un día festivo, no ibamos a tener el monte para nosotros. Los autobuses se amontonaban en el punto de salida, la quinta estación de las diez que forman ruta Fuji yoshida-guchi a 2400 metros de altura y a donde habíamos Llegado vía Kawaguchiko tras coger uno de los primero autobuses de la mañana desde Shinjuku.

Ciertamente, la subida prometía muy poco. El tiempo había sido horrible durante los últimos días y las previsiones metereológicas no tenían intención de cambiar. Además sobrevolaba por encima la noticia de la muerte de un alpinista un par de semanas antes víctima de un rayo, así que no estabamos para hacer heroicidades. Se subiría hasta donde se pudiera y si no se podía pasaríamos a remojar nuestros huesos en un Onsen, lo que tampoco sería un mal plan.

A parte de la machada de subir al Fuji y ponerte una medalla que diga “Lo hice! Y nunca más!” uno de sus mayores atractivos es el ver amanecer desde la cima, así que a pesar de la niebla y una pequeña capa de lluvia que caía comenzamos la subida cruzándonos en el camino con toda la gente que había subido el día anterior al Fuji, que volvían con caras descompuestas y arrantrando los pies mientras surgían de entre la niebla.

Fuji 03
No era una gran señal, pero ciertamente mucho más rápido de lo que esperabamos llegabamos a la sexta estación con un cielo que se abría como la aguas del Mar Rojo ante Moises, mostrándonos el camino casi vertical hasta la cima del Fuji. Las nubes se empezaron a quedar a nuestros pies y lo único que quedaba era armarse de paciencia y comenzar a subir bajo un sol abrasador hasta llegar a nuestra parada del día a medio camino entre la séptima y la octava estación.

Fuji 05
Fuji 06
Fuji 09
Dada la naturaleza de arena volcánica de la montaña, subir es bastante complicado salvo por el camino habilitado para ello, que en bastantes puntos tiene de todo menos de camino y es bastante habitual acabar haciendo el gollum y agarrándote con pies y manos mientras intentas buscar en mejor paso entre las rocas.

Fuji 13
Orcosss no conoceeeen
Fuji 10
Fuji 14
Este arduo camino hasta la cima está plagado de pequeñas casitas que hacen las veces de refugio, al mismo tiempo que sirven comidas y bebidas a los que por allí pasan, a un precio como cabe suponer nada económico. Llegamos a nuestro refugio a eso de la una y media de la tarde, donde nos tumbamos para coger fuerzas mientras esperabamos la hora de la comida.

Fuji 19
Fuji 20
El plan era bastante sencillito. Tras comer, echarse a dormir y levantarse a eso de las once de la noche para continuar las entre cuatro y cinco horas de subida que restaban hasta la cima con tiempo suficiente para poder ver la salida del sol en el pais del sol naciente.

Fuji 17
Claro que no contabamos con varios imprevistos. El primero es que fisiologicamente el cuerpo no está preparado para meterse a dormir a pierna suela a eso de las cinco de la tarde y por mucho que uno se esfuerce si no le apetece dormir pues no se duerme. Y lo segundo es que nuestro alojamiento fue invadido por una excursión de adolescentes, a los que la fisiología se unía con su habitual hormonación masiva y se dedicaron a romper los pocos momentos de silencio que teníamos. ¿Por qué nos dejamos la katana?

Fuji 21
Resultado: comenzamos la subida no muy descansados y comenzamos la parte más dura de la subida bajo un cielo completamente estrellado donde de vez en cuando una estrella fugaz sobrevolaba por encima de nuestras cabezas y donde poco a poco y pasito a pasito, cada ver era más patente la disminución en la cantidad de oxígeno en la zona. Optamos por un ritmo lento y seguro, al compás de uno de los múltiples guías que llevaban grupos hasta la cima.

Fuji 24
Luz roja: guía, luz blanca: sufridor
Cruzamos las doce de la noche y con ellas felicitaciones y tirones de orejas variados a 3.100 metros de altura, a sólo dos kilómetros antes de la cima y… tres horas de recorrido. Os podréis imaginar la velocidad de tortuga reumática que se gasta en esa autopista.

Fuji 22
El frío y el cansancio si que hacían mella en nuestros cuerpos y la cima cada vez más cercana se empezaba a ver cada vez más lejos. Las cabezas empezaba a doler y aunque no hicieras esfuerzo el pulso se aceleraba en un intento del cuerpo de meter algo más de oxígeno al cuerpo hasta que conseguimos alcanzar la cima. Rendidos y destrozados y con más de media hora de tiempo hasta que el sol se asomara por el horizonte. Habíamos llegado!

Fuji 25
Este tiempo, el más frío de la noche y situados además en la cima, donde más fuerte sopla el gélido viento acabó con nuestras reservas de calor mientras nos maravillabamos con las hermosas vistas que poco a poco y en minúsculos y continuados pasitos se iban descubriendo ante nosotros. Bajos nuestros pies, un mar azul de nubes de algodón sólamente roto por alguna cima de montañas colindantes se aparecían y poco a poco iban dejándonos con la boca abierta.

Fuji 26
Creedme que no miento si digo que creo que es el mejor amanecer que he visto en mi vida donde los colores iban tomando forma poco a poco e iban pintando las nubes ante tus ojos, hasta tal punto que el sol, antes de mostrarse, empezó a iluminar de rojo fuego a muchas de ellas por su parte inferior. A-LU-CI-NAN-TE.

Fuji 28
Fuji 29
Fuji 30
Se asomó el sol por fin en el horizonte ante los gritos y aplausos de la concurrencia, que abarrotaba todo el ancho del monte, viendo como todo el esfuerzo era recompensado llana y simplemente con luz. Era el momento de coger algo de calor en uno de los refugios de la zona antes de emprender la bajada una vez visitado el descomunal crater, boca del volcán cuyo recorrido perimetral puede llevar casi una hora y media. Un agujerito de nada.

Fuji 35
Fuji 36
Comenzamos la bajada, que contaba con un factor psicológico muy importante. Parecía que ya habíamos pasado la parte más dura y que ahora “sólo quedaba bajar”, pero nada más lejos de la realidad. “Sólo bajar” era la parte más dura. Al cansancio acumulado en las piernas se le unía las bajadas del 30% de desnivel sobre terreno arenosos y resbaladizo en un recorrido interminable que cubre tres horas y media temiendo que tus rodillas y piernas se declarasen en huelga y que te espetaran un “hasta aquí!”.

Fuji 33
Fuji 34
Fuji 40
Tres horas y media que se hicieron interminables a lo largo de una serpenteante bajada que no mostraba su fin. Al final conseguimos llegar, con las piernas reventadas, la moral hecha polvo pero con la sensación de que habíamos sido capaces de hacer algo impresionante y ver algo increíble. Una de esas cosas que hay que hacer en esta vida.

Listos para repetir? Estoo… mmmm… haciendo caso a un dicho japonés: “es de tontos no subir el fuji, pero es de tontos subirlo más de una vez”. Pos eso. :)

Fuji 42
Más fotos, frías, cansadas y con agujetas aquí.
Fuji 12

25 Comments