Archive for Viviendo en Japón

Mujeres y chocolate

Prueba de agudeza visual. ¿Cuantos hombres aparecen en el siguiente video?

Efectivamente, muy pocos. En cambio se puede observar a una muchedumbre de mujeres comprando… chocolate!! Mucho chocolate. A que se debe esta neurosis colectiva? A pesar de las oscuras ideas que puedan estar atravesando vuestra mente la solución es mucho más tétrica. San Valentín.

Y es que por estas regiones St Valentín, una de las fiestas comerciales por excelencia en las que se usa la excusa del amor para sacarnos los cuartos, se celebra con las mujeres regalando chocolate, bombones y demás derivados a los hombres.

Aquí el plan es mucho más interesante, porque el amor limita el mercado a tu pareja, así que la tradición (creada en 1960 por Morinaga, una fábrica de golosinas) deja aún lado el amor y las mujeres regalan a todos los hombres que conocen y con los que tienen trato. Especialmente sucede dentro del entorno laboral, donde las compañeras de la oficina endulzan el día de los compañeros. Me comentaban en la oficina, que alrededor del 30% del chocolate que se vende al año se vende en esta celebración. O_O!!!

Y sí, para saciar vuestra curiosidad, si que tengo bombones y chocolate. :)

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Noches de Karaoke

Karaoke 01

Karaoke 02

Karaoke 03

Karaoke 04
Sala de Karaoke, Shibuya

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Mi casa me habla y otros símbolos indescifrables

No acaban aquí las “curiosidades” para intentar adaptarte al nuevo ecosistema en que te mueves. Tienes casa, tienes muebles, ahora ¿que más puede pasar? Pues que no sepas como funcione tu casa. Y si no, atentos a la prueba de agudeza visual, que levante la mano el que sepa que tengo que pulsar para hacer algo… beneficioso para mí, que el primer día estuve jugando con el mando a distancia del aire acondicionado y a mitad de la noche me levanté sudando como un pollo.

Understanding my house 06

Ale, ale, participen. :) (Pongo debajo de la foto, la localización en la casa para que estéis en igualdad de condiciones conmigo)

Understanding my house 01
Pared de la habitación

Understanding my house 02
Pared de la habitación

Understanding my house 03
Cuarto de baño

Understanding my house 05
Cuarto de baño, al lado del retrete

Understanding my house 04
Dentro de la ducha

Puede que os parezca muy curioso, e incluso gracioso, pero después de pasarme unos cuantos días sentando mis posaderas en una tapa del baño caliente sin saber como apagarla, o pulsando un botón en la habitación y que el baño se pusiera a hablar opté por hacer estas fotos, llevarlas al curro, y ahora mismo tengo la clave de la felicidad, cada botoncito apuntadito en su correspondiente impresión. Ni la piedra de Rosetta, oigan.

Y no, no hay botón de autodestrucción.

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La simbiosis mudantil

Una vez dentro de tus cuatro paredes comienza la ardua tarea de darles forma, pues aunque 8 de cada 10 fakires recomienden dormir en superficies duras durante un largo periodo de tiempo, lo cierto es que uno que es más delicado, gusta de apoyar sus huesos en sitios más mulliditos, aunque para variar uno se encuentra con el problema económico. Rapidamente se decarta el jacuzzi (lo siento chicas), la sauna (que basta con salir a la calle), el observatorio astronómico (lo siento Galileo) y el tobogán (lo siento chicos). Entonces se empieza uno a dar cuenta del pastizal que se va a dejar para poder habitar el lugar y se limita uno a las necesidades vitales.

Afortunadamente para mi en este momento (ya me tocará, ya) aquellos habitantes de Tokio (y por extensión creo que del resto de Japón, pero no estoy seguro) que tengan que abandonar el pais, y se encuentren alquilando un piso que venía como dios le trajo al mundo, sin nada con que tapar sus pudendas paredes, deberán dejar el piso tal y como venía, es decir, es responsabilidad del inquilino el deshacerse de los muebles y todo lo que no viniera originialmente con la casa.

Antes de que me esteis visualizando rebuscando entre contenedores de basura por las calles, os comentaré que el tema de las deshechos es bastante complicado (ya caerá), pero para lo que nos ocupa diremos que está prohibido bajar tus trastos a la calle. Prohibido. Tienes que pagar a una empresa para que los recoja y es los lleve. Así que al coste inicial de vestir la casa, se añade el coste final de desvestirla.

Claro, hay una opción. Tu tienes algo que yo necesito y que tu no quieres y no sabes como desprenderte de ello. Simbiosis. Esto lo descubrió la madre naturaleza hace mucho tiempo. El mercado de segunda mano y las herencias no familiares están a la orden del día. En mi caso, vía Carmen (muchas gracias Carmen), contacte con otro español, Nacho (más muchas gracias Nacho), que abandonaba Japón en estos días. Me ofrecía unas cuantas de sus cosas simplemente si me hacía cargo del coste del transporte. Dicho y hecho. La palabra clave para la mudanza es Hikkoshi y como os habréis podido imaginar la negociación se hace en japonés… ejem. La única opción que se me ocurrió fue suplicarle clemencia, piedad y ayuda a la amiga japonesa Makiko, para que arreglara la mudanza para mí (Muchísimas gracias Makiko).

Conseguimos una furgonetilla pequeñita, con un japonés completamente dispuesto a ayudar y nos dispusimos a saquear el piso de Nacho. No fui yo el único buitre carroñero que se encargaba de devorar sus posesiones, la cama, la mesa y la silla ya habían sido adjudicados, en cambio me traje un sofá, un microondas, una mesita baja, un futón doble, un equipo de música, una pequeña estantería para los libros y unos cuantos cubos, almohadas… bien por el rapiñe!!!

Todo transcurrió sin problemas a pesar de la falta de comunicación entre el japonés de la mudanza y yo hasta que descubrimos que el sofá no cabía por el ascensor. Un quinto piso. Dos hombres y un sofa. Una tarde de bochorno bochorno bochorno. En mi vida he visto tanto sudar a un japo. Yo le hacía la competencia pero el pobre parecía una fuente. Ni una queja. Todo elegancia en cada parada del descansillo para coger aliento.

Y así fue queridos píos como ahora me hallo placidamente en un sofá, discutiendo conmigo mismo como colocar las cosas para que la habitación parezca amplia. :)

PD. Y hoy llegó la nevera… :D

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Las inexpugnables fortalezas japonesas. Buscando piso.

Toc, toc. Uno. Dos. Uno. Dos. Probando. Probando. Se me oye? Hola? Queda alguién ahí? Si queridos pipiolos veraniegos, mientras vosotros os dedicais a beber tinto de verano como si no hubiera un mañana, muchas cosas han pasado desde que entre en el vacio cósmico de una vida sin Internéeeeeee hasta ahora.

Resumiendo para los impacientes: estoy más o menos felizmente instaldo en mi miniestudio en Tokio, sigo sin nevera, pero tengo papel higiénico. Siempre hay prioridades. Las primeras garrapatas han florecido en mis suelos, tan bella ellas. Y más vienen en camino! No podría haber mejor inaguración. El cerdo ha hecho su aparición en mi vida nipona. Congratulémosnos.

Para los menos impacientes comencemos por un principio un poco más lejano. Buscar piso en Japón no es tarea fácil y son muchas las dificultades además de las propias de un idioma que te sume en el analfabetismo más absoluto, eres incapaz de leer, eres incapaz de escribir, eres incapaz de comunicarte y te pasas el día llevando los papeles que te inundan el correo a la oficina para ver si entre ellos hay algo que sea importante.

Las molestias como siempre se resumen en moneda de cambio. Entrar en un piso nuevo lleva asociado una prohibitiva cantidad de dinero. En primer lugar, no sólo hay que lidiar (los que puedan) con las webs en japonés o los agentes inmobiliarios (muchos de los cuales reticentes de alquilar sus pisos a no nipones) si no que además una vez encontrado el zulito de tus sueños hay que (saquen sus calculadores): “regalar” varios meses de alquiler al dueño del apartamento por permitirte usar su casa (key money o reikin) más otro mes o dos meses a la agencia para la agencia que ha tramitado el papeleo (chukai tesuryo). Además hay que añadir otro par de meses de depósito (shikikin) por si acaso decides destrozar el apartamento y por último un par de meses por adelantado. En total puedes estar pagando unos 8 meses por adelantado. Lo que puede fácilmente traducirse en términos de dinero en casi un millón de nuestras antiguas y risueñas pesetas (unos 6.000 euros) en tu primer mes. ¿Vértigo? Si, claro. Sobre todo porque el reikin y el chukai tesuryo no los vuelves a ver. ¿Algo más? Pues sí. Necesitas un guarantor que te haga de aval por si un mes no puedes pagar. ¿Quién puede hacer de guarantor? Sólo ciudadanos japoneses respetables o las propias empresas. Vamos, que aunque yo lleve aquí unos años, haya pagado religiosamente mis facturas y jamás haya causado problemas no podré avalaros muchachada. I am sorry gusanorri. De hecho ahora, hay empresas que a sabiendas del problema que esto supone para los extranjeros que se vienen a vivir aquí, se ofrecen a hacer de guarantor por una módica y nada desdeñable cantidad de dinero. ¿Y que te ofrecen las agencias inmobiliarias a cambios? Un piso sin amueblar. Y sin amueblar como su nombre indica quiere decir efectivamente, sin nada. Las cuatro paredes.

Que no cunca el pánico. Si quieres venir a vivir a Japón, hay más opciones. Hay unos pisos amueblados generalmente orientados a extranjeros, para cubrir esa demanda, que son más caros, pero no suelen necesitar aval y además suelen montar un contrato de mes a mes, de manera que puedes decidir de un mes a otro cuando mudarte. Son los monthly apartments.

Y cómo última opción (de las que yo conozco por ahora) hay una serie de hostales o albergues que pueden servirte para llegar e instalarte, compartiendo instalaciones y espacios comunes con más gente pero que no requieren de ninguna de las demás incomodidades anteriores.

En mi caso, mi presupuesto no cubría más que los más mínimos de los mínimos de los monthly apartments, así que al final tras muchas discusiones con la almohada recurrí a la primera opción. No necesito tener demasiados muebles para vivir y me podría apañar con una cama y una mesa y silla. Lógicamente dependía de la ayuda de mi empresa para que me ayudaran con la ingente inicial cantidad de dinero, pero rebuscando entre las webs orientadas a angloparlantes encontré unos apartamentos que no requerían key money y que la agencia sólo pedía un mes en cuestión de gastos de gestión.

Fuimos, vimos un par de apartamentos y tras la racha que llevabamos de desastrosos agujeros salimos convencidos, pero nada es tan fácil como parece. En ese momento empieza el papeleo entre empresas: la agencia y la mía, que les lleva como un par de días de para aquí, para allá, que si el casero llama a la empresa a saber a que nos dedicamos, que si la empresa tiene que presentar sus cuentas y balances… al final, cuando se convencen (por trigésima vez) que vamos a poder pagar la mensualidad y que no vamos a convertir el apartamento en un piso franco, acceden a presentar el primer borrador del contrato.

Se vuelve a discutir dicho borrador (afortunadamente entre ellos – yo me quedé al margen de esto) y cuando todo parece arreglado no te puedes mudar todavía. No. Aún falta el juyo-setsumei, una cita con un abogado de la agencia inmobiliaria donde te explican paso por paso todo lo que está incluido en el contrato. En mi caso no puedo tener mascotas ni piano en casa y además me aseguran que la construcción del edificio tiene menos de 8 años de antiguedad, además de estar situada sobre suelo firme y que resiste terremotos de escala 6. Un alivio.(Por cierto que ya he pasado uno). Mucho más tranquilo te quedas.

¿Ya? ¿Ya me puedo mudar? Casi, ahora hay que concertar las visitas con la gente de las compañías electrica, de agua y gas, para que estes presente cuando activen cada uno sus susodichos recursos energéticos. Y entonces y sólo entonces puedes tomar posesión de tus cuatro paredes.

New Home 03

New Home 02

En mi caso, afortunado yo, la casa (muy nueva), disponía tal y como puede verse de lavadora (yuhu!) y de un par de armarios, así que algo menos para la lista de la compra. Tan deseoso como estaba de abandonar el hotel, no dude ni un sólo instante y me lanzé con todos mis trastos a pasar mi primera noche en ella. Tuve el tiempo justo para llegar y comprar un pequeño futoncete en el que depositar mis huesos.

Después de todo el culebrón, merecía la pena encontrarse al fin y auqnue fuera sin nada en lo que para bien o para mal, para mucho o para poco, habría de ser mi casa. :)

New Home 01

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