Archive for August, 2011

Aquellos maravillosos Sunsets

Wonderful Sunsets 17

Érase una vez, en un reino muy muy lejano, a orillas del mar, donde el sol siempre iluminaba la tierra de un amarillo y rojo incandescente donde habitaban los personajes de este nuestro cuento, en medio de castillos de arena y chocos gigantes. Un cuento, tal y como mandan los cánones, con todo su plantel de protagonistas:

Un caballero valiente…

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… y su hermano gemelo pérfido…

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… un ninja sicario terrible…

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… y un galán humorista…

Wonderful Sunsets 06

… una maligna en cuerpo de princesa…

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… y una bruja sirena creadora de pociones…

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… dándose cita en un castillo, de esos ostentosos, con centenares de fuentes (aunque algunas presa de la edad no funcionaran correctamente).

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¿Qué ingredientes harían falta para dar forma a la historia? Pues mezclemos sobre la arena todo. Un poco de romance…

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…mucho de humor, momentos místicos…

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traiciones…

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sorpresas y mucha muchísima acción (cantidades industriales de palomitas, vamos).

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Y ahora que ya no quedan uñas que seguir mordiéndose ante la tensión del climax final, ¿que pasaría con nuestros héroes y antihéroes? ¿Estarían a la altura de las expectativas? Pues lamento informar a la audiencia, que habiéndose quedado los productores sin presupuesto (aunque las malas lenguas comentan que se malgastaron las perras en tintos de verano), sólo quedará a bien de la respetada audiencia el dilucidar y elucubrar teorías que den sentido a este abrupto final, pues mucho me temo, que salvo algunas pistas en chiringitos de la zona y platos rebañados de cazón, huevas, pimientos asados y chocos, solo quedan los restos aún salados de tiendas de campaña, aletas y gafas con salitre, marcas de ruedas por caminos prohibidos a la caza de calas y restos fósiles que en algún momento debieron ser tarrinas de chocolate, helados y restos ingentes (aunque no por ello bien aprovechados) de protector solar.

Wonderful Sunsets 01

Costas de Cádiz, Agosto de 2011

Para José, Japogo, el U2K, Yowy, Ange y Modes, por habernos conseguido juntar (aunque por quizás poco tiempo) una vez más y para los que está vez no pudieron estar.

Todas las fotos realizadas in sito, con un flash SB-800, con un gel CTO fuera de lá cámara (variando la potencia cuando no haciendo uso del TTL)

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De lagos blancos, agujas rojas y agujetas dolorosas

Lac Blanc 47

La simple frase de la boca tímida de el Pachinko resumió entre resoplidos y dolorosas agujetas el sentimiento general. “Hay que ver, lo bien que estamos aquí ahora. ¡¡Tenemos hasta agua!!” Definitivamente, nuestros estándares de satisfacción habían caído hasta los mínimos insospechados. Pero ¿qué había sucedido? ¿Cómo habíamos llegado a ese estado tan lamentable?

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Veinticuatro horas antes, éramos unos alegres y felices excursionistas, que tomábamos el primero de los dos teleféricos que subían a la estación de Le Brévent en el macizo de las Agujas Rojas. Era el lado opuesto del valle de Chamonix, enfrentado al macizo del Mont Blanc, lo que lo convertía en el más lujoso de los miradores.

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Es el problema de vivir al lado del Mont Blanc y sus compañeros nevados. Que nadie repara en ti. En cualquier otra parte del mundo las Agujas Rojas serian la atracción principal, pero aquí no les quedaba más remedio que aceptar su condición de segundonas, eclipsadas ante el gran público por la ristra de cuatromiles que tenían enfrente.

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Pero si obviábamos a los abusones, las Agujas Rojas eran espectaculares en sí. Aún en la distancia los picos se elevaban, afilados, acuchillando el cielo azul. No podíamos quejarnos del tiempo, para ser una región de alta montaña donde el tiempo cambiante es rutina, estábamos teniendo varios días que eran una auténtica gozada.

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Un pequeño trek nos llevó llaneando sobre las cimas desde los 2525 metros de Le Brévent hasta el refugio que Bellachant. Todo el trekking no erá sino un balcón desde el que disfrutar del valle. Una terraza de auténtico lujo, abierta a todo aquel que quisiera subir hasta allí. Caminos quebrados de rocas que se abrían paso entre la maleza agostada por el sol.

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Sólo quedaba una pequeña bajada, de apenas 1500 metros de desnivel. Dicho así, a oídos inexpertos puede no sonar como demasiado, pero creedme, lo es. Y no, la excusa de que era sólo una bajada no cuela. Dadme solo subidas y dominaré el mundo, dadme una bajada por caminos cabriles y acabaré con las rodillas enmelonadas. Vamos, como un santo melón. Aunque yo no lo sabía todavía, pues en mi atrevido pack de descenso, siendo joven y valiente, creyéndome en plena forma y con los músculos en caliente, apenas se notaba, pero cada paso, forzando cuadriceps, ligamentos, poplíteos y sartorios se iba a cobrar su precio en oro. Y con intereses.

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Hasta aquí habría sido una breve historia de ida y vuelta, cansancio y recuperación posterior, a base de pociones de cebada fermentada y tumbados en el jardín, pero nosotros (o al menos una pequeña parte de nosotros) teníamos otros planes: La necesidad imperiosa de ver un atardecer o amanecer desde las montañas.

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Con la mayoría de los teleféricos cerrando a las seis de la tarde, no quedaba mucho margen de maniobra para llegar al atardecer. Sólo había una opción: pasar la noche en las montañas. No se asusten ante tamaña información. No íbamos a ponermos a crear nuestro propio vivac, sino a pernoctar en alguno de los refugios de media montaña de la zona.

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Nuestro destino no era otro que el Lago Blanco. Prometía ser un destino ideal para nuestro idilio fotográfico con los Alpes, reflejados simétricamente en sus aguas. Eso habría que verlo. Así que cuatro inconscientemente valientes montañeros (o aprendices de) – Fotomaf, el Pachinko, Jorge de Yokmok y un servidor – nos lanzábamos de nuevo monte arriba, teleférico mediante hasta una nueva parte del macizo de las agujas rojas. Index, a 2396 metros.

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Por aquel entonces con las paradas técnicas y una horita de descanso, las rodillas y las piernas, a las que se había juntado no solo a la morrocotuda bajada sino también a nuestra escasa forma física, ya empezaban a confesar todos sus pecados esperando la extrema unción. Mal comenzamos querido Sancho, si el segundo día de caminata ya empezábamos a arrastrarnos. Pardiez.

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La foto. La foto. La única idea en mente. A estas horas ya sabíamos que nuestro plan estaba completamente sobredimensionado. Tan solo había dos refugios en la zona. Uno en el propio Lago Blanco, a 2352 metros y otro a media montaña en Flegere a 1877 metros. Idealmente dado que nuestro punto de destino era el Lago Blanco, lo ideal hubiera sido quedarse allí a pasar la noche, pero lo improvisado del planning, perpetrado el día de antes, cuando aún pensábamos que las agujetas sólo le sucedían a la gente fea y nosotros no lo éramos, hacía que fuera muy tarde para poder reservar litera allí. Todo lleno, caballeros. No quedaba más remedio que usar el segundo refugio.

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Esto llevaba un problema asociado. Una vez visto el atardecer, habría que bajar hasta el segundo refugio. Algo más de dos horas para recorrer la el camino con una nueva diferencia de desnivel de 500 metros. La foto. La foto. Aceptamos barco. Comenzamos a andar en dirección hacia el Lago Blanco, mientras la gente se apelotonaba en los teleféricos de descenso. Apenas en quince minutos dejarían de funcionar y salvo los que quisieran pernoctar en la montaña, el resto de caminantes se apresuraban en no perder el último vagón flotante con dirección a la planta baja del valle.

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Este movimiento de tropas en retirada de la montaña, nos dejaba la ruta y las agujas prácticamente para nosotros. La hasta ahora algo masificada montaña se volvía silenciosa y nos daba tiempo a apreciarla en toda su grandeza y esplendor. Siempre ante la atenta mirada del Macizo del Mont Blanc. Lo de “atenta” volvía a tornarse en una ironía. Las cosas no pintaban demasiado bien y las nubes se empezaban a acumular en las cumbres. Nada, zafias prueba a nuestra inquebrantable fe. Aclararía. Veríamos todos los picos y el esfuerzo no habría sido en vano.

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Nos equivocábamos. Llegábamos al límite de nuestras fuerzas al Lago Blanco y los cielos del Mont Blanc y las agujas de Chamonix se habían convertido en una autopista de nubes. Que nada ensombrezca nuestro ánimo señor Frodo. No tendríamos los picos, pero la calmada visión del Lago Blanco haciendo de espejo del cielo, compensaba. Faltaba algo, lógicamente, pero no había que quitarle méritos al paisaje.

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Al final, aceptamos la ligera derrota, tan sólo en un par de ocasiones las nubes se abrieron ligeramente mostrando tras de sí los casi cinco mil metros del Mont Blanc. Algo es algo, nos consolábamos, mientras las nubes se volvían rojas con la llegada del atardecer. Ese rojo que debía haber sido el que pintara los picos que se nos negaban. No hay nada más que ver aquí. Circulen. Circulen.

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Llegaba la hora de la bajada. Aquí ya habíamos rebajado nuestra condición de montañeros a miembros de la pandilla basura. Bajábamos haciendo el chiquito, a pasitos cortos y en medio de nopuedors, jarl, y por la gloria de mi madre. La imagen era ciertamente lamentable, lo cual no evitaba que nos riéramos de nosotros mismos y se convirtiera en un descenso esperpéntico que no traía sino más y más risas. Si la piernas ya habían llegado a su pico de dolor, ahora añadíamos las agujetas en la tripa. De reinos. Si el que no se consuela es por que no quiere.

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Fue ahí, en mitad del descenso, cuando usando la técnica de “señores que simulan hacer una foto y en realidad están recuperando el aliento”, obtuve una preciosa instantánea de las montañas con las últimas, ultimísimas briznas de luz. Después de eso, llegó la oscuridad y descendíamos con linternas bajo los tenues brillos de un cielo claro e infinitamente estrellado.

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Sólo lo disfrutamos cuando nos arrastramos, casi literalmente, hasta la entrada del refugio, donde ningún alma quedaba en pie, dando a toda la imagen una sensación de tintes fantasmagóricos. Unas cuantas estrellas fugaces más tarde, llegaba el momento más esperado de la jornada, nos quitábamos las botas, acompañados de sendos suspiros y caíamos rendidos, sin apenas quintarnos nada más de ropa en nuestras correspondientes literas.

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“¿Quién anda ahí? ¿Quién te envía? ¿Has venido a por mí?”. Sonaba el despertador. “¿Donde estoy? ¿Quienes sois vosotros?” hablaban por mi las legañas. Nos levantábamos con las luces del alba, buscando de nuevo la luz del amanecer en las montañas. Era un día cristalino, sin una nube que pudiera discernir nuestros ojos. Era el momento de decidir nuestros siguientes pasos.

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En un giro de los acontecimientos y quizás aquejados de pertinente falta de riego sanguíneo en el cerebro decidimos… volver a subir al Lago Blanco y si lo conseguíamos sin bajas, desayunar allí como nos merecíamos. Después de todo, las vistas que se nos habían negado la tarde anterior debían merece muy mucho la pena y cuando si no ibámos a volver a pasar por allí.

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Nos movíamos con la creciente luz de la mañana, que iba bañando el valle de fantásticos y cálidos colores. Estábamos en marcha antes de que hubieran abierto ningún teleférico, así que una vez más la montaña era casi nuestra. Sólo disputada con rebaños de cabras montesas y un zorro fugaz que se escapó de nuestra vista sorprendido de ver humanoides a esas horas.

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(¡¡Dos cabras nos cortan el camino!! Help!!)

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El ritmo, os lo habréis podido imaginar, no se acercaba mucho al de la velocidad absurda, sino al absurdo en si mismo, pero ya no había marcha atrás. Vamos con todo. Todas las fichas sobre la mesa. La poca dignidad en juego. El orgullo. El maldito orgullo que se volvió recompensa al pasar por el bello lago de les Cheserys con toda la cordillera perfectamente reflejada. Todo estaba, a esas horas de tan baja moral, mereciendo la pena.

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Y así regresamos al Lago Blanco, antes de que las hordas de caminantes y turistas llegaran, y justo cuando desde en el refugio estaban a punto de sacar unas tartas de arándanos recién hechas. Nos sentamos y disfrutamos el momento. Medio litro de café calentito y el suave y delicioso sabor de la tarta para acompañar un enclave espectacular, sitio privilegiado de lujo, para desayunar.

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La imagen del lago Blanco, sin las capas grises de la nubes, era completamente diferente y sí que hacía honor a ser uno de los destinos más populares para los excursionistas de la zona.

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Fotografiado desde todos los ángulos imaginables era el momento de regresar, llanear hasta el primero de los teleféricos y bajar hasta nuestro chalet, donde esperaba una ducha de agua calentita y una siesta de esas de orinal y siete horas sin pudor alguno.

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¿Y después, podrán nuestros héroes volver a recuperar la movilidad? ¡¡Próximamente en su serial alpino preferido!!

Para El Pachinko, Jorge y Fotomaf, porque sin las risas todo habría sido más difícil.

Más info : Yokmok | Mapita de la zona

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Adiós Cordura

Adios Cordura 15

En mi eterno despiste, se me había olvidado comentar por aquí la sesión que tuve con los buenos amigos de “Adiós Cordura” para decorar el que ha sido su primer disco (Enhorabuena chicos). Fue una sesión divertida, corriendo contrareloj contra las horas de sol y contra el guardia jurado que nos pedía permisos para hacer fotos en unos hangares semiderruidos y hace demasiado tiempo que también abandonados y que nos venían perfectos para dar reencuadrar la imagen del grupo.

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Aún así y con las dificultades que ya de por sí tiene el ponerse delante de una cámara, cuando el que está detrás no tiene excesiva pericia a la hora de colocar a los “modelos”, fue de lo más divertida (Por cierto, que no me vendría nada mal cualquier consejo para mejorar eso. Siéntanse libres de compartir su sabiduría a la hora de manejar modelos en los comentarios, hagan el favor) y tras unas cuantas poses de tipos duros y recios, como mandan los cánones del Rock, pasamos a otras más acordes con el nombre del grupo.

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No podía faltar en  semejante documento gráfico, fotos del estudio en el que el trabajo acabó tomando la forma definitiva, e incluso algún que otro número músical improvisado. Y al final de todas esta amalgama aparentemente inconexa de material, fue el formidable trabajo de la diseñadora Rosana García el que lo acabó dando forma y consiguiendo que el CD (en lo gráfico) haya quedado de maravilla, acompañando de la mejor manera posible a las cuidadas produciones de Jesús, Herman y Antonio.

Adios Cordura - CD 02

Adios Cordura - CD 04

Adios Cordura 05

Rock puro, lleno de guitarras sobre una sólida base de bajo y batería, que no deberías perdeos si tocan en algún momento cerquita de vosotros. Hoy en Alcalá, Madrid y alderedores. Mañana. ¿Quién sabe? Sería una pena ser tan cuerdo como para no intentarlo…

Adios Cordura 13

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Con Minube por Madrid

Por que no todo es salir fuera, los chicos de minube estuvieron rodando por Madrid y acabé de rebote. Ya. Ya. De rebote. Si. Lo juro. Que llegase justo a comer no fue sino cosas del azar. Improvisado total. Y bueno, si mi aparición estelar no os hace excesiva ilusión (cosa perfectamente comprensible por otro lado) siempre os quedará como una gran idea para un plan de un día por Madrid.

(Por cierto, que además de haber renovado intro, logo, carteles en el video y demás, ya han empezado a grabar los videos de minube.tv con reflex digitales. A ver que os parece el resultado).


minube.tv: madrid en verano from minube on Vimeo.

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Salamanca

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Fotitos estas que para variar han salido de la cámara hace apenas un ratito. Cosa muy rara en este blog que vive eternamente estirando el pasado. Apenas un paseo y un encuentro sorpresa muy agradable por el barrio antiguo de la ciudad. Demasiado breve y demasiado  imponente.

Salamanca, Agosto 2011

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De Chamonix a Courmayeur

From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 06

Solo las cimas de los picos, allá sobre los cuatromil metros estaban iluminadas, despertadas por el amanecer de un nuevo sol pero abajo, en el valle, aún reinaban las sombras y aún mantendrían su dominio durante unas cuantas horas más. No sería hasta media mañana que los primeros rayos del sol alcanzaran lo más profundo de Chamonix.

From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 01

From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 03

From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 02

El tiempo, no se equivocó y había apostado por un día fantástico, sin apenas nubes en las cimas. Ideal para ver la parte superior del macizo del Montblanc, así que subíamos en el primero de los teleféricos de la mañana volando al ras de las paredes verticales atravesábamos un tímido y algo discreto mar de nubes para alcanzar el final del primer trayecto. Una pequeña parada a 2233 metros. Les Glaciers, Plan de l’Aiguille.

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(Desde Plan de l’Aguille, mirando hacia Aiguille du Midi)

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From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 11

Cambio de teleférico y ahora si, hasta el infinito y más allá. Hacia las cumbres nevadas, a sobrevolar glaciares, hacia el más lujoso mirador de la zona. Los 3842 metros de Aiguille du Midi que daban una vista de 360º sobre los Alpes. El pico más alto de las agujas de Chamonix, una picuda cordillera dentro del macizo, como si fueran una muralla protectora.

From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 08

From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 12

From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 09

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(Algunos picos y sus repectivos nombres, cortesía de Google Images)

La vista no podía ser más majestuosa, porque ese día, el rey se dejaba ver. El Mont Blanc, imponente se elevaba aún mil metros más sobre nosotros. Desde nuestra posición no lo parecía, pero las dimensiones eran tales que ya no se podía confiar en la percepción de los sentidos. Y sólo los ojos de águila o los más miopes con ayuda de prismáticos (o esas lentes con zoom que tanto pesan) podían ver en lo más profundo de la montaña, pequeños puntos que apenas se movían. Los más osados que deseaban llegar a la cima, a tocar la corona del rey.

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(El Mont-Blanc arriba a la derecha y uno de los campamentos base abajo a la izquierda. Si, son los puntos rídiculos)

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(La espectacular lengua del Glaciar de Bossons, por encima de Chamonix)

“Van tarde” Apuntó Bitrix, nuestra guía. “Para hacer cima en el Mont Blanc hay que salir de madrugada”. No era sólo cuestión de ver el amanecer desde la cima, sino de aprovechar los suelos más fríos. Según avanzaba el día, el ardiente e inmisericorde sol iría ablandando la capa exterior de la nieve y con ello podían llegar los desprendimientos. La montaña a 5000 metros no suele tener mucha piedad de paseantes. “Lo más seguro es que no lleguen al Mont Blanc, sino que hagan cima en alguno de los picos anteriores, como el Mont Blanc du Tacul”.

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From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 19

Tampoco era moco de pavo. A nuestros pies, en la lejanía, estaba el campamento base. Un puñado de tiendas semienterradas en la nieve, lugar donde pasar la noche antes de lanzarse a subir la cima, paso a paso por su cara Norte. Había otro camino, más habitual que llevaba a alcanzar la cumbre algo más al Oeste, pero quién tiene una montaña delante tiene un reto y siempre hay nuevas caras, nuevas vetas, nuevos pasos por donde subir.

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(Paseando por las crestas, ¿Quién dijo miedo?)

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Nos fijábamos en el Mont Blanc por eso de ser el más grande, el primo de zumosol del macizo, pero no era ni de lejos el principal objetivo de los escaladores, que se repartían entre muchos de los picos de la zona. Era indudable que subir al Mont Blanc tenía ese extra de estar a sus 4.810 metros en el punto más alto de Europa Occidental, pero como bien nos indicaban, hay picos mucho más satisfactorios. Cuatromiles que faltos de la publicidad del Mont Blanc no despiertan tanto interés, y allí si, el mundo y el pico es completamente tuyo.

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From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 27

(Ejercicio de escala. Identifiquen la segunda fotografía en la primera e identifiquen a los escaladores en la segunda fotografía)

Lo miraba con esos ojos que decían “algún día, algún día” mientras me volvía a la estructura sobre la que nos encontrábamos. Rejillas, cemento y barandillas que reptileaban sobre la aguja de roca, horadándola para permitir que un ascensor llegara hacia lo más alto. Era una loable obra de ingeniería, que había desafiado la credibilidad de propios y extraños cuando se completó en 1955. Antes de eso, cuando se completó el primer tramo que ascendía hasta Plan de l’Aguille se había dejado por imposible. No se podía hacer.

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Aunque ya saben como funciona esto, basta con que alguien diga que no se puede hacer, para que haya quién se lo rebata. Y máxime sí avispado, huele el negocio. Conseguir llevar al gran público a las cimas de las montañas sin despeinarse, habría de ser bastante rentable y sobre todo si se convertía en el teleférico más alto del mundo.

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From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 30

Así que la obra de alpinismo-ingeniería fue asombrosa, heroica y descomunal. 30 guías de montaña que escalaron durante dos días hasta la cima llevando consigo un cable de casi 2 kilómetros de longitud y más de una tonelada de peso. Estamos hablando de un desnivel de 1500 metros.

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From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 21

Unos héroes probablemente acuciados más por el ganarse la vida que por la hazaña, pues las condiciones de trabajo, durísimas, acabaron dejando la vida de más de uno entre las inmisericordes rocas. Hoy en día, sólo una pequeña exposición (muy digna de ver) en el interior del complejo, recuerda todos los problemas que tuvieron para llevarlo a cabo. Fotos en Blanco y negro, trabajadores con pana y bombachos desafiando al frío y la vértigo para que hoy podamos llegar al cielo de Europa. De poco servirá en estas fechas, pero les estoy muy agradecido, que lo sepan.

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Por que poder contemplar la naturaleza en tanto esplendor, es un regalo (bueno, un regalo no, que el teleférico sigue costando hoy en día una pasta) que no sucede tan a menudo como pudiera parecer, pues era un día tan calmado y sin viento que hasta a casi 4000 metros la ropa de abrigo que llevábamos empezaba a sobrar. No hay al año días tan gloriosos como este.

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Pero el recorrido no acaba allí, quedaba una de las partes más interesantes del trayecto. Atravesar el Macizo por completo hasta llegar al otro valle más allá de los picos nevados. A Italia. Un nuevo teleférico atravesaba el Mar Blanco del Glaciar de Géant, de superficie agrietada y salvaje hasta llegar a Punta Helbroner en la frontera y a 3462 metros. Decían que en el invierno, cuando más y más capas de nieve cubren hasta lo más recóndito del valle, son muchos los que esquían por encima del Glaciar, llegando casi hasta abajo por el Mar de Hielo, en un recorrido que lleva casi todo el día sobre las tablas. También más de uno acaba saliéndose del camino para acabar hundiéndose entre la nieve y atrapado en las grietas del glaciar. La montaña, ese odioso amante.

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(El mítico Fotomaf en plena frontera franco-italiana)

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(Si se fijan con anteción, verán un pequeño pico, en forma -imaginación mediante- de colmillo al que han llamado el Diente del Gigante. Su característica es que no suele estar nevado. Nunca. Pues los vientos lo azotan tan fuerte que se llevan toda la nieve que pudiera haber)

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El otro lado del macizo, que bajaba hacia Courmayer mostraba otra imagen dentro del conjunto alpino. Mucho más soleada (se notaba la vertiente Este), tremendamente verde y con el diminuto pueblo de Courmayer al fondo. Hora de darse a las comida italiana, cambiar el merci por grazie, y darse a las pizzas al horno de leña para recuperar fuerzas. Sé lo que estáis pensando. ¿Recuperar fuerzas? ¿Pero de qué? Si lo has hecho todo en teleférico, mangurrián. Muy cierto, pero subestiman ustedes lo que gasta la emoción y yo tenía de sobra para varios días. (¿Y desde cuando pongo yo excusas para comer?)

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La vuelta en cambio la hicimos atravesando Moria en autobús. Bajo el macizo. Atravesando el monte con 3 kilómetros piedra sobre nuestras cabezas. Lo cual, a pesar de su supuesto efecto psicológico no deja de ser un túnel largo fantástico para echar una cabezadita y salir ya, de vuelta en la valle de Chamonix.

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¿Y con un bautizo en los Alpes como este? ¿A que sabría el resto de los días por los Alpes? ¿Se quedarían en un quiero y no puedo o seguirían sorprendiendo? Ah… sorpresa sorpresa. Permanezcan atentos al próximo capítulo de este, ¡¡su serial amigo!!

From Chamonix to Courmayer - Aiguille du Midi 45

Más info: YokmoK

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Líneas en la nieve

Lines in the Snow 01

Lines in the Snow 02

Lines in the Snow 03

Desde Auguille du Midi, Chamonix, Francia, Agosto 2011 | YokmoK

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