Archive for December, 2011

Paseos navideños con la Sony Alpha 77

Test - Sony Alpha 77 - 20

Llegaron las fiestas navideñas. Calles frías y soleadas, de esas que se recorren abrigado, bufanda y guantes, con una sonrisa. Incluso en las masificadas calles de Madrid donde los atascos de vehículos y gente se multiplican, como si no hubiera otras fechas para visitarla y las tiendas hacen sus agostos en forma de campañas de regalos navideño.

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Y no es que uno necesite una excusa para atravesar las preciosas calles céntricas, pero a la mayoría nos engatusan las luces, que aunque ya se repitan de año en año (se nota la crisis) y uno ya sabe a que atenerse, siempre se agradece el paseo acompañado del olor de los puestos de castañas asadas, almendras garrapiñadas y otras delicatessen con que calentar el cuerpo. Falta el Glühwein, pero eso me temo, necesitaría una campaña de marketing más agresiva.

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Pero esta vez, si que tenía excusa, al menos para empaparme un poco del ambiente y hacer la estatua en la calle junto a un trípode en los segundos de una larga exposición. La gente de Sony me habían hecho llegar su nuevo buque insignia la Sony Alpha 77 y querían que la probara y diera mi opinión. Uno no es un probador de cámaras, así que saltándome los protocolos que seguro existen al respecto y que desconozco, hice lo único que sé. Salir a la calle a hacer fotos.

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Lo primero que descubres es que las opciones son inmensas. Puedes disparar en automático y olvidarte de todo, pero si te sumerges en las opciones tienes un mundo de configuraciones. Abruma un poco y yo que soy un poco clásico, empecé limitándome a buscar las opciones que yo uso normalmente. Trabajar en Manual, ver como variar de manera cómoda la Apertura y la velocidad (tiene dos ruletas como la Nikon, aunque todo va al revés), medición zonal y puntual, cambiar la ISO, buscar el bracketing, etc.

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La cosa más curiosa es que es parece una reflex, pero no lo es. En una reflex tenemos un espejo, la imagen atraviesa la lente, se refleja en el espejo, y llega a nuestro visor. Así que vemos lo que la lente esta viendo en todo momento. Como un periscopio extraño. Al hacer la foto, el espejo se levanta (nosotros dejamos de ver) y la luz llega al sensor. Ese movimiento del espejo es el que hace ese sonido de clac clac tan característico de las fotos.

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En la Sony Alpha 77 lo que tienen es un espejo translúcido, que no deja de ser un invento curioso, como un espejo en una clásica sala de interrogatorios de película. Cuando dispara la luz atraviesa el espejo directamente hacia el sensor y si no, se refleja hacia el visor. Así que no hay movimiento de espejo, no hay clac clac, y sin la necesidad de ese movimiento las fotos se toman a toda pastilla. De hecho presume de ser la más rápida.

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Esto también permite, que a la hora de grabar video (por cierto, la calidad del video es brutal) puedas tener enfoque continuo. Eso si que es genial. Hasta ahora en las reflex, tocaba ir enfocando con a mano, lo que muchas veces es difícil (especialmente con aperturas muy luminosas como 2.0 o incluso 1.4). Aunque a mi lo que me ha encantado es que tenga el GPS integrado. Lo activas y te olvidas. Te pones a hacer fotos y luego las tienes todas geolocalizadas. Esto habría sido una triunfada en mi viaje de vuelta al mundo. Además sin cacharros extras. Lightroom reconoce el GPS sin problema y te manda a google maps, y aplicaciones como flickr lo integran perfectamente. De hecho toda la galería de estas pruebas está geolocalizada. Sin tener que hacer nada.

Captura de pantalla 2011-12-23 a las 13.02.31

Captura de pantalla 2011-12-23 a las 13.01.45

Y bueno, entre las decenas de funciones que fui descubriendo está la de hacer panorámicas solo moviendo la cámara, sin necesidad de montaje posterior. O hacer HDRs automáticos (y muy sutiles), o aumentar el rango dinámico en las fotos, o hacer fotos de 24 megapixeles (ya se que el megapixel no hace la foto, pero oye que murales se pueden hacer, no?) o fotos en 3D (aún no lo he probado) o descubrir que tenía el estabilizador incorporado en la cámara en lugar de la lente o… vamos un montón de opciones, que aún estoy descubriendo.

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(Hacer una panorámica no tiene secretos, joven padawan)

Por ponerle una pega para mi el visor electrónico (a pesar de los millones de pixeles que tiene) me sigue resultando un poco raro, comparándolo con el visor óptico. Lo bueno es que se puede mover en todas direcciones, así que especialmente para grabar video o hacerse autofotos es bastante cómodo. :)

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Ahora toca cargarla para las navidades, y seguir haciéndome a ella para sacarle más partido (ya saben ustedes que siempre hay un periodo de adaptación con cada nuevo gadget juguetito), así que mientras tanto, lo iremos amenizando con oreja, jeta, cabritillo, calvotes, polvorones, peladillas, gambas y demás viandas. Vamos, que el siguiente test va a ser de alimentos. Me consta que se hacen cargo. Pueden y deben imitar estas acciones. Aprovechen, disfruten y sobre todo no se atraganten.

¡¡Felices fiestas!!

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Las fotos, todas de Madrid y de Torrejón (que al pobre no le tengo nada retratado).

Mas info: Galería de flickr | Sony Alpha 77

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Los maquillajes de Susana Rubio

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Ver a Susana, nuestra querida Yowy, crear a base de pinceles, brochas, polvos, pintalabios, perfiladores, difuminadores, esponjas, bases, soluciones, lápices -e infinidad de cosas que desconozco-, pulir, perfeccionar las facciones que tenía delante para moldearlas a su antojo, era francamente admirable.

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Fueron tres cambios completamente diferentes, con los que sorprendió el rostro de la paciente Melina, nuestro modelo para la ocasión, acorde con el estilismo. Fue un trabajo minucioso, tanto que con algo más de una hora por maquillaje, no pude resistirme a grabar el proceso y en lugar de documentarlo a base de fotos, hacerlo con el video de la Nikon D90.

Ya lo había probado en alguna ocasión, pero había cosas que no me acaban de cuadrar. En los primeros vídeos la exposición no era constante. La D90 va ajustando la exposición según la luz que haya en la imagen, así que ahora aprendí a configurar el botón AE-L/AF-L para dejar fija la exposición.

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De igual manera, al trabajar con luz artificial muchas veces aparecen barras horizontales moviéndose por la imagen. Así que aquí hay que aplicar un método completamente artesanal para eliminarlo. Ir apuntando por la habitación, cambiando la velocidad, hasta que desaparece. Entonces, fijar la exposición y voilá. Listo para grabar. Seguramente habrá alguna manera más fácil (?). Soy todo oídos.

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Por último. Mi último juguete. Jiji. Un Glidetrack para poder hacer travellings algo más suavecitos, quedan muchas cosas que mejorar (entre otras un movimiento más uniforme en algunas tomas), pero espero ir mejorando con la práctica. El tema del Glidetrack tengo que agradecérselo a ese inmenso fotógrafo que es Julio Rodriguez, con quién pude charlar en el EBE’10 y quién me mostró parte de su trabajo con vídeos con travelling. Mil gracias, Julio.

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Pero bueno, hecha esta aclaración técnica (o algo parecido), no quisiera robar más protagonismo a las verdaderas artistas, Susana y Melina, que además de todo, demostraron una enorme paciencia para conmigo, en ese divertido proceso de ajustar luces, a ver esa barbilla un poco más arriba, a ver que pongo otra luz para perfilar, a ver que lo cambio todo, a ver tírate al suelo, a ver ahora de frente, ahora contraluz… y un largo etcétera…

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Así da gusto trabajar. :)

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Maquillaje: Susana Rubio
Modelo: Melina de Castro

Fotos de la sesión: Flickr

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La luz de Lisboa

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Lo llamaban mercadillo pero la mayor acumulación de trastos de la que podía dar fe. Las aparentes pilas de cachibaches, piezas olvidadas, ropa usada, juguetes rotos, se intercalaban con libros usados, trozos de futbolines, muebles, algunos incluso habiendo sobrevivido a la carcoma, espejos, cintas de VHS, botones, cubertería, herramientas para el jardín o las mañas del bricolaje, botones, pomos de puerta, vacías torres de ordenadores, cerámica, bolsos…

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Aún así una enorme multitud paseaba entre las improvisadas calles delimitadas por los esperpénticos puestos del mercadillo de Santa Clara, donde eran muchos más los curiosos que los compradores. Incluso, para rizar el rizo, lo más curioso eran muchas veces los propios compradores. ¿Quién estaría dispuesto a llevarse un álbum de dibujos de Peter Pan ya coloreado? Ah. La maravilla del Caos.

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Con el sobrenombre de Mercado de los Ladrones (Feira da Ladra), uno no sabe si atribuirle el nombre a la cantidad de espabilados carteristas que rodean la zona atraídos por la miel de la clientela, o si por el contrario comenzó como un lugar donde intercambiar mercancías robadas, lo cual explicaría el desbarajuste que ahora presenta, evolucionado, claro está.

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Pero cualquiera que fuera su origen, lo cierto es que bien valía una minuciosa visita a esos puestos compuestos por retales, donde a veces la tienda era una puerta abierta del propio vehículo. Todo valía. Si tenías un hueco allí podías plantar tus estampas, sellos o calzoncillos. Había quién incluso para mostrar las bondades de sus herramientas demostraba como una pica podría atravesar fácilmente un suelo asfaltado. El de la calle. Pruebe. Pruebe.

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Fue este uno de las paradas más divertidas de la muy viva Lisboa. Radiante, entre tanto sol, muchos aseguran que tiene una luz especial. La explicación “científica” parecía ser una conjunción de elementos. Por un lado el inmenso caudal del río Tajo, al sur de la ciudad, que no hacía sino reflejar toda la luz del sol hacia la ciudad.

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Por otro lado, la cantidad de azulejos que adornan muchas (muchísimas) de las fachadas de las casas, que a su vez vuelven a actuar de reflejos y por último el también brillante suelo adoquinado que también relanza la luz en todas direcciones.

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Claro que está disertación fue la que me dio el amigo Ricardo tras habernos acabado una botella de vino de la zona, así que podía tener razón o lo mismo no, pero a mi en aquel entonces, presa ya de la mitad de la bebida, asentí completamente convencido, momentos antes de lanzarnos a las abarrotadas calles nocturnas de la zona alta, epicentro de la noche de Lisboa.

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Pero independientemente de la validez de estos argumentos y también independientemente del alcohol ingerido, había que reconocerle a la ciudad su encantadora belleza. Además, su situación a lo largo de más y más colinas, convertía casi cualquier punto en un mirador. Tanto que eran incontables los puntos en los que pararse a ver los tejaditos naranjas y el descarado laberinto de callejuelas.

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Ni Teseo sería capaz de llegar al punto que deseaba en la Alfama, uno de los barrios más carismáticos de la ciudad, pero en cambio se encontraría con un montón de sorpresas que desconocía que pudiera encontrar por allí, como altares improvisados, patios ocultos por una esquina, escuelas que decoraban las calles colindantes, pasadizos convertidos en bares, casas irregulares como creadas al azar, por cuyos rincones resonaban los fados.

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La única salida, cuando uno se cansaba de vagar sin rumbo, de encontrarse calles que subían y se cerraban, o que giraban cuando tenían que seguir rectas, era tirar cuesta abajo, hasta llegar al paseo marítimo. Era la única salida posible si uno quería huir del Minotauro. Contrastes con las paralelas calles que nacen en la Plaza del comercio, que no dejan de ser una ilusión de escuadra y cartabón, rodeadas de las escalinatas, plagados de restaurantes de Baixa Chiado.

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A estar horas, pocos defectos, le pude sacar a esta ciudad, que lejos de tranquila tiene una ajetreada vida cultural. Así que hay diversiones para todos los gustos y no faltan excusas para plantar un escenario y tener un poco de música en vivo. En la calle, rincones, o bares (y no siempre con idéntico resultado de crítica y público).

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Si acaso, sus interminables cuestas, esas que muchos toman con infinita paciencia, pues muchos de los funiculares que las escalan no tienen la periodicidad que a muchos les gustaría. Los tranvías en cambio, habitualmente de amarillo, aparecen y desaparecen con premura, haciendo la ciudad manejable y corta. No hay mejor manera que su interior de manera (habitualmente abarrotado) para subir una cuesta.

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Así que no hay excusas. Es el momento de visitarla, darse en paseo por las terrazas, sentarse en cualquier punto con vistas a tomar algo, dejarse hipnotizar por los fados y por último, si me permiten, no dejen de pasarse a despedir el sol sobre el Atlántico en la zona de Belem.

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Para Ricardo, que mantenía el mismo espíritu que cuando le conocí en Myanmar.

Más fotos en su galería de flickr.

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