Archive for January, 2010

Día 245: De como llegó el Islam y lo que vino después

(Después de descubrir a la fuerza que Internet no es tan omnipontente ni omnipresente como cabría esperar y mucho menos en Indonesia, este post debería haberse pasado por aquí junto con unas pipas y algo de beber un 19 de Enero de 2010)

Borobudur 08

Los cantos de los imanes que surgían de las mezquitas inundaban las calles cuando abandoné el hotel. Eran las 4 de la mañana. Buen momento, pensé, para subir a lo más alto del Templo de Borobudur. Después de todo y tras la salvaje tormenta tropical del día anterior las estrellas brillaban en el cielo, así que con algo de suerte el amanecer podría tener encanto.

Borobudur 11

El mayor templo budista de toda Indonesia, curiosamente relativamente cerca (en términos indonesios) de otro gran complejo de templos pero estos… hindúes. Los templos de Prambanan.

Borobudur 06

(Por aquí Borobudur…

Prambanan 02

… Por aquí Prambanan)

Si tenemos en cuenta que Indonesia es actualmente un país mayoritariamente musulmán, encontrarse semejantes monumentos de otro mundo, otras culturas, denotan pistas de una interesante historia de cambios.

Borobudur 01

Borobudur 03

Prambanan 10

Historia la de este país, como la de tantos otros, moldeada por el comercio. Pero si nos remontamos un par de siglos atrás, Indonesia ni siquiera era un país. Era un conglomerado de islas que tenían muy poco que ver entre ellas.

Borobudur 02

Prambanan 03

De hecho salvando un idioma único (para dominarlos a todos) siguen sin tener muy poco que ver unas con las otras. ¿Que hizo que se convirtieran en un país medianamente unido? Hagan sus cábalas. Titotito tito tititoti (música del un, dos, tres) La respuesta en unos cuantos párrafos.

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¿Tenemos suficiente plutonio, Doc? Enciende el condensador de fluzo, que el De Lorean alcance las 88 millas por hora y nos vamos al siglo II a.C. donde por aquel entonces ya comenzaban el intercambio de bienes con el Asia continental y con la India, cuyos mercaderes ya se empezaban a asentar en las inmediaciones. Al igual que Malasia. Indonesia estaba en medio de los grandes comercios. Entre la India y China.

Prambanan 05

Es inevitable. Siempre que unos llegan alteran y acaban influenciando. Nos quejamos de cómo la vida cambia y altera sitios “tradicionales” pero ha sucedido desde siempre. Todo está en continuo movimiento. Los habitantes de las islas indonesias, que antes habían mostrado su devoción al animismo, una religión basada en los espíritus que nos rodean, acababan seducidos y adoptando el hinduismo y el budismo procedente de la India.

Borobudur 22

Prambanan 06

Los gobernantes tomaban ahora los nombres de Raja o Maharaja. Era una evolución natural que aseguraba fuertes lazos con el mundo hindú. Naturalmente, ni el proceso fue de un día para otro, ni el hinduismo acabó imponiéndose como tal, sino más bien como un batiburrillo que mezclaba un poco de todo.

Borobudur 12

Prambanan 04

Pero lo cierto, es que en siglo VIII, dos reinos rivales construyeron los templos de Borobudur y Prambanan. La India estaba en Java.

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Pero indonesia no sólo estaba entre la India y China, sino que también se cruzaba en el camino de Arabia con la China, buen punto para que los mercaderes pararan y recargaran fuerzas. Los musulmanes se establecían al Norte de Sumatra mientras el estado Hindo-budista de Majapahit florecía con fuerza, expandiéndose desde Sumatra hasta Papua con el poder de convicción que da el “si no te unes a mi te extermino”. Lo que venía siendo un lugar civilizado.

Borobudur 14

Duró casi 200 años antes de llegar la hora del Islam. Que siguiendo los mismos pasos, fue desplazando paulatinamente al imperio Majapahit, como un domino, las fichas iban cayendo y el islam se iba asentando. Y en estos ires y venires estaba el archipiélago cuando aparecieron por allí cerca, en la colindante ahora Malasia, los portugueses y tras ellos los holandeses.

Borobudur 20

Prambanan 01

Esto es demasiado, debieron pensar, ¿es que no vamos a poder vivir una temporadita tranquilos, con al menos la misma religión? Lo de cambiar del animismo al hindo-budismo, vale, coló. Después pasamos al islam y también pasamos por el aro. ¿Y ahora cristianismo? Amigos holandeses, nos tenéis la cabeza como un bombo. Así no hay quién se centre en nada. ¡¡Un poquito de por favor!!

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Los holandeses se las vieron venir. Tampoco es que se hubieran trabajado mucho las relaciones internacionales, eso de haber “esclavizado” a gran parte de la población obligándolos a trabajar en campos de café, té, tabaco y similares en condiciones brutales, no se había visto con demasiados buenos ojos. “Para mí que estos van a acabar por mosquearse, amigo van Gaal”. Vamos a quedar como unos señores. Vamos a darles… ¡cultura!.

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Craso error. Las nuevas políticas de educación, salud, economía y derivados, si bien mejoraron las técnicas de cultivos salvando del hambre a muchas familias también valieron para que los “sometidos” fueran aún más conscientes de las injusticias de las que eran víctimas.

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Llegaba el momento de la revolución y todo esos mundos dispersos, todas esas islas, todas esas culturas, aunadas contra un enemigo común, se definieron con una identidad única, la indonesa con un lenguaje único, el indonesio. Era 1928. Los holandeses habían, indirectamente, conseguido lo imposible.

Borobudur 15

Aunque la historia dio un poco más de vueltas, al final los holandeses se vieron obligados a abandonar su colonia e Indonesia ganó su independencia, pero también se dieron cuenta de que eso acarreaba no pocos problemas. Pero esto, considerénlo un avance, más en próximos capítulos.

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Prambanan 08

No hay que decir que el cristianismo nunca triunfó demasiado. De hecho hoy en día Indonesia es el país con más musulmanes del mundo, lo cual no deja de ser curioso cuando estas visitando uno de los mayores templos budistas lleno de escolares musulmanes, que (vaya sorpresa) tienen más interés en la caza del extranjero que en la de perderse entre los grabados que recubren los pasillos de la monumental Borobudur.

Borobudur 05

Borobudur 04

Seguramente la descubrirán en su momento, dentro de algún tiempo, cuando nazca el interés por su historia, o lo mismo será al revés, será el enorme templo que ha resistido al paso del tiempo, a terremtos, volcanes, ataques terroristas y ejercitos organizados de turistas el que les haga adentrarse en los episodios de su historia.

Borobudur 17

O al menos así fue como lo hice yo. Aunque yo la primera vez que ví Borobudur fue cuando despertaba en su cima. Al final el amanecer quedó ligeramente eclipsado por una cortina de nubes que lo deslució un poco, aunque consiguió escapar a su feroz control durante unos pocos segundos, suficientes para impregnar el sitio de un aire mágico.

Borobudur 16

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Día 242: Indonesia no es cosa fácil (aunque sí tremendamente divertida)

(Tras leer este post y entre líos y conflictos varios entenderán que no llegara cuando tuvo que hacerlo, un tal 16 de Enero de 2010)

Yogyakarta 29

- I am sorry Misterr, pero el vuelo que usted quiere para mañana se ha cancelado.
- No se preocupe. ¿Cuando es el siguiente?
- Mmmm… a ver, a ver. En una semana.
- ¡¡Una semana!!
- Sí Misterr, es que sólo hay un avión y ha petado. Vamos, que lo están reparando.

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Fantástico. Una semana. Una semana en Pontianak, un lugar alejado del mundo en Kalimantan, el Borneo indonesio, al que había llegado después de un viaje de 14 horas cruzando la frontera desde Kuching, para tomar única y exclusivamente ese vuelo. Sin más alicientes, ¿qué iba a hacer una semana en Pontianak?

- ¿Pero habrá alguna otra manera de llegar, no? ¿Bus? ¿Triciclo? ¿Catapulta? ¿A lomos de un orangután?
- Me temo que no, Misterr. No hay quién cruce Kalimantan. Sólo airplane.

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Scheisse. Mi estupendo intento de planning se caía a pedazos. Resoplé. Saqué el mapa sobre la mesa.

- ¿Y a donde más vuelan? Dígame cualquier sitio.

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Ya me había advertido Gorka, que se ha hecho un par de Masters en viajar por Indonesia, de la imprevisibilidad en el transporte en el país de las más de diecisietemil islas (copypasteo directamente de un mail que me envió al respecto):

“Ten paciencia en indonesia al trasladarte de un lugar a otro. Cuando llegas a algún destino es como si estuvieras cubierto en una trinchera, pero cuando sales para ir a otro destino nunca sabes lo que te va pasar, cuanto tiempo va pasar, con que te vas a enfrentar, es como la guerra, hay tiros por todas partes, flechas, lanzas, barro, bombas que caen del cielo.. puff.. de todo.. eso sí, cuando llegas a un destino, ¡es impresionante! es un país increíblemente bello en todos los sentidos.. así que disfrútalo..”

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La primera en la frente. Había sido incapaz de llegar a mi primer destino. Nada insalvable. Confieso que un par de semanas atrás cuando comenzaba a preparar el recorrido por Indonesia arrojé la toalla. Me rindo. Esto es imposible. Es demasiado grande. Es, en términos del viaje actual, totalmente impensable cubrir siquiera lo mínimo.

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Así que a sabiendas antes de empezar que ya me iba a deber otro viaje a Indonesia decidí no preocuparme demasiado. Descartaba enormes islas como Sumatra y me centraba en cuatro o cinco cosas que me llamaban la atención. Pero con tanto para elegir esas cuatro o cinco cosas podrían ser otras cualesquiera.

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Pero es que no sólo moverse en por el país estaba resultando difícil. Conseguir el visado en la embajada de Kuala Lumpur también había tenido sus propias dosis de aventura gráfica. Primero, desconocía que no podía entrar en la embajada con pantalones cortos. Si son sus normas, son sus normas, aunque siempre escama que haya a la salida un paisano que curiosamente alquile pantalones largos a 5 dólares el rato.

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Tras ir y volver del hotel (lógicamente, porque el orgullo no me permitía incentivar el alquiler pantalonil) está vez derretido en mis pantalones largos en un día que debía rondar los 40ºC con nosecuanto de humedad, pasé las siguientes horas en el más completo de los aburrimientos viendo como la lentísima burocracia indonesia atendía uno por uno a las otras cuarenta solicitudes que tenía delante de mí. Parada para comer incluida. Después llegó el examen. ¿Por qué quieres ir a Indonesia? ¿Que vas a hacer exactamente? ¿Cuanto tiempo? Uy, mucho me parece a mi. ¿Tienes tantas vacaciones? ¿Que es eso de tiempo sabático? No entiendo. ¿Y por qué no has pedido el visado en tu país? ¿Tienes billete de salida?… Peor que una entrevista de trabajo.

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Pero volvamos a aquella entrañable oficina de Pontianak donde llevaba ya un rato intentando cuadrar mis días con carambolescas posibilidades mientras uno de los empleados me intentaba casar con una de las empleadas. “¡¡Qué está soltera, Misterr!!”. Ejem.

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Todo parecía señalar que (bodas express aparte) la única posibilidad factible era volar a Jakarta, la capital indonesia, situada en la isla de Java. También era mala suerte. El único sitio de toda Indonesia donde todo viajero con el que había cruzado palabra me había recomendado no parar. “Es horrible y no hay nada que ver”. Pero la parte buena era que llegando a la capital podía volar a casi cualquier lado, así que ya que estaba en Java, ¿por qué no buscar lo más interesante?

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En mi lectura en diagonal por Java en las páginas de la guía, opté por visitar la histórica localidad de Jogyakarta y así fue como cuatro días después de entrar en Indonesia, visitaba mi primer destino. ¡Prueba superada!

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Fue un tremendo acierto. Monunentalmente no era gran cosa, pero todo su entramado de relajadas callejuelas, aderezadas con saludos y sonrisas de quienes las habitaban me animaron de inmediado. Tremendamente encantadores, los indonesios se partían de risa sólo con verme “¡¡un Misterr, un Misterr!!”, los niños salían corriendo a saludar con la esperanza de ser retratados. Todos querían salir en la foto. Estos extranjeros chiflados que se cruzan el mundo para hacernos fotos, ¡a nosotros!. Que gente más rara.

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Había quién se ponía a bailar delante de la cámara. Quién llamaba al resto de amigos, que se acercaban a saludar. Acabas paseando por la calle girando la cabeza a un lado y otro respondiendo a los “Hello Misterr” por todas partes. Ni Sus Majestades. Que trato, oigan.

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(Foto de familia, pa-ta-taaaa)

La segunda e invariante pregunta era por mi lugar de procedencia. “Spain, my friend.” “¿Spain?”, “Yes, Spain.”. No parece que ni idea de por donde cae. “Spain, Spain, España”. “¡Ahhh! ¡¡España!! ¡¡Españolo!! ¡¡Real Madrid!!”. Y acto seguido empezaban a hablar maravillas de Cristiano Ronaldo y de Raúl Gonzalez. Impresionante. Supongo que estás son las cosas que justifican los millonarios desembolsos por jugadores y que hacen frotarse las manos al tito Floren. De cualquier manera, no viajéis a Indonesia sin saberos al menos unos cuantos jugadores del Madrid y otros cuantos del Barcelona u os perderéis uno de los pocos temas de conversación para con quién no habla inglés. Que son unos cuantos. He aquí mi briconsejo de hoy.

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(Vendiendo helados)

El segundo es perderos, perderos, perderos por Yogyakarta, es un disfrute continuo, desde pasadizos y mezquitas enterradas, hasta huertos mezclados con parques, tiendas, gente durmiendo por el suelo presa del calor, niños corriendo, abuelillos sonrientes, plantas y verduras al sol, bicicletas con neveras vendiendo helados, mercadillos, todo tipo de antigüedades, caballos, tuktuks, mucha muchísima gente, centenares de motos y miles de tiendas de Batik.

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El Batik, es una técnica para teñir tejidos típica de Java, pero también es el sinónimo de horror. “Batik, misterr?” “¿Quiere ver mi tienda de Batik? Es artesanal. Just looking” “¿Quiere comprar algo de Batik?”. Batik. Batik. Batik. Llegando incluso a técnicas más agresivas dignas de tuktukeros bangkonianos. “El palacio está cerrado, pero yo le doy una vuelta por aquí… mire, casualmente la tienda de Batik de mi cuñado!” “¿Que va usted al palacio?, uy ya le llevo yo por aquí, que con estas callejuelas cualquiera sabe, no se vaya usted a perder… mire, uy, casualmente la tienda de Batik de mi cuñado otra vez!”. ¡¡Argh!!

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Pero no pierdas la sonrisa. Estás en Indonesia.

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Día 237: Ko Lanta y el Sol sobre Andamán

(La paciencia que es la madre de la ciencia informa que este post tenía que haber pasado por aquí un 11 de Enero de 2010)

Ko Lanta 19

Hay varias cosas que llaman la atención de Ko Lanta. La primera es que es relativamente tranquila y relajada en comparación con otras islas similares de los mares tailandeses. La segunda es la carencia de montañas, lo que la hace ideal para recorrer en moto (je je). Y la tercera es una forma cuasi rectangular que la hace tener playas larguísimas… especialmente las que apuntan al oeste. Ideales para disfrutar de los atardeceres.

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Los tailandeses ya la han sentenciado. Se ven e intuyen construcciones y más construcciones, resorts, bungalows y carreteras asfaltadas. Todo para irónicamente anunciarla como la más tranquila de las islas. Será durante poco tiempo, pero hasta entonces y antes de que se convierta en centro de fiestas compitiendo con Ko Phi Phi en el mar de Andamán, resulta de lo más agradable.

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Ko Lanta 09

Ko Lanta 11

Lo cierto es que las edades del turisteo son sensiblemente superiores a las de otras islas y por algún motivo que desconozco la isla es centro de suecos, tanto que las librerías tienen zonas especializadas en sueco y hay banderitas azules con cruces amarillas por todas partes. Cómo Mallorca con alemanes, vamos. Que en algún momento llegaron para quedarse. ;-)

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Si la costa Oeste es casi una enorme y larga playa, la este es mucho más rural y quizás mucho más interesante. No es que necesite excusas para alquilar una moto, pero en estos lugares donde el alojamiento está repartido a lo largo de la costa sin ni un mísero seven eleven a la redonda, lo cierto es que son imprescindibles.

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(Esperando al sunset…)

Así que ya que una moto era vital para mi supervivencia y ya que la tenía no era cuestión de dejarla paradita al lado del bungalow, así que en un clásico día de exploración motera me dio tiempo a recorrer aldeas, pueblos pesqueros, miradores… y pasearme por las escuelas de buceo a ver que ofertas tenían.

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Sí, en mi viaje desde Ko Pha Ngan hacia el sur había vuelto a dejarme seducir por lo que decían era uno de los mejores lugar de buceo de Tailandia (con el permiso de las Islas Similan, que dejaremos a modo de comodín para otro viaje): Hin Muang y Hin Daeng.

Hin Muang - Hin Daeng 05

Hin Muang - Hin Daeng 13

Hin Muang - Hin Daeng 04

Uno se da cuenta de la no explotación masiva de esta isla cuando ve que hay competencia en los precios. Aún no han llegado al punto en que se sientan todos los bucaneros juntos alrededor de unas cuantas tiger beer y dicen: “A ver, ¿A cuanto vamos a sablar a estos?” al tiempo que todos jalean ¡¡¡Sangre de faraaang!!! ¡¡¡Sangre de Farang!!!

Hin Muang - Hin Daeng 10

Hin Muang - Hin Daeng 06

Lo cual es mejor para el viajero porque con un poco de tiempo puede encontrar buenas ofertas y así acabar buceando por la mitad de lo que ofrecían en un principio. Sugoi. (Por cierto, el sitio que recomendaban en la lonely planet costaba más del doble… algún día hablaré del efecto de la famosa guía en la economía local).

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Hin Muang - Hin Daeng 14

Uno de los alicientes de Hin Muang y Hin Daeng son las mantas rayas, pero antes de que se dispare el odiometro os diré que no vimos ninguna. Temas de corrientes marinas, o eso decía el capitán Achab. Al parecer no había pasado demasiado tiempo desde la luna llena, la misma que había iluminado la sórdida noche de fin de año y su paso crea corrientes más fuertes. Eso en mi mente no tiene demasiada lógica, pero San Google dice que es correcto, así que me abstengo de replicar.

Hin Muang - Hin Daeng 07

Hin Muang - Hin Daeng 03

Sea como fuere, no vimos nada espectacular ahí abajo. O más bien nada más espectacular que el propio fondo marino que ya dejaba la boca abierta. Hin Muang, la montaña morada y Hin Daeng, la montaña roja, hacían honor a sus nombres. Montañas de anémonas, plantas y corales y paredes y paredes repletas de vida. Un cuidado paraje submarino en mitad de la nada. No en vano hay que viajar cuatro horas en barco de ida y otras tantas de vuelta para poder llegar a la pequeña roca que sobresale en los confines del mar y que indica que has llegado al deseado destino.

Hin Muang - Hin Daeng 01

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Es, con o sin mantas rayas, con o sin tiburones ballena, una gozada. Uno de los dive masters comentaba que hace tres años una especie de virus submarino arrasó con la vida en estos arrecifes. Es decir, lo que estábamos viendo tenía en muchos de los casos, sólo tres años de edad. Simplemente increíble. Ya lo decía Jeff Goldblum en la piel del matemático Ian Malcom: La vida se abre paso.

Hin Muang - Hin Daeng 02

Hin Muang - Hin Daeng 18

Acababa con esto mi paso por Tailandia, que entre unas cosas y otras, que si entro, que si hago unos visados, que si vuelvo, que si hago un visa run, que ahora revuelvo para navidades y demás, ha ocupado casi dos meses de mi tiempo de viaje. Era hora de seguir nuevos rastros, pequeña ranita.

Mis pasos se dirigían por fin, a Indonesia.

Ko Lanta 17

Ko Lanta 15

Pero mientras tanto, y mientras llegaba, disfruten estos finales del día, que como bien me hicieron saber Pilar y Sergio, son de lo mejorcito. “No te vayas sin ver al sol ponerse sobre el Mar de Andamán”, me dijeron. Gracias por el consejo. El atardecer más alucinante que he vivido en este viaje.

Créanselo. Es de verdad.

Ko Lanta 21

Ko Lanta 22

Ko Lanta 23

Para Antonia.

Más fondos marinos y las criaturas que enamoraron al capitan Nemo, aquí.
Más cielos creados por la mente de un genio,
aquí.

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Día 233: Vuelta a Ko Tao… algo más abajo.

(Sigue nadando, sigue nadando Dori, que este post tenía que haber llegado un 7 de Enero de 2010)

Underwater Gulf of Thailand - White Rock 09

A lo lejos brillaban las luces de Sairee y salvo la propia luz del barco no se veía absolutamente nada más. La negrura de la noche se reflejaba sobre la superficie del mar. Insondable. Everybody ready? Inquirió V momentos antes de asumir un yes y saltar por la borda. Un último chequeo de todo el equipo, regulador a la boca y repitiendo su salto nos sumergíamos en las profundidades.

Underwater Gulf of Thailand - White Rock 08

Underwater Gulf of Thailand - Japanese Gardens 01

En la mano y apuntando hacia el abismo el haz de la linterna acuática cortaba nítidamente la oscuridad. Varita mágica que creaba y descreaba el mundo a su alrededor según se movía. El arrecife de coral, White Rock, cobraba vida con su movimiento y bajo su halo surgía la vida, cientos de pececitos moviéndose entre los corales.

Underwater Gulf of Thailand - White Rock 07

Underwater Gulf of Thailand - Japanese Gardens 03

Se revelaban también los verdaderos colores de las profundidades. Gracias a la luz externa, no había que ver el submundo acuático con la degradante luz del sol que lo volvía más y más azul. No. Ahora se mostraba toda la paleta de colores. Brillantes rojos y verdes que durante el día habían quedado ocultos.

Underwater Gulf of Thailand - Twin Peaks 01

Underwater Gulf of Thailand - Sail Rock 04

Mientras atravesábamos un pasadizo de roca pude pensar fríamente en la situación. Estoy a veinte metros bajo el agua, de noche, atravesando una cueva con una linterna mientras se atraviesan bancos de peces. ¡¡Esto es increíble!!

Underwater Gulf of Thailand - Sail Rock 03

Underwater Gulf of Thailand - Sail Rock 06

No tardamos en descubrir como a nuestras espaldas nos seguía una gran barracuda, depredador que a pesar de su aspecto fiero y terrible nos debía estar tremendamente agradecida por ayudarle a encontrar presas en mitad de la noche.

Underwater Gulf of Thailand - Sail Rock 01

Underwater Gulf of Thailand - Sail Rock 02

Pues sí. Era inevitable. Había vuelto a Ko Tao. A la llamada de las aguas profundas que rodean esta isla, a continuar lo que había empezado cuando completé el Open Water de buceo. La conversión a sardina master. El nivel avanzado me esperaba y se estaba cobrando cada sesión con gloriosas ovaciones. Pero de todas, ninguna pudo superar al buceo nocturno. Impagable sensación.

Underwater Gulf of Thailand - White Rock 01

Underwater Gulf of Thailand - Sail Rock 05

La otra perla suele ser el buceo en las profundidades, donde añades otros 12 metros extras a tu anteriores 18 metros con lo que básicamente estás capacitado para bajar a 30 metros. En mi caso no es algo que me haga especial ilusión, salvo que es por ahí por donde se suelen mover los tiburones. Mmmmm. ¿Es mucho pedir? Dicen que contra el defecto de pedir, la virtud de no dar: una vez bajamos a 26 metros las corrientes movían tal cantidad de sedimentos que era imposible ver nada. La más terrible de las nieblas. Si estiraba la mano apenas podía ver la punta de los dedos. A tirar de brújula.

Underwater Gulf of Thailand - Twin Peaks 05

Underwater Gulf of Thailand - White Rock 05

Era el momento además de comprobar como se comportaba mi nuevo juguete fotoacuático. Una canon G11 con carcasa sumergible cortesía de sus majestades mágicas. Capricho necesario, como todos los caprichos.

Underwater Gulf of Thailand - Twin Peaks 02

Underwater Gulf of Thailand - White Rock 03

Poder disparar en RAW no tiene precio, aunque hacer fotos siga siendo tarea harta difícil. Porque yo me muevo, los peces se mueven (y eso que les pensaba sacar por su lado bueno) y todo se mueve, así que al final uno se dedica a hacer fotos a diestro y siniestro, flash por aquí, sin flash por allá, y confiar en la fortuna y la pericia en el postprocesado.

Underwater Gulf of Thailand - Japanese Gardens 02

Underwater Gulf of Thailand - Twin Peaks 07

Aproveché los nuevos conocimientos del módulo específico de flotabilidad para hacer fotos bocaabajo. Como un murciélago acuático. Es bastante curioso. Te quedas flotando en vertical con la cabeza hacia abajo y los peces se asustan mucho menos y te puedes meter más en el coral sin miedo a tocarlo. Con el extra además de que las burbujas te hacen cosquillas.

Underwater Gulf of Thailand - White Rock 04

Underwater Gulf of Thailand - Twin Peaks 04

Y sí, se agradece tener fotos de recuerdo, pero nunca será lo mismo que verse en el centro de un banco de barracudas, o cruzar miradas con un pez payaso que se asoma entre las anémonas, acercarse demasiado sin darse cuenta a un pez ballesta (que muerden, ojo), descubrir mantas moteadas bajo las rocas, darse cuenta de que a 30 metros alguien olvido traerse el rojo, nadar en las aguas más cristalinas descubriendo las extrañas formas de los corales sobre las rocas en los jardines japoneses, o simplemente sentir la ingravidez bajo el agua.

Underwater Gulf of Thailand - Sail Rock 08

Underwater Gulf of Thailand - Sail Rock 07

¡¡De verdad, que si ya no os he convencido para que os metáis en la bañera, ya no sé que más inventarme!!!

Underwater Gulf of Thailand - White Rock 06

Para que no haya equivocaciones, todas estas fotos son de esos días, pero no hay ninguna foto del buceo nocturno. Bastante tenía con el miedo y la linterna para encima añadir más cacharros. Para la próxima. :)

Todas las fotos entre corales, anémonas y bancos de barracudas, aquí.

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Día 229: Relax, la otra cara de Ko Pha Ngan

(Entre cocos y currys, retrocedan mentalmente al 3 de Enero de 2010 y tomen asiento en su tumbona)

Ko Pha Ngan 25

No sólo de fiestas salvajes vive el hombre y a pesar de que la publicidad mayoritariamente se centraba en el consumo de buckets en la full moon party lo cierto es que Ko Pha Ngan guardaba unas cuantas sorpresas y unos cuantos lugares más de bellas y cristalinas aguas sacados de fotos de ensueño.

Ko Pha Ngan 18

Ko Pha Ngan 02

No estaría bien presumir de alojamiento alegando que nos costó encontrar un lugar de caché suficiente para nuestros maltrechos huesos, más bien nos quedamos con lo único que encontramos porque la full Moon había llenado la isla y tras demasiadas infructuosas buscas y muchos “la isla está llena, mejor mira en las islas de al lado” recibimos una respuesta positiva. Si o si. Lo que sea. Yo que ya he luchado con cucarachas y ratas en las habitaciones estaba dispuesto a todo.

Ko Pha Ngan 09

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Pero hete que nos fuimos al extremo cuasiopuesto. Magníficos bungalows a pie de playa. ¡¡Y que playa!! Mirando al oeste para despedir al sol. Claro, el precio estaba en concordancia, pero bueno, un par de días son un par de días y el lugar casi desierto merecía la pena.

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Uno se da cuenta rápidamente de lo organizados que están los habitantes de la isla para sacarte los cuartos. Aquí se ven los años de turismo despiadado. La competencia entre los servicios no existe. Ni para los taxis. Ni para Internet. Ni para las barcas ni barcos… Nada. Todos el mismo precio. Caro, pero igual para todos. El oligopolio de los piratas.

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Estando como estábamos fuera de un centro de ciudad teníamos que evitar el abusivo precio de los taxis como fuera. Nada. Nos hacemos con unas motos y ancha es Castilla. Nos iban a salir más baratas y además ganabamos en movilidad.

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Claro, la misma idea habían tenido todos los farangs que llegaban a la isla. Ni motos. Ni quads. Ni coches. Si hubiera habido burros, también estarían todos alquilados. Quiso la suerte encontrar una en plena negociación con otro grupo de farangs, pero entre que si, que no, que nosotros pagamos más, miradas amenazantes y algo de suerte, al final nos la acabamos quedando. Bien por la negociaciones agresivas.

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Con una moto, agilizamos la búsqueda de otra y para cuando la conseguimos en una peluquería perdida de la mano de Dios un par de horas después nos dimos por satisfechos. Cuatro. Dos motos. Enough.

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Descubrimos para nuestro goce que Ko Pha Ngan estaba muy desaprovechada. Y con ello quiero decir que se han preocupado por concentrar a todo el mundo en Haad Rin, en el sur y según te alejas y te alejas va adquiriendo tintes más salvajes, las carreteras empeoran y en ocasiones solo se puede llegar a ciertos puntos mediante barcas. Una pasada.

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Ko Pha Ngan 22

Ko Pha Ngan 23

Así que trekkeamos por las montañas (en busca de cataratas que apenas existían hasta la nueva temporada de lluvias), visitamos a elefantes, nos hicimos amigos de señores barqueros, nos hartamos a comer marisco, nos hartamos a comer currys, nos hartamos a comer en general, nos hartamos a usar la tumbona… y nos hartamos a ver atardeceres.

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Las vacaciones de las vacaciones, donde aunque me había prometido dejar la cámara por unos días, fue imposible. ¿Cómo negarse?

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Pescadores

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Fishermen 02

Fishermen 03

Fishermen 04

Ko Pha Ngan, Diciembre 2009

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Día 226: Locos por la luna llena

(Ahora sí, podría darles lamentables argumentos de islas paradisiacas sin posibilidad de Internet, pero entre que debaten si se lo creen o no, este post tendría que haber llegado a sus pantallas el 2 de Enero de 2010)

Full Moon Party 01

Las olas rompían sobre la orilla enmudecidas bajo los ensordecedores megavatios de los altavoces que la recorrían. Entre ambas algo más de cincuenta mil personas bailaban al ritmo techno, dance y drum&bass que imprimían los DJs. En el cielo, paciente y observante, brillaba la luna llena. La culpable.

O la excusa.

Full Moon Party 17

Full Moon Party 42

Full Moon Party 28

Cuenta la leyenda que un grupo de turistas decidieron (bajo la influencia de vayaustedasaber que drogas) que no había en el mundo lugar mejor para ver la luna llena que la tailandesa isla de Ko Pha Ngan. Así que se juntaron, montaron una fiesta y hubo gran recocijo. Acordaron, en vista del éxito obtenido, repetir el evento al año siguiente.

Full Moon Party 19

Full Moon Party 16

Pero hete aquí que las mentes pensantes, siempre atentas al negocio y más si es para bien de sus bolsillo, se dieron cuenta de que la luna llena no se podía ver sólo una vez al año. Amigo, que esto es un chollo. Cada 29,5 días la tenemos por aquí. ‘’¡¡De esta nos forramos!!.

Full Moon Party 35

Full Moon Party 38

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La gallina de oro no había hecho sino comenzar. La luna llena se convertía en la excusa. Y los asistentes iban de cualquier manera y pueden apostar que no muchos se paraban a observarla detenidamente. Si. Si. La luna. Uy, que bonita. ¿Donde está la fiesta?

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Así que los mismos cerebros pensantes dijeron que seguro que si se celebraba la luna llena también habría quien gustaría de celebrar la luna nueva, la media luna, la luna creciente, la luna decreciente y cualquier cosa que tuviera que ver con luna. Tanto que otras islas se empezaron a apropiar de la luna azul, la luna oscura, la luna patatin, la luna patatan… ¡es fantástico! ¡podemos reciclar la palabra luna todas las veces que queramos que siempre habrá algún farang listo para soltar pasta!

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Pero a pesar de todo, la cita lunar en Ko Pha Ngan, seguía siendo la fiesta por excelencia y sigue congregando cada 4 semanas a la nada desdeñable cantidad de treinta mil visitantes. Listos para darlo todos. La isla se colapsa, los precios se disparan y muchos de los alojamientos se suben al carro exigiendo un mínimo de noches. Así que son las islas colindantes las que se llevan parte del pastel. No preocuparse, que nosotros montamos un barco que sale por la tarde y os recoje por la mañana. A caja, por aquí.

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Ahora, bien, supongamos que la luna llena coincide con algo más, como por ejemplo… Nochevieja. Entonces el colapso es total. Todo alojamiento que se pudiera reservar por telefóno, internet o paloma mensajera había desaparecido hacía meses y todo barco que unía tierra o isla con Ko Pha Ngan ya estaba lleno hasta la linea de flotación durante no sólo el día de la fiesta sino unos cuantos días antes y unos cuantos días después.

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Y allí llegamos, Héctor, Aitor, J. y yo, con los deberes hechos aunque salvados por la campana con algo más de un mes de antelación y después de muchas horas de búsqueda intensiva, pero lo teníamos todo. Barco, alojamiento y cámara de fotos. La Full Moon Party, idolatrada por muchos y odiada por otros tantos nos esperaba.

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Los alrededores de Haad Rin ya bullían de gente. Los pickups y barqueros trabajaban incansablemente transportando a gente desde el resto de la isla y se respiraba el ambientazo por las calles, cargados de gente, puestos de comida callejeros, tatuadores esperando hacer su agosto en cuanto aumentara el grado de alcoholismo y… vendedores de buckets.

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(Los buckets… arma del diablo)

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(No os dejéis engañar por la publicidad… no money, no honey… no boom-boom)

No hay fiesta playera tailandesa donde no haya cubos. Lejos de su tradicional uso para ayudar a crear perecederas construcciones de arena aquí estaban llenos de hielos y bebidas mezcladas, generalmente, whisky o ron, con cola, fanta y aderezado con red bull y adornado con sendas pajitas para uso, consumo y disfrute.

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(Nunca le quiten un bucket a un farang)

Añadan a la mezcla a los supuestos camellos y las supuestas drogas ilegales. Dicen las autoridades pertinentes que está prohibido su consumo en la fiesta, pero con una montaña oficialmente denominada “Magic Mountain” ya me dirán ustedes que se esperan encontrar por allí. Mucho me temo que no es a Merlín por más que a alguno se le aparezca.

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Y entre cubos y pinturas fosforescentes nos aproximamos a la cuenta atrás. Ten. Nine. Eight. Gritos. Vamos que ya llegamos. Seven. Six. Five. Bye 2009. Four. Miss you. Three. Whis you were here. Two. Hello 2010. One. Love you.

Zero.

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Se desató la locura y al tiempo que las cincuenta mil personas empezaban a gritar y dar botes, los fuegos artificiales empezaban a estallar encima de nuestras cabezas. Y cuando digo encima es encima. En vertical y más cerca de lo que la cordura podría estimar conveniente. Pero esto es Tailandia. Esto es el sudeste asiático. ¡¡A la ropa que hay poca!! Vamos DJ. Dale caña a esos amplis. Haznos saltar. Déjanos agotados. ¡¡Hay que darlo todo!!

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Y los que pudieron lo dieron todo en esta fiesta salvaje. Otros muchos empezaron a caer rendidos y presas del alcohol, angelitos durmiendo a pierna suelta entre los pies de los que bailaban, volaban los cubos, caían las botellas, menos mal que no se nos ocurrió ir descalzos, el mar se convertía en el mayor servicio del mundo y quien no te enseñaba el culo te enseñaba algo peor (o mejor), mientras algún que otro iluminado se bañaba en las mismas aguas, había hordas bailando en plataformas que se doblaban incapaces de soportar el peso, habían quien saltaba a la comba ardiente, ardía el fuego en plataformas con los clásicos mensajes cargados de buenos deseos y pasábamos de pista en pista bajo la ya olvidada mirada de la luna.

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(Ale, Feliz Ñao Neuvo)

Aunque seréis capaces de imaginar el resto, lo cierto es que según avanzaba la claridad y se encendía el día se iban los restos del campo de batalla mientras los más fuertes (que eran unos cuantos) seguían bailando ignorando al sol. Y ya sin la capa de maquillaje que tan sutilmente ponía la oscuridad, el esperpento era de lo más divertido.

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(¡¡Ningún ebrio se quedará atrás!!)

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Mientras los ladyboys se dedicaban con gran éxito a la caza de farangs con unos cuantos buckets de más, otros yacían inconscientes sobre la arena de la playa ignorando el acoso por la marea creciente y otros cuantos ignoraban que había gente a su alrededor expandiendo el concepto de intimidad o subestimando el efecto de las últimas pastillas ingeridas. Bendito e imprescindible zoo.

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(Los restos de la fiesta. No se asusten demasiado, parece ser que la entrada que había que pagar se usaba para limpiar la playa y damos fé de que al día siguiente estaba muy limpita)

Al día siguiente surgían las historias, con asimétricas dosis de realidad e irrealidad, muchas de las cuales seguro acabaran convertidas en leyendas urbanas. Cómo aquel que se encontraba en su mundo sentado en los desagües de los baños, o ese otro que había perdido un ojo…

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… o el otro que se había subido a un árbol vestido únicamente con el bañador y al descender deslizándose no todo él llego hasta abajo, digamos que una pequeña portuberancia del arbol le arrancó los genitales de cuajo. Operación de urgencia en el hospital de la isla a las cuatro de la madrugada y la certeza de que las drogas provocan impotencia…

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Sería injusto despedir la fiesta sin asegurar que la mayoría de la gente simplemente se lo pasó en grande, sin más percances y sin más agujeros bochornosos en su memoria, pero de algo tienen que vivir los mitos.

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Full Moon Party, lo cierto es que hay que vivirla.

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