Archive for July, 2007

Algo de turisteo. Por Dublín (2)

Cuando los vikingos se dieron cuenta que hacer incursiones cada año, arrasar Irlanda, y volverse a casa con el botín lo mejor era muy cansado decidieron montar un pequeño asentamiento en la isla. Los vikingos deberían sentirse a sus anchas, pero Julio César, que no llegó a poner el pie en la isla (ni él ni el imperio Romano), ya la denominaron Hibernia: la tierra del invierno eterno.

Mucho han moldeado los siglos este pequeño campamento que se tornó con el tiempo en una ciudad amurallada de la que sólo quedan pequeños vestigios. Una nueva metamorfosis.

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Bien es cierto que el tiempo no es el mejor aliado de los Irlandeses, pero lo compensan de sobra con muchas otras cosas. El centro de la ciudad es encantador con pequeños pubs de colores adornados con flores decorando Temple Bar el sonido de música celta inundando las calles.

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Claro que es la imagen turística que saben explotar a la perfección y congregan a su alrededor a gente de todo el mundo, deseosos de tomar una Guiness y escuchar algunos acordes folks. Me sorprendió ver que es un destino en alza para despedidas de soltero. Esto al final le resta un poco de encanto (obviando el compartir calle con diademas fálicas).

Nosotros tuvimos la suerte de ir con quienes habían vivido allí durante unos años y que nos metieron por callejas alejadas de acentos multiculturales para darnos al buen comercio y bebercio. Imposible recordar el camino entre el laberínto. Pero comimos y bebimos bien. Cosa que no esta nada mal.

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Turisteamos, vaya que sí. Menos de lo que a mi me hubiera gustado pero más de lo que cabía esperar para unir en decisiones a 9 personajes variopintos. Lo que queda para la próxima vez. Siempre es bueno dejarse algo que te permita regresar. Jeje.

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Curiosamente Dublín tiene dos catedrales, siendo la más antigua de ella la Christ Church Cathedral (o Cathedral of the Most Holy Trinity para los que aprecien los nombres más rimbombantes), datando de 1308.

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Esta Catedral es una superviviente de la Edad Media y los años pesan sobre su estructura. Tiene un aire a viejo, a antiguo, potenciado cuando te adentras en la oscuridad de la cripta. La cripta más grande de una Catedral en Reino Unido e Irlanda, que abarca todos los subsuelos de la catedral y que se utilizaron originariamente como cimientos. Esto explica la inestabilidad y algun que otro derrumbe de la misma durante su historia.

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Otra curiosidad está en dos pequeños animalitos momificados. Un gato y una rata, que aparentemente atrapados entre los tubos del órgano mientras se perseguían y que han pasado a ser parte de la decoración del lugar. Parece ser que el aire seco del interior de la catedral es muy bueno para su conservación. Acabaramos!

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Personalmente yo me quedé prendado de la otra Catedral. St Patrick’s Cathedral. No en vano, St Patrick es el patrón de Irlanda, así que si Christ Church es para los dublineses, St Patrick’s Cathedral es para los irlandeses.

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El interior es espectacular (como cabía esperar) y a mi personalmente y por lo diferente me llamó la atención la decoración a base de banderas entregadas por regimientos irlandeses en el transepto norte y por los caballeros de San Patricio en el Coro.

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Una historia curiosa de la catedral es la que rodea a la puerta del Capítulo, con un agujero en su parte central. Cuenta la historia que ese agujero sirvió para que el Conde de Ormond y y el Conde de Kildare hicieran las paces, pues fue por donde pudieron darse la mano ya que ninguno se fíaba del otro lo suficiente como para salir cada uno del otro lado. :)

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Más curiosidades de la ciudad son por ejemplo la estatua de la justicia situada en el patio del Dublin Castle. Aparentemente igual a cualquier representación de la justicia, salvo que esta no es ciega. Mmmm… Además si os fijáis en detalle, los platitos de la balanza tuvieron que ser agujereados porque sino el hielo que se formaba en la punta de los dedos hacía que al derretirse cayera sobre uno de ellos desequilibrandolo. Una justicia con trampas. Mucho más real. ;-)

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Siempre nos quedará además el pasearse por las orillas del Liffey…

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…o disfrutar de un buen carvery, en buena compañía.

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Si no es por el sitio, al menos que sea con el estómago. Que sé que os gusta golosos!!!

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Wish you were here. Postales desde Dublín.

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Pequeñas muestras de un breve y caótico fin de semana. Selladas y con la esperanza de que os lleguen!!! ;-)

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Atardecer desde Vertigo 42, Tower 42, Londres

Fotos del making-off y alguna curiosidad más aquí. Buen finde a todos!!!

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La confirmación de la impaciencia: Shuji

Por si quedaba alguna duda se confirmó sin remedio. No tengo paciencia. Sigo teniendo una capacidad nula de concentración y alta capacidad de distracción. Y ha sido el Shuji (o Shodo), el “camino de la escritura”, el que me lo ha vuelto a recordar.

El Shuji es un arte y una disciplina que trabaja la caligrafía japonesa. Proveniente de la cultura China, es una practica milenaria que los niños aprenden durante años en la escuela. Un pincel, un tintero con tinta china, un pisapapeles y una pliego de papel de arroz conforman el equipo necesario para practicarlo.

Seguramente, hayáis visto en multitud de ocasiones como los chinos y japoneses deslizan con enorme gracia el pincel elegantemente por el pliego de papel, creando unos preciosos kanjis cuyo trazo se agranda, se encoje, se retuerce (La película Hero, por ejemplo, tiene una buena muestra de ello).

Este era nuestro objetivo. Trabajo ahora mismo para una empresa con un amplio porcentaje japonés y algunos de los trabajadores nipones se cargan de buena fé y nos imparten clases para aprender su lengua y algo de cultura. Ni que decir tiene que siempre que puedo participo en estas clases. Mi nivel de japonés hasta la fecha no ha llegado a un mínimo básico aceptable (ni por asomo), pero me parece tan divertido que lo de menos es la velocidad de aprendizaje. Me quedo prendado por esos dibujos con los que escriben.

Así, Motoko-San, nuestra profesora decidió que debíamos aprender Shuji y nos trajó todo el material. Vuelta a clase de Plástica. Empapelemos las mesas.

La primera impresión es que no puede ser tan díficil, copiar lineas, aunque no sepas lo que significan no debe tener mucho misterio. EEEECK! Error!!! Por algo los pequeños japoneses se pasan años aprendiendo. El trazo además de la soltura que se transmite al papel, se ensancha apretando, se estrecha levantando. Se aprieta, se arrastra, se levanta, se apoya, de deja apoyado, se levanta, se gira, se va apretando, se va aflojando. Bien pronto caí en el error de mi optimismo.

Es cuestión de paciencia, de pensar cada línea, de no tener prisa por acabar, cosa que yo, que apenas termino una palabra cuando escribo a mano, me sobrepasaba. Inspirar. Espirar. Intentemoslo de nuevo. Cojo, muevo, levanto, apoyo, mierda, apoye demasiado. Me ha quedado una morcilla en lugar de una linea. Intentémoslo de nuevo. Apoyo, línea recta (más o menos), gurruñito. Apoyo, desplazo, el pincel recto, arrastro, giro. Argh! Me quedé corto. Si lo remarco se nota. Volvamos a empezar.

Al final, pues un churro, pero una sensación de abstracción tal que durante la hora de la sesión sólo estabamos cada uno con el papel, enfrentados, luchando, un toma y daca, te dominaré… y el resto del mundo, los problemas de entregas, el mail bomba que te ha llegado horas antes… desaparece.

Y sólo por eso merece la pena. Estoy deseando volver a ponerme con ello.

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Anochecer en Egilsstaðir


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El final del Este: Eskifjörður. Por Islandia (18)

Aprovechamos nuestro último día de estancia en Egilsstaðir para visitar otro de los fiordos de la zona. Esta vez el tiempo nos acompañó desde el principio y atravesamos sin ningún miedo los descomunales valles hasta alcanzar Reyðarfjörður, siguiendo el camino marcado por las betas de nieve.



Continuamos desde allí hacia uno de esos pueblos costeros idílicos relleno de casitas de colores, en una localización increible. Eskifjörður, situada al norte del fiordo del mismo nombre, se estableció en siglo XVIII para poder aprovechar los recursos pesqueros que la zona ofrecía y sigue ofreciendo. Un punto importante para pescar salmón y truchas si nos adentramos en el río Eskifjarðará que desemboca en él. (Espero que entre tanta letra islandesa, hayais apreciado que fjörður es fiordo y por consiguiente fjarðará es río. Resulta muy curioso el ver que en una zona todos los nombres se parecen, pero vienen a ser el río de tal, el lago de tal, el glaciar de tal, el fiordo de tal…)


Este pueblito vive la mayor parte del año sin recibir sol directamente, pues la baja inclinación del sol durante otoño hasta primavera, hace que los rayos de sol se estrellen todos contra el Hólmantidur, un enorme y majestuoso monte de 985 metros de altura, situado en la orilla opuesta y surgiendo directamente del mar hacia las alturas. La foto en sí no impresiona demasiado, pero porque no hay ningún objeto para comparar la escala, aún así, si os imaginais casi un kilómetro y lo colocais en posición vertical a poco menos de 500 metros de distancia, os hareis una idea de lo que impone y el miedo que da.

Y por lo demás, “sólo” queda el fiordo. Precioso. Perdiéndose en el horizonte tras kilómetros y kilómetros y doblandose en infinitos plieges. No hay palabras. Espero que las fotos os transmitan una pequeña parte de lo que nos transmitieron a nosotros. Ójala podais ver alguno algún día. Yo ya me callo (que además tampoco hay mucho que decir) y os dejo disfrutar. :)




Llegado a este punto, empezamos el camino de regreso. Nos quedaban todavía dos días para llegar a Reykjavik y deshacer lo andado. Era el punto más al Este donde habíamos llegado. Algo menos de la mitad del perímetro de la isla.


Ahora nos quedaba volver por los sitios que ya nos conocíamos y ver si podíamos ver los que se nos habían resistido. Dos días pueden dar para mucho… whahahahahaaaaa!!!

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Los fiordos de Seyðisfjörður. Por Islandia (17)

Felizmente establecidos en Egilsstaðir, tras el accidentado paso del Öxi, nos lanzamos a atravesar la montaña que nos separaba de los fiordos del Este.

Como os considero a todos gente culta y de sobrados conocimientos no es mi intención aburriros explicándoos lo que es un fiordo, pero dado que yo no tenía ni idea y para los que faltaron a clase de “Natus” de ese día simplemente es un valle formado tras el derretimiento de un glaciar en contacto con el mar. Es decir donde antes había un glaciar ahora entra el mar. Están por lo tanto inundados de agua salada.

Tras esta lección de garrafón, nos adentramos en la montaña para intentar llegar a Seyðisfjörður, un pequeño pueblo pesquero escondido entre los 16 kilómetro del fiordo de mismo nombre.

Precioso pueblecito, cuyo acceso entre las montañas resulta de lo más pintoresco, siguiendo el cauce del río Fjarðará…

… y con él 25 cascadas entre las que destaca Gufufoss, semicongelada en un saliente y escondida en un recodo de la carretera.

Seyðisfjörður se formó en 1848 y mantiene muchos de los edificios de madera construidos originalmente por los colonos noruegos, que se desplazaron a esta zona por sus características pesqueras. La planta de procesado de pescado se cerró en 2003 con lo que la mayor parte de la población vive del turismo y se ha convertido además en un lugar de encuentro para artistas y músicos, con un festival internacional de artes que lo mantiene ocupado durante los meses de Junio a Agosto.


Avanzamos por la cara sur del fiordo, intentando llegar a un punto donde pudieramos apreciar en todo su esplendor las maravillas naturales y flipar un poco. De nuevo tras un día de inclemencias y sin poder ver el sol, el cielo se abrió para recompensar nuestros esfuerzos y regalarnos un atardecer de los suyos, eterno entre el paisaje desolador que nos llevaba a Skálanes, uno de los punto más orientales de la zona.




Fue completamente imposible llegar a Skálanes, nuestra poca pericia al volante, unido a un terreno embarrado y a una cantidad creciente de nieve nos volvió a obligar hacer uso del comodín de la cobardía y retirada. :)




Todavía con la boca abierta retomamos el camino de vuelta que nos devolvería a Egilsstaðir. Entre la resistencia del sol a ocultarse y la subida continuada dirección poniente, alargamos los instantes un poco más y al llegar a la cima, le dijimos definitivamente adiós rodeados de nieve en uno de los momentos más preciosos y polares de todo el viaje.



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