Mucho han moldeado los siglos este pequeño campamento que se tornó con el tiempo en una ciudad amurallada de la que sólo quedan pequeños vestigios. Una nueva metamorfosis.
Bien es cierto que el tiempo no es el mejor aliado de los Irlandeses, pero lo compensan de sobra con muchas otras cosas. El centro de la ciudad es encantador con pequeños pubs de colores adornados con flores decorando Temple Bar el sonido de música celta inundando las calles.
Claro que es la imagen turística que saben explotar a la perfección y congregan a su alrededor a gente de todo el mundo, deseosos de tomar una Guiness y escuchar algunos acordes folks. Me sorprendió ver que es un destino en alza para despedidas de soltero. Esto al final le resta un poco de encanto (obviando el compartir calle con diademas fálicas).
Nosotros tuvimos la suerte de ir con quienes habían vivido allí durante unos años y que nos metieron por callejas alejadas de acentos multiculturales para darnos al buen comercio y bebercio. Imposible recordar el camino entre el laberínto. Pero comimos y bebimos bien. Cosa que no esta nada mal.
Turisteamos, vaya que sí. Menos de lo que a mi me hubiera gustado pero más de lo que cabía esperar para unir en decisiones a 9 personajes variopintos. Lo que queda para la próxima vez. Siempre es bueno dejarse algo que te permita regresar. Jeje.
Curiosamente Dublín tiene dos catedrales, siendo la más antigua de ella la Christ Church Cathedral (o Cathedral of the Most Holy Trinity para los que aprecien los nombres más rimbombantes), datando de 1308.
Esta Catedral es una superviviente de la Edad Media y los años pesan sobre su estructura. Tiene un aire a viejo, a antiguo, potenciado cuando te adentras en la oscuridad de la cripta. La cripta más grande de una Catedral en Reino Unido e Irlanda, que abarca todos los subsuelos de la catedral y que se utilizaron originariamente como cimientos. Esto explica la inestabilidad y algun que otro derrumbe de la misma durante su historia.
Otra curiosidad está en dos pequeños animalitos momificados. Un gato y una rata, que aparentemente atrapados entre los tubos del órgano mientras se perseguían y que han pasado a ser parte de la decoración del lugar. Parece ser que el aire seco del interior de la catedral es muy bueno para su conservación. Acabaramos!
Personalmente yo me quedé prendado de la otra Catedral. St Patrick’s Cathedral. No en vano, St Patrick es el patrón de Irlanda, así que si Christ Church es para los dublineses, St Patrick’s Cathedral es para los irlandeses.
El interior es espectacular (como cabía esperar) y a mi personalmente y por lo diferente me llamó la atención la decoración a base de banderas entregadas por regimientos irlandeses en el transepto norte y por los caballeros de San Patricio en el Coro.
Una historia curiosa de la catedral es la que rodea a la puerta del Capítulo, con un agujero en su parte central. Cuenta la historia que ese agujero sirvió para que el Conde de Ormond y y el Conde de Kildare hicieran las paces, pues fue por donde pudieron darse la mano ya que ninguno se fíaba del otro lo suficiente como para salir cada uno del otro lado.
Más curiosidades de la ciudad son por ejemplo la estatua de la justicia situada en el patio del Dublin Castle. Aparentemente igual a cualquier representación de la justicia, salvo que esta no es ciega. Mmmm… Además si os fijáis en detalle, los platitos de la balanza tuvieron que ser agujereados porque sino el hielo que se formaba en la punta de los dedos hacía que al derretirse cayera sobre uno de ellos desequilibrandolo. Una justicia con trampas. Mucho más real.
Siempre nos quedará además el pasearse por las orillas del Liffey…
…o disfrutar de un buen carvery, en buena compañía.
Si no es por el sitio, al menos que sea con el estómago. Que sé que os gusta golosos!!!











































































