Archive for September, 2011

Artistas invitados (XI): Txema

Con Txema, el inefable Pierre Nodoyuna, me crucé hace unos cuantos comics. Después de unos cuantos sintetizadores de deuterio, un episodio III disfrazado, innumerables diatribas mutantes, visitas remotas y extravagantes historias que no contaré aquí, aún seguimos exactamente igual. Lo cual a pesar de lo absurdo sigue siendo igual de agradable. Porque hay genios en cuerpo pequeño, aunque utilicen toda su sapiencia para disimularlo.

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− Pero, Ignacio…
− ¿Pero qué? ¿Cuál es el problema hoy? Txemita, te pasas la vida escurriendo bultos y nunca has querido escribir nada, así que al turrón: Quiero que escribas un post para celebrar los 1000 posts de Crónicas de una Cámara, y quiero que te pongas ya.
− […]
− ¡JA! Te haces viejo… ha fallado tu excusa inmediata. ¡Dos segundos sin decir nada! ¡Has caído!!!
− Cómo que me ha fallado la excusa inmed…
− Nah, ahora ya son tonterías y no se te ocurre ninguna razón de peso para negarte. ¡No quiero saber nada, estoy esperando el documento y acepto cualquier formato! ¡¡Mwhahaha!!
− A ver. Le estoy dando vueltas al por qué consideras que es una buena idea que yo publique un post… No tengo imaginación para estas cosas, me puede la vergüenza… ¿y si cuelo una falta? ¡Horror! ¡Tienes 400 amigos bloggers y artistas, tira de ellos, por Odín!!
− ¿Quién te dice que no lo haya hecho ya?
− ¡Pues me sacas de la lista!
− No me da la gana. Lo dicho, un documento y libertad completa, sin censura. Ponte a ello.

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− No te vuelvo a aceptar una cerveza. No sé cómo es posible que lo veas tan claro, y yo tan absolutamente oscuro…
− Bueno, estamos otra vez en los papeles de siempre, ¿verdad? La tertulia chunga en la que para mí la película es cojonuda, y para ti es una mierda. Yo qué se… Estás lleno de habilidades que son perfectas para esto. ¡Critica, que es lo tuyo! Que si vas a hacer una falta de ortografía, por favor… ¿Cuántas veces me has leído barbaridades a mí?
− Hombre, ése es un buen punto, auténticas barbaridades, jejeje… Ignacio, coño, que me estás contando el cuento de que celebras un aniversario. Tirarte mierda encima no es lo suyo, ¿no?
− ¿Y por qué no? Te lo he dicho ya. Libertad completa, sin censura. Disfruta, hombre, que dispones de todos los trapos sucios! Imagínate… ¡“La trastienda de las Crónicas”! Que tenga que darte yo estas ideas…
− Visto así parece hasta atractivo. Pero seamos serios por primera vez en esta conversación: Un post de ese tipo corre el riesgo de convertirse en una sesión de chistes que sólo comprendemos cuatro personas, y no creo que sea lo que quieres. Además, eres un ridículo: “La trastienda de las Crónicas”, por favor, qué malo… jeje…
− ¿Lo ves? Eso me pasa por darte ideas, rata.
− Ignacio, un friki como tú merece algo más pasable, algo como… “El Lado Oscuro de las Crónicas – Limpiando el polvo acumulado”
− A la primera ya te estás metiendo en temas escabrosos… ¡JA, JA!
− ¿Por el frikismo o por el tema femenino? ¡JA, JA, JA!
− Estás podrido, Txemita.
− Lo dicho, Ignacio, no te interesa esto. Tu blog transmite una imagen magnífica de ti, no permitas que llegue con mis ideas perversas e ignominiosas a destrozarla
− ¡Bien, bien, eso me gusta!! Esos palabros tipo “ignominioso”, “colegir”, “epatante”… esos que tanto te gustan… ¡los quiero en el post!
− Magnífico. Destruyamos tu imagen pública y además, seamos pedantes en el proceso. Va a quedar maravilloso.
− Qué dices… ¡El brainstorming va fenomenal!! ¡Te tengo enganchado!

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− Pero qué asco me das, Ignacio…. Veamos. Supongo que podría empezar con una foto. Desarrollando desde una foto, desde una que me gustase de verdad. Y a partir de ahí, seguro que salen las cosas solas.
− No hace falta que te diga nada. A por ello, venga.
− Sí, pero… ¿qué foto es la que me gusta más? Son demasiadas. Y además, las primeras que se me vienen a la cabeza son unas cuantas que…
− La Pitufina no vale, ¡degenerado!
− Más bien estaba pensando en Biarritz, pero me has entendido, jeje. Quizá en vez de una foto, podamos partir de un post. El post que más me haya gustado, inspirado… Además así tengo un título mejor que el puñetero Lado Oscuro. ¿No?
− ¿Lo ves? Las ideas acuden a tu mente. ¡Te he dicho que a por ello! Hale, a casa y agarra el ordenador.
− Eres un optimista patológico.
− Y tú un pesimista enfermizo. Elige post.
− No me entiendas mal, con lo de “optimista” quiero decirte que transmites alegría en el blog. Obviamente están las fotos, pero creo que la clave es que plasmas esa alegría con la que ves las cosas. No sé… No veo claro qué post destrozar, elegir entre 1000 tampoco lo pone fácil.

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− No te será tan difícil. Si no me falla la memoria, Txema… has garrapateado todos los sitios en los que he abierto un Izquierdo Hostel, ¿no?
− Mira, eso podría ser mejor… algo en plan “Retrospecter” chanante, que da para mucho. La Era del Insterburg, Bajo los Puentes de Hammersmith… ¡Jo, jo!! ¡Las fotos las pones tú!
− Qué grande el Insterburg, qué tiempos, qué fiestas. Y cuántos kilómetros me pude meter en bici por el Waldstadt. Creo que hicimos demasiadas fotos que no debían haberse hecho, no?
− Y vídeos. Pero… a ver quién se cree que conocí a Ignacio en Alemania con un pedazo de Reflex… ¡analógica!. Fue allí donde compraste una digital compacta, ¿no?
− ¡Mini-yo! Ahí empezamos a liarla todos con las digitales, creo…
− Pero echa la vista atrás. Anda que no hay evolución desde los patos del Schloss a los Moais. Una de las cosas más divertidas del blog es irse a los primeros posts.
− Es como ver los primeros capítulos de los Simpsons… ¡Y posts sin fotos, oiga!!!
− Y fotos pequeñitas… Pero cómo no ibas a mejorar. Llevas años persiguiendo esa pasión…
− Lo que quieras, pero en aquella época el blog destacaba más por las angustias inmobiliarias que por las fotos. Anda que no di vueltas de casa en casa por Londres.
− ¿Tampoco en Tokio lo pasaste “bien” al comienzo, con el tema inmobiliario, no? ¡Jo, jo!
− Igual es verdad que esto de las angustias inmobiliarias es un ‘must’ de los Izquierdo Hostels… pero estaba bien la sede de Shibuya, ¿eh? Además, ya luego, de vuelta al mundo, no tenía ese tipo de problemas…
− Tenía que haberte acompañado a dar la puñetera vuelta al mundo.
− ¡A mí no me cuentes nada, ya te avisé!!
− No hubiera tenido valor para dejarlo todo, Ignacito… creo que eres la única persona que conozco capaz de hacer lo que le pide el cuerpo. Y créeme que conozco a mucha gente. Además, ya te hice un par de visitas en ruta, no te quejes.

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− Txemita, que se nos va el hilo. Estábamos con el “Retrospecter”…
− Al final el angustias voy a ser yo, ¿lo ves?
− El quejica, seguro. Y yo sigo teniendo mis angustias…
− Y quién lo diría, leyendo el blog.
− ¿Crees que hurto “impresiones” al lector?
− No, lo que pasa es lo que cuentas. Lo que no pasa, es a lo que das vueltas en la cabeza.
− Si que le doy, si… demasiadas.
− Pero mucho menos que antes, figuri. Objetivamente has cambiado, no solo son las fotos, ni la vuelta al mundo.
− Txemita, que nos conocemos desde el … ¿2003? En algo habré cambiado, ¿no? Supongo que tú también.
− Me cabe la duda… yo, más viejo y achacoso, seguro. Y ahora tus angustias principales, por donde van?
− Por dónde van a ir… Hoy trabajo aquí, mañana allí, luego ya no sé… ¿Acabaré otra vez en la oficina de los cereales?.
− ¡Es la vida del profesional autónomo, amigo mío! Ya no eres el doctor Maligno, has dado paso al Crápula Low Cost… ¡y eso tiene sus esclavitudes!!
− Pues igual tienes razón… Oye, a mí se me ha acabado la caña. ¿Otra más, o nos vamos a otro lado?¿O te vas a casa a currártelo? Trastiendas, fotos, posts, retrospecters… ¡Más ideas no te he podido dar!!!
− Sí que es verdad que ha sido muy útil. Ahora que se termina la caña, ya te lo puedo contar, Ignacio… La realidad es que me estoy inventando lo que dices.
− ¿Eh?

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− Eso. Que ahora que casi está acabada la caña, ya te puedo contar que la caña no existe. Esta charla no está ocurriendo en realidad.
− Que te estás inventando todo esto… a ver… ¿que YO estoy diciendo básicamente lo que a TI te da la gana?
− ¡Qué quieres, la culpa es tuya, no haberme pedido un post!! ¿Qué esperabas, algo de Lope? Si no te gusta, lo editas y puedes hacer que yo diga lo que a TI te de la gana. Además, ¡no sé por que debería reflejar estas quejas que yo mismo me estoy inventando!!
− Lo que deberías pensar, psicópata, es que estás hablando contigo mismo. ¿Ahora qué toca, ¿GOLLUM, GOLLUM?
− Bueno, igual mejor algo más al estilo Tyler Durden… ¿No te apetece parecerte a Brad Pitt por un día?
− Va siendo hora de que busques ayuda psicológica, Txemita… Demasiado tiempo solo en casa. ¡Estás fatal!!
− Lo que tú digas… pero ya tienes el post.
− Pues visto así… Tú dirás, ¿no? Tú que puedes ver el texto entero, me dirás si está potable.
− Bah, ni tan mal, hombre. Además, si hay quejas te las comes tú con patatas. Y cuidadito con las fotos que pones. Ya puestos, ¿cuando quedamos para una cerveza real?
− No sé, Txema, esta semana y la siguiente, tengo que estar en…. puff, me viene muy mal…
− Ignacio, ¿esto último me lo he inventado?¿O lo has dicho de verdad?
− […]

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Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tal aprieto…

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Artistas invitados (X): Marta Tiana

Le debo muchísimas cosas a Marta, además de haberme permitido ser uno de los inquilinos forzosos más longevos de su sofá cama, de haberme descubierto los placeres de la música en vivo y haberle dado junto con Gsu, una mucho más rockera visión de Londres. Le debo infinidad de pintas en los más pérfidos antros y unos cuantos viajes que se recorrían a golpe de risa. Mi familia de orillas del Tamésis estaba llena de pequeños grandes momentos con ella que se quedaron en la memoria cuando casi todos nos fuimos dispersando, lo que me lleva a darme cuenta de que hace ya demasiado que no nos vemos.

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Ha sido una sorpresa recibir la invitación de Ignacio a escribir como artista invitada en su blog, en honor a las mil entradas. Sobre todo ha sido una sorpresa leer la palabra artista asociada a mí. Como de artista tengo poco y de cosas interesantes que contar aún menos -excepto que me hayo en un país que Ignacio aún no ha pisado- aprovecharé para conmemorar el momento y contar lo que Ignacio y su blog han supuesto para mí.

Verán, yo, desde mi tierna juventud coleccionaba recortes del suplemento semanal sobre viajes y otras ciudades, me sabía de memoria las fotos del libro Maravillas del Mundo y envidiaba calladamente a aquellos afortunados en haber conocido otros lugares allende nuestras fronteras, especialmente los que yo consideraba como más civilizados que nosotros.

Finalmente con la universidad empecé la lenta peregrinación de mi vida a otras ciudades por largos periodos, que me abrirían las puertas a nuevos sitios, nuevas gentes y sobre todo a muchas y diferentes culturas y modos de ver la vida. Y es que todo es relativo. Una chica andaluza me dijo que me envidiaba porque yo viajaba mucho, refiriéndose a las peregrinaciones anuales norte-sur de España que hacíamos para ver a la familia. Imagínense mi sorpresa.

Con el tiempo además aprendí que la aventura no era mi plato fuerte. Una vez asimilado, es mucho más fácil gozar de las aventuras de otros que de haber sido las mías propias.

Estando a mitad de proceso de asimilación de los puntos de referencia y las ganas de aventura, conocí a Ignacio, también a mitad de camino en algún proceso de asimilación de alguna cosa…

Vino a trabajar a la misma oficina y no me produjo ninguna primera impresión digna de mencionar, pero pronto empezó a dejar huella. Un día me comentó que había empezado un blog para que le siguieran desde casa y cuando lo leí me dije: esto es lo que yo hubiera hecho y prácticamente escrito, cuando llegué a UK.

Desde entonces quedé enganchada a su forma de presentar la vida. He tenido la suerte de compartir muchos momentos y descubrimientos en compañía de Ignacio y conozco de primera mano la diferencia entre lo que es y lo que él ve, que sabe sacar lo mejor de las situaciones, de las gentes y de los lugares.

Su blog me ha permitido el escapismo que mis limitaciones personales no han propiciado y me ha proporcionado viajes mentales, conocimiento y orgullo. He bebido sus entradas casi diarias como el café de la mañana que me devuelve a la vida, sus fotos me han transportado y emocionado como la música hace de electrodos cerebrales para que circulen mis emociones y he mostrado su trabajo con el orgullo de quien se sabe con un amigo excepcional.

Espero poder seguir disfrutando de esta ventura y compartir las suyas durante mucho tiempo. Vivan las 1000 entradas, y que sigan muchas más.

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Artistas invitados (IX): Kirai

De Héctor (Kirai) siempre supuse que aunque nunca hablara de ello, tenía un giroscopio en su poder. Era este, el desdoblamiento del tiempo, la única manera de estar metido (y sobrevivir) en todos los fregados en los que estaba. La otra alternativa era que como Sheldon Cooper, hubiera creado un si mismo artificial, cosa que le pegaba mucho más, porque es más de Big Ban que de Harry Potter. De cualquier manera, lo que siempre me sorprendió de él, es que a pesar de sus cientos de embrollos, conseguía sacar tiempo para tomar una cervecita, aprovechar a reducir un poco el extraperlo de cerdo que tenía en mi apartamento de Shibuya y crear planes imposibles para dominar el multiverso. Pero es que además, fue, es y será, junto con el resto de la familia tokiota, un excelente amigo.

Parece que fue ayer cuando nos tomamos la última en el bar que frecuentaban Charlotte (Scarlett Johansson) y Bob Harris (Bill Murray) en Lost in Translation en la cima del hotel Park Hyatt la noche antes de que Ignacio se marchara de Japón. En realidad nunca se fue, Ignacio sigue aquí con nosotros, es lo quiero creer para no echarle tanto de menos, al menos su espíritu “popo” se quedó con nosotros:

Iba a escribir sobre los quince días que compartimos por Tailandia las navidades del 2010 pero los demás invitados del blog se pusieron románticos y ¡yo no voy a ser menos! Así que empiezo recordando nuestra primera cita romántica en las calles de Shibuya y terminaré contando como terminamos haciendo “popo” en Tailandia cuatro años después.

Ignacio estaba de viaje por Japón en el 2006 y quedó con “El Kirai ese que tiene un blog de Japón” (¡Ese soy yo!), cenamos por Shibuya y al cabo de un rato terminamos haciendo fotos con trípode por Meiji Dori. Con la cámara en mano a Ignacio de cambió la cara, sonreía mucho más, le brillaban los ojos (También le pasa cuando habla de Star Wars o alguna otra película friki). Cuando vio que le escuchaba y le preguntaba cosas sobre las fotos que iba tomando, empezó a hablar y hablar, empezó a enseñarme mil cosas sobre el mundo de la fotografía que yo apenas conocía. Un mundo del que ya me había empezado a enamorar pero que gracias a Ignacio se convirtió en una afición que persigo cada vez con más pasión. Fue la primera vez que sacamos fotos juntos y no fue la última, años más tarde volvió a Japón para quedarse durante casi un año y pasamos horas y horas por las calles de Tokio afotando todo lo que veíamos.

Ese primer viaje a Japón de Ignacio terminó pero seguimos en contacto, chateando me fue convenciendo y terminé comprándome mi primera cámara reflex, una Nikon D40. Además de la reflex, Ignacio me inculcó el hábito de manejar la cámara en modo A. Ahora ambos usamos una Nikon D90 e Ignacio me intenta inculcar el hábito de usar el modo M, lo intento y ya casi voy en M siempre pero muchas veces sigo usando el modo A (¡No se lo digáis a Ignacio!). Todavía tengo mucho que aprender de la forma de ver el mundo de Ignacio a través de sus ojos que ven histogramas en tiempo real y a través de su cámara que siempre captura los paisajes con la luz perfecta.

Después de su viaje, después de convencerme para que me comprara una reflex, después de dos años desde aquel primer encuentro recibí este email en Junio del 2008:

2008/6/4 Ignacio Izquierdo :
Hola Hector!!

¿Que tal? ¿Cómo va todo? Parece ser que las cosas ya están resueltas. El viernes me dan el visado en la embajada y me tienen que mandar el billete para el avión para el lunes por la mañana. Así que si todo va bien, llegaré el martes sobre las 10.00 de la mañana y comenzaré a trabajar el miércoles.

Pues nada, nos vemos la semana que viene o cuando tengas un huequillo a partir de entonces!!
Un abrazo!!!

Ignacio

El resto es una sucesión de aventuras, fiestas, paseos y viajes con cámaras a cuestas que no terminaron nunca, siguieron incluso cuando Ignacio se fue de Japón. Me uní a sus aventuras por el mundo en Singapur, luego en Tailandia, también lo intenté en Bali pero al final no pude, en California al final no logramos coincidir y la próxima tengo la sensación de que será en Madrid el año que viene.

Ignacio es de esos amigos con los que por alguna razón misteriosa tengo un buen balanceo de buen y mal humor. Cuando yo siento que estoy un poco decaído y tristón, allí está Ignacio alegre y feliz para animarme, cuando Ignacio estaba con dudas por ejemplo a la hora de buscar casa aquí en Japón allí estaba yo con una sonrisa intentando darle el mejor consejo posible. Nuestro estado normal es estar los dos super alegres con adrenalina surgiendo por todos los poros de nuestro cuerpos. Solo recuerdo una vez en la que estábamos los dos tristes, fue un par de días después de que le dijeran a Ignacio que su aventura en Japón terminaba. Para intentar animar a Ignacio le dije de ir a sacar fotos por Yokohama, lo intenté, pero al final yo también me puse tristón, no lo pude evitar. Aquel día, Ignacio estaba realmente triste y me llevó abajo con él, nunca le he visto caminar tantas horas con una cámara al cuello sin tomar ni una sola foto. Fue un momento de muchísima incertidumbre en la vida Ignacio, a todos nos estresa más o menos la incertidumbre en el curso de nuestras vidas, nos gusta tener cierto control, o por lo menos tener la sensación de que tenemos control sobre el transcurso de nuestra vida. Resultó que Ignacio supo manejar la incertidumbre muchísimo mejor de lo que lo habría hecho yo, la idea de dar la vuelta al mundo, de la que hablamos largo y tendido durante ese paseo por Yokohama se hizo realidad. Ignacio estuvo viajando durante más de un año por todo el mundo con la incertidumbre de no saber dónde, ni con quién iba a estar al día siguiente. ¡Respect!

¡Ya sabéis, si Ignacio va con la cámara al cuello y no saca fotos, algo pasa! Quizás necesite dejar la cámara un rato y tomarse un par de whiskies, ¿Sabíais que una de las habilidades secretas especiales de Ignacio es la cata de whiskies? No le invitéis a un whisky cualquiera, invitadle a un Talisker y ya lo tendréis en el bote.

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Esta foto es la definición de Ignacio, Manfrotto en la espalda y cámara en el cuello. La tomé durante un atardecer en una isla de Tailandia. Estoy seguro que estaba revisando los histogramas de sus fotos del atardecer.

La última aventura que viví con Ignacio fue en Tailandia, me uní durante dos semanas a ese viaje por el mundo que compartió con nosotros en este maravilloso blog que cumple 1000 posts. Coincidió que allí estaba mi hermano viviendo y lo pasamos genial. Vivimos el ambiente nocturno de Bangkok, paseamos por Khaosan Road, nos perdimos y recorrimos medio país en un autobús que no sabíamos muy bien donde iba, nos bañamos en rios y cascadas por la jungla, vimos el museo más raro que he visto en mi vida, cruzamos el puente sobre el río Kwai, nos tomamos “las uvas” bajo fuegos artificiales y bajo la luna llena en Koh Phangan en una de esas famosas Full Moon parties tailandesas, dimos de comer a elefantes, recorrimos Koh Phangan en moto esquivando cocos buscando las mejores playas para fotografiar el atardecer, al final resultó que la mejor playa de la isla la teníamos junto a nuestra cabaña. Recuerdo la adrenalina de ir con el mapa de la isla, mirando el reloj, viendo como se acercaba la hora del atardecer y todavía no habíamos encontrado el lugar ideal para sacar las mejores fotos del día, recuerdo que acelerábamos y pasábamos de playa a playa cada vez más rápido intentando encontrar el escenario perfecto. Si, el escenario “perfecto”, si no fuera por Ignacio no habría sacado fotos tan buenas durante mi viaje a Tailandia. Ignacio siempre me fuerza a ir un pasito más allá, es de esas personas a las que le gusta hacer las cosas BIEN, en ese aspecto me recuerda a mi padre. Es de esas personas que cuando se propone hacer algo BIEN lo persigue sea como sea hasta conseguirlo, ya sea dar media vuelta a una isla en moto para encontrarse con el atardecer perfecto o cruzar medio planeta para sorprendernos con sus fotos. Yo soy una persona bastante más práctica, a veces sacrifico el hacer las cosas BIEN por la practicidad y una vez hechas ir perfeccionándolas poco a poco. No se si Ignacio se habrá vuelto más práctico o no, pero yo sí que me he vuelto cada vez más perfeccionista, seguramente sea influencia de muchas personas de mi alrededor y quizás también la edad.

Durante el viaje a Tailandia casi obligué a Ignacio a hacer el ridículo conmigo y grabé vídeos haciendo “popo” con mi cámara que se quedaron en mi disco duro hasta hoy. En exclusiva aquí tenéis nuestro viaje por Tailandia resumido en un popoVideo:

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Ignacio buscando su siguiente objetivo.

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Nos bañamos en esta cascada justo después de que nos dijeran que
alguien había muerto ahí, justo después de haber visto un cocodrilo (O
algo parecido, era un lagarto de dos metros de largo que nadaba) que
nos dio un susto en una de las cascadas de más arriba. Recuerdo que no
sentí miedo, supe que si Ignacio se tiraba al agua no habría ningún
problema. ¡Mentira! Si que me dio miedo, vaya susto me dí cuando
montones de pececitos me empezaron a dar mordisquitos cuando estaba
saliendo del agua.

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Ignacio, mi hermano y yo tocándonos las narices después de un día de aventuras por la isla.

Me dejo mil historias y miles de fotos en el tintero, seguramente necesitaría mil posts para contarlo pero lo dejo aquí. A seguir leyendo las aventuras de Ignacio en este blog durante mucho tiempo y deseando unirme a él en alguna de ellas en el futuro.

Vuelvo a donde empecé escribiendo. Vuelvo a la última noche de Ignacio en Japón, a ese último whisky que se tomó Ignacio en el bar de Bill Murray y Scarlett Johansson. Estoy seguro de que hablamos mucho sobre el futuro de Ignacio, sobre lo mucho que lo íbamos a echar de menos pero también hablamos de otra cosa. Pero por alguna razón la conversación derivó en las tetas de Scarlett Johansson. Nos pusimos a discutir sobre el peso de una teta de Scarlett Johansson, ¿Cuanto pesa una teta de Scarlett Johansson? Esa fue la gran pregunta de la noche. Recuerdo que la conversación se alargó tanto que incluso en el ascensor seguíamos hablando de las tetas de la Johansson. Después de muchas elucubraciones y cálculos aproximados de ingeniero llegamos entre todos a una cifra aproximada. Pero a día de hoy todavía no sabemos la respuesta.

Esa fue la última conversación absurda de Ignacio con los miembros de su família tokiota, una conversación que define a nuestra família. Al igual que Ignacio, otros de los miembros de la família tokiota también se fueron. Y al igual que con Ignacio me gusta negarlo y pensar que no se fueron, pensar que siguen aquí con nosotros. Pero en realidad por mucho que lo niegue ya no están aquí físicamente y me gustaría invocarlos a todos para que volvieran a la isla japonesa, YOU ARE THE CHOSEN ONE TO COME BACK TO THE ISLAND. Previously on LOST! Sí, Ignacio no había visto LOST hasta hace poco, ¿podéis creerlo?

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Artistas invitados (VIII): Edu

Lo sorprendente de Edu es que nunca ha dejado de sorprender. Es uno de esos maestros que siempre he tenido sin necesidad de que hubiera un pupitre de por medio. Filosofía, matemáticas, ciencia, literatura, poesía… sentarme a hablar con Edu siempre ha sido un inmenso placer que consiguió que aprendiera a disfrutar del poder de la palabra. Esa misma que intento domar con tan poco acierto. Completan la imagen miles de momentos remojados en Rioja, acompañados de embuchados, fiestas de damas que acababan con la policía, atardeceres en azoteas y panetes variados. El pack completo, es incalculable, aunque me temo que en el PennyMarket seguro que lo tenían más barato que en cualquier otro lado.

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Momento míticos… sin comentarios…

¡Qué marrón! ¡qué marrón! ¡qué marrón! Ya lo sabéis, me llega un correo un día remitido por nuestro blog amigo en el que se me invita (qué sutil crueldad) a contribuir a la celebración de los 1000 posts de lo que es uno de los rincones de internet a los que mi navegador accede con mayor placer (placer que comparto, todo sea dicho). Y entonces uno se plantea: ¿qué coño hago? ¿escribo algo chulo y emotivo en homenaje a ese hombre como no hay dos en el planeta? decididamente no, buscando hacerle un panegírico puedo caer en el patetismo. ¿Me planteo contar alguna experiencia viajera emulando al tío Matt, Ebro arriba o Ebro abajo? no resistiría la comparación con el peor de los posts que haya escrito el buen Matt, opción desechada. ¿Me tiro el pisto con alguna foto chula que deje a la audiencia alucinada? sólo pensarlo me da la risa…

De modo que no me queda más remedio que hacer a la humanidad un gran bien y mostrar la verdadera cara de ese hombre (si es ésa su auténtica naturaleza) que bajo una apariencia dulce y encantadora envenena las vidas de todos aquellos que le rodean y le tratan. Sé que será duro para muchos y que da miedo descubrir algunas cosas, pero es una responsabilidad que llevo evitando hace tiempo, y no puedo seguir demorando. Así que me encomiendo a los espíritus protectores y que la amplia sombra de Falete nos cubra a todos en una ocasión tan aciaga. Advierto que todos los sucesos que voy a relatar fueron vividos por mí en primera persona (algunos en tercera, que llevaba un par de cervezas, ya lo advierto).

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El lado oscuro de Ignacio al descubierto…

Parte primera. No quiero estar un año de campamento.

Karlsruhe, septiembre de 2003. Mi vida transcurría feliz en una bella ciudad del sur de Alemania a la que había llegado dos meses antes para realizar una tesis doctoral en matemáticas. Desayunaba, comía y cenaba en plena soledad, sin hablar con nadie en un aislamiento que sólo interrumpía para dejar a un tipo raro entrar a mi cuarto a que ÉL (un alemán con barba y todo el cuerpo depilado ¡?) jugara en mi ordenador al ajedrez mientras yo miraba por la ventana mis días pasar. La vida de un estudiante de doctorado es así de envidiable, no sé, de excitante… Y entonces aparece una noche, en el lujo de la residencia estilo holocausto en la que tenía el placer de llevar un mes sin coger ninguna infección grave, un muchacho español, con grandes ojos de Lémur (luego supe que su ojos eran de tamaño normal, pero que estaba alucinando con lo logrado del estilo holocausto de la residencia) que me saluda con amabilidad. Era Ignacio, por aquél entonces no era consciente de lo que mi vida iba a cambiar por ese “inocente” saludo. Al principio todo iba normal, fuimos corteses el uno con el otro, teníamos conversaciones banales sobre nuestras respectivas ocupaciones… lo que uno espera de dos tíos normales, vamos… Pero al poco tiempo todo cambió, ese pérfido joven se empeñó en que mi vida fuera mucho más agradable, tuvo la indecencia de incluirme entre sus amigos, compartir sus y mis aficiones, hacer de mis comidas y cenas unos torrentes de risas, conversaciones, llantos en ocasiones, cargados con una complicidad que sólo una ruindad mayúscula es capaz de engendrar. La vida en la residencia pasó de ser el puñetero rollo que debía ser a una experiencia enriquecedora como creo que no he tenido jamás de un modo tan intenso e inmediato. El pérfido bichejo y gusarapo del que os hablo me abrió su vida e incluso diría que me abrió también la mía propia haciendo que mi mente y mi corazón crecieran y mi persona se abriera a un mundo que en el tranquilo Logroño nunca hubiera imaginado. ¿Puede concebirse mayor felonía? Seguro que los que me leéis sabéis de lo que hablo. Sólo una persona aviesa y taimada, ladina y retorcida, facinerosa y detestable es tan ruin y sádica como para que a dos países de distancia de toda la gente que quieres, de tu familia, amigos …, cada tarde al volver a casa te espere una sorpresa, un descubrimiento (de películas, de música, de aficiones, de lugares, de opiniones..) o una cena divertida, en fin, que lo cotidiano sea extraordinario. Sólo un canalla despiadado puede hacerte la vida tan deliciosa. Sin ningún miramiento, ese zorro maligno me hizo ser muy feliz sin tener yo culpa de nada, cándido y piadoso como siempre he sido. Estaba destinado a vivir en Alemania como mantequilla untada sobre demasiado pan, pero no me fue permitido.

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En todas las situaciones ejercía sus malignos influjos…

Parte segunda. ¡No puedes pasar!

Tras seis meses de intensa amistad y de continuos hallazgos que me hicieron ser mucho mejor persona de lo que era cuando llegué a Baden-Würtemberg pensé que todo había acabado por fin. Pensé que habían terminado para siempre aquellas noches internacionales de la salchicha, esos chorizos que nos clavábamos entre botellas del peor vino de Rioja que se pueda encontrar en la afable patria de Goethe y Rummenigge. Pensé que ya no habría más paseos en bici por el bosque descojonándonos de tirios y troyanos y que no volvería ya a tener conversaciones sobre lo más simple y lo más profundo con la misma facilidad. ¡Inocente de mí!. El execrable ser del que os hablo es un reptil constante que no se da fácilmente por satisfecho. Volví a Karlsruhe y allí seguía. Agazapado, relamiéndose como una hija de Ungoliant, esperándome. No tuvo el tacto siquiera de mostrarse distante al principio, como hubiera hecho cualquiera aunque tuviera al menos la misma sensibilidad de un Uruk-hai. Nada más regresar me hizo sentir como si no hubiéramos dejado de vernos nunca. Sé que sabéis de lo que os hablo. Quienes le tratáis ya conocéis esa habilidad que ha entrenado en Mordor de hacerte sentir como si nunca hubieras dejado de estar junto a él por más tiempo que pase… Si alguna leve esperanza había albergado de que la hermosa amistad que había vivido en Karlsruhe pudiera terminar, esa esperanza se perdió en el tiempo como lágrimas en la lluvia. El lagarto del que os hablo sabe cómo hacer para no perder la intimidad que alcanzó contigo. Sólo los muy depravados tienen esa capacidad.

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Todo parecía ir sobre ruedas, pero él maquinaba siempre…

Parte tercera. Naves en llamas más allá de Orion.

Y entonces se fue. Se fue a Londres, que está lejos, aunque exista Ryanair. Y después a Japón, que esta requetelejos, a no ser que exista el Halcón Milenario. Pero siempre estuvo aquí. Correos y fotos, a veces incluso llamadas por teléfono, y sobre todo ese blog en el que con la excusa de mostrar al mundo sus habilidades fotográficas y narrativas realmente lo que hacía era descubirle a ese mundo una personalidad y una sensibilidad únicas. Y siempre más, siempre mejor hasta que dio ese paso tras el cual no existe retorno: dar la vuelta al mundo. Qué ingenuos fuimos los que pensamos que sería simplemente un blog excelente de relatos, viajes y fotografías. Qué incautos y candorosos los que no nos dimos cuenta de que post tras post íbamos descubriendo un hombre extraordinario que iba imprimiendo el mundo y sus gentes en nuestra retina y en nuestras vísceras. Qué torpes y necios quienes no estábamos percibiendo que era Akela quien nos iba abriendo la ventana a un mundo fascinante a través de un blog seductor y genial. No voy a haceros sufrir innecesariamente. Todos recordáis con dolor la maravillosa narración de Nepal, las manos de los orangutanes, los ojos de Myanmar y el agua del Pacífico. Todos tenéis en vuestras retinas el temblor de ver Mongolia y seguro que aún sonreís recordando al canario milenario. Habremos de vivir para siempre con el color de Mexico en el fondo de nuestras retinas y la ciudad de San Francisco como nunca nadie la había visto antes. Yo también he intentado no volver a mirar de vez en cuando antiguas páginas. No sigáis intentándolo, es inútil.

Pero no creas que esto queda así, Ignacio, no te pienses que uno puede sin más agitar las alas como si fuera una mariposa sin que se produzca un terremoto al otro lado del mundo. Esto que nos has hecho Ignacio, esto que me has hecho, no lo voy a olvidar en la vida. Y eso es mucho tiempo. Dolor, Ignacio, veo dolor…

A los demás una advertencia: Ignacio parece bueno y amable, y así lo será mientras cumpláis escrupulosamente tres simples reglas: Que no le dé la luz del sol estando con vosotros, que no se moje en vuestra compañía y sobre todo nunca, nunca, nunca comáis con él después de la medianoche.

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Allá donde va deja su huella el malvado …

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Artistas invitados (VII): Vir

Haciendo cuentas creo que conozco a Vir desde hace casi 20 años, cuando por aquel entonces, coincidíamos en la Teacher para aprender inglés (con el tiempo uno descubre que en Torrejón, quién más, quién menos ha aprendido inglés en la Teacher). Mucho tiempo. Dicen que las amistades son para toda la vida, pero siendo sinceros, muchas vienen, se van, se separan y acaban difuminadas en el recuerdo. Es ley de vida. Se acepta. Pero Vir sigue mucho tiempo después ahí. Atrás quedan años de carrera, garrapateos varios en Karlsruhe, Londres y Tokio, un montón de noches por Madrid entre tapas y copas, partidas interminables de Risk, refugios rodeados de nieve… y muchas muchas memorias que están por venir.

De lo fugaz

Jacques recibió de manos de su padre aquél regalo que cambiaría definitivamente su vida. Era 1904 y tenía 8 años. Pronto aprendió a manejar la cámara. Desde entonces, a través de la fotografía, escritura y cuadernos, canalizó esa obsesión que tenía por la vida.

No sólo por vivirla, sino por capturarla.

Por tener un registro de todos esos momentos felices. Momentos pequeños. Fugacidades. Minutos, segundos, personas.

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Conservó siempre esa mirada infantil, esa inocencia, ese mirar el mundo desde la altura de un niño y no desde arriba …

Preciso, capturaba en una sola toma el momento que quería, que sabía que iba a ocurrir. Ese y no otro. Como atrapar una mariposa al vuelo.

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Hace poco asistí a la exposición de Jacques Henri Lartigue en Madrid. No me dejó indiferente, por eso este post.

Me hizo pensar en que todos tenemos un poco ese afán de capturar los momentos de felicidad o plenitud.

Pues con el tiempo la memoria difumina los colores,que se apagan y se confunden unos con otros, asi como los rostros (quién estaba allí ese día?), las luces, los detalles del escenario donde sucedió ese pequeño o gran evento feliz, la nitidez se cubre de nubes y conservamos las sensaciones intactas, pero no así la imagen en la memoria.

Quizás ese registro visual de las cosas positivas, o por fugaces, especiales; nos ayuda a construir un refugio, un sitio donde ir de vez en cuando. Ver un fotograma de un instante de tu vida, trae de golpe todas esas sensaciones.

Chute de felicidad, conexión con el pasado, continuidad.

Todos, en mayor o menor medida, somos cazadores y conservadores. Instantáneas familiares, con amigos, en lugares donde no volveremos, o incluso partes de la vida de otros que nos han resultado interesantes…alguna de esas mariposas residen en la carpeta de /Fotos de todos los ordenadores.

En el mío encontré algunas revoloteando:

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Sigo al acecho, por si alguna me engatusa con su aleteo, ¡zas! Me la quedo. La congelo. La veo siempre que quiero. También la puedo compartir soltandola por algun blog o web, y soy feliz viendo las de otros. No hay ninguna igual. Distintos colores, tamaños, velocidad de vuelo, fantastico jardin de ilusiones.

Gracias Ignacio por todas esas mariposas que vuelan por tu blog desde hace tanto tiempo, y por todas las que han de venir ☺

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Artistas invitados (VI): Sirventes

No fue hasta bien avanzado mi tiempo en Londres que conseguí desvirtualizar a Sirventes. Su blog, Un mundo perplejo, era, es (y seguro que seguirá siendo mientras tenga a bien de seguir escribiendo) tan ácido, sarcástico e irónico que radiografía sin tapujos la vida en la City inglesa. Consiguió que por primera vez muchos empezáramos a entender entre otras cosas, algo del nebuloso mundo de la economía, pues Sirventes tiene el don de la simplicidad: de explicarte como si no tuvieras ni idea (conoce bien a su audiencia) el mundo de las finanzas, los negocios, e incluso alguna ayuda con esa jerga inglesa que más se nos resiste. El me enseñó la historia escrita en las paredes y murallas de la antigua Londres, y si, tengo el inmenso placer de contar con este inmenso pozo de sabiduría como amigo.

Las fotos, del propio artista.

Tenemos en Londres un nuevo símbolo de la ciudad que está a la altura de los autobuses, el Big Ben o el Mind the Gap, y eso que tan sólo tiene un año. Se trata de las Boris Bikes.

Hace un par de semanas, exactamente el 30 de Junio,se cumplió el primer aniversario de las bicicletas de alquiler de Londres. Estoy seguro que ya sabes de lo que hablo porque las hay en muchas ciudades: el ayuntamiento paga el proyecto y luego por una módica cantidad anual o por uso puedes ir por Londres en bicicleta.

Aquí, como todo lo público acaba siendo semiprivado convencieron al banco Barclays para que corriera con parte de los gastos y les dejaron poner su nombre, como pasa con los estadios (o con la liga de fútbol, que se llama Barclays Premier League). Así que el nombre oficial es “Barclays Cycle Hire”.

Boris Bikes I

¿Tu crees que los londinenses lo llaman así? Por supuesto que no. Como que el alcalde de Londres Boris Johnson ha tomado esto como unos de sus proyectos preferidos y se ha dejado fotografiar infinidad de veces con las bicicletas, la ciudad le ha correspondido, así que ahora todos los londinenses las llaman las “Boris Bikes”.

Como no podía ser menos, yo me apunté de inmediato al periodo en pruebas, comprando mi pase anual, y debo decir que las he usado mucho, incluso en el gélido invierno londinense. Allá donde vas puedes ver gente usando las bicicletas con su ya inconfundible color azul, y los fotógrafos con pretensiones artísticas las han adoptado como uno de sus temas favoritos, usando el ya conocido truco de la repetición de formas. Aquí te dejo mi mejor intento.

Boris Bikes II

Si tan famosas se han hecho las Boris Bikes, seguro que estás esperando ver a otro de los símbolos de Londres, el banquero de la City impecablemente vestido, montado en una de las bicicletas. Pues efectivamente, aquí lo tienes, cruzando el Puente de Londres.

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Pero la City no las está usando tanto como cabría esperar. Las usa, pero no los banqueros con grandes bonus. Para ellos lo importante es poseer. No es que el alquiler no se lleve. Por supuesto que si, en temas de trajes, coches, y hasta… OK, voy a dejar los ejemplos ahí. Pero eso les hace parecer que poseen. Nada más hace falta echar un vistazo una tarde a la salida de la oficina para ver que todos los que van en bicicleta usan bicicletas carísimas, ya sean de esas plegables o de las de carreras. Lo importante es ostentar. Y si la bicicleta lleva todavía “por descuido” el dorsal de la última carrera en que el banquero en cuestión ha participado, pues mucho mejor.

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La Boris Bike en cambio es un excelente medio de transporte, barato, y que puedes dejar casi en cualquier parte. ¿Pero qué mensaje transmite? ¿Demuestra que tienes dinero? No. Entonces va contra el principio número uno de la City: demostrarás tu éxito por el valor de lo que posees.

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Artistas invitados (V): Saralú

De nada serviría hacer una introducción para Sarita, porque ya lo hace ella, con muchas elegancia y sentimiento en este, su propio post. Fotógrafa analógica, creadora (dice) del mejor guacamole del mundo, lo mismo borda el protocolo que te lleva a un karaoke o se va vestida de gala a comer tacos a un puesto de carretera. He aprendido muchas cosas de Sara, cosas que luego he intentado aplicar en mi vida, pero nunca, nunca, he llegado ni por asomo, ni de lejos, a su generosidad.

De arroceras, despedidas, encuentros y familia.

Recibir una invitación de Ignacio para escribir lo que yo quiera en su blog y así celebrar sus 1000 posts, todo un honor. También todo un reto. No es sencillo encontrar el tema, las palabras o las imágenes adecuadas que estén al nivel del increíble trabajo que Ignacio ha hecho en este espacio. Cómo mucha gente que lo sigue, me he maravillado desde hace ya varios años con sus crónicas, sus fotos y sus viajes. Por eso, no hablaré de fotografía, ni de viajes ni del blog. Escribiré sobre el autor, es más, escribiré sobre el amigo y la huella que ha dejado a su paso.

Los espirales de la vida me hicieron conocer a Ignacio en un día de esos de coincidencias. Era el cumpleaños de nuestra querida amiga Isabel en Yoyogi. Recuerdo que el click fue instantáneo, aunque ahora que lo pienso, Ignacio es de esas personas que hace clicks instantáneos con mucha gente. El caso es que los dos con cámara en mano, empezamos a hablar de fotografía y no paramos en toda la tarde. Sin pensarlo, de pronto nos encontramos caminando por el parque buscando encuadres, oportunidades, momentos. Fue como si nos conociéramos de toda la vida y ese fuera un día cualquiera haciendo lo que más nos gusta, tomar fotos.

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El resto es historia; cenas, cumpleaños, viajes, borracheras con tequila, fotografías sin descanso, paseos por Tokio, sobredosis de chutoro, y muchas, muchas risas. Había hecho un amigo entrañable. Y no, nuestra amistad no se forjó en años, sino que fue una sin marinar, de las que se preparan en olla exprés. Esa vida nómada de nosotros nos llevó a compartir esta ciudad solamente unos meses. Ignacio se marchaba dejando un hueco que hasta la fecha, no se ha llenado. Recuerdo como nadie el proceso tan duro que fue para él dejar Japón. Se lo habían quitado antes de tiempo, cuando apenas empezaba a sentirse en casa. Compartí las últimas horas en Tokio con él, es más, casi puedo asegurar que fui la última persona de la que se despidió, en el portal de mi casa. Él no lo sabe, pero después de que se fue y cerré la puerta, lloré, lloré mucho por todas esas aventuras que se quedaron en el tintero, por ver partir a un amigo tan especial.

Pero muchas cosas permanecen conmigo a pesar de la distancia. Mi admiración por su tenacidad para lograr lo que se propone, su constancia para no abandonar proyectos difíciles que sin duda sólo se consiguen con una disciplina de hierro. Logró convertir su despedida intempestiva de Tokio en algo genial. Se fue a darle la vuelta al mundo por más de un año llevándonos de la mano a través de su fotografía y sus crónicas. Lo hizo con lo que significaba estar viajando al tiempo que editaba, ordenaba y escribía aquellos momentos y aquellas imágenes memorables. Nos inspiró a muchos para viajar, descubrir, intentar capturar imágenes bellas, elocuentes, intensas, perfectas.

La voluntad de que esta amistad no se diluya por la fuerza del tiempo y la distancia, nos ha hecho reencontrarnos ya varias veces en ocasiones muy afortunadas que no hicieron más que reafirmar el cariño mutuo y la fortaleza de nuestra amistad. No podemos ser más diferentes y aún así tan iguales como para querernos, respetarnos, olvidar malos entendidos y crear una complicidad que no se consigue con cualquier persona.

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Ahora me toca a mi dejar Japón. Mi tiempo en este país se ha acabado. Soy yo la que ahora empaca maletas llenas de recuerdos bellísimos y de historias que ya no serán, entre lágrimas y oleadas de nostalgia. La diferencia es que Ignacio no está aquí para darme ese último abrazo y evitar llorar frente a mi para darme fortaleza. Ya tendrá que ir a abrazarme a Nueva York, mi siguiente destino en este oficio mío de dar tumbos por el mundo. Mientras eso ocurre, me quedo con todos los buenos recuerdos, todos los momentos, todo lo aprendido. También me quedo con la maldición de la arrocera sin usar, que se irá conmigo a NY, y con un apodo que él tuvo la delicadeza de ponerme en un viaje a Bali mientras discutíamos sobre el precio-calidad de los masajes, y que bajo ningún concepto repetiré en estas líneas.

Pero hay algo más que Ignacio ha hecho por mí aparte de inspirarme, de maravillarme, de ponerme apodos, heredarme cosas inútiles, de hacerme enojar a veces, de atravesar medio México en autobús para ser mi plus one en la boda de mi mejor amigo y de hacerme reír hasta las lágrimas y la asfixia un sinnúmero de ocasiones. Antes de irse de Tokio, se aseguró de dejarme la puerta abierta para que un grupo de personas únicas y excepcionales me adoptara como un miembro más. Me dio el mejor regalo que un amigo pudo darme, me regaló a mi familia en esta ciudad, a mis hermanos. Gracias a Ignacio y a ese grupo de amigos del que él sigue formando parte no obstante la distancia, a esa familia de la que ahora me tengo que despedir como Ignacio se despidió hace varios años, es que ahora soy mejor persona y mucho más feliz.

En moto

Foto tomada en Bali por Antonio, uno de los miembros de la familia tokiota.

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