Haciendo cuentas creo que conozco a Vir desde hace casi 20 años, cuando por aquel entonces, coincidíamos en la Teacher para aprender inglés (con el tiempo uno descubre que en Torrejón, quién más, quién menos ha aprendido inglés en la Teacher). Mucho tiempo. Dicen que las amistades son para toda la vida, pero siendo sinceros, muchas vienen, se van, se separan y acaban difuminadas en el recuerdo. Es ley de vida. Se acepta. Pero Vir sigue mucho tiempo después ahí. Atrás quedan años de carrera, garrapateos varios en Karlsruhe, Londres y Tokio, un montón de noches por Madrid entre tapas y copas, partidas interminables de Risk, refugios rodeados de nieve… y muchas muchas memorias que están por venir.

De lo fugaz

Jacques recibió de manos de su padre aquél regalo que cambiaría definitivamente su vida. Era 1904 y tenía 8 años. Pronto aprendió a manejar la cámara. Desde entonces, a través de la fotografía, escritura y cuadernos, canalizó esa obsesión que tenía por la vida.

No sólo por vivirla, sino por capturarla.

Por tener un registro de todos esos momentos felices. Momentos pequeños. Fugacidades. Minutos, segundos, personas.

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Conservó siempre esa mirada infantil, esa inocencia, ese mirar el mundo desde la altura de un niño y no desde arriba �

Preciso, capturaba en una sola toma el momento que quería, que sabía que iba a ocurrir. Ese y no otro. Como atrapar una mariposa al vuelo.

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Hace poco asistí a la exposición de Jacques Henri Lartigue en Madrid. No me dejó indiferente, por eso este post.

Me hizo pensar en que todos tenemos un poco ese afán de capturar los momentos de felicidad o plenitud.

Pues con el tiempo la memoria difumina los colores,que se apagan y se confunden unos con otros, asi como los rostros (quién estaba allí ese día?), las luces, los detalles del escenario donde sucedió ese pequeño o gran evento feliz, la nitidez se cubre de nubes y conservamos las sensaciones intactas, pero no así la imagen en la memoria.

Quizás ese registro visual de las cosas positivas, o por fugaces, especiales; nos ayuda a construir un refugio, un sitio donde ir de vez en cuando. Ver un fotograma de un instante de tu vida, trae de golpe todas esas sensaciones.

Chute de felicidad, conexión con el pasado, continuidad.

Todos, en mayor o menor medida, somos cazadores y conservadores. Instantáneas familiares, con amigos, en lugares donde no volveremos, o incluso partes de la vida de otros que nos han resultado interesantes�alguna de esas mariposas residen en la carpeta de /Fotos de todos los ordenadores.

En el mío encontré algunas revoloteando:

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Sigo al acecho, por si alguna me engatusa con su aleteo, ¡zas! Me la quedo. La congelo. La veo siempre que quiero. También la puedo compartir soltandola por algun blog o web, y soy feliz viendo las de otros. No hay ninguna igual. Distintos colores, tamaños, velocidad de vuelo, fantastico jardin de ilusiones.

Gracias Ignacio por todas esas mariposas que vuelan por tu blog desde hace tanto tiempo, y por todas las que han de venir ☺