Día 307: El costoso esfuerzo de atravesar Mordor

(No me culpen, vivir en una furgoneta sin electricidad, no hace que las cosas sean fáciles cuando tienes que escribir y procesar fotos, pero si obvian las burdas excusas este post debería haber llegado un 22 de Marzo de 2010. Aviso que ha quedado un poco largo, así que tengan a bien prepararse algo de merendar)

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“¡Veo en vuestros ojos, el mismo miedo que encogería mi corazón!”

Sauron, como temía, no lo pensaba poner fácil. En cuanto supo de mis intenciones de cruzar en Mordor, hizo la oscuridad, lo cubrió de niebla y se regocijó en la cima del monte del Destino. Pensaba que eso me iba a detener. Lógicamente, estaba equivocado.

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(El Canario Milenario – de ala blanca – recorriendo Mordor)

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Había llegado al parque nacional de Tongariro el día anterior, midiéndolo con la mirada, bordeando el perfecto e imponente cono del Monte Ngauruhoe (Monte del Destino) y el macizo que contenía al Ruapehu. Desde la distancia era impresionante. La idea era atravesar sus áridos suelos volcánicos, creados a base de lavas y erupciones, en lo que se considera uno de los mejores trekkings de un día de Nueva Zelanda: El Tongariro Alpine Crossing.

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Aproveché la tarde de mi llegada para dar una vuelta por la zona y familiarizarme con el terreno. Subir a las estaciones de esquí, aún carentes de nieve, y ver de cerca el comienzo de las enormes, macizas y escarpadas montañas que le daban forma. Marrones y ocres, rocas, piedras y ni ún ápice de vegetación. Mordor estaba tan desolado como cabría esperar.

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Claro que todas estas pequeñas pesquisas fueron un error. Habían alertado al Señor Oscuro de mi presencia. Cuando llegué al parking de Mangatepopo, punto de inicio de los 18 kilómetros del recorrido, apenas había luz. En su lugar, una densísima capa de niebla cubría todo. Apenas se podía ver a un centenar de metros. Maldito tiempo. ¿Qué hacer? ¿Rendirme? ¿Volver otro día?

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(¿Estás realmente preparado para continuar el Tongariro Alpine Crossing? ¿Hace buen tiempo? ¡¡Pasopalabra!! ¿Tienes la ropa y equipo adecuado? ¡Calzoncillos limpios y cámara de fotos! ¿Estás en forma suficiente? ¡La duda, aunque razonable, ofende!)

Allí nadie, ni los abuelillos, se estaban dando la vuelta, así que no habría yo de ser menos. El orgullo machirulo. Siempre adelante, Saurones y nieblas a mí. Me cargué el macuto a la espalda y comencé la subida y lo cierto es que aunque iba a buen ritmo, no era nada disfrutable. La lluvia había hecho acto de presencia y no había ningún indicio que indicara que el tiempo iba a mejorar.

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(¿Por que se les habría ocurrido rodar Mordor aquí?)

Dudé. Pero entre las dudas llegaba a la base del Monte del Destino. Subirlo añadiría unas horas más a la cuenta del maltrecho trekking. Pero, ¿como negarse?. ¡Era el Monte del Destino. Si todo se torcía y no podía completarlo, al menos habría hecho cima en su mítica cumbre.

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La gente empezaba a retirarse. Vuelta a casa, grumete. El frío, la lluvia y la niebla hacían mella. Yo ya contaba que si el tiempo no mejoraba tampoco iba a perder el tiempo completándolo, pero al menos me quedaba la subida. Quién sabe, lo mismo en un centenar de metros, me encontraba por encima de las nubes. Sería, no cabía duda, una magnífica vista.

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En seguida comprendí por que la subida al Monte del Destino está catalogada como “very hard”. Sin camino y sobre arena y resbaladiza volcánica sólo quedaba agarrarse como buenamente se podía. Un paso adelante y medio atrás. Como caminar por una enorme duna, pero roja, negra y rocosa. Un paso adelante y de nuevo la montaña te empujaba medio hacia atrás. Los tendones se resentían, las piernas se cargaban. Un paso más. Otro. Otro. Medio hacia atrás.

Todo en mitad de la niebla. Zigzageando como buenamente se podía. Buscando rocas firmes donde agarrarse con las manos. Pequeños alivios donde coger aliento. Un paso. Otro. Medio atrás. Arrastra. Sube. Carga. Piedras desprendiéndose mientras de vez en cuando un pequeño claro entre las veloces nubes. Pequeños retales de cielo azul que apenas duraban unos instantes dando esperanza y sentido a la subida.

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Fue en vano. Llegamos a la cima donde sólo se podía ver… nada. Vientos gélidos de 50 kilómetros por hora que te hacían agarrarte con las uñas a las rocas, que sabiamente encontraban los recodos entre la ropa para helar la piel, lluvia que se clavaba y empapaba y una espesa niebla que sólo permitía intuir los metros más próximos. Hacer cumbre había sido lo más anticlimático que podría imaginarse. Sauron se lo estaba pasando en grande.

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(Desde la cima. Esta cara de pena no es tal, pero con la lluvia y el viento azotando, fue lo más próximo que tuve a una sonrisa. Las gafas ya hacía tiempo que me las había quitado, pues con la que estaba cayendo, habían dejado de ser útiles para ver. En cambio podrían utilizarse como cantimplora)

Comenzaba la bajada, que sólo podía tomar forma de línea recta, bajando como un rayo por una pendiente que se desmontaba según se pisaba. Pequeñas avalanchas acompañadas de sendos culetazos hasta que acabé bajando corriendo, resbalando sobre las piedras. La subida había durado cerca de las dos horas, la bajada menos de media.

Rodeado de niebla, llegué al punto más bajo de la falda de la montaña. Si caminaba un poco más debía encontrarme con el camino. Pero no sucedió. En cambio me encontré con un muro de piedra sin el menor rastro de huellas, ni de otros caminantes. Habiendo pasado todo el día en penumbras, no había ningún punto que me pudiera servir de referencia. El zigzag de subida sin lugar a dudas había sido de lo más asimétrico, así que la linea de bajada me había desviado de donde debería estar. La pregunta era tan obvia como díficil de responder. ¿Me había desviado hacia la izquierda o hacia la derecha?

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Era imposible saberlo. Pero tampoco podía quedarme esperando a que alguien me encontrara, quizás nadie pasaría por allí hoy y sin referencia visual no había mucho a lo que agarrarse. Momentáneos claros aparecían en el cielo. Solo se me ocurrió subirme de nuevo a lo alto de la montaña que tenía en frente para intentar que uno de esos claros me mostrara alguna pequeña parte del camino. Mis sentidos apostaban que me hallaba demasiado a la izquierda, así que tendría que girar hacia la derecha.

Subiendo la escarpada montaña rocosa me abordaron dos pensamientos. El primero era si finalmente acababa perdido sin encontrar el camino y conseguía algún punto de cobertura para contactar con los servicios de ayuda iba a ser las explicaciones que iba a dar a mi padre, montañero de toda la vida.

– Así que hijo, te has subido a una montaña que no conoces sin camino.
– …. esto… si…
– Y con niebla.
– …. mmmm …. ups…. si…
– (suspiro)
– pero…
– ¿pero?
– ¡Es que era el Monte del Destino!
– El monte del destino.
– Sí. El Monte del Destino. Sauron. Frodo. El anillo de único.
– …
– …
– (suspiro largo, profundo y rozando la desesperación)

El otro pensamiento, mucho más real y presa del creciente pánico iba dedicado a esas noticias de montañeros que desaparecen para aparecer despeñados y ciertamente, viendo por donde estaba subiendo, no iba muy desencaminado. No la caguemos ahora. No la caguemos.

Ninguna de las opciones resultaban de los más alentadoras, y quedarme allí perdido significaría pasar el día y la posible noche en un clima helado (que no tenía porque mejorar en los próximos días), así que ya podía ir encontrando el camino de vuelta y dejando que este lamentable episodio cayera en el más absoluto de los silencios.

Alcancé la cumbre para descubrir que el otro lado estaba claro, carente de nubes… pero no había nada reconocible allí. Ni un camino, ni una persona, nada. Absolutamente nada. Salvo unas, desde la distancia, diminutas torres de tendido eléctrico que se veían muy muy lejos.

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(Si, así a simple vista no se ve nada, pero al fondo muy al fondo, estaban las buenas de las torres de tendido eléctrico)

Si mi memoria no me fallaba (y eso que no estaba yo muy seguro de que estuviera funcionando adecuadamente), sólo podía identificarlas como parte de la carretera por la que había llegado rodeando el parque Nacional de Tongariro, porque era el único recorrido donde las había visto. Si eso era correcto, podía hacerme una idea de donde estaba y todo apuntaba que mis sentidos habían apuntado incorrectamente. Había descendido demasiado hacia la derecha.

Comencé el camino de retorno, vuelta a la niebla, subiendo y bajando colinas, esperando encontrar alguna indicación del camino. La rodilla, que tan bien se había portado durante estos meses de viaje, empezaba a aullar. Lo que nos faltaba. Al perro flaco todo se vuelven pulgas. Pero afortunadamente, estaba en buen camino. Entre la niebla apareció un palote, que llevaba a otro, que llevaba a otro, que llevaba al camino. Suspiré aliviado, me paré cinco minutos para descansar y emprendí el camino de regreso sabiéndome derrotado y con la rodilla avisándome que tendría noticias de su abogado.

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(La vista atrás y la masa de nubes que asolaba el camino)

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Pero muy lejos entre mis intenciones estaban las de rendirme. Mi intención era reintentarlo al día siguiente. Las fotos que había visto de la travesía eran demasiado bellas como para no vivirlas. Habría de darle una segunda oportunidad. Ahora sólo me quedaba centrarme en recuperar la rodilla para el día siguiente, así que utilicé el infalible método de irme al pueblo más cercano, buscar la hamburguesaca más grande que pudiera encontrar y acompañarla de una cerveza. Ríete tú del Dr del Corral.

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(Vive en el aguaaaa… frescaaaa y claaaaraaaaa)

Sorprendentemente, me despertaba con la rodilla como un melón. Mi método infalibe de recuperación no había funcionado. Malas artes de Saruman. Nada que no ensombrezca mi ánimo. Volvía de nuevo al inicio del camino… para volver a encontrarmelo en la más oscura de las nieblas. Bien está una vez y yo soy muy de repetir… pero reintentarlo era absurdo. 18 kilómetros sin ver nada no se merecían el esfuerzo. Hay que saber perder.

O bien, saber esperar. Me dirigí al puesto de información de la cercana población de Whakapapa con la intención de averiguar el tiempo de los próximos días. Parecería inteligente el haberlo hecho con anterioridad, pero pronto descubrí que tanto el hacerlo como el no, carecía por completo de sentido. El tiempo cambiaba más rápido de lo que los meteorólogos eran capaz de predecir aunque las previsiones prometían más desfiles de nubes.

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Decidí esperar un día más. Eso me retrasaba aún más tiempo y empezaba a temer que el tiempo en la isla Sur sería aún peor, así que no podía perder más tiempo en la Isla Norte. Así que compré via Internet el billete para el ferry que cruzaba ambas islas para dos días después. Eso quería decir, que si como preveía el tiempo se volvía horrible, podría viajar tranquilamente hasta Wellington para tomar el ferry. Si en cambio y contra pronóstico el tiempo se tornaba bueno, haría el trekking, los 18 kilómetros de la muerte y después me tocaría conducir como buenamente pudiera hasta Wellington. Sea como fuera, no podía retrasar más mi llegada al Sur.

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Desafiando toda lógica, el día amaneció sin una nube. El mismo conductor del autobus se rascaba la cabeza sorprendido. “Tengo las prediciones metereológicas de hace tan sólo tres horas… y dan como todo nublado. Esto no tiene ningún sentido”. Ah. Que viva la falta de lógica. Llega el momento de la revancha. Con la llegada del alba del tercer día, volvía a entrar en Mordor por segunda vez.

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Me atiborré de barritas energéticas y comencé a tirar millas como si no hubiera un mañana (el día que las discotecas descubran las barritas energéticas se va a montar gorda, ya veréis, ya). No debía, pero era inevitable. La emoción volvía a cernirse sobre mí. Las vistas desde el Monte del Destino debían ser fantásticas. ¿Como evitar la tentación? ¿Cómo convencerme de que el sufrimiento iba a merecer la pena? No había manera, iba a merecer la pena. Lo sabía.

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(Aquí una cuesta, aquí unos amigos)

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(Si, hay pequeños, ínfimos puntos que son personas… y ninguna eran ni Frodo ni Sam)

Vuelta a desviarme del camino, montaña arriba. Otra vez el trabajoso ritual de los dos pasos hacia adelante y otro hacia atrás. Arrastrar y subir. Siempre adelante. Las nubes amenazaban desde la distancia y no podía estar seguro de cuando tiempo tendría por delante, pero no pensaba darles tregua. Otro paso más. Otro. Otro. Vamos señor Frodo. Otro más. Resoplar, coger aire y vuelta a la carga. En menos de dos horas coronaba la cima. Y ahora sí, ahora podía disfrutar de la magnifica vista que se me había negado con anterioridad. Había merecido la pena.

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Recordé las palabras de Edmun Hillary. “No es la montaña a quien conquistamos. Es a nosotros mismos”. A 2287 metros de altura, sobre el cráter del Monte del Destino, el mundo era mío.

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Lo que quiere decir que fuera un mundo cómodo. El viento soplaba con la misma fuerza que le recordaba y el frío volvía a meterse entre las capas del cuerpo, así que muy bien, prueba superada, foto, una última mirada y de nuevo para abajo, que quedan unos cuantos kilómetros que completar.

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(La comunidad del Anillo… ¡¡¡son nueve y todo!!!)

El paisaje volcánico era tan desolador como bonito. Descendiendo por la cuesta pude reconocer facilmente con algo de vergüenza las partes por las que me había perdido en el intento anterior. Todo es tan fácil cuando puedes ver.

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(No se froten los ojos, es cierto, una grieta en la montaña que emocionaría al mismísimo Freud)

Cruzaba la infinita planicie ocre entre el volcán Tongariro y el Ngauruhoe (Monte del Destino), ascendía las cuestas que me llevaban al crater rojo, seguía subiendo para encontrarme en el descenso con los lagos esmeraldas, rezumando azufre, antes de llegar al enorme lago azul. Era todo tan irreal, tan fantástico, que sólo podía disfrutarlo.

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(Foto dedicada a la Choupa, que seguro que le trae buenos recuerdos)

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Comenzaba el descenso hacia Ketetahi, dejando atrás los picos que ya comenzaban a ser devorados por las nubes para perderme en el fondo del valle. Esta vez llegaste tarde Sauron. Lo había conseguido y ahora, antes de que los músculos se enfriaran y mi cuerpo cayera en el más profundo de los cansancios tenía unas cuantas horas de viaje hasta Wellington.

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¿Donde había dejado las barritas energéticas?

Para mis padres, que me enseñaron a amar y a respetar a la montaña.

39 comentarios en “Día 307: El costoso esfuerzo de atravesar Mordor

  1. ¡Qué inconsciente! Yo habría hecho exactamente lo mismo. Y es que, si te gusta ir a la montaña, pronto te das cuenta de que si no lo intentas cuando parece que las cosas están chungas te pierdes la mitad de las cosas buenas del monte. Eso sí, con niebla, mejor intentar tomar referencias de algún tipo y, sobretodo, no precipitarse (esa bajada a tumba abierta…).

    El sitio, precioso. Muchas veces nos perdemos lugares increíbles por mirar demasiado a las aristas y laderas llenas de nieve.

  2. Es que llegar hasta allí y quedarse sin subir…
    Menos mal que pudiste repetir!!
    Me has dejado sin palabras, una vez más…

    (me ha encantado lo de las barritas y las discotecas!)

    Un saludo

  3. En dos palabras; im-presionante jajaj Las fotografías hablan por si solas!

    Pero cuidadin con la montaña… Hacer recorridos tan largos uno solo… Tu padre te tiraría de las orejas 😉

    Felicidades otra vez por tu inconsciencia jaja

  4. Hola Ignacio. Es la primera vez que comento en tu web, aunque sigo tus crónicas desde hace años. Te descubrí por casualidad preparando un viaje a Islandia, y desde entonces estás en “Mis Favoritos” y voy recomendando tu blog a la gente. Gracias por tus magníficas crónicas y fotografías, con las que nos permites viajar al menos con la imaginación!

    Viendo el post de hoy, ¿no te recuerdan algunas de las fotos a los paisajes de Islandia? Yo me he vuelto a transportar a aquellos lugares, ains…

    Besos.

  5. Con estos post sólo acrecientas mis ganas de irme a vivir allí. Que buejo lo de la raja. Uno colega alemán estuvo allí el pasado febrero y decidieron felicitar desde allí San Valentín. Ponte hielo en esa rodilla.

  6. bueno bueno bueno… no sé cómo lo pasaste realmente durante esa primera intentona, pero te puedo asegurar que yo me lo he pasado más que bien leyéndote… estaba ya meditando el comentario que iba a hacer sobre tamaña gesta y tan jodidamente entretenida lectura que nos habías regalado, y vas y me pones la foto del butelo… está mi cinziña de testigo que sendos lagrimones se me han escapao, a pesar de ser un auténtico macho mataorcos… grandísimos recuerdos que espero que nada ni nadie (especial mención al amigo alemán de pierre) me robe jamás.
    esta noche brindaré con un bocata de salchichón por ti, amigo mío!!!

  7. Impresionante una vez más. Esos momentos de incertidumbre en los que uno se pierde en la montaña y no pasa ni el tato por allí, no se los recomiendo a nadie… El momento en que uno vuelve a encontrar el camino, se lo recomiendo a todo el mundo…

    Un saludo!

  8. Menudo espectáculo!!!ese tono rijizo de la roca una maravilla….y la primera foto….acojonante.
    Que tu viaje prosiga con paisajes igual de bonitos que este.

    un saludo.

  9. Ñaj, que malos recuerdos me traen tus palabras! Esas montañas de piedra suelta, esas bajadas aceleradas, esa piedra que está fija, ese tropiezo, esas volteretas…

    Impresionantes las imágenes y el procesado! Cada vez está más apretado el top de fotos! 😀

  10. Pues chico, irá por tus padres y bien está, pero no nos engañemos, amor todo, pero respeto ninguno. Puf, retos a ti 🙂
    Por cierto, que has mencionado un duda profunda que me asedia, a saber la electricidad (o la falta de la misma) en el canario, las noches a oscuras etc. Tiras de (cyber)bares/cafés para enchufar el ordeñador, o has encontrado un generador a pedales? :b

  11. dos cosas:
    1. me encanta tu lógica en tu instinto de superviviente: esas torres de tendido eléctrico las vi antes. Qué mejor punto de referencia que una de esas torres, que las hay por todas partes y son todas iguales!! es como orientarse aquí por medio de los starbucks, jajaja.
    y 2. esa cosa roja y cilíndrica que tienes en la mano… es a lo que tú llamas barrita energética no? 😛

  12. Eso digo yo tambien, me he tenido que reir con lo del ala blanca y la orientación de los postes!

    Muchacho muchacho, no te llevas un mapa o una brújula en esas subidas? que vas solo por una montaña que no conoces, con tiempo inestable y sin guía…ayssss….esta juventud..tu no has sido bollicao? digo boy scout? xd

    Las fotos de la inmensidad, inmensas.

    Cuidate.

  13. Alucinante!!!!!!!!

    De verdad que sin palabras!. Que sudor, que cosas… Mordor… impressionante!!! cómo no?!

    El canario milenario está impresionante!!!

    Que sepas que una ha visualizado la conversación con tu padre!! he, he, he… que de cosas!! a ver si lo tenemos presente ANTES de empezar a andar y no cuando ya andamos perdidos… aixxxx ¬_¬U.

    Por cierto, felicidades por el libro!!, lo tengo ya en mi poder y está Genial!!! lo que no sabía yo era que se podía acceder a dedicatorias….U_U

    A cuidarse la rodilla!!!

  14. halcón milenario de ala blanca.. jajaja.. no se me hubiese ocurrido, muy bueno.. al final parece que no quedó mal del todo, no… como dice vanessa… barrita energética bueeeenaaaa

  15. varias cosas Ignacio, primero

    Todavía me quedo pensando que cosas pasan por tu mente, un viaje alrededor del mundo. . . solillo. . . subirte a la montaña para desafiar a Sauron . . . hecharte desde el skydive bueno tantas cosas :P, pero eso de seguir la trama del señor de los anillos jeje.

    me encanto el post no sabía que le tuvieras tanto amor a las montañas yo también creo que son preciosas y se disfrutan a lo grande aunque nunca me ha tocada algo tan monumental creo que el dolor de piernas te debería durar un rato (como para ponerte a postear estos mega artículos).

    me encanto tu cara de tristeza y luego la contrastante cara de alegría del siguiente día.

    Saludos

  16. Vuelvo a decir lo que ya comenté en otro post: las fotos espectaculares y las descripciones de las montañas aún mejores.

    Suerte y a seguir disfrutando del viaje sin accidentes para que los demás disfrutemos con estas maravillosas crónicas

  17. @Rafa, bienvenido!!

    @Norte, nada, sin ejercicio… a la aventura!!!

    @SietedeNueve 🙂

    @Javier I. Sampedro, sobre todo la paciencia… yo ya andaba desesperado!!! 🙂

    @japogo, jajaja… gracias!!!

    @Zaraka, cuanta razón. El problema está en que toda la ruta estaba superseñalizada y no me di cuenta de que la subida de la muerte no lo estaba. Me hallaba sumido en mis propios pensamientos más dolores de piernas… 🙂

    @amezle, eso decía yo… si hay que subir dos veces… pues se sube dos veces!!!

    @echobelly, soy totalmente consciente de que si mi padre hubiera estado cerca, alguna colleja me habría llevado. 😀 Ventajas de estar en la otra parte del mundo!! Jajaja.

    @Luisete. 🙂 Me alegra que os entretengáis con mis desgracias!! XDDD

    @Maribella, como lo sabes!!! Me está recordando mucho a Islandia, de hecho mucha gente describía Nueva Zelanda como Islandia… pero con árboles! 🙂

    @Oria, te digo lo que a @Maribella… aquí te ibas a sentir como en casa (como en tu casa Islandesa, quiero decir)

    @Choupa, el Butelo se hizo toda la cuesta esperando su oportunidad fotogénica!! En cuanto lo encontré en el supermercado me lo compré hasta que llegara su momento!! jajajaja!!

    @Jesús, ufff… que verdad. El momento en que te reencuentras vuelves a respirar aliviado… 🙂

    @Yoda, es que no me entrenaste bien!!! XDD

    @Ollinauj, muchas gracias!!!

    @JuandiezdelCorral, me quedan unos cuantos posts de dar la tabarra anillera… 🙂 Que disfrutes de las pelis!!

    @Morfet… Algo que confesar?

    @Nico, tengo pensado hacer un especial vida en la furgo, pero vamos, te adelanto que llevo un adaptador de corriente al mechero de la furgo. 🙂

    @Vane, no no, no me he explicado bien. Imaginate el parque natural como un rectangulo vertical, vale? Pues yo antes de llegar me hice el recorrido por el lado derecho, el de abajo y tire para arriba por el izquierdo. Y el único punto que tenía torres eléctricas era el de la derecha… 😀

    Por cierto, lo de Ala blanca, creo que fue @Ventureta quién lo nombre así primero…

    @Monttse, siempre me he encontrado… XD

    @Queseyo, no te pongas en plan madre tu tambien eh? 😀 Me alegro un montón que te haya gustado el libro!!! La dedicatoria en cuanto vuelva, claro y si tengo que arrastrar a Japogo para que lo firme, lo haré también!!

    @Mochilero, ¿como resistirse?

    @memoriadepez, un campeón inconsciente en todo caso. XDD

    @Cinza, bueno, queda aparente. 😀

    @Veo cosas raras… XD jur jur jur…

    @Monchoman, si, soy montañero de toda la vida. En este viaje he aprendido a apreciar el mar, que antes no contaba con tantas simpatías por mi parte. 😀

    @Antonio J, prueba superada!!!

    @Guillermo, eso espero, que no haya más accidentes!!!

    Saludos para todos!!!

    Ignacio

  18. Desde luego se nota tu devocion por la montaña. El relato increibles, las fotos preciosas, la experiencia alucinante,….y la rodilla espero que lo suficientemente sana como para permitirte que nos sigas contando tu aventura de la manera que lo haces

    Animo!!

  19. Llevo meses leyendo tu blog y estoy enganchada, pero hoy es la primera vez que he reenviado tu post a mis amigos para que ellos lo lean también.
    Enhorabuena, por lo que estás viviendo y por tu blog. Te envidio… 🙂

  20. Llevo un enorme retraso de posts, lo que tiene su lado bueno… horas de entretenimiento.
    Este post me ha encantado (Es Mordor, leñe!!!), pero además está lleno de detalles… el canario de ala blanca como el sombrero de Pedro Navaja, las barritas energéticas de las buenas, las grietas malvadas (lol)…
    Pero eso sí, mangurrián, esto no puedo evitar decírtelo. En cuanto ves una ladera pedregosa, ahí que te tienes que despeñar por el lado chungo. Eres un vicioso! Yo que pensaba que el viejo Ben Nevis te había enseñado algo 🙂 …

  21. Marie, merci!!

    Oscuroabismo, si, la montaña me gusta desde que tengo uso de razón. Y lo cierto es que la aprovecho menos de lo que debiera. Tengo un montón de ganas de volver a Picos de Europa y Gredos… 🙂

    Lograi, cuanta razón! Que poca visión de negocio!!

    Anita, muchas gracias! (por el comentario y por la publicidad!!)

    Pierre, pues ya verás la última… en breve, en breve. El Ben Nevis es una espinita que tengo clavada!!

    Tània, gracias!!!

    Belén, jajaja!! y yo!!!

    🙂

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