A fin de renovar su imagen y de atraer a una ingente cantidad de visitantes, el TATE modern of London, el museo de arte moderno ha dispuesto estos días de unas jornadas llamadas Long weekend, donde se trata cada día algunos de los movimientos que tienen cabida en el museo: Futurismo, Surealismo, Abstracto y Minimalismo.

No soy un gran amante del arte moderno, especialmente porque resulta la mayor parte de las vecces bastante incompresible para mi. No es que sea siempre una cuestión de comprender, basta simplemente con que las obras te digan algo. Reconozcamos, eso sí, que generalmente se va a un museo de arte moderno con la idea preconcebida de ver que tipo de absurdeces y ridiculeces se le habrán ocurrido al fumado artista de turno.

La masificación de gente debida al evento, unida al hecho de ser long weekend han sido para mi gusto y para poder deambular y disfrutar tranquilamente de las obras, así que aunque he de decir que hay algunas obras maravillosas, no habiendome tomado la visita al museo en serio no comentaré el arte, ni lo bello o lo absurdo de ellas.

Y es que tras presenciarme allí ayer, día del Surrealismo, toda la carga cultural que proponían a modo de espectáculo estaba basado en este movimiento artístico, siendo exactamente igual que lo que la palabra propone… surreal.

Entre los máximos exponentes de este movimiento un clásico amigo conocido por todos nosotros. Joan Miró. Artista que personalmente me dice poco como escultor y mucho menos como pintor. Que quede claro, pues, que no ha sido un artista que haya contado nunca con mucho de mi aprecio. Aprecio que si tiene, a mi gusto y entender, Dalí.

Resulta que Miró trabajó hace 25 años con la compañia teatral catalana La Claqua diseñando unas marionestas para la obra «Mori el Merma» que se estrenó en 1978. Pues bien, hete aquí que reestrenaron dicha obra como plato fuerte del día del Surrealismo y date que si no era bajo los efectos de algún psicotrópico no debía adquirir la plenitud de significado. Y yo que lo más que me había tomado era una Coca-cola no estaba en las condiciones místicas apropiadas para soportar disfrutar dicha obra maestra.

Atónitos se quedaron los padres y los niños (pues la obra se representó a las doce del mediodía con máxima afluencia de pequeños) viendo a las marionetas dar gritos estridentes, quedarse calladas durante largos periodos de tiempo, llorar, fornicar y trazar un guión incomprensible hablado en varios idiomas.

Atónito estaba yo (y un rato aburrido) viendo a una de las «azafatas» ir azotanto con un trapo el culo de los actores.

Curioso resultaba, cuanto menos, ver cómo metían frases en Español entre las líneas del guión. Bueno, frases y alguna que otra licencia… Atención si no a los primero segundos del siguiente video:

Será incultura la mía. No digo yo que no. Pero desde luego, ni me asombró, ni me divirtió. Ni a mi ni a gran parte de la concurrencia, que anonadada y pichicheante se alejaba de tan bizarro espectáculo.

(Pichicheante: Dícese del máximo anotador liguero de fútbol. Úsese tambien para aquel ciudadano del mundo que en estado de somnolencia intenta rematar (con o sin éxito) balones ficticios con la cabeza en lo que los demás entendemos como una cabezada producto del cansancio, aburrimiento o sopor.)

Me parece loable el hecho de intentar acercar la cultura o cualquier movimiento artístico por muy extraño que sea al público. Pero es una cuestión personal el que algo te guste o no. Claro que aqui estamos en el eterno debate: ¿Es el arte para uno mismo o para mostrarlo a los demás? Si es para uno mismo ¿Que sentido tiene exponerlo?. En fin, prometo ponerme las pilas e intentar por lo menos comprender los movimientos. Otra cosa muy distinta es que me vayan a gustar o no.

Y Dali es surrealista. Y me gusta.