El 2 de Septiembre de 1666, domingo, la Panadería Real de Pudding comenzó a arder. Situado dentro de las murallas de lo que por aquel entonces era Londres, rodeado de más y más casas construidas en maderas y pajas no tardo mucho en empezar a propagarse y ayudado por fuertes vientos del Este hizo arder Londres durante cuatro días.

La devastación fue brutal. Practicamente arrasó la ciudad. 70000 de los 80000 habitantes de Londres perdieron su hogar al arder más de 13000 casas. Además fueron pasto de las llamas otras 87 iglesias, 4 puentes, 44 salones, 400 calles, el edificio de la Bolsa, el Ayuntamiento, varias cárceles y hasta la Catedral de San Pablo, pasando por hospitales, escuelas y bibliotecas.

Comenzó un domingo y acabó un jueves cuando se detonaron las casas adyacentes al fuego para servir de cortafuegos. Parece ser que el detonar las casas era una práctica común como cortafuegos en la época y debería haber sido la primera opción el mismo domingo, pero las indecisiones del alcalde de la época no lo hicieron en un primer momento y para cuando se quiso atajar el fuego fue demasiado tarde. Solamente cuando parecía que se había apagado y se detectó que se reavivaba se optó por la detonación.

Los relatos de la época son estremecedores: «Ya en el otro lado del Tamésis cuando el viento soplaba de frente nos quemaba en la cara una lluvia de gotas de fuego […]. Cuanto más oscurecía más se veía el fuego, asomando por las esquinas, por encima de agujas y veletas, por entre las iglesias y las casas, hasta donde se perdía la vista, colina arriba de la City […]. Todo ardía al mismo tiempo y las llamas hacía un ruido espantoso junto con el estruendo ensordecedor de las casas que se venían abajo».

Las victímas oficiales se contaron como 16 aunque extraoficialmente fueron varios miles, sólo que muy pocos cuerpos se pudieron encontrar pues la mayoría resultaron cremados con el calor abrasador. Podeis ver toda la zona que se quemó en esta gráfica.

A partir de ese momento se comenzaron a recaudar fondos para reconstruir Londres, que se rediseño casi de cero, siendo el arquitecto Christopher Wren el encargado de hacerlo. Entre muchos de sus proyectos de reconstrucción se irguió un monumento para recordar este fatídico evento. El Monumento al Gran Incendio de Londres.

Una enorme columna doríca de 61 metros de altura (202 pies) situada exactamente a 61 metros del lugar donde se originó el fuego, acabada en una urna «en llamas».


Ahora mismo, encerrado entre los edificios colindantes no resulta excesivamente impresionante (incluso parece pequeño) pero en aquel entonces fue «la columna» más alta del mundo. Actualmente se puede subir a la urna tras una ascensión por una estrechísima escalera en espiral de 311 escalones (que vale al mismo tiempo para subida y bajada. Jarl!) y donde tras la hazaña de la ascensión recibes un diplomita acreditativo (Yuhu!!) digno de competir con cualquiera de los 8000 de Oiarzábal.

Desde arriba se puede disfrutar de unas preciosas vistas desde las alturas del corazón de la City que bien merecen la pena la claustrofobia escaleril previa. Seguramente reconocereis a unos cuantos edificios amigos. 😛





Sus 2 pounds de entrada bien merecen una visita… no? (deporte incluido)