Las marismas de Poitou

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El precio a pagar por la tranquilidad era el frío. Un sol demasiado tibio despuntaba entre los árboles, mientras el piate, la barca de fondo plano, se movía sin descanso ayudada por una pértiga entre el laberinto de canales de la Venecia Verde. Salvando los ciervos, las vacas y unos cuantos pájaros, éramos los únicos que podíamos ver de la delicada simetría del agua aún sin romperse.

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Había sido un viaje cansado. El tren nocturno que salía desde Chamartín hasta Poitiers no había dado una noche apacible. Aún con mi propio camarote (incluso con baño y ducha propia) y sin tener que soportar a ronkingkones cercanos apenas había pegado ojo. Yo que he dormido apelotonado en compañías chinas y rusas y nada. ¿Me estaré haciendo mayor? ¿O será que no me adapto al lujo?

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Llegar al destino a las seis de la mañana tampoco había sido la mejor jugada y aunque el desayuno campero a base de huevos fritos, bacos, queso, zumo, cafe y vino (si, y vino) había alejado los fantasmas del sueño y las legañas era quizás todavía un poco demasiado pronto.

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Pero teníamos los bosques reflejados sobre el agua entre los rectángulos de tierra que se habían asentado sobre las marismas. Terreno reclamado al mar por la naturaleza y por el hombre desde la época prehistórica, aunque no fue hasta el siglo VII que se empezó a plantear como tal: diques de contención para ir secando el terreno y poder usarlo para el cultivo y ganados. Siglos más tarde, Napoleón autorizo las obras que lo convirtiera en navegable.

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Así que ahora son cientos de rectángulos de tierra, convertidos en islas en las marismas. En ellas pastan vacas o se cultiva. Sin la necesidad de construir más barreras. El agua hace de frontera de cada cuadrícula. Tanto que moverse de una a otra necesita planificación: O una barca enorme o un sistema de puentes portátiles, de quita y pon.

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Cien mil hectáreas, que tienen en la pequeña localidad de Coulon su punto más central. Allí se vive también en barca y gran parte de las marismas son también zonas de recreo. Imagínense. Todo listo para un día en el campo. Cargue usted el piate y a cruzar el laberinto hasta el parque. Porque entre ganado y pescadores, también quedan rincones de tierra para el recreo de los locales.

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Comentan que en verano los canales están intransitables, plagados de piates sin demasiada prisa más que dar una vuelta por el entramado. Al fin y al cabo, con todo en uno de los lugares que llaman al relax más absoluto ¿Quién querría correr?

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Parte del Minubetrip por el Noroeste Francés, Abril 2011

6 comentarios en “Las marismas de Poitou

  1. curioso… sera por la epoca o porque les ha dado por limpiar, pero cuando estuve de peque (era verano) el agua estaba cubierta de «lentejas de agua» (traduccion al castellano desconocida). O sea que bonito y apacible y todo, pero de reflejos en el agua, nada.

    PD: voto por lo del lujo. La edad no pasa por ti :b

  2. Esto empieza a ser preocupante, dan ganas de viajar a todos los sitios que fotografías. La lista se está haciendo insalvable…

    Por cierto, ya hacía días que te quería recomendar un libro de un paisano, viajero y fotógrafo. Fue de Zaragoza a Pekin (en bici!) para unir Expo y Olimpiadas. Poco después y por un atropello quedó en silla de ruedas…
    Date una vuelta por su blog, http://delaexpoalasolimpiadas.blogspot.com/ Espero que cómo el, te animes al fin a sacar el libro de tus aventuras 🙂

  3. Machbel, pues tienes razón, pero es que entre que el sitio se repite mucho y que yo si veo reflejos me vuelvo loco… pues pa queremos más…

    Japogo, debería ponerme a ello cuanto antes!!

    Nico, creo que esas lentejas son el principal motivo por el que lo llaman la Venecia Verde. No se porque, pero no había casi ninguna cuando estuvimos allí. Será por la época del año?

    Pau, no te creas, no… yo para un sitio que estuve lujoso en el viaje me puse malísimo… 😀

    Morfet, menuda historia. Me ha dejado impresionado el chico del blog. Para bien a pesar de todos sus contratiempos… 🙁

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