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Había una falsa sensación de seguridad en el ambiente que me negaba a reconocer. Bueno, lo mismo si la reconocía, pero tenía tantas cosas en las que pensar que la seguridad se iba quedando relegada a un segundo plano. Peso en la rodilla izquierda giras a la derecha, peso en la rodilla derecha, giras a la izquierda. No era nada intuitivo. Casita. Cuña. Daba igual. Nunca paraba cuando quería si no un poco más allá. Era ese exceso de frenada el que me desconcertaba, el que me ponía nervioso aún bajando a velocidad nula, esa falta de control.

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Así estaba, debatiéndome con las leyes de la física, entre fuerzas, rozamientos y equilibrios intentando convencerme de que estaba entendiendo lo que pasaba cuando tuve que asumir que me estaba engañando. Realmente lo asumí después, porque en el momento que perdí definitivamente el control y giraba para el lado contrario de lo que suponía en cada instante no estaba yo para hacer evaluaciones teórico-prácticas de mis conocimientos sobre los esquíes.

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Apreté la mandíbula y viendo que la frenada ya no era una opción (tras un intento de cuña absolutamente inefectivo) me dispuse a esquivar como pude al personal, dejar la pista de novatos, atravesar la autopista de esquiadores a la entrada de la estación sin dejar ningún cadáver tras de mi y a prepararme para el impacto inminente.

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Chocarse contra los sujetaesquies provocan varios efectos. El primero es un sonido seco y duro. Una onomatopeya que revela una buena galleta. El segundo, consecuencia de estar además junto a la cafetería añade al dejarte la rodilla en el impacto una enorme cantidad de público para admirar la desintegración de tu dignidad. El tercero es el efecto dominó de los sujetaesquíes que añaden un efecto Pepe Viyuela a todo el espectáculo. El cuarto es quedarse tumbado como un peso muerto, debatiéndote entre el dolor y la vergüenza.

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Afortunadamente no fue nada grave. Ni esta ni las chorrocientas caídas anteriores (eso si, sobre nieve), pero no esperaba menos. Tendrían que inventar esquíes con ruedines a los lados para los novatos y que te los quitaran cuando no te dieras cuenta, para seguir con la mentirosa sensación de que no puedes caerte mientras te conviertes en el señor de las nieves. Pero no iba a rendirme tan pronto y es que a pesar de todo lo había disfrutado como un enano. Las piernas, eso sí, ya suplicaban clemencia y aún quedaban muchos días de esquí por delante. Las dosificaciones y yo no solemos ir conjuntados.

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Recordaré Boí-Taüll como la estación en la que empecé a esquiar y también la que me enseñó que la falsa sensación de seguridad no era parte del esquí. Mis intenciones para el día siguiente pasaban precisamente por eso, ser yo el que eligiera donde quería parar y no dejarlo a la voluntad de la gravedad. Cambiábamos de pistas al día siguiente y nos íbamos para Baqueira-Beret. La famosa y archiconocida pista de esquí con tropecientos kilómetros esquiables.

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No para mí. Yo me mantendría en las tremendas y desafiantes pistas verdes. Era una cuestión personal. Que hubiera enanos que no levantaban un palmo del suelo esquiando sin problema, sin miedo ni pudor, no hacían sino taladrar mi maltrecho orgullo. Tenía que poder. Teníamos que poder. Esa noche soñé con el esquí. Mi cerebro intentaba cuadrar los nuevos parámetros, las nuevas reglas de juego. Pesos, giros, cuñas… las pistas de esquí se repetían en mi mente, metro a metro y la mente iba reestructurando y corrigiendo lo que tenía que haber hecho en todo momento.

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Baqueria-Beret era una maravilla, no es de extrañar que sea tan famosa y tenga tanto tirón. Además cayendo sobre la cara Norte, la nieve dura más tiempo que en muchas otras partes, lo que mantiene su tirón un poco más. Ese día en compañía de Txema y con la ayuda de Nuria fue mucho mejor de lo esperado. Si, mordí la nieve unas cuantas veces más y al final del día las piernas se me doblaban del cansancio, pero le estaba cogiendo el truquillo. Verdes 1 – Ignacio 1. La guerra por dominar el helado elemento seguía.

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El tercer día fue el día del despegue, en que por primera vez si sentí que sabía lo que estaba haciendo y no pude tener mejor enclave. En la preciosa estación de Port Ainé. Disfruté como nunca. El telesilla subió a lo alto y ví el paisaje que nos rodeaba a todos, los montes lejanos y cercanos todos cubiertos de nieve, los bosques de pinos cubiertos de algodón y yo deslizándome por ahí… sabiendo lo que hacía. Ah, que maravilla. El enganchazo empezaba. Me comentaban que hay quién prueba el esquí y no quiere volver a saber de él nunca más. Otros por el contrario lo sienten como una droga. ¿Donde había tenido yo esa sensación antes? ¿Oigo buceo en la sala? No tenía suficiente y sentí en el alma cuando cerraron los telesillas.

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Antes nos habíamos atrevido incluso con una ¡AZUL! En nuestra inconsciencia nos habíamos venido arriba y completado la tarea con éxito. ¿Sabéis cuando los cuadriceps arden? ¿Cuando tienes que parar para coger aliento bajando? Abrazamos las agujetas sin vergüenza alguna. Ibamos salvando poco a poco y pasito a pasito nuevos retos y nuevas metas. ¡Auto high five! Vamos equipo. ¡De aquí a campeón de eslalón no quedaba nada!

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Cerramos la semana en Port del Comte y puedo decir que ahora si, ya estaba disfrutando como merecía. ¿Cómo podía haber pasado tanto tiempo sin probar esto? Terrible vicio. Tanto que terminado el viaje me quedé por la zona y reenganche con otros amigos esquiadores para otro fin de semana. Comenzar y hacer 6 días de una tacada. ¿No está nada mal, verdad?

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Aquí podéis ver lo bien que se nos dio la semana por Lleida, donde hicimos algunas cuantas cosas más además de esquiar. Por si tenéis alguna duda de quién es quien, los que parecemos estatuas con esquies y tenemos poco gracia y soltura somos Txema y yo, los que hacen lo mismo pero con una gracilidad lejos de nuestro nivel son Óscar e Inés. Pero que se preparen que les cogeremos. Palabra de Yeti.

Acabé volviendo un mes más tarde a Boi-Taüll. Agradecí a Laura tremendamente la invitación como parte de la Quedada Esquí de Evolución Viajes, porque de todas las estaciones Boi-Taüll era la que menos había conocido y disfrutado. No había pasado de la pista de iniciación y me había perdido todo lo bueno de esta, la estación más alta de todo Lleida y ahora estaba preparado para la revancha. Y para disfrutarla desde arriba desde las vistas increíbles.

Lleida 33 - Boi Taüll

Marta y Pablo fueron los que me animaron a lanzarme a las rojas. Hubo miedo escénico. Lo confieso. Caídas psicológicas el primer día. Ninguna el segundo. ¡Ajajá! Que maravilla. Entonces llegó el momento de la verdad. Pablo nació con los esquíes puestos, Marta esquía fantásticamente y yo la seguía como podía. Sergio se puso a grabarnos. Oh Dios. No podía fallar. Era mi momento de mostrarle al mundo mis progresos, reclamar mi posición como señor de las nieves. Concentración absoluta. La concentración era la clave.

Lleida 34 - Boi Taüll

Rocé la perfección en la bajada. Sentía la velocidad y sentía el control. Vale, Pablo estaba esquiando de espaldas (!!) mientras me grababa, demostrándome que aún me quedaba mucho que aprender, pero era igual, yo notaba los esquíes como parte de mí, cuesta abajo, deslizándome con todo el arte, cortando el viento. Yo era el rey de la pista. Arrodillaos, dejad paso y admirar el arte deslizándose.

Lleida 35 - Boi Taüll

Después vi el video.

Pero, pero… ¡¡si parece que voy parado!! Si amigos, juro que no estaba bajo los efectos de las drogas pero la diferencia entre lo que estaba pasando y lo que creí que estaba pasando no podía ser más evidente. Las patas de pollo, el paralelo sin llegar a completarse, el cuerpo rígido como un palo y se huele el miedo en cada segundo. Ouch.

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Solo queda esperar a las próximas nevadas, volver a sacar hueco de donde se pueda y volver a ponerme los esquíes para seguir disfrutando con la sensación de deslizarme, porque independientemente de la pinta que tenga en el exterior yo estoy seguro de que me sentiré igual de bien y seguiré cruzando paisajes nevados hasta que cierre el telesilla, me tenga que ir y ya lo esté volviendo a echar de menos.

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La primera parte del post corresponde a una parte del Minubetrip que hicimos por Lleida, para conocer sus opciones de pistas de esquí y demás atractivos turísticos de la zona.

La última parte corresponde a la invitación por parte de Evolucion Viajes a Boi Taüll como parte de su Quedada Esquí.

Las fotos en las pistas de Esquí están hechas con la Sony NEX 6 (que gané en el Sony Reto Wifi) y que se ha convertido en imprescindible para mi cuando no puedo llevar todo el equipo (como esquiando) 😛