Día 60: Nubes sobre Pokhara

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La barca de madera se deslizaba en la oscuridad sobre las aguas calmadas del Phewa Tal. El silencio sólo se rompía con el entrar y salir de los remos el agua manejados sin esfuerzo por los barqueros mientras en las colinas ya invisibles con la llegada de la noche se vislumbraban miles de pequeñas lucecitas procedentes de los hogares nepalíes desperdigadas durante kilómetros y kilómetros. El lago parecía que estuviera lleno de luciérnagas.

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Fue sin duda un momento mágico, y el único que salvaba dos días de fracasos continuados. Pokhara, de corte similar a Katmandú, pero mucho más tranquila se presentaba sin demasiadas alternativas y ya estaba acelerando mi marcha de allí. Mi idea original de hacer algo de trekking por las montañas y los Annapurnas se había vuelto casi imposible o al menos descorazonadora por culpa del amigo Monzón.

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(Nosotros ya le dijimos que era el monzón y llovía a cascoporro, pero es que no escucha…)

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 (Nosotros sólo queríamos salir en el blog)

Si era cierto que había algunas zonas practicables, pero ninguna ruta de las que yo quería completa. Otros planes B como el trekking hasta la estación base del Annapurna directamente estaban descartados por los guías a los que pregunté por peligrosidad en estas fechas. Además la ausencia de lluvia tampoco aseguraba que las nubes no hicieran acto de presencia (o más bien que dejaran de hacer acto de presencia), así que las perspectivas se oscurecían. Pokhara que vive de las actividades al aire libre estaba en temporada superbaja hasta finales del verano.

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Tampoco me quejaba. Había hecho un pacto conmigo mismo en el Himalaya tibetano en el que si podía ver el Everest aguantaría sin fruncir el ceño el resto de las cordilleras montañosas encapuchadas con nubes, así que consciente de que no podía tener todo, me limite a pasear por la ciudad y esperar un par de días antes de tomar alguna decisión.

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El europeo medio podría pensar que el tener un cielo cubierto de nubes podría rebajar las temperaturas, pero se equivocaría soberanamente. Pokhara que está 500 metros más bajo que Katmandú era un horno húmedo que me hacía deshidratarme por momentos. El asqueroso y pegajoso sudor que empapaba mis ropas, me llenaba los ojos cayendo desde la frente y que literalmente, me hacía chorrear agua sobre el suelo. Una perspectiva de los más agradable. El Ignacio que conocíais ya no existía. Ahora estaba derretido en una asquerosa mancha húmeda.

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Pokhara, insisto, no tiene demasiados alicientes turísticos que sean extradeportivos. El mayor de todos ellos es poder apreciar los Ananpurnas y con algo de suerte verlos reflejados sobre el Phewa Tal y el mejor sitio para poder verlo es sobre alguno de los montes que rodean la ciudad. En uno de ellos está La Pagoda de la Paz Mundial y dado que tenía todo el tiempo del mundo que perder decidí caminar sin prisas hasta la cumbre. No es que fuera una ruta larga, pero con las condiciones medioambientales si que era molesta.

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La llegada a la “cumbre” fue, tal y como cabía imaginar, totalmente desalentadora. Si que los valles colindantes se veían bien, pero ni rastro de ninguno de los picos que tan majestuosamente deberían ascender desde los 1000 a los 8000 metros. Aproveche para charlar con los locales, hartarme a beber litros de agua y preguntarles sobre la posiblidad de que escampara. Puede que si, puede que no, puede que todo lo contrario, sir, pero si hubiera venido hace dos días, se veían todos perfectamente.

Así me gusta. Echando sal en la herida. Que escueza. Que escueza.

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(Y para todos ustedes, tras las nubes… ¡los Annapurnas!… ¿Cómo? ¿Qué no se ven? Esto… pongan algo de su parte, ¿no?)

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Lo cierto es que las nubes empezaban a subir, así que decidí esperar… y esperar, esperar, esperar hasta que los últimos rayos del sol se pusieron por las montañas y mientras el resto del valle se veía claro, apenas unos pequeños brotes de los picos se dignaron a aparecer.

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Cerraba así una infructuosa parada, no todo iba a salir bien. Pero el destino tenía otros planes para mí y se encargó de cumplirlos despertándome a alrededor de las 6 de la mañana. Supongo que me desperté porque algo no iba bien. Algo no cuadraba. Era el silencio. ¿Donde estaba el incesable ruido de las lluvias torrenciales? Me llevó un rato seguir esta cadena de pensamientos, no se vayan a pensar, y al final decidí abrir el ojo para ver una radiante mañana de cielos azule. Retruécanos. ¿Sería sólo un agujero en el cielo lo que estaba mirando?

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Pues no. Era un cielo azul. Pero no sabía de cuanto tiempo dispondría antes de que las nubes aparecieran de la nada y volvieran a cubrirlo todo, así que negocié un precio con un taxista que me llevó lo más cercano a la cumbre que podía. Desde allí otra media hora de caminata cuesta arriba con el corazón en un puño y a punto de divorciarse de mí para llegar a la cima.

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Y allí estaban. Tal y como me había imaginado y había sido capaz de dibujarlos en mi memoria el día anterior, pero mucho más espléndidos. Los 7273 metros del Annapurna Sur, los 6997 metros del Machapuchhare acompañados por los 5587 del Mardi Himal, los 7525 metros del Annapurna IV, y los casi 8.000 del Annapurna II, los 6986 del Lamjung Himal y los 5784 del Namun Bhanjyang.

Estas sí eran las montañas que se me debían.

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Y entonces mis pies dejaron de tocar el suelo. Inevitablemente me había emocionado. Quería tenerlos, quería tocarlos, verlos más de cerca. Así que hice lo único que podía hacer. Volar para tenerlos más cerca.

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Allí estaba yo, sufridor de vértigo, sobre el valle de Pokhara, sintiéndome tremendamente en calma (sorprendentemente), viendo el suelo sobre los pies, mientras mi guía seguía a las águilas buscando las corrientes de aire caliente para subir una vez más. Los montes tal y como debería haber supuesto ya estaban de nuevo tras las cortinas de nubes, pero ya no me importaba lo más mínimo.

Lejos quedaban ya los momentos de angustia antes de que el parapente se inflara con el aire y saliera corriendo ladera abajo desde Sarangkot hasta mecerme cómodamente en el aire.

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Estaba volando.

Inevitablemente, para Sebas, que fue pájaro antes que nadie.

Más fotos entre arrozales, montañas y nubes, aquí.

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33 comentarios en “Día 60: Nubes sobre Pokhara

  1. Plas, plas, plas… me quito el sombrero.

    La primera foto es claramente un munieco como los que usaba Benny Hill, pensé, pero oh-my-god que final!!!

    Chapeau!!

  2. Y lo fresquito que se tenía que estar por allí arriba…

    Si es que al final, resulta que se va a cumplir todo lo que esperas?? Uhhmmmmmm… interesante!!

  3. Guau!!!

    plas plas plas plas Volando!!!! enhorabuena!!! :)))))))

    Las fotos cuadno se retiraron las nuebes son increibles. Qué luz, qué montañas, qué reflejos!!

  4. Hola Ignacio!, soy amigo de la infancia de CArlos Martín (Kala). Te sigo desde que lo conoces y hoy te hago mi primer comentario. Como no tengo palabras seré breve y tan sólo quiero felicitarte ya no por las imagenes (que son fantásticas) sinó por las vivencias que estas teniendo que de seguro te cambiaran y te haran evolucionar como persona. Yo siempre digo que viajar es como subir peldaños hacia hacia un “YO”, te cambia, te hace conocerte mejor y… pr norma general te hace ser más persona.
    Saludos y que disfrutes de tu camino aún más si cabe. Te seguiré como he estado haciendo hasta ahora.
    Sigue subiendo peldaños.

  5. Gran narración. Me he descubierto poniéndome de mal humor por el tiempo, y eso que aquí hace un sol estupendo 🙂

    PD: ríase usted del lago Como.
    PD2: tú no tienes vértigo, tú lo que tienes es mucho cuento. O dotes de sanación, cual chamán del áfrica negra, jeje.

  6. wooooowww!!!! qué pasada! Me quedé con la boca abierta desde la primera foto… Me encanta como has contado la historia. Gracias por dejar que nuestra imaginación vuele contigo!! 🙂

    Besos!

  7. no me lo puedo creer!!!!! es photoshop!! tú no te has subido en parapente!!!! joer, y si hubiera empezado a llover torrencialmente????
    qué guay! yo también quieroooooooooo!!! se puede parapentear en vietnam????

  8. Ignacio algunas de estas fotos ya son obras de arte, el viaje te ha dado experiencia y poco a poco inspiración. El Ignacio de dentro poco a poco ha salido por las fisuras, heridas, dolores y sudores del viaje y es el que saca fotos como la de blanco y negro con efecto no buscado, o la de los niños dando volteretas. No se puede tocar nada: encuadre, color, acción, perfectos. El tiempo se ha parado: no lo toquen, todo va bien; fue Ignacio Izquierdo.

  9. Vaya!! tu si que concuerdas muy bien con eso de “querer es poder”, hermoso lugar, hermosa gente y hermosas montañas.

    Salu2 desde el hospital estrenandome como mama por segunda vez.

  10. K bonitas, me encantan!!!!

    Después estas vivencias, ya no puedes dedicarte a otra cosa… creo k has encontrao tu camino.

    Más, más fotos.

    Un bso.

  11. No sé si será una impresión mía… pero estás bordando el viaje, no? Ahora también vuelas? Qué será lo próximo? Atravesar paredes? Caminar sobre el agua?

    Bueno, de las fotos ni te hablo… de todas y cada una tengo preguntas. Las dejaré para hacértelas en persona… muy prontooo!!

  12. Marta Tiana, una cosa no quita la otra… Viva Benny Hill!! 🙂

    Queseyo, no todo, no. Pero no puedo quejar. 😉

    LaCasaSin, ¿Verdad que si? Que suerte tuve. Que afortunado poder verlo. Fueron un par de horas, pero compensaron todo el viaje a Pokhara.

    Toni García, pues sea usted bienvenido. Muchas gracias por tus palabras. Yo también creo lo mismo que tú. Viajar te acaba “humanizando” irremediablemente. Demasiada variedad, demasiado que asimilar, demasiado para vivir. Saludos!

    Nico Cinero, tengo más vértigo del que soy capaz de reconocer. Sorprendentemente ahí arriba sólo me sucedía si… miraba para arriba!!! Uff, lo hice una vez y casi me desmayo. Que yuyu.

    Morfet, creo que ya voy cubriendo el cupo de arrozales. 🙂 Jajaja!

    Laura, el miedo lo sigo teniendo. Fue un acto fruto de la emoción del momento. Aún me sigo preguntando como me autoconvencí para hacerlo!!!

    Sylvia, gracias! Parapente para la imaginación, que vuele, que vuele. Que siga cogiendo corrientes de aire caliente!

    Vanessa, lo de la lluvia es el tipo de cosa que debería haber pensado. De todas maneras, como vas con profesionales, se supone que si el tiempo es óptimo no lo hacen. Eso se supone. Vivan los pensamientos irracionales!

    Fotocompra, me has emocionado. Mamón.

    Monttse, sí. Tuve que elegir una lente, no me veía cambiando de objetivo en las alturas. Así que para poder salir, pues ojo de pez. Al final va a resultar más imprescindible de lo que esperaba en un principio!!!

    Nancy! Enhorabuena!!! Felicidades! Que todo haya salido bien!! 🙂

    María, me encantaría, pero es que también me gusta comer. 🙂 Jajajajaja!!

    Charlotte Harris, el reparo siempre está. Pero más el hecho de haber perdido las fotos. La cámara llevaba un cordón de seguridad, que se puede ver en las fotos y además iba requetenrollada en la muñeca! 🙂

    Japogo, sabes que prometí no usar mis superpoderes para uso personal!! 🙂 Las preguntas serán respondidas, cerveza y atardeceres sobre el mar mediante! 😀

    Oria, algo que apareció nosecomo en Photoshop y me encantó. Parecen huellas dactilares!!

    Armando, muchas gracias!!

    Saluditos a todos! Vaya torramen que hace hoy en KTM!! 😀

  13. Por cierto, tengo una petición: fotos de monzón. Porque mal tiempo te hará, pero aquí a lo más se ve una nube allá como a miles de metros.
    Además, reconozco que cuando me da por hacer fotos de inclemencias me salen auténticos churros, quisiera ver alguan bien hecha, jeje.

  14. me encanta la foto del arrozal. Eres mi ídolo!!!! has superado el miedo a montar a caballo (yo lo tengo), y ahora el vértigo (aún lo sufro en la montaña muchas veces), perooo cómo lo haces? comer arroz da fuerzas sobrehumanas? me río yo de la serie de Hero! que te incluyan en la 4ª temporada, ja ja,

  15. ¿Qué será lo próximo? ¿Asistir un parto? Envidio cómo estás venciendo tus miedos y lo que eso te está haciendo disfrutar. Ole.
    PD: Sebas está de campamento, pero auguro que alguna lagrimita se le va a escapar cuando lea este post.

  16. Virginia, ni me preguntes! No sea que me de un ataque de consciencia y deje de hacerlo!! jajaja! 🙂

    Raksha, lo del parto sabes que me caigo de espaldas. La sangre y yo nos llevamos muy mal. ^__^

  17. Que chulo lo del parapente y que envidia ver los Annapurna desde tan cerca, y Annapurna I, no lo viste, ese si que pasa de los 8000m, es el décimo ocho mil creo (el año pasado Iñaki Ochoa de Olza, montañero navarro, murió alli y desde entonces se me hace nudo cuando se nombran)

  18. Hola Ignacio!

    He llegado a tu blog de casualidad y me he quedado enganchada un buen rato!!
    Estaré por Nepal trotamundeando a final de mes y, como amante de la fotografía, me estaba temiendo que el amigo Monzón me destrozase las sesiones. De aquí hasta entonces vete tu a saber como estará el tiempo….pero que bonitas que quedan las imágines con esas nubes revoloteando,no??

    Suerte en el resto del viaje. Me mantendré atenta a todo los cosillas interesantes que nos enseñes de tus vivencias!

    saludos!

  19. Begoraz, el Annapurna I no se ve desde Pokhara, hay que meterse a hacer el trekking. Cosa que me dejé pendiente por el mal tiempo. Para el segundo intento. 🙂

    CARMEN, 🙂

    Anab, muchas gracias por el voto y ánimo con el blog! 🙂

    Natàlia, supongo que ya estarás en Nepal. Suerte con el tiempo y no desesperes, mira lo que me pasó a mi! 🙂 Ójala puedas hacer algo de trekking. Ah… y no olvides contarlo luego!

    César, pues bienvenido!! 🙂 Por cierto los retratos son una maravilla. Gracias por el enlace!

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