Llegamos a Fljótsdalur de noche. Descubrimos que las direcciones no funcionaban como nosotros suponíamos y llegamos aún más tarde de lo previsto. Por aquel entonces ya habíamos descubierto que los nombres que venían en el mapa no indicaban pueblos como cabría suponer, sino granjas sueltas. Una o dos casas a lo sumo.

Adentrandonos en el valle de Markarfljót por una carretera de gravilla nos dimos cuenta que donde debería estar nuestro HI Hostel sólo había una casa. Particular. Después de corroborar que no habíamos estado mirando el mapa al revés y que estabamos donde los impronunciables nombres islandeses nos decían, desesperados, llamamos a la casa en busca de ayuda.

– Buenas noches, estamos buscando un HI Hostel que debería estar por esta zona.
– Tienen ustedes un 4×4?
(Uy.Uy)
– Pues si, más o menos.
– Sean tan amables de coger ese camino empinado que sube a mitad de la colina. Ahora va mi suegra para allá.

… tototoing!!! O_O!!

Anonadados cogimos el camino que subía y mientras ascendíamos desde la lejanía apareció una linterna que se movía hacia la misma dirección que nosotros. Era Margaret. La suegra. Con sus katiuskas verdes. Todo un personaje y todo un encanto de mujer mayor, que nos atendió y nos mostró el hostal. Semienterrado en el suelo, con puertas que no encajaban, con las paredes torcidas y los suelos ondulados y crujientes. Lleno de recuerdos, libros y puertas y armarios ocultos y escaleras que no subían a ningún lado.


No fuí lo bastante rápido para hacernos una foto con la encantadora señora, pero nos entretuvimos un buen rato curioseando por la casa, abriendo mapas, libros. Por supuesto estabamos solos. En mitad de… nada.

Llegado a este punto hay dos cosas que son esenciales para viajar por Islandia, una es llevar siempre el saco, porque aunque en los hostales duermas en cama hay que pagar por las sábanas si no tienes una funda donde meterte y es una buena manera de ahorrar algo de dinero en un país excesivamente caro, por otro lado. La segunda es llevar siempre comida y bebida a todas partes, porque es el lugar menos turístico del mundo y no habrá ningún sitio donde poder comprar nada en bastantes kilómetros a la redonda.

Nosotros que también llevabamos algo de comida, por la misma razón de la operación ahorro, tuvimos que cenar, pero si bien contabamos con desayunos de cafés calentitos, la mayoría de las veces nos tuvimos que conformar con un «sad breakfast». Superperdedores. Losers totales.

Pero que para las cenas y comidas si que ibamos preparados!! Jajaja!!



Me gustaría que echarais con detenimiento un ojo a esta siguiente foto (Pinchad para ampliar) que es el cartel de bienvenida del hostal y que dice mucho muchísimo de la manera de ser de estos entrañables islandeses.

Traduciendo:

Bienvenidos!! Si no hay nadie por favor, siéntanse como en su casa. Escriban sus nombres y demás detalles en el libro y dejen el pago de la tarifa en la lata. La tarifa es de 1400 coronas para los miembros (del HI) 700 coronas para niños entre 6 y 11 años y gratis para menores de 5 años. Si no se es miembro, la tarifa es de 1700 coronas para adultos 800 para niños entre 6 y 11 años y gratis para menores de 5 años. El alquiler de la juego de sábanas es de 250 coronas.

Por favor, dejen la electricidad como la encontraron y sean tan amables de dejar bien cerradas las puertas por que a las ovejas (y los visitantes) les gusta disfrutar de las flores del jardín. Avisen a la granja si necesitan cualquier cosa.

No son maravillosos? Si no están en casa, tu la usas y les dejas el dinero y además se fían de que pagaras de acuerdo si eres miembro del HI o no. Eso es confianza en el prójimo y abre la discusión de que puntos definen la calidad de vida. Desde luego se vive con una tranquilidad y una seguridad asombrosa. Una gozada de país.


Lo que no estabamos preparados era para ver por la mañana lo que la oscuridad de la noche nos había negado. El enclave donde estabamos. (De nuevo recomiendo pinchar en la foto)



Y por supuesto mención especial para la casa en sí, semimetida en la tierra, uniendo sus tejados llenos de paja con el suelo. No cuesta mucho imaginarse en la Comarca señor Frodo.


Y desde allí nuestra primera lengua de un glaciar asomando. La Gigjökull, cayendo de entre las nubes. Impresionante.

Intentamos llegar hasta ella y hasta Þórsmork, pero unos cuantos caminos sin salida y otros tantos cerrados, nos lo impidieron. En cambio si disfrutamos con una manada de caballos islandeses al trote en ese paraje encantador.

El caballo islandés llegó con los primeros colonos en el 800 y debido a su aislamiento a permanecido practicamente inalterable a lo largo de los años y de los siglos. Muy peludos, un poco más bajitos que la media y con unas crines dignas del mejor metal!. 🙂


Por aquel entonces no habíamos ofendido demasiado a Þor y nos regaló un espectáculo maravilloso cuando las nubes empezaron a abrirse y mientras los rayos de sol las atravesaban y cortaban aparecía ante nosotros el glaciar Eyjafjallajökull. Y eso sí es un regalo.



Precioso.