La discordancia de horarios entre el tren y el ferry nos hizo a Carmen, Guillaume y a mi, tener que esperar casi una hora (ya calurosa a pesar de ser muy temprano) en el embarcadero de Uno antes de poder tomar en el barco hacia Naoshima.

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Curiosamente y a pesar del calor húmedo que encharcaba nuestras camisetas, el día presentaba un azul fuerte, eléctrico, que sólo se empezaba a difuminar muy a lo lejos. Todo un regalo adornado con nubes de algodón, mientras la brisa marina en la cubierta del ferry nos acompañaba, mientras surcabamos el agua entre islas hasta llegar a una no excesivamentre grande donde las pequeñas casitas de madera y cobre asomaban entre la frondosa vegetación.

Hace 15 años poco diferenciaba esta isla del resto de las múltiples que componen el Mar Interior de Seto. Habitada principalmente por pescadores ha sido recolocada en el mundo turístico gracias al Arte. Tanto es así, que ahora Naoshima es arte en si misma. En 1992 Benesse House, a partir de un proyecto de Tadao Ando abría sus puertas siendo un museo cuya arquitectura se integraba con la naturaleza.

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Funciona además de hotel (junto a otros dos edifios a pie de playa), de tal manera que puedes alojarte en él. Creo sinceramente que es uno de los lugares más increibles donde me he alojado nunca. Deje mi espíritu mochilero a un lado para la ocasión y para poder disfrtuar de las vistas del intenso mar desde el balcón. Lujo, chavalada, estoy instaurado en el lujo! 😉

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A pesar de la emoción voy dejar el arte que inunda la isla para otra ocasión. De momento quedaros con el embriagador olor marino y con algunos de los paisajes de esta isla. Ponerse crema y las gafas de sol, que pega bien bien.

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Como ya estarán acostumbrados los habituales, unas cuantas fotos más (que irán creciendo) en su rinconcito de flickr.

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