Etapa 5: Junbesi (2700 m.) – Nunthala (2194 m.)

Distancia: 16,2 km
Tiempo estimado: 7:30 horas.
Desnivel Positivo: 1117 m.
Desnivel Negativo: 1580 m.

Descargar ruta GPX (Wikiloc)

(Perfil de la etapa)

10 de Octubre de 2018.

Como era la costumbre, el día amaneció claro, cristalino sin atisbo de nubes. Cuando miramos por la ventana Mattia y yo y vimos ese cielo prístino decidimos adelantar la hora de salida y empezar a correr monte arriba. El objetivo era claro, intentar ser más rápido que las nubes, aprovechar el margen de ventaja y alcanzar el mirador de Phurteng a unas dos horas de camino para poder ver por primera vez el Everest, el Lhotse, el Nuptse, el Makalu… Con la experiencia adquirida de los días anteriores sabíamos que había que darse prisa.

Normalmente salíamos sobre las 7:30 7:40 de la mañana y nos juntábamos a desayunar a las 7:00 o 7:15, pero no eran ni las siete de la mañana cuando con un café y un pan tibetano en el cuerpo ya estábamos en marcha. Tras algo de deliberación la noche anterior todos habíamos descartado la visita al Thupthen Choling Gompa, pero no sabiendo si Javi y Jose aún dormían nos limitamos a dejar una nota bajo la puerta. Nos vemos por el camino. Javi y Jose eran bastante veloces y nos darían caza en cuanto quisieran. Así pues en orden de salida íbamos Mattia y yo, Javi y Jose y un poco más tarde pero haciendo el calentamiento, las nubes.

(El Numbur desde Junbesi)

Comenzamos la salida bajo la atenta mirada del Numbur que había permanecido oculto la tarde anterior. Eran 6959 metros de mastodonte blanco, helado en una lejanía difícil de calcular, carentes de escalas de semejante tamaño. No se podía reprimir algo de emoción al ver al fin picos nevados casi al alcance de la mano. Estos días de ruta habían ido preparando piernas y físico pero gustaba saber que nos íbamos aproximando.

(Dejando Junbesi detrás) 


Pero para eso había que superar el día en el que volvíamos a tener más de mil metros de desnivel positivo y otros mil quinientos de negativo. Esto nos iba dando una idea del margen en que nos movíamos y de como le estábamos dando caña al cuerpo. Sería algo que agradeceríamos después, en las jornadas de las verdaderas alturas, aunque aún no fuéramos consciente de ello. De momento seguíamos en pleno entrenamiento del Tortuga Duende. Cargados con las mochilas y montaña arriba.

(Al otro lado del valle se podía ver la última parte de la etapa anterior, todo el descenso del Lamjura La hasta casi Junbesi

La primera parte de la ruta era una preciosidad. Si que ascendíamos pero lo hacíamos con suavidad y a buen ritmo, disfrutando de un paisaje que se abría en una vista del valle de Junbesi Khola hacia el sur, donde debían estar Salleri y el aeropuerto de Phaplu, otro de los puntos de entrada de la ruta. Nos lo certificaba el ruido de las avionetas de primera hora, vuelos de buena mañana aprovechando el respiro del clima.

(El valle que da a Salleri. Nótese en la segunda foto la avioneta que vuela desde el cercano aeropuerto de Phaplu)

Redujimos el supuesto cálculo de dos horas para alcanzar el mirador de Phurteng a algo más de hora y media y no fue, a pesar de todo, suficiente. Cuando llegamos al mirador ya las cordilleras estaban devoradas por las nubes y tan solo agonizaban antes de ahogarse entre ellas el Kusum Kanguru (6367 m.) y el Kyashar (6770 m.). Maldita sea. El Everest y el resto de la cordillera tendrían que esperar. (Os dejo un par de fotos que he encontrado por la red para que os podáis hacer una idea de lo que se debería haber visto: En la primera, con los nombres de los picos, justo está nublado el puntito donde debe estar el Everest, que si puede verse en esta segunda).

(Mirador de Phurteng, fail)

Quizás, si sirve de consejo a quienes tengan a bien escucharlo a la hora de organizar el trek, una buena opción sería añadir un día extra y usar esta jornada para dejar la mochila en Junbesi por la mañana y acercarse a conocer el monasterio de Thupthen Choling Gompa, volver de nuevo a Junbesi recoger el equipo y caminar hasta Phurteng para hacer noche con la idea de disfrutar de la vista al día siguiente al amanecer.

Dolía un poco que se nos negaran estas vistas, pero había muchos días por delante y confiábamos en que en algún momento llegaría nuestra ración de suerte. Pero salvando la falta de afiladas cordilleras el resto del paisaje lleno de verdes, bosques, terrazas y alguna que otra casa suelta era una delicia. Tal y como habíamos supuesto, Javi y Jose no tardaron en darnos caza mientras atravesábamos el río y ascendíamos el tramo que nos separaba de Ringmu.

Tampoco lo parecía, con esa decena de casas mal puestas, pero Ringmu es una de las poblaciones más importantes de la zona. Famosa por su producción de manzanas, su zumo puede ser una alternativa al milk tea en la parada casi obligatoria antes de comenzar el último tramo de subida hasta el paso de Taksindu La (3070 m.). (Por cierto, desde Ringmu también se podían contratar traslados en Jeep 4×4 a Salleri).

(Ringmu)

Si bien este último tramo de subida no era demasiado larga a estas horas ya costaba lo suyo. Tocaba atravesar un bosque frondoso a través de un camino de piedras y volvía a quedarme rezagado, resoplando y haciendo más paradas de las que serían normales para alguien con la más mínima forma. No es que el desnivel fuera enorme (alrededor de 300m.) pero a esas horas del día el cuerpo ya iba en modo ahorro de energías. Sea como fuera, alcancé la cima y a Mattia a la vez que el mal tiempo nos alcanzaba a ambos. Aprovechamos para descansar en un tea house con la calma que da el saber que ya aunque tronara, solo quedaba bajar.

(Merecido descanso en el paso de Taksindu)

No tronó, ni diluvió, pero caminamos entre la niebla hasta encontrarnos casi de bruces con el monasterio de Taksindu, un conglomerado de casitas bajas, paredes blancas y techos rojos que tenía la atracción propia de la sorpresa y el misticismo del desconocimiento. Nos pudo la curiosidad, nos atrevimos con la pregunta y nos dieron permiso para visitarlo. Siempre es estimulante entrar en un sitio tan alejado de ti y de lo que conoces, con infructuosos esfuerzos por entenderlo.

Si habéis entrado en un templo budista alguna vez ya sabréis que son espacios llenos de colores vivos, con ofrendas, telas, tapices, dibujos, guirnaldas, manteles… De primeras este podía no parecerlo porque aunque la poca la luz del día y las nieblas se colaban por las ventanas abiertas, todo quedaba en claroscuros, entre sombras, como en un cuadro del barroco. Cuando pasamos a la sala dedicada a las oraciones, eran los ropajes granates y amarillos anaranjados de los monjes los que robaban la atención. Allí, en el silencio sepulcral de esa habitación a media luz, entre esa paredes frías de madera, comenzaba el murmullo de la oración que se repetía hasta ser parte del sonido ambiente.

Es esta repetición continuada la que supongo que les llevará a un estado similar al trance, esos movimientos que se convierten en automatismos, ese añadir su melodía del rezo a un conjunto de voces que se complementan. La sensación que va quedando cuando te vas concentrando en el runrun es algo similar a estar en calma, en paz, al menos hasta que la temperatura corporal indique lo contrario. Llevábamos mas de una hora de rezos y cantos, descalzos y sentados sobre un suelo de madera sin capacidad aislante y Mattia y yo nos mirábamos congelados, sin saber cuanto más quedaría para que terminara ni como podíamos escabullirnos sin que fuera una falta de respeto. Nuestro misticismo había durando eso, unos sesenta minutos.

Aguantamos hasta que uno de los monjes rompió su trance y nos miró, momento que aprovechamos para hacer una reverencia dando las gracias por habernos dejado entrar allí y nos pusimos en marcha. Más tarde descubriríamos que todo este rito ceremonial les podía llevar unas 3 o 4 horas fácilmente. Lo dicho, carecíamos de paciencia suficiente para esta vida monacal.

Ya era bastante tarde cuando comenzamos la bajada hacia Nunthala y si aguantábamos hasta llegar allí era bastante probable que solapáramos comida y cena así que intentamos ver si podíamos comer en cualquier otro sitio. Preguntamos en un par de casas con la maravillosa y depurada técnica mímica de llevarse la mano a la boca hasta que una señora nos respondió con un “Dal Bhat?”. Música para nuestros oídos. Se puso a cocinar y nos sirvió un plato pantagruélico y del que dimos buena cuenta sin pestañear. De él y de su repetición pertinente. Donde y como entró eso en mi esbelto cuerpo de sílfide es algo a lo que soy incapaz de responder.

Alcanzamos Nunthala pasadas las cuatro de la tarde. A falta de cobertura, Javi nos esperaba a la entrada, preocupado por que nos hubiera pasado algo y le acompañamos a nuestro lodge para la noche. Siendo sinceros, a lo largo de vieja en casi todos los sitios donde nos alojamos estuvimos bien, a gusto, más o menos cómodos y comimos más o menos bien, pero si hubo una experiencia mala y que merezca esa definición fue únicamente en este lodge. Como en estas crónicas intento hacer honor a nuestra verdad, creo que es de recibo contarlo también.

(Nunthala o Manidingma. El final de la etapa)

En los lodges, normalmente te preguntan que quieres cenar y sobre que hora. Así ello se organizan e intentar optimizar los recurso que tienen en la cocina (que no suelen ser muchos) para sacar los platos más o menos a la hora. Los retrasos son algo normal, porque muchos solo tienen un par de fogones, un par de sartenes, un par de cacerolas y cocinan los platos de uno en uno. Es poco eficiente, pero nada que objetar, así es como lo hacen. Aquí nos preguntaron según llegamos y pedimos con antelación, pero lo que también llevaban haciendo con antelación era darse al alcohol, así que muy finos no estaban. Se mascaba la tragedia.

La comida nos llegó a unos una hora antes, a otros una hora después, alguna fría porque la habían cocinado para otras horas, un plato de huevos fritos con patatas llegó sin huevo. Para cuando se rectificó (otra hora después) llegó el huevo frito pero faltaban la mitad de las patatas que habían ido a parar al estómago de los cocineros. Cuando nos quejamos les costaba enfocar la mirada. «Esto no es un hotel de cinco estrellas», nos dijeron. Javi lo resolvió diplomaticamente con un “The problem is that you are drunk and this is shit”. Más claro imposible. La frase la acabamos cogiendo cariño y acabó de coletilla entre nosotros en muchas ocasiones. Algo bueno habría que sacar. El lodge por si lo podéis evitar se llama Shangri-La.

Cerrando la jornada lo más importante es que seguíamos acercándonos a las alturas. En dos días atravesaríamos Lukla y a pesar de los valles verdes de ensueño que estábamos dejando atrás el cuerpo nos pedía ya cumbres nevadas. Ya quedaba menos.

Más info: Como organizar el trek al Campamento Base del Everest

Recordad siempre viajar con seguro de viajes, que cubra todos los problemas tanto médicos como de otra índole que puedan surgir. Solo por ser lectores de este blog lo podéis contratar en este enlace y usar el código CRONICAS10 y tendréis un 20% de descuento.