Trekking al campamento base del Everest. Etapa 4: Sete – Junbesi

Etapa 4: Sethe (2580 m.) – Junbesi (2700 m.)

Distancia: 13 km
Tiempo estimado: 7:30 horas.
Desnivel Positivo: 1106 m.
Desnivel Negativo: 1010 m.

Descargar Ruta GPX (Wikiloc)

(Perfil de la etapa) 

9 de Octubre de 2010

Las cosas se estaban poniendo serias, no lo vamos a negar. Las etapas de aclimatación habían dado paso a un rompepiernas que tendría un hito en la culminación de los 3530 metros del paso de Lamjura La. Si tenemos en cuenta que el día anterior habíamos comenzado la subida desde Kinja a 1630m, teníamos que salvar un desnivel continuo de casi dos mil metros. Que pueden no dimensionarse correctamente en la imaginación, pero créanme, eran bastantes. Y eso que habíamos dividido en dos la etapa y comenzábamos la jornada en el punto medio, en Sete (a 2580 m.), pero se hubiera agradecido algún tramito de llanura que hubiera regalado algo de alivio a los kilómetros que se iban acumulando.

(Buenos días, Sete) 

Había madrugado para intentar capturar el amanecer pero no había tenido excesivo éxito. Metidos como estábamos en mitad del valle, aún le quedaba al sol un buen rato para aparecer después de su salida y me había tenido que conformar con algunos rayos que si definían la parte alta de las montañas. A pesar de todo había que reconocerle cierta belleza al despertar.

(La ruta de los días anteriores

Tuvimos que esperar a ponernos en marcha, sobre las 7:45, para encontrarnos con un sol que habría de hacernos sudar la gota gorda en el primer tramo del camino. En honor de la verdad, la subida no era tan exagerada como el tramo del día anterior pero con el sol golpeando cada pasito iba costando un poquito más. En la subida se iban atravesando algunas poblaciones que no dejaban de ser agrupaciones de algo más de una decena de casas humildes que se plantaban dónde buenamente les dejaba la montaña. Dakachu y Goyam algo más de una hora después.

A partir de aquí el camino se estropeaba. Debería haber sido una senda que fuera atravesando el bosque pero estaba tajada salvajemente por los nuevos proyectos de carretera. Esas calvicies deforestadas te dejaban completamente en shock, como si hubieran sido restos de un desastre natural. Varias veces estos cortes quirúrgicos hacían imposible encontrar la senda de nuevo y no quedaba sino rendirse y caminar por estos grandes pasillos de barro  bajo el castigador calor del sol.

Las notas de colores alegres ante semejante destrozo la ponían como no podía ser de otra manera las espectaculares vistas. Detrás, en la lejanía, se perdía el valle de Likhu Kohla donde si se afinaba la vista se podían distinguir Bhandar y Durali, lugares por los que habíamos pasado hacía dos días. También empezábamos a despedirnos del valle de Kinja Khola, por el avanzábamos. Mientras, la emoción contenida venía desde el Norte, donde aparecían por primera vez en la lejanía algunos picos nevados, probablemente algúnos seis miles que fui (y he sido a día de hoy) incapaz de identificar. Pero alentaban el ánimo. Porque allí estaban el inicio del techo del mundo y hacía allí caminábamos aunque el avance de cada día pareciera minúsculo.

Se subía ligeramente por encima de la altura del paso, pasando los 3562 metros, antes de descender para encontrarlo. Quizás sea importante reseñar que no volveríamos a ascender a esta altura hasta dentro de unos cuantos días, alcanzando Khunde una vez pasado Namchee Bazaar. Para cuando completé la subida y alcancé al fin un tramo llano que me habría de llevar hasta el paso de Lamjura La (3530 m.) la niebla me había dado caza y agotado como estaba de las más de tres horas de subida sin concesiones tenía que encontrar donde descansar y recobrar fuerzas.

Encontré una pequeña casa que servía comidas y que tenía todo el encanto que se le podía imaginar a este rincón del fin del mundo sumido entre la niebla. Una señora calentaba agua para tés y comidas en una cocina abarrotada, de madera y piedra, ennegrecida por el humo que no dejaba de escaparse de las llamas de la cocina. El espacio estaba lleno de cacharros colgantes, sartenes, cazuelas y cazos de latón, ollas, tapas y cajones destartalados que funcionaba de despensa. Allí se afanaba en cortar queso y preparar almuerzo para quien pudiera pasar por allí. Pedí té, pedí queso y me abrigué a pesar del fuego pues no podía con las nieblas que se colaban por las ventanas abiertas.

Terminé este almuerzo y alcancé el temido paso, para encontrame el nuevo valle cubierto por nubes. No estaba yo para quejarme a esas alturas de la jornada. Bastante tenía con que pudiera seguir caminando y que no estuviera lloviendo. El clima nublado creó además un ambiente mágico a la siguiente parte de la etapa que descendía sin control por un precioso bosque de pinos y rododendros dominados por el musgo. Aquí se me hicieron las horas muertas haciendo fotos mientras descendía entre el camino de piedras. Un cambio de paisaje que supe agradecer.

(atravesando el paso de Lamjura La)

Salí del bosque para encontrarme con un nuevo lodge perdido, cual cabaña de cuento y pensé que realmente no tenía ninguna prisa por llegar a Junbesi. Confiaba plenamente en el criterio y la elección de los veloces Javi, Jose y Mattia para elegir alojamiento, así que decidí que sería un buen punto para para a comer. De nuevo estabamos la señora de la casa y yo, de nuevo en la semi oscuridad de una vivienda contra la que batallaban unas pequeñas ventanas abiertas y el siempre constante fuego en estas cocinas.

Allí me preparó lo que tuvo a bien, una sopa de curry que me sentó a gloria bendita aunque estoy seguro de que en otras condiciones no la recordaría jamás por su sabor. Se unió a la reunión un señor que salía de ese bosque donde deben habitar decenas de seres fantásticos, con su rostro tomado por las arrugas y tostado por el clima, las manos agrietadas del trabajo en el campo y un machete al cinturón que le valía, supongo, como argumento definitivo para zanjar cualquier tipo de discusión. No me habría perdonado no haberle pedido una foto. Aceptó.

Con el estómago lleno, las energías recargadas y las piernas descansadas el caminar se veía de otra manera. Ayudaba, no lo voy a negar, el simple hecho de no estar subiendo con el bazo fuera. Pequeños matices. Atravesaba a 2860 m. Taktor, que compartía la sensación de exotismo de reino olvidado con su gran pagoda en la plaza central. Grande para las dimensiones de estos pueblos, aclaro. Se suponía que desde Taktor había una vista excelente del Himalaya y se podían disfrutar las cumbres del Numbur, el Khatang y el Karyolung. Se suponía, digo, porque ya las nubes habían echado el telón por el día. Sería una constante en casi todo el viaje. Mañanas despejadas con una ventaja de unas horas antes de las horas comenzaran a correr y te dieran alcance.

Llegué a un Jumbesi nublado y me encontré con el resto del equipo ya perfectamente acomodados en el lodge. Una vez dejada la mochila y dada la ducha de rigor (algo que hacía siempre que podía ante la incertidumbre de saber cuándo sería la siguiente oportunidad) me aventuré a darme una vuelta por el pueblo. Este si que era algo más grande, con unas cuantas calles, unos cuantos lodges, una pagoda en su plaza central y un templo que desistí de visitar ante la negativa del monje que lo custodiaba de dejarme verlo a menos que compraba algún souvenir.


Desde Salleri, otro de los puntos que conectan con Katmandú en autobús, también se puede llegar andando a Junbesi, así que es otro punto en el enganchan como inicio de ruta algunos excursionistas y es especialmente interesante porque a una hora (fuera de la ruta) se encuentra el Thupthen Choling Gompa, un templo budista bastante impresionante… o eso dicen, porque no lo llegué a descubrir. Aunque se puso sobre la mesa el gastar tres horas al día siguiente en visitarlo (la de ida, más la de vuelta, más otra allí) yo directamente la descarté. Viendo lo que me estaban costando las etapas no iba yo lo suficientemente sobrado como para permitirme semejantes dispendios.

Llegaba el momento de arrastrarse a la cama, agotado. Algo que no evitó que me desvelara en mitad de la noche y descubriera un alucinante cielo estrellado sobre nosotros. Que no fuera capaz de levantarme a hacer alguna foto creo que era una definición bastante buena de mi estado.

Más info: Como organizar el trek al Campamento Base del Everest

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