(Lo que aprendí de la selva aunque lo cuento ahora, lo aprendí un 27 de Enero de 2010)

Tanjung Puting 45

Como salido de la pluma de Joseph Conrad, el Satria remontaba el curso del Sengai Sekonyer adentrándose en el corazón de las tinieblas. La frondosa jungla del parque nacional de Tanjung Puting iba cerrándole y cerrándole el paso, infranqueable pasadizo entre un acantilado de hojas y ramas sobre un río de aguas turbias.

Tanjung Puting 02

Tanjung Puting 14

Los macacos flanqueaban el río saltando de rama en rama, o manteniéndose en el más completo de los silencios, donde sólo la aguda visión de mi guía podía localizarlos mientras yo intentaba afinar mis sentidos desde la cubierta del barco.  Mis ojos inexpertos, ciegos entre tanta maleza apenas podían discernir nada si no era siguiendo las indicaciones.

Tanjung Puting 03

Tanjung Puting 04

Entonces sí, se revelaban quince o 20 macacos de cola larga o una familia de monos narigudos observándonos aténtamente. Algunos de ellos, buenos nadadores y buceadores, se lanzaban al agua a escasos metros por delante del barco para cruzar el río. No era locura. Saben que el ruido del motor intimida a los cocodrilos. No hay momento más seguro para cruzar.

Tanjung Puting 05

Tanjung Puting 29

Tras no pocas dificultades había llegado a mi destino. Tanjung Puting, en el corazón de Kalimantán, una de las selvas tropicales más grandes del mundo y sólo accesible (salvo para unos cuantos aventureros de machete) en barco. Mi idea inicial de compartir uno se había visto truncada cuando descubrí que… era el único turista que había llegado a la ciudad.

Tanjung Puting 09

Tanjung Puting 08

Al mal tiempo buena cara, no tendría compañero de abordo, pero a cambio me aseguraba el puesto honorífico de Capitán Pirata Garrapata. No tendría a Carafoca, ni a Cuchareta, ni a Chaparrete, pero a cambio tenía un auténtico capitán que presumía de haber tenido una novia alemana (y ¡durante cuatro días!), junto con un asistente que siempre sonreía desde el silencio y una santa cocinera de ascendente abuelil cuyo único objetivo era añadir kilos a mi esbelta figura (que estás muy delgado, hijo).

Tanjung Puting 07

(He aquí mi camarote: mesa, comida puesta…

Tanjung Puting 06

… convertible en magnífica suite para dormir, con toda la música que la selva es capaz de producir como nana).

El plan era pasar tres días en la jungla, con el Satria como casa, mientras intentabamos encontrarnos con la única especie de grandes simios que habita en Asia. Los orangutanes, los simios de pelambre anaranjada, los hombres del bosque, los mismos que los locales aseguraron en su momento que podían hablar perfectamente nuestro idioma pero que no lo hacían por miedo a ser malinterpretados.

Tanjung Puting 22

Hasta hace apenas 40 años muy poco se sabía de ellos. Fue Biruté Galdikas, una canadiense hija de lituanos nacida en Alemania (oleee) la que tuvo el valor de adentrarse en las junglas de Kalimantan para estudiar al simio rojo. En aquel entonces (1971) tenía 25 años. La salvaje jungla repleta de legiones de sanguijelas, insectos carnívoros y demás lindezas le esperaba, mientras ella y su marido montaban un campamento (Camp Leaky) con una pequeña cabaña y se desplazaban por la jungla con un bote de madera.

Tanjung Puting 33

Tanjung Puting 32

(Mi guía, subido a un «champiñón» que crecía en un árbol)

Similarmente a Jane Goodall con los chimpancés en Tanzania y a Dian Fossey con los gorilas en Ruanda y el Congo, Biruté Galdikas pusó al orangután en el mundo. Pasó 30 años en la jungla de Borneo y puso en marcha un centro de rehabilitación de orangutanes que sigue funcionando hoy en día.

Tanjung Puting 30

Tanjung Puting 35

En muchos lugares del sudeste asiático, pero principalmente en Indonesia y Malasia ha habido mucho interés en tener un bebé de orangután como mascota. Su precio se cotiza alto y son muchos los cazadores furtivos que se lanzan a la selva para conseguirlos. Pero a pesar de lo poco conveniente que puede ser tener un orangután como mascota sólo hay una manera de conseguir uno y es matando a la madre. Para complicar aún más las cosas dada la ilegalidad de tener un bebé orangután, se transportan en maletas cerradas y similares con alto porcentaje de mortalidad. Para que un bebé llegue a manos de su nuevo dueño es probable que otros 8 bebés orangutanes hayan muerto bien por el shock de la perdida maternal o por las condiciones de transporte.

Tanjung Puting 25

Tanjung Puting 23

El ciclo reproductivo del orangután es de 4-6 años basándose en el periodo de aprendizaje del bebé. Estamos hablando de un animal que pesa alrededor de 100 kilos y que es… vegetariano. Os podéis imaginar la cantidad de plátanos, mandarinas y cerezas que hay que comer para alcanzar ese peso. Esto implica que los orangutanes son capaces de crear un mapa mental de la selva y saber exactamente en que semana del año hay frutos en que zonas de ella. Mientras el bebé aprende todo esto simplemente no se despega de la madre durante estos cuatro o cinco años.

Tanjung Puting 37

El segundo problema es que precisamente porque tienen que recorrer enormes distancias su territorio es masivo, lo cual choca frontalmente con los procesos de deforestación (tanto legales como ilegales) para entre otras cosas producir aceite de palma. Aunque la discusión podría ser si ambos motivos hacen al orangután una especie malamente preparada para la supervivencia lo cierto es que cada vez tienen más complicado su existencia.

Tanjung Puting 44

Tanjung Puting 13

Con la llegada de Galdikas y el centro de rehabilitación que surgió a partir de su estudio se cubrían dos puntos. El primero era recuperar a todos esos bebes que habían perdido a su madre, cuidarlos y reinsertarlos en la selva. El segundo es proveer un extra de comida a todos los orangutanes que no encuentren suficiente en su hábitat.

Tanjung Puting 11

Tanjung Puting 18

Este segundo punto, además, es la clave para atraer a los turistas. Hay ciertos puntos situados en la selva donde se deja diariamente comida para estos orangutanes. El principal problema que podíamos encontrarnos para verlos era precisamente que siendo temporada de lluvias, había demasiados frutos en el bosque como para que aparecieran. Al fin y al cabo, vagos somos todos. Tocaba paciencia y apelar a la esperanza.

Tanjung Puting 34

Tanjung Puting 28

Recuerdo perfectamente el primer instante. El primer momento en que  aún no lo habíamos visto pero unos cuantos árboles tambaleándose indicaban que el/los orangutanes estaban llegando, respondiendo a la llamada de los guardias. Desplazándose entre árbol y árbol sólo con la fuerza de sus brazos, muy pronto aparecieron bajo la lluvia las primeras manos oscuras y tras ellas el “pequeño” hombrecito. Tan igual. Tan diferente.

Tanjung Puting 15

Tanjung Puting 16

Se quedó un buen rato mirándonos, recogió parte de las troceadas cañas de azúcar que habían dispuesto para él y se volvió a lanzar a la jungla. Fantástico. A apenas cinco metros y sólo para mí. Una de las discusiones que tenía con mi guía era sobre la conveniencia o no de alimentar a los orangutanes. Después de todo, si se acostumbran a comer de la mano del hombre ¿no impediría esto una rehabilitación?

Tanjung Puting 12

Tanjung Puting 42

Lo cierto es que son muy pocos de los orangutanes los que se pasan por estos puntos. La mayoría no se sienten cómodos y no pasarán nunca por allí. Muchos otros semisalvajes, pasarán por los puntos únicamente si no tienen otra posibilidad. Hay algunos que se pasan años sin ser vistos. Por último están los que fueron recogidos desde muy muy pequeños. Estos han vivido con los humanos que les cuidaron desde entonces. Están habituados a ellos y aunque viven en libertad se pasan habitualmente por los campamentos.

Tanjung Puting 20

Tanjung Puting 21

Uno de los primeros orangutanes que llegaron al campamento cuando sólo era un bebé es Princess. El Doctor Gary Shapiro se encargó de ella desde el principio y fueron inseparables durante cuatro años. Literalmente, la llevaba colgada todo ese tiempo. Gary fue la figura materna que Princess necesitaba. No os perdáis este video donde incluso se baña con ella.

Pero Princess se hizo famosa por muchas otras cosas. Demostró tener una inteligencia privilegiada y era capaz de aprender por observación. Con el tiempo podía usar un martillo, utilizar herramientas para abrir puertas e incluso desatar las barcas y remar por el río. Espectacular.

Tanjung Puting 26

Tanjung Puting 17

Lo cierto es que ver a Princess era una de las cosas que más ilusión me hacía. Y se resistió hasta el final, de hecho fue la última con la que nos encontramos, tras más de una hora de espera (de nuevo bajo la lluvia) y cargada con Putri su último retoño de alrededor de dos años de edad. Allí sólo habíamos aguantado la espera dos chicas holandesas y yo. Una nueva recompensa.

Tanjung Puting 39

Tanjung Puting 40

(Un par de retratos de Princess)

Tan habituada está al contacto humano que es el único bebé que permite que le toque la gente. A mi sin embargo me daba algo de respeto y me conformaba con hacerle fotos de cerca, pues se aproximó sin miedo hacia nosotros. Fue ella, que seguro me leyó la mente, la que decidió romper el hielo y agarrarse a mi brazo.

“Vamos, llévame a dar un paseo”.

Tanjung Puting 41

Sabía perfectamente lo que hacía. Ahora tenía a un par a los que agarrarse y que le llevaran en volandas sin tener que hacer ella ningún esfuerzo. En muchos momentos paraba, se daba la vuelta, observaba se salía del camino, cogía algunas hojas que repartía entre ella y el bebé y se volvía a agarrar al brazo. A seguir paseando.

Tanjung Puting 43

Tanjung Puting 24

El momento fue indescriptible.

Era mi despedida de la selva, de Tanjung Puting, irremediablemente enamorado de estos animales, irremediablemente agradecido al trabajo de la Doctora Galdikas y al de toda la gente local que están cuidando y mimando la selva. Su selva. En la que tuve el privilegio de estar.

Pero también era saber que puede que en un futuro sólo queden fotos que enseñarles a los que vengan detrás, que los tímidos hombrecitos rojos se fueron para no volver.

Tanjung Puting 27

Para Brilly, para quién este post no será suficiente.

Unas cuantas fotos más, saltando de rama en rama, aquí.