(Desde que llegué a San Francisco, va todo mezclado, pero háganse a la idea de que esto que les cuento lo podría haber contado un 30 de Mayo de 2010)

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No podía seguir ignorándolo más. Con el pie como un melón y casi incapaz de apoyarlo en el suelo, me tenía que rendir a la evidencia. Mi sistema inmunitario no podía con lo que fuera que tenía y no quedaba más remedio que ir al médico. En Estado Unidos. Desde luego, la civilización no me sienta nada pero nada bien.

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Todo comenzó con un insignificante corte en un tobillo. Una de las múltiples heridas, que alguien como yo, patoso por definición, me hago diariamente. Minúsculas, diminutas y que pasan sin pena ni gloria ni dar demasiado problemas. O eso pensaba yo, pero en lugar de cerrarse, la herida se iba abriendo y la dimensiones del tobillo incrementando exponencialmente. Consultando a un par de farmacias todos coincidían en que no era nada grave, pero que necesitaba tomar antibióticos y ellos no me los podían facilitar si no era con receta médica.

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“¿Quién dijo miedo?” me preguntaba. “¡¡¡Yoooo!!!” gritaba la cartera. Sabía la que se nos venía.
-¿Cómo? ¿Que no es usted residente?
-Pues no, soy un majo y apuesto turista.
-Pues si no es usted residente para empezar a hablar vaya soltando $200.
-Oiga, que yo sólo quiero que me receten antibióticos. Que no voy a hacerme una operación de corazón.
-$200 o habla trucho que no te escucho.
Miré el pie inflamado que me devolvía la mirada con cara de pena. Había hablado con mi seguro médico y ellos me cubrían todos los gastos a partir de 100 libras (unos $140). Malo será, pensaba yo. Y pensaba mal. O sea que eso me iban a costar los antibióticos.

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Estos $200, ojo, y para que quede claro, no cubrían la consulta. Era sólo la tarifa de entrada. Para que nos hagamos una idea de lo que estamos hablando. Después de esperar casi cuatro horas y tras soportar bravamente (bueno, soportar a secas) como una doctora de Shanghái me hurgaba la herida con una de esas sañas que se cultivan con la edad, salí cojeando agarrado al bueno de Dani, con destino a los antibióticos. La factura, me indicaron, me la mandarían por correo.

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Mucho pudimos hablar, mientras me pasaba un par de días sin moverme con la pierna en alto, de la situación sanitaria de EEUU. Sin haber recibido la factura aún, las estimaciones locales la situaban alrededor de los $800 o $1000. ¿¡¡Pero, estamos locos!!? Pagar $1000 por que te receten unos antibióticos roza el absurdo más absurdo. “Uy”, me comentaban “Yo tuve un esguince el año pasado y la factura subió a $3000”. Ahora imaginaos las astronómicas cifras que estamos manejando si alguien tiene un problema más serio como un cáncer.

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(A nosotros, todo esto plin…)

Bueno, diréis, por eso todo el mundo tiene seguro en EEUU. Sin seguro estás perdido. Bueno, y con seguro casi también, porque muy pocos seguros cubren absolutamente todos los gastos. Y en mi caso, si yo hubiera tenido seguro es probable que hubiera acabo pagando al menos una décima parte de los gastos. Lo cual seguirían siendo al menos otros $100. Por unos antibióticos. Como añoro Asia.

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Y eso, si les apetece asegurarte, claro. Si descubren que tienes una enfermedad grave y que les vas a poder causar problemas (gasto de dinero) en algún tiempo, lo más probable es que nadie te quiera asegurar. ¿Porque correr el riesgo?

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(A ver que nos dicen las galletitas de la fortuna…)

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O simplemente que no te los puedas permitir. Delante de mí en la consulta había una señora que preguntaba. “Miren, debo tener una infección porque sangro al orinar, quiero saber antes de nada, cuando me va a costar, porque estoy desempleada y mi situación económica es muy delicada”.

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Por eso cuesta comprender cómo ha habido tanta reticencia al plan de Obama de introducir una especie de sistema de sanidad pública. No en San Francisco precisamente, que la amplia mayoría es pro-Obama, pero si en general. La resistencia se achaca principalmente a las aseguradoras, pero también hay quién culpa a los propios ciudadanos, muchos de los cuales no se sienten cómodos con la idea de pagar ellos de alguna manera algo a otra persona. Oigan, si yo trabajo, yo me lo pago, ¿o no?

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Y en esas estamos, mientras tanto, la gente se va convirtiendo en Panoramix, tienen recetas para todo, mezcla esto con esto otro, te pones al sol, un poco de whisky caliente, etc etc… o pasarse a las medicinas alternativas, la cuestión es ahorrarse la estruendosas factura del médico. Consecuencias de tener una sanidad privatizada.

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PD. Dado que esto han sido mis impresiones de recién llegado y no conozco demasiado todos los flecos, si alguien quiere completar (o corregirme) está invitado a pasarse por los comentarios. 🙂
PDD. Si, las fotos no tienen mucho que ver con el tema, pero ya aprovecho para seguir mostrando la ciudad, ¿no?