Are you talkin' to me?

(Are you talkin’ to me?)

“Noodles está retenido por la policía” nos dijeron. “Con los tickets y el dinero.” Estupendo. “Pero no os preocupéis que va el jefe para allí ahora a sacarle y a recuperar lo que es vuestro”…

Sí. Claro.

Encandenando una serie de castatróficas desdichas todo parecía complicarse por momentos. Entrar en Tibet se estaba tornando en una misión imposible. Pero nada ensombrecía nuestro ánimo. Así que nos limitamos a reírnos. Especialmente un Irlandés que ya acumulaba tres días de retraso.

Welcome to Asia, bienvenidos a la burocracia (y especialmente la China) donde todo puede ser taaaan lento. Os pongo en antecedentes. En Marzo de este año, 2009, ni uno antes, ni uno después, se celebraba el 50 aniversario del exilio del Dalai Lama de Tibet. Ya el año pasado por las mismas fechas se produjo las más violenta de las protestas anti-china en Tibet y todo apuntaba a iguales o incluso mayores protestas este año. Así que el gobierno Chino, hizo lo que mejor sabe hacer. Tapar. Poner una cortina ante los ojos del mundo. Echar a todos los extranjeros fuera de Tibet y asegurarse de que pasara lo que pasara todo quedara en casa, bajo sus capas de desinformación. Me recordaba al lamentable ejercicio de mentiras de las que el mismo gobierno chino hacía gala cuando la antorcha Olímpica hacía su recorrido por Europa, plagada de accidentes, abucheos, llegando incluso a apagarla en Francia. «Aqui no pasa nada. Todo marcha estupendamente» se podía leer en la web china de las olimpiadas. Pues algo parecido. A estas alturas no voy a ser yo quien descubra nada nuevo.

Sea como fuera, en Abril de este año Tibet se reabrió a turistas, pero con un recrudecimiento de todas las condiciones. Había que olvidar todo lo que había leido con anterioridad. Estaba en terreno desconocido. Por eso debía esperar a llegar a China y enterarme de primera mano que se podía y que no se podía hacer.

Y la situación se puede resumir en lo siguiente: “Sólo se puede acceder al Tibet como parte de un tour”. O lo que es lo mismo, viajar independientemente es ilegal y siempre hay que estar acompañado por un guía.

Incluir un tour, lógicamente incrementaba mi precio estimado. Especialmente porque las nuevas normas indican que los extranjeros no pueden alojarse en hoteles inferiores a 3 estrellas. Vamos. Todo un sacacuartos. El mensaje es claro: el que quiera entrar que se rasque el bolsillo.

¿Cuanto de cierto hay en esto? Pues parece que bastante, aunque nadie parece tener muy claro donde están los límites. ¿Si hago un tour por Lhasa podría quedarme otro día más por mi cuenta? Pues ahora te digo que si, ahora te digo que no. Ahora necesitas un guía para tí, ahora no, pero de cualquier manera tienes que quedarte en un hotel de 3 estrellas.

Como los tours tienen una serie de gastos obligatorios, reducen el coste si el número de participantes aumenta. Una vez que tienes el número de gente se puede incluso diseñar el tour a tu gusto. Me encontraba de nuevo en la misma tesitura que en el desierto del Gobi, sólo que ahora tenía mucha menos gente interesada en hacer un tour e iba a ser harto difícil encontrar a quién quisiera hacer lo mismo que yo.

Mi plan ideal sería, visitar Lhasa y seguir hacia Nepal por tierra, estación base mediante, pero no parecía que nadie más estuviera interesado en hacer esto. Así que si algo me ha enseñado la ingeniería es a optar por soluciones de compromiso. De momento nos hemos juntado cuatro personas para hacer un tour por Lhasa y Nam-Tso. Después será el momento de ponerse manos a la obra e intentar encontrar otro grupo de gente con destino Nepal donde haya un sitio libre para mí. Debería ser más fácil una vez en Lhasa aunque eso me puede obligar a tener que esperar un par de días en esa ciudad a la espera de un grupo. ¿Será la espera legal? ¿Será ilegal? Parece que legal, aunque nadie apostaría nada por asegurarlo. De cualquier manera lo peor que podría ocurrir sería no encontrar a nadie y entonces debería volar a Nepal. Esperaré a entrar y una vez dentro reevaluar la situación con mejor información de primera mano.

Vale. Tenemos el tour. Tenemos un plan. Ahora. ¿Cómo entramos? Pues hay dos opciones, o tren o avión. El avión se descartó rapidamente porque se me disparaba el presupuesto pero es que además el tren implica (eso dicen) unos paisajes fantásticos mientras se va perdiendo en las alturas. Sería en tren.

¿Implicaba esto nuevos problemas? Por supuesto. Los billetes para segunda y tercera clase (con camas) no se pueden comprar con más de cinco días de antelación, y cuando salen a la venta, los billetes vuelan. No por gente que los vaya usar. Reventa. Reventa totalmente ilegal con incremento de precio. Reventa que es la que los hostales usan para intentar conseguir los billetes a los viajeros. Reventa que acabó con Noodles, uno de los trabajadores del hostal dando explicaciones en comisaría durante cinco horas.

Yo por mi parte, para reducir costes ya había optado por cuarta clase. Con las gallinas. 48 horas en un asiento de madera. Y sí, incluye dos noches en el mismo asiento de madera. La experiencia promete. Al menos tendré mi hotel de 3 estrellas esperándome para lamer mis huesos (aunque ya me estoy imaginando yo las tres estrellas). ¿Quién dijo miedo?

¿Como me afectan a mi la reventa de billetes? Pues que si no hay billetes para el resto de integrantes del tour, el tour tiene menos gente y sube de precio. Esto es como la bolsa, va subiendo y bajando según entra o sale la gente, o según se quedan retrasados los que querían llegar pero cuyo persmiso o billete no llegó a tiempo. El mismo irlandés por ejemplo, que esperaba su permiso pero no llegó porque el que lo traía tuvo un accidente de coche.

Total, que entre estas tramas pseudpoliciales de cine de Chuck Norris, he pasado mis días en Pekín. No puedo negar que hay cierta emoción en el ambiente por saber si al final llegaremos a Lhasa o que más puede suceder. Pero a día de hoy, tengo en mi poder el billete, el permiso y en unas horas cogeré el tren. Lhasa lo veré seguro.

Pero sigo soñando con el Everest.

Gobi by Sarah 04

PD. Está ultima foto, conmigo en plena duna, es cortesía de Sarah, parte de la compañía del Gobi, que ha tenido el detalle de mandarme junto con estas otras. ¡No se las pierdan!