Etapa 17: Gokyo (4790 m.) – Campamento Base del Cho Oyu ( 5200 m.) – Gokyo (4790 m.)

Distancia: 18,8 km
Tiempo estimado: 8:00 horas.
Desnivel Positivo: 565 m.
Desnivel Negativo: 565 m.

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(Perfil de la ruta)

22 de Octubre de 2018

Ya que ver atardeceres volvía a ser incompatible con la llegada diaria de las nubes no iba a perderme el amanecer sobre el precioso entorno de Gokyo. Esperaba el lago y las montañas reflejadas pero me encontré con la sorpresa de las primeras luces golpeando los 8201 metros de un Cho Oyu glorioso, duchado con el alba, limpio de nubes. Era una visión apabullante a pesar de la enorme distancia que nos separaba.

(Amanecer sobre el Cho Oyu)

La primera hora de la mañana valía para identificar y dar forma a la última parte del trayecto del día anterior, oculto entre la bruma cuando cruzamos el glaciar de Ngozumpa para llegar a Gokyo. Ahora se podía disfrutar completamente del entorno a pesar de que el viento rompía la simetría del reflejo del lago bajo la cima del Machermo Peak. Se reconocía con claridad la subida al Gokyo Ri y los ojos más agudos encontrarían en la lejanía el paso del Renjo La que daría acceso al último de los valles. Aún nos faltaban dos días para enfrentarlo.

(El Glaciar de Ngozumpa que habíamos cruzado el día anterior, ahora visto desde Gokyo)

(Perspectiva de la zona de Gokyo y algunas de las rutas)

Ibamos a pasar dos día más en Gokyo, nuestra pequeña parada en la ruta para hacer un par de excursiones de ida y vuelta y conocer el entorno. Esta primera jornada la dedicaríamos a caminar hacia el norte, bordeando el glaciar de Ngozumpa hasta alcanzar el campamento base del Cho Oyu.

(El Cho Oyo al fondo del valle de Gokyo)

(Excursionistas bordeando el lago de Gokyo para subir al Gokyo Ri o hacer el pase de Renjo La)

(En ruta hacia el Cho Oyu)

A pesar de ser uno de los 14 ochomiles del mundo y la sexta montaña más alta del mundo el Cho Oyu no goza de tanto interés público y sufre de poca popularidad eclipsado por el Everest y el Lhotse. Sin embargo es un pico precioso conquistado en 1854 y considerado por los escaladores como el más “sencillo” de todos los ocho miles. Lo de sencillo, entrecomillado, es muy relativo porque estas alturas nunca lo son y sigue cobrándose su tasa de muertos pero cuenta con varios alicientes: el primero es un paso de ruta comercial entre Tíbet y Nepal que se denomina Nangpa La y que alcanza los 5760 metros, por lo que es más sencillo llegar hasta ese comienzo de ruta, especialmente desde la parte tibetana.

El segundo es que su escalada no requiere de tanto conocimiento técnico y salvando una pared de hielo es bastante más gradual y “asequible”. La dificultad radica en el cansancio extremo que tiene cualquier pico de más de 8000 metros, pero muchos de los escaladores lo consideran un buen test para ver como el cuerpo reacciona a esas altitudes y preparar otras ascensiones similares como el Everest.

Por nuestra parte, el recorrido hasta el campamento base del Cho Oyu tenía dos dificultades principales: la primera era una subida gradual y constante que podría confundirse con un falso llaneo pero que iba minando las fuerzas y haciendo aparecer el cansancio. A fin y al cabo son 400 metros de desnivel sobrepasando, una vez más, los 5000 metros. La segunda era la distancia de la ruta, que alcanzaba casi los 20 kilómetros entre ida y vuelta, lo cual iba a resultar bastante extenuante.

(Vistas sobre el Glaciar de Ngozumpa)

(Thonak Tsho a 4870 metros de altura)

De estas consideraciones no éramos plenamente conscientes cuando salimos de buena mañana, ligeros de equipaje, cargados con agua y algo de comida. La ruta conocida también como la ruta de los lagos de Gokyo permite ver también a cuatro de los cinco lagos de la zona (el quinto, el Taujung Tsho, está al Sur de Gokyo, que se puede ver si optáis por volver desde Gokyo hasta Namche, sin hacer el paso del Renjo La hacia el valle de Thame). Estos lagos que incluyen al lago de Gokyo (el Gokyo Tsho), el Thonak Tsho, en Ngozumba Tsho y el Gyazumba Tsho, conforman el sistema de agua dulce más alto del mundo.

(Retrato del Gyanchung Kang – y sus 7952 metros)

Sorprendentemente, mucho de los visitantes de Gokyo se limitaban a subir al Gokyo Ri o a bajar directamente hacia Namche Bazaar, pero creo que esta excursión fue muy interesante porque el paisaje se iba volviendo cada vez más salvaje y desolado y la falta de gente (apenas nos cruzamos con 10 personas en todo el recorrido) le daban ese carácter tan sobrecogedor que puede identificarse con haber alcanzado el fin del mundo.

Y es que el recorrido ofrecía una vistas trepidantes de la inmensa lengua del glaciar de Ngozumpa que extendía la vista más allá de su fin, dando una visión de todo lo que era el Valle de Gokyo. Si se paraba a analizar los picos muy a lo lejos se podía ver el Thamserku que dominaba el cielo de Namche Bazaar. Pero sin lugar a dudas uno de los momentos más espectaculares del recorrido fue encontrarse con el punto en que la lengua del Ngozumpa y la del Gaunara chocaban. Sobre ese cruce se podía ver, con la perspectiva que daba la distancia, una preciosa vista del Everest, del Lhotse y del Nuptse.

Se podía admirar ahora con mejor perspectiva el Collado Sur, (sobre el Western Cwm que se apreciaba ligeramente) uniendo el Everest con el Lhotse. Al verlo cabría preguntarse si todos aquellos que se plantean el reto de subir todos los ochomiles del mundo no podían aprovechar la expedición y hacer cumbre en los dos picos gracias a ese collado.

Sin embargo y a pesar de que en 2011, Michael Horst, un norteamericano si consiguió hacer cumbre en ambas cimas en menos de 21 horas, la mayoría de quienes lo intentan lo hacen en expediciones diferentes. Es lógico, el organismo humano debería estar en la zona de la muerte el mínimo tiempo necesario y la mayoría optan por dejar tiempos de recuperación entre medias. Reinhold Messner, de quien ya hemos hablado por aquí, fue la primera persona en completar los 14 ochomiles del mundo y entre la ascensión al Everest (1978) y la ascensión al Lhotse (1986) pasaron 8 años.

(Ngozumba Tsho a 4990 metros de altura)

(Bordeando el pico Ngozumba con el Gyanchung Kang de fondo)

(El Hungchi, 7036 m.)

Seguía siendo fascinante caminar por estos escenarios que tanto han desafiado a la voluntad humana y seguía siendo fascinantes sentirlos tan lejos de mi condición física. Para cuando completamos el último repecho que nos quemaba las piernas y alcanzamos los 5200 metros del campamento base del Cho Oyu las casi cuatro horas de ruta en subida permanente estaban pasando factura. Sin embargo, nos olvidamos rápidamente del cansancio y nos sentamos a admirar la belleza del lugar.

(Campamento base del Cho Oyu, junto al lago Gyazumba Tsho)

(Panorámica del campamento base del Cho Oyu. Ojo, que se pueden ver 3 ochomiles en esta foto) 

Aún nos separaban tres kilómetros de altura con la cima, pero delante nuestro se alzaba el Cho Oyu. Tres kilómetros de diferencia. 3000 metros. Se decía pronto, pero había que pensarlo fríamente para tener una dimensión de la escala. Prácticamente solos, junto al lago de Gyazumba, el circo de picos que le acompañaba era nuestro. Qué belleza. Qué maravilla. Incluso desde allí también el Everest, el Lhotse y el Nuptse se sumaban a la fiesta de una panorámica gloriosa. 3 ochomiles juntos, acompañados por los 7952 metros (casi otro) del Gyanchung Kang. Era una vista hipnótica. La seducción de la desolación. El Cho Oyu. La diosa turquesa.

(El Cho Oyu, cuyo nombre significa la Diosa Turquesa)

(Cho Oyu desde el lago de Gyazumba Tsho a 5200 metros de altura)

(Comenzando el regreso con el Hungchi al fondo)

Aguantamos todo lo que el frío nos permitió antes de comenzar los otros casi 10 kilómetros de regreso a Gokyo. Se agradecía que ahora fueran de bajada pero para cuando alcanzamos Gokyo estábamos mucho más cansados de lo que esperábamos de esta jornada. Habían sido casi 8 horas de ruta y una de las más largas de todo el trek.

(Un par de fotos del Ngozumba Tsho, en el camino de vuelta)

(Thonak Tsho en el camino de vuelta) 

(Regresando a Gokyo con el Cho Oyu al fondo)

Llegaba la hora de comer, de recuperar fuerzas y confiar en ver un atardecer que un día mas no iba a llegar. Ya era costumbre así que ni siquiera lo lamenté. Del día solo quedaba adentrarse en las profundidades del saco y descansar todo lo que pudiera. Al día siguiente iba a intentar subir al Gokyo Ri y lo iba a hacer de noche, antes de que amaneciera.

Más info: Como organizar el trek al Campamento Base del Everest

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