El sol despuntaba por el horizonte revelando en la distancia el elegante perfil de la Catedral de Segovia. Los quemadores rompían el silencio prístino de la mañana en su afán de calentar la gigantesca masa de aire que poco a poco iba daba forma tridimensional a la vela de los globos que despertaban al mismo ritmo que la mañana.

Hay algo especial en volar en globo. Hay algo especial en esos momentos de madrugada cuando la meteorología aún en calma regala las mejores condiciones, ajena a las turbulencias que durante el día puede provocar el calor y que además regalan la vista con esa luz cálida y tan agradable que solo puede enamorar a quien la vive. Es por tanto un momento sin pegas, sin excusas. Buenas condiciones y buena luz. ¿Qué más se puede pedir?

Pues se puede pedir volar por encima de una ciudad patrimonio de la Humanidad como es Segovia. Un escenario imbatible. Un privilegio poder admirar desde el aire, en lo que hasta hace no tanto era un privilegio de los pájaros, la estructura amurallada de la ciudad, sus callejuelas y tejados rojos de tejas y por encima de todo su Catedral, su Alcázar y como no, su descomunal acueducto, testigo imperecedero del paso del tiempo, desde hace casi dos mil años (data del siglo II d.C.).

Para quien no ha volado nunca en globo, la experiencia no puede ser más bonita. Es fascinante como los pilotos estudian los mapas de corrientes aéreas para poder planificar el vuelo y sobreponerse a las limitaciones de este medio de transporte. Una vez el aire caliente ha dado forma a la envoltura del globo y lo empuja hacia los aires lo único que se puede hacer es ascender o descender e ir moviéndose por ese mundo invisible de ríos aéreos. Sorprende y es fascinante al ver el recorrido que hizo y como pudimos bordear la ciudad y tener una visión tan completa y tan panorámica sin dejarnos apenas ángulos que descubrir.

Cuando comenzamos el ascenso con un silencio que siempre sorprende a quién lo vive por primera vez y nos fuimos acercando a sus murallas. Esas que aunque protegieron a la ciudad desde el siglo III d.C. nunca estuvieron preparadas para evitar la conquista desde los cielos. El sol bañaba las calles, mientras el viento nos llevaba con cierta fortuna a sobrevolar casi en vertical por encima de los 88 metros de altura de la torre de la Catedral.

Con la ciudad literalmente bajo nuestros pies solo podíamos disfrutar de las vistas y de un silencio que me empeñaba en romper a golpe de clics, incapaz de abarcar cuanto veía. Con la distancia el acueducto demostraba, su descomunal estructura a pesar de la distancia. Dichoso vestigio abrumador.

Atravesado el centro histórico sin oposición ninguna, el globo comenzó un ligero descenso para adentrarse por el ligero valle que formaba el río Eresma y para darnos una visión gloriosa, de tu a tu, no tan divina pero más humana de la Catedral, las murallas y la Iglesia de San Esteban. Presentados los respetos comenzó último y definitivo ascenso, desmedido en ambición para regalarnos una vista única, no de los detalles de la ciudad, sino conjuntada con la sierra de Guadarrama donde la nítidez y limpieza del día permitía disintinguir sus formas con claridad. Peñalara, la Bola del Mundo, Siete Picos, La Mujer Muerta… que belleza. Que sobrecogedor.

Ya solo quedaba relajarse, disfrutar de las vistas y comenzar el descenso sobre la campiña castellana, con vuelos rasantes por encima de sembrados y cultivos, observando con ojos de rapaz la vida que se imbuía entre la vegetación: conejos, abubillas y hasta un corzo que no quiso perderse el festival. Aterrizamos en un campo donde un último arreón de viento nos acabó por tumbar a cámara hiperlenta, mientras compartíamos risas antes de poder salir de la cesta, mientras el resto del equipo se acercó con un 4×4 para recogernos a nosotros, al equipo y devolvernos a nuestro punto de salida donde nos esperaba una copa de cava para celebrar el vuelo tan exitoso y tener algo de tiempo para saborear lo vivido.

Absolutamente alucinante.

¿Cuánto dura? ¿Cómo reservarlo?

El tiempo de vuelo total es aproximadamente de una hora, aunque la actividad en si misma, de principio a fin dura unas tres horas y tiene un coste de 160 euros, aunque os recomiendo que reservéis con antelación. Podéis reservarlo en este enlace. Y si es la primera vez que pasáis por Segovia, no dejéis de complementarlo con otras visitas. 🙂

¿Qué vas a hacer en Segovia?

 

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