Etapa 14: Lobuche (4910 m.) – Gorak Shep (5140 m.) – Subida a Kala Patthar (5600 m.) – Dormir en Gorak Shep (5140 m.)

Distancia: 8,1 km
Tiempo estimado: 5 horas.
Desnivel Positivo: 694 m.
Desnivel Negativo: 456 m.

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(Perfil de la etapa)

19 de Octubre de 2018

El plan de la jornada era bastante sencillo: Llegar al mirador de Kala Patthar y pasarnos el día viendo el Everest. Si lo conseguíamos, eso sería todo. Estábamos apenas a un par de horas de Gorak Shep y otra hora y media de subida al mirador. Tan poco y tanto al mismo tiempo. Sería llegar pronto para recrearnos en la excusa sobre la que habíamos montado el viaje y disfrutarla sin prisa.

(Lobuché)

Por eso cuando la mañana despertó en Lobuché y el día amaneció claro y despejado respiré aliviado. Si las nubes llegaban, algo bastante probable, lo harían por la tarde así que incluso en ese supuesto si llegábamos a Gorak Shep a tiempo, tendríamos la posibilidad de ver al rey de las montañas.

El Everest nos esperaba.


Sobre el papel el recorrido era una subida constante y no demasiado pronunciada hasta Gorak Shep. Bordeando la lengua del glaciar de Khumbu y bajo la atenta mirada del macizo del Nuptse. Sin embargo la realidad se empeñaba en dificultar nuestro avanzar y costaba mucho seguir restándole metros al recorrido. Volvíamos a subestimar a una altitud que nos recordaba constantemente que el esfuerzo se pagaba con la asfixia.

(Macizo del Nuptse desde Lobuché)

Al fondo se veía el final del Valle Central. La frontera con Tibet que se conoce como Mahalangur Himal, una subcordillera dentro del Himalaya donde se encuentran cuatro de los catorce ochomiles del mundo. El Everest, el Lhotse, el Makalu y el Cho Oyu. Desde Kala Pattar solo podríamos ver uno, el Everest pero eso no desmerecía el resto de los picos que se iban cerrando en un enorme circo lleno de aristas blancas. Caminábamos con el Pumo Ri ejerciendo de brújula asomando imponente por delante nuestro.

(Pumo Ri y el Lingtren)

(La subida a la morrena de Changri y el Pumo Ri de fondo)

Se notaba que nos acercábamos a la culminación de la ruta para mucha gente. Ya no caminábamos tan solos como lo habíamos hecho en días anteriores y la hilera de gente era continua. Muchos harían, como nosotros, noche en Gorak Shep pero otros cuantos subirían a Kala Patthar, disfrutarían las vistas y volverían a Lobuché o descenderían incluso hasta Dugnla. Nosotros, en cambio, queríamos regalarnos este día sin prisas.

(Macizo del Nuptse)

(Subiendo la morrena del Changri y mirando atrás hacia Lobuche y el inicio del valle Central)

El camino comenzó a ascender abruptamente cuando nos encontramos de frente con la morrena del Changri que colisionaba con la de Khumbu. 60 metros de desnivel que nos situaban encima del glaciar y sus tramos demoledores de subidas y bajadas, de caminos entre colinas de rocas y escombros. En este punto el camino se elevaba por encima del glaciar de Khumbu que aparecía como un río con sus olas congeladas y nos daba unas vistas tremendas de todo el valle Central. Desde el Pumo Ri hasta el Macizo del Taboché. Se seguían viendo el Thamserku y el Kangtega, esos macizos a cuyos pies se encontraba Namche Bazaar. Qué lejos sonaba Namche y que sensación de escala nos daban.

(Vistas de todo el valle Central desde lo alto de la morrena de Changri)

Tanto Matti como yo sufrimos bastante para llegar a Gorak Shep. A Matti le golpeó el dolor de cabeza y tuvo que tomar alguna pastilla e incluso echarse a descansar un rato. Nos estaba costando más de lo debido la teórica sencillez de la etapa. Cuando terminé de atravesar la morrena y pude ver los lodges de Gorak Shep respiré aliviado. Al fin el fin del mundo.

(Pumo Ri y Gorak Shep, la roca negra)

Porque Gorak Shep era el final. El último asentamiento. A partir de aquí solo queda terreno para los valientes que buscaban el corazón y las cimas de las montañas. Aquí se acababa el valle. Aquí se acababa Nepal. Desde la altura de la morrena se podían ver perfectamente los lodges junto a una planicie, un fósil de un lago seco utilizado ahora como helipuerto para quienes busquen el privilegio de las vistas sin el esfuerzo de los pasos. Dos puntos de interés, completaban la imagen: el mirador de Kala Patthar y la zona utilizada para el campamento base del Everest.

Gorak Shep también usaba su condición de etapa final para abusar de los precios. No era una cuestión tan solo de lejanía, sino de saberse el punto más importante de la ruta. Tanto quienes hicieran la ruta más básica como quienes la complicábamos un poco más, teníamos que llegar en algún momento a Gorak Shep. Todo era más caro, las habitaciones, la electricidad, la comida… incluso había que pagar por el agua potable algo hasta ahora nuevo en el recorrido. Era difícil sentir simpatía por este lugar vendido al turismo pero nada podía ensombrecer nuestro ánimo.

(Descendiendo de la morrena de Changri hasta Gorak Shep)

A pesar del sufrimiento habíamos completado el tramo en las dos horas previstas. Eran las 11.00 de la mañana cuando ya estábamos comiendo. Las habitaciones no estaban listas y nos estábamos juntando con las salidas asi que optamos por coger fuerzas antes de subir al mirador. La imagen en el lodge era una mezcla de gente animada y feliz que bajaba tras haber visto el amanecer en Kala Patthar y gente que estaba hecha un cuadro aquejados por el mal de altura. Era uno de los problemas de los grupos organizados sin margen de maniobra. No todo el mundo aclimataba igual y si el mal tiempo había retrasado vuelos o si era necesario gastar un día extra en algún punto había quién no lo tenía. A mí siempre me pareció una irresponsabilidad y la imagen lo certificaba. Llegar hasta allí para no poder salir del lodge mientras esperabas a que tus compañeros bajasen de ver el Everest antes de darte la vuelta. No merecía la pena.

Matti decidió quedarse a descansar un rato antes de subir, pero el resto estábamos con tantas ganas que según terminamos de comer salimos montaña arriba. Llevábamos equipaje muy reducido, la mochila casi vacía con ropa de abrigo y en mi caso el trípode, filtros, baterías y tarjetas. Nos esperaban unas cuantas horas a 5600 metros sin movernos y había que estar preparados para el frío.

Muy pronto, ya mientras cruzábamos el lago seco en dirección a Kala Patthar, el Everest apareció tras el Nuptse. Era la primera vez que lo veíamos desde que nos habíamos marchado de Tengboché. Nos palpitó el corazón un poco de alegría pero aún nos quedaba mucha subida y a pesar de ir ligeros de equipaje teníamos que detenernos cada pocos pasos. Eran casi 500 metros de tremenda pendiente que iban minando las fuerzas. Metro tras metro hasta la cima de Kala Patthar, la roca negra.

(Primer avistamiendo del Everest desde Gorak Shep)

(Subiendo hacia Kala Patthar se puede ver la ruta que lleva hasta el campamento base del Everest)

(Gente descendiendo de Kala Pattar, con el Pumo Ri al fondo)

(Nuptse West I visto desde Kala Patthar, el Nuptse no se puede ver desde este mirador)

Paso tras paso hasta que lo hicimos. Hasta que alcanzamos ese pináculo de roca lleno de banderolas de plegarias y recordamos cada paso, casa gota de sudor, cada colina, cada bosque, cada arrozal, cada paso entre glaciares, cada nube y cada metro de sufrimiento que nos había llevado hasta allí. Nos fundimos en un abrazo, entre lágrimas que salían de corazón incapaz de abarcar el cúmulo de emociones. 14 días después lo habíamos hecho y allí a 5600 metros de altura le estábamos rindiendo pleitesía al techo del mundo.

Y era precioso.

(Las impresionantes vistas desde Kala Patthar)

También era difícil dimensionarlo correctamente. La perspectiva hacía que el Nuptse West I (El Nuptse no se puede ver desde Kala Patthar) y sus 7745 metros empequeñecieran al Everest aunque sabíamos que era una ilusión óptica. En unas horas, con la llegada del atardecer, tendríamos la prueba factible de los tamaños. Pero solo había que imaginarse lo siguiente: desde la punta del Nupste West I hasta la cima del Everest había más de 1 kilómetro de altura de diferencia. Si volvía a recurrir al ejemplo del Burj Khalifa podia colocar uno en la cima del Nuptse West I y no llegaría a alcanzar la cima del Everest.

Era emocionante estar allí, no solo por su indudable belleza y nuestro esfuerzo por alcanzarlo sino porque también era parte de la historia de la humanidad. La de la voluntad indomable del ser humano por empujar los límites y llegar donde era imposible. La historia de la conquista del Everest está llena de ejemplos de la superación e ingenio. Solo el mero hecho de dimensionarla correctamente y certificarla como la montaña más alta del mundo no fue una hazaña fácil.

Descubriendo el Everest

Tenemos que remontarnos a comienzos del siglo XIX cuando el gobierno británico decidió cartografiar la India que por aquel entonces era una de sus colonias. Era una época en la que los países se afanaban por rellenar los huecos en los mapas y no siempre era sencillo enfrentarse a estos terrenos ignotos. Los británicos optaron por la trigonometría, triangulando el terreno a partir de una cadena de metal 100 pies (unos 30,5 metros) que fueron moviendo por todo el país. Si, es tan loco como suena. A través de ríos, cordilleras, acantilados, bosques, pantanos, picos de miles de metros, enfrentándose a todo tipo de problemas y a enfermedades como la malaria. Haciendo triangulitos, con un teodolito básico para medir ángulos y esa cadena de 30,5 metros que mantenían siempre en tensión y en sombra para que la temperatura no dilatara el metal y falseara los resultados.

Tardaron 70 años en completarlo. 70 años. 70 años en llenar de triángulos imaginarios la India con una precisión tremenda. Varios nombres estaban asociados a esta gesta que comenzó en 1802. El primero de ellos fue Lambton que estuvo al cargo del proyecto durante 20 años, pero fue su sucesor, un matemático lleno de nuevas y brillantes ideas el que lo llevó a su esplendor, lo perfeccionó e incluso fue desarrollando talleres en la India para al mejora de los equipos de medición. Su nombre era Sir George Everest.

(Sir George Everest. Fuente: Wikipedia)

Sin embargo la parte de la triangulación de los Himalayas indios corrió a cargo de Andrew Waugh. Si el trabajo que se había hecho por la india era una locura, solo podemos imagianrlos las complicaciones de las mediciones en un terreno como los Himalayas. Contaban, además con otro impedimento. Los extranjeros tenían prohibida la entrada a Nepal y Tíbet, así que las observaciones de los picos tenían que hacerse triangulando sobre mediciones previamente hechas desde terreno Indio. Otra locura. Y aún así en 1850 el equipo de Waugh ya había conseguido localizar y triangular 79 picos en los Himalayas.

Es importante reseñar que en esos días aún no se sabía dónde estaban las montañas más altas del mundo. Se dudaba si podían estar en los Andes o allí, en los Himalayas, pero sin mediciones fiables era muy difícil cerrar el debate. Una vez se consiguió medir medir el Kanchenjunga (8586 metros) en la frontera India las preubas cerraron el debate a favor los Himalayas, pero ¿era el Kanchenjunga el punto más alto del mundo?

Había un pico que llamó la atención de Radhanath Sikhdar, un oficial indio. Un pico en Nepal que solo se podía ver desde la frontera, a más de 100 millas (160 kilómetros). Las mediciones comenzaron en Darjeeling y se desplazaron por otros 6 puntos de la india. En 1852 los cálculos preliminares de Sikhdar el dieron un resultado de 8840 metros. Si los datos se corroboraban sería el pico más alto del mundo. Sikhdar y su equipo pasaron otros 4 años revisando los cálculos y concluyeron que efectivamente el nuevo pico, el Pico H, o el Pico XV cómo se le había denominado, medía 8840 metros. Era el más alto del mundo.

Para valorar la proeza deberíamos tener en cuenta que a día de hoy con todos los elementos tecnológicos de que disponemos nuestra medición del Everest es de 8848 metros. Sikhdar y su equipo solo se habían desviado en 8 metros sobre más de 8 kilómetros. Todo a base de triángulos y trigonometría. La proeza de estos hombres guiados por el ingenio y las matemáticas fue un hito en si mismo.

En 1865 la Royal Geographical Society en Londres ya llevaba tiempo estandarizando los nombres de la orografía del mundo como un método para simplificar y evitar confusiones y Waugh propuso llamar al pico XV como Everest en honor al trabajo de su predecesor. Everest se opuso primero porque siempre había respetado los nombres con que los locales llamaban a su geografía y segundo porque alegaba que “Everest” no se podía escribir ni en Hindi ni en persa. El problema radicaba en que al estar una frontera no había un único nombre local para desingar al pico XV, sino varios: como Chomolungma o Jomolangma por los tibetanos o Devadunga para los nepalíes por lo que al final las protestas fueron desoídas y se quedó bautizado como Everest contra la voluntad de Everest. Se dio además la ironía de que George Everest nunca vio el monte que llevaba su nombre. (Por cierto, el nombre nepalí con el que se le conoce: Sagarmatha – “Cabeza del cielo” no se lo dio el gobierno Nepalí hasta 1956, casi un siglo después).

(Foto de la cara norte del Everest desde Tíbet. 2009)

(Campamento base del Everest en Tíbet. Foto de 2009)

Primera Expedición: 1921

Que se supiera que el Everest existía no implicaba que se pudiera visitar. Nepal y Tíbet seguían cerrados a los extranjeros y no fue hasta 1921 que el segundo de estos países permitió una expedición británica de reconocimiento. Lo permitió como parte de una negociación en busca de una aliado por si lo necesitaban contra una China que amenazaba cada vez más sus fronteras. La historia ha demostrado a día de hoy lo pocos fiables que resultan los británicos como aliados.

En esta primera expedición se encontraba George Leigh-Mallory, un profesor y un escalador cuya historia quedaría unida para siempre a la del Everest. Quédense de momento con este nombre e imagínense a esa primera expedición que se adentraban en ese mundo desconocido que era Tíbet, esos occidentales a los que les les permitía por fin ver el techo del mundo. Accedieron hasta el glaciar de Rongbuk y se encontraron con la cara Norte del Everest.

(La primera expedición al Everest. George Mallory a la izquierda en la primera fila. Fuente: Wikipedia)

(El Everest visto desde la cara Noreste, en la primera expedición de 1921. Fuente: Wikipedia)

El paso por el glaciar era casi inaccesible y aún así consiguieron atravesarlo para encontrarse con el Collado Norte entre el Changtse y el Everest. Desde allí suponían que se podría alcanzar cumbre. La falta de preparación y equipo les llevaron hasta los 6900 metros de altura antes de desistir. Siguieron investigando, bordearon el macizo y encontraron un paso entre el Pumo Ri y el Lingtren, adentrándose en Nepal y permitiendo ver por primera vez el Everest por su cara Suroeste. La que estabamos viendo nosotros desde Kala Patthar. Fueron los primeros occidentales en verlo. Por cierto, como curiosidad, fue Mallory quien dio nombre al Pumo Ri, en honor a su hija, siendo su traducción “pico de la hija”.

(El Pumo Ri, el pico de la hija. Bautizado por Mallory)

Segunda Expedición: 1922

Un año después, en 1922, se organizó una nueva expedición desde Tíbet, de nuevo con Mallory y esta vez si, con el objetivo claro de hacer cumbre por la cara Norte. La preparación fue por tanto mucho mayor e incluso ya contaban con sistemas de botellas de oxígeno para ayudarles a superar la zona de la muerte.

(Segunda expedición al Everest. George Mallory a la izquierda de la primera fila. Fuente: Wikipedia)

La zona de la muerte es un concepto utilizado en alpinismo para denominar la altura a partir de de donde el cuerpo ya no puede aclimatarse. Se calcula que a partir de 7500 metros la cantidad de oxígeno en el aire es un 30% menor y son necesarias unas 15 respiraciones para poder dar un paso. Es por tanto una situación limite en la que se pueden producir muertes por hipoxia (falta de oxígeno), edemas pulmonares, edemas cerebrales, ataques cardiacos, desvanecimientos y otros problemas que se unen a congelamientos. Básicamente en el momento en que se entra en esta zona el cuerpo empieza a morir.

Por eso llevaban oxígeno. Algo que los puristas de la montaña siempre (incluso en la época) han criticado. Pero estaba en juego la conquista de la cima del mundo y el oxígeno parecía ser la única manera de conseguirlo. Décadas después se probaría lo contrario. Otro límite traspasado por el ser humano del que hablaremos en otro momento.

Esta segunda expedición solo tuvo un éxito: establecer la nueva cota de altura alcanzada por el hombre, cuando el australiano George Finch y Geoffrey Bruce alcanzaron los 8321 metros. Por lo demás la expedición fue un fracaso. Intentaron alcanzar la cumbre tres veces. Las dos primeras hubieron de retirarse por las inclemencias del tiempo y la tercera fue arrasada por una avalancha que se cobró la vida de siete porteadores. Fueron las primeras víctimas mortales del Everest.

A la vuelta del desastre, cuando pensaban ya en una tercera expedición un periodista le preguntó a Mallory que porque quería escalar el Everest. Mallory respondió una frase que es historia: “Porque está ahí”. Tres palabras que resumen la ambición humana: encontrar la manera de afrontar los imposibles. Tres palabras que serían también la tumba de Mallory.

Tercera Expedición: 1924

(Tercera Expedición al Everest. Irvine y Mallory, primero y segundo respectivamente desde la izquierda en la fila de pie. Fuente: Pinterest)

La tercera expedición, en 1924, sigue a día de hoy estando llena de misterios y de una pregunta: ¿Consiguió Mallory hacer cima?

Por tercera vez una expedición británica intentaría coronar el Everest y por tercera vez lo intentarían por la cara norte, desde Tíbet. Nepal seguía cerrado a extranjeros. Los dos primeros ataques a la cumbre fracasaron de nuevo aunque en el segundo el alpinista Norton estableció un nuevo récord hasta alcanzar los 8573 metros de altura. Algo que quedo retratado por su compañero Somervell en otra foto que es historia del alpinismo.

(Norton a la izquierda en la ladera de la montaña a 8573 metros de altura retratado por Somervell. Fuente: Pinterest

Un récord que habría de mantenerse durante 28 años. Sin embargo a algo menos de 300 metros para alcanzar la cumbre Norton se retiró, ante las dificultades del terreno y las dudas de sus propias fuerzas. Todos consiguieron descender pero Norton estuvo con ceguera de nieve durante una semana. Uno solo puede imaginarse lo poco que se conocía de este medio extremo, lo mal preparados que iban y como a pesar de todo luchaban por lo improbable.

Quedaba un tercer intento a cargo de Mallory e Irvine. Salieron del campamento base V a 7711 metros con ocho porteadores. Partieron con dos botellas de oxígeno modificadas y comida para un día. Al partir se les hizo una foto que sería la última en que se vería a ambos vivos. Alcanzaron el campamento VI a 8169 metros de altura y los porteadores dejaron el equipo y descendieron con el siguiente mensaje “There is no wind here, and things look hopeful”. No hace viento y parece prometedor. El 8 de Junio comenzaron su asalto a la cumbre.

(La última foto de Mallory e Irvine, nótese la precaria equipación y las botella de oxígeno. Fuente: Google Images)

Desde el campamento V la cumbre se veía nublada y solo se les pudo ver alrededor de las 12.50 cuando el tiempo aclaró un poco. Pero era imposible saber si estaban subiendo o bajando. ¿Podrían haber tenido un problema con sus botellas de oxígeno y habían salido más tarde? Sea como fuera fue la última noticia que se tuvo de ellos. El cielo se cerró y una tremenda tormenta de nieve comenzó a azotar las cumbres. Para cuando terminó no había rastro de los escaladores. La montaña se los había tragado.

El drama no dejaba ocultar una pregunta. ¿Habían conseguido hacer cima o no?

Saltemos unos pocos años y vayamos recopilando las pistas. En 1933 un escalador encontró un piolet a 250 metros de la cima que debería haber pertenecido a uno de los dos. Muchos años más tarde en 1975 un escalador chino aseguró haber encontrado el cadáver de un escalador que podría ser Irvine pero murió al día siguiente en una avalancha y no pudo revelar su posición. Y otros tantos años después, en 1999 una expedición creada exclusivamente para investigar el desastre encontró el cadáver de Mallory perfectamente conservado a 8159 metros, con la tibia rota y una brecha en la frente del tamaño de una pelota de golf.

Estaba completamente pegado a la roca, de donde fue imposible despegarle por lo que  procedieron a sepultarlo con rocas. No llevaba consigo la foto de su mujer Ruth que había prometido dejar en la cima pero la única prueba concluyente sería encontrar la cámara de fotos que portaba y ver si había alguna foto que certificaran que habían hecho cumbre. Técnicos de Kodak aseguraban que debido al tipo de película y la conservación por bajas temperaturas se podrían revelar las fotos pero a día de hoy la cámara no ha sido encontrada. El cuerpo de Irvine tampoco. El misterio continúa y cada vez parece más difícil resolver la pregunta de si Mallory e Irvine fueron los primeros en pisar la cima del Everest.

Hillary, Tenzig y la expedición de 1953

Durante la década de 1930 se intentaron otras 4 nuevas expediciones que volvieron a fracasar, debido al mal tiempo, en su intento de alcanzar la cima. Si se fueron consiguiendo otras conquistas como ascender al Lingtren y otros picos por encima de 6000 m. Entre los miembros de estas expediciones estaba un joven Sherpa de 19 años: Tenzing Norgay.

En 1948 sucedió algo que iba a revolucionar la carrera hasta la cima. Nepal abrió sus fronteras a los extranjeros, mientras que en 1950 Tíbet se cerraba debido al férreo control del la República Popular China. Los primeros occidentales que entraron por el valle central en 1950 hablaban de Namche Bazaar como quien se encontraba con una civilización perdida y prohibida. En 1951 comenzaron las misiones de reconocimiento por el Glaciar de Khumbu. Entre sus miembros estaba un joven apicultor neozelandés llamado Edmund Hillary.

(Vista de todo el valle Central desde Kala Patthar)

La expedición de 1951 se enfrentó a las ahora famosas Khumbu Icefalls, una caida de hielo del glaciar de Khumbu de 600 metros de desnivel tremendamente peligroso. Inestable, grietas, avalanchas y nieves. A pesar de todo las consiguieron franquear para encontrarse con el siguiente obstáculo. El Western Cmw, que a pesar de lo que pueda parecer está bien escrito. Cmw significa vallé en galés. Un valle glaciar formado entre la unión de Everest con el Lhotse cuya parte superior se conoce como Collado Sur. Una pared vertical que no parecía que pudiera ser salvada. Fue el límite de la expedición que volvió a retirarse tras sobrevivir a una avalancha, algo que siempre ha acompañado al Western Cmw. Los rayos de sol ser reflejan en los picos y derriten la nieven del valle glaciar que se desprende en forma de tremendas y terribles avalanchas.

(Ama Dablam desde Kala Patthar)

En 1952 el permiso de acceso les fue concedido a un equipo suizo. Era la primera vez en 31 años que una expedición británica se quedaba fuera de los Himalayas y los suizos estuvieron a punto de conquistar la cima. Atravesaron las Khumbu Icefalls, consiguieron sortear el Western Cmw por un paso que se conoce como Geneva Spur y alcanzaron el Collado Sur a 7906 metros de altura. Desde allí un equipo de tres suizos y un Sherpa Nepalí ascendieron a 8400 metros donde plantaron una tienda. Dos de los suizos descendieron mientras que el restante, Raymond Lambert y el sherpa intentaron ascender hasta la cima. El sherpa era, una vez más Tenzing Norgay.

(El Changtse, ya en Tíbet, más allá de la frontera)

(Las nubes ascendiendo por el valle Central a todo velocidad con la intención de dejarnos sin atardecer en Kala Patthar)

Que no lo consiguieran es algo que podemos entender hoy con bastante lógica. Estas primeras expediciones tenían poco conocimientos sobre las técnicas de alta montaña y estaban, a pesar de todo, poco preparados. Lambert y Norgay pasaron la noche a 8400 metros, sin estufa, ni sacos y derritiendo nieve con una vela para poder beber. No es por tanto de extrañar que al día siguiente no consiguieran completar la cima y rozaron la deshidratación, pero en cambio alcanzaron los 8595 metros batiendo el récord de Norton de 1924.

(Vistas desde Kala Patthar)

Llegó 1953 y los británicos se tomaron la conquista del Everest como una cuestión de estado. La carrera para lograr pisar la cima del mundo estaba al rojo vivo y si la expedición inglesa volvía a fracasar tendría que esperar varios años para lograrlo. Nepal solo permitía una expedición al año y 1954 estaba reservado para una expedición francesa y 1955 para una suiza. Los sucesivos intentos estaban cada vez más cerca de la cumbre y no había margen de error.

La expedición se montó como una maniobra militar. Se contrataron 360 nepalíes en dos marchas para llevar todo el material necesario, algo más de cuatro toneladas, desde Katmandú hasta Tengboché. Allí se quedaron tres semanas entrenando y aclimatando hasta que trasladaron el campamento base hasta los pies de las Khumbu Icefalls.

Para sortear sus grietas y desniveles el equipo llevaba escaleras y cuerdas, muchas de las cuales se usaron a modo de puentes. Se fueron estableciendo campamentos a lo largo del Western Cmw hasta instalar el campamento avanzado bajo el Lhotse. La expedición inglesa, entre quienes se encontraba Edmund Hillary, volvió a contratar a Tenzing Norgay como sherpa valorando la experiencia que tenía en los intentos anteriores. Se decidió que dos grupos atacarían la cima por distintas rutas. El primer grupo formado por Tom Bourdillon y Charles Evan se quedó a 100 metros de la cima pero tuvieron que regresar al campamento base por un fallo en sus sistema de oxígeno. Al día siguiente, el 28 de mayo, el segundo equipo lanzaba el segundo y último intento.

En este grupo estaban el neozelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay. Junto con otros tres alpinistas que formaban el equipo de soporte, ascendieron hasta 8500 metros y montaron el campamento. Después el equipo de soporte se apresuró a descender y Hillary y Norgay pasaron la noche racionando el oxígeno antes de intentar la ascensión a la mañana siguiente. Hillary tardó dos horas en descongelar las botas antes de poder ponerse en marcha.

(Hillary y Tenzing. Fuente: Wikipedia)

Alcanzaron la cima sur pero aún quedaba un último tramo. Un paso entre roca y hielo con una caída de más de 3000 metros hacia el este y más de de 2400 metros hacia el Oeste. Un paso agotador entre nieve y roca que acabaría recibiendo el nombre de paso Hillary. Según Tenzing “uno de los lugares más peligrosos en los que he estado en una montaña”. Caminaron con cuidado la última parte, con miedo de que la cornisa se rompiera y a las 11:40 de la mañana del 29 de Mayo de 1953 Edmund Hillary y Tenzing Norgay pisaron la cima del mundo.

Se abrazaron y se quedaron en silencio. Eran los primeros hombres que veían esas vistas. Hillary hizo una foto a Tenzing y de las montañas debajo de ellos pero ni siquiera se hizo una a si mismo. No le hacía falta. Hillary enterró una cruz y Tenzing un lápiz que le había regalado inocentemente su hija y unos dulces en señal de ofrenda a la diosa Jomo Miyolangsangma. Entonces comenzaron el descenso.

El Everest había sido conquistado.

(Tenzing en la cima del Everest retratado por Hillary. Fuente: Pinterest)

Ahí estábamos, en Kala Pattar viendo la montaña más alta del mundo e historia de la humanidad. Emocionados, felices. Sus 5600 metros pueden sonar ahora ridículos, pero era nuestro pequeño logro, nuestro pequeño Everest. Abrazábamos y felicitábamos a todo aquel que llegaba al mirador, entre ellos nuestro querido Matti ya recuperado. Todo aquel que llegaba a Kala Patthar tenía una historia, un reto, un sueño. Fue un momento de felicidad plena, de esos que los años no podrán olvidar, no podrán borrar.

Las nubes además no le ganaron la partida al sol y aunque avanzaron a buen ritmo por el valle y temimos perdernos el atardecer, nunca llegaron a enturbiarlo. Y así, poco las cimas se fueron enrojeciendo y tuvimos un momento inolvidable. El que demostraba las verdaderas dimensiones del Everest. El sol se iba poniendo y los picos iban entrando en sombras, poco a poco todos se fueron sumergiendo en la oscuridad. Todos menos uno. El Everest, que refulgía como un volcán, demostrando que al sol aún le quedaba otro kilómetro de altura que recorrer.

(El Everest demostrando que él sería siempre el último en ver el sol)

(Últimos momentos de luz en Kala Patthar)

Despues de esto llego la oscuridad y me quedé solo en ese pico helado hasta que el frío me hizo claudicar. Ya era de noche cuando descendí a Kala Patthar, congelado una vez más y bajo un manto de estrellas. No tenía queja. Había sido perfecto.

Más info: Como organizar el trek al Campamento Base del Everest

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